Que García Márquez diga que tu libro es una novela «hermosa» y «arriesgada» es bueno. Que diga que es «un ejemplo magnífico de cómo un escritor puede sortear honradamente la inmensa cantidad de basura retórica y demagógica que se interpone entre la indignación y la nostalgia» es un subidón. Un librero en Bogotá me laSigue leyendo «La casa grande, de Álvaro Cepeda Samudio»