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#MiércolesDePoesía Para que te lo sepas

 

Hay poemas que me ponen de buenas, como éste del colombiano Héctor Abad,”Lógica recíproca”, porque es una llaneza que casi insulta de tan clara. Así, este #MiércolesDePoesía se anuncia bien y de buenas.

“La finca donde yo vivo
es más bonita
que la finca donde vives tú,
porque la finca donde vives tú
es más bonita
que la finca donde vivo yo,
y desde la finca donde vivo yo
se ve la finca donde vives tú.
Tengo más suerte que tú
porque tú me ves a mí
y yo te veo a ti
y no hay comparación entre tú y yo”.

-Héctor Abad, “Lógica recíproca”, Testamento involuntario, Bogotá: Penguin Random House, 2011.

#MiércolesDePoesía Cómo se sobrevive al (des)amor

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Dibujo: TwistedBeautifulRaw

Uno intenta sobrevivir y “recuperar la cara que pone”, dice en estos versos María Lara, colombiana ganadora de la más reciente edición del Premio Loewe de Poesía.

“Donde podía haber un poema de amor, ya al comienzo del libro, encontramos restos de fuego, vacío, ceniza y todos los vaciados, los negativos que el lenguaje ofrece para dar cabida al hueco, para rodearlo y expresarlo como tal”. Así presenta Ida Vitale a María Gómez Lara (Bogotá, 1989), poeta ganadora de la más reciente edición del Premio Loewe a la Creación Joven. Da click aquí para leer la entrada “Poema útil si sabes lo jodido que es amar a alquien”. Este año hubo 845 concursantes de 32 países: el reconocimiento al autor menor de 30 años lo recibió María, mientras el chileno Óscar Hahn (1938) se llevó el XXVII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, marca que apuesta por los versos, es decir, “lo que no es moda, ni pasa de moda”. Gran idea, que una marca de consumo abra su abanico y abrace la poesía: sale del ámbito meramente comercial y adquiere sustancia, reconocimiento. Da click aquí para leer la nota completa del Premio. Una vez más, el Marketing busca contenidos en el ámbito de las artes y se nutre bien de ellos.

Como siempre estoy a la caza de nuevas voces poéticas, ahora que fui a Colombia compré el libro de María, Contratono, publicado por Visor de Poesía y la Fundación Loewe. He leído varios textos y me quedo con éste: se titula “Mañana”. Es el retrato implacable del fin de un amor, de cómo uno no se reconoce cuando estalla en astillas la coherencia que ha conocido cuando estaba con ese otro. Y cómo espera sobrevivir, encontrar de nuevo el Norte. Me encanta, porque aunque no estoy ahí, he estado y doy fe de que es tal cual. Buen #MiércolesDePoesía.

“Mañana”

tendrás tiempo de recuperar la cara que te pones

recogerás del suelo los gestos cordiales buenos días muchas gracias
si fueras tan amable de pasar la sal

y los irás acomodando donde siempre
por favor con mucho gusto déjame ayudarte está pesado hoy los olvidas
sin para dónde correr cargas contigo con tu sombra

se te doblan las rodillas
la espalda se te tuerce

se te escapan las palabras
y es mejor callar cerrar la puerta

ya mañana
aprenderás de nuevo a hablar
tartamudeando primero luego sílabas frases
buenos días muchas gracias qué tal noche
y otra vez
te irás moldeando las facciones con las manos
caminarás casi gateando si fueras tan amable no te apures

lo irás sobreviviendo

hoy puedes ovillarte acurrucarte
hablar sola con él que ya mañana

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Cinco cosas que sólo entiendes si has ido a Colombia

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Estas cinco cosas te van a sonar solamente si has visitado ese país delicioso. 

Acabo de estar en Bogotá, la ciudad a cuya “llovizna inclemente ” se refirió García Márquez y que hoy es una urbe vital, intensa, llena de cultura, de arte y moda. Y de colombianos(as), claro, que son su mayor atractivo. Aquí, cinco cosas que únicamente puedes entender si has estado ahí.

  1. Necesitas replantearte las fórmulas de cortesía. El asunto es que mientras en México usamos el usted como un pronombre de distancia y respeto, allá es justo lo contrario: implica cercanía, afecto, complicidad, de modo que los mejores amigos y los novios se tratan de usted. Cosa más linda.

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2. Pagar 100 mil pesos por una comida no es tan grave. El tipo de cambio del peso colombiano es muy desventajoso frente al dólar, de modo que si sacas tu teléfono iPhone y haces la conversión, resulta que esa cantidad estratosférica en realidad corresponde a 33 dólares, más o menos.

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3. “Llover todo el día” puede ser, sí, algo literal. Amanece gris y llueve. Sale el sol. A la una de la tarde llovizna. El sol ya no sale pero la calle se empieza a secar. A las seis llueve de nuevo, por qué no. Y, con suerte, en la noche vuelta a empezar. La primera vez que vine a Colombia le pregunté a un taxista por el clima y lo describió puntualmente: “No se me preocupe. Aquí llueve dos o tres veces… al día”.

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4. Sus modismos son geniales, pero a veces no entiendes nada. No cuesta ningún trabajo descifrar “ella tiene suin (swing)”,  “le traigo los fríjoles”  o “se me hizo tarde porque me embrollé“. Pero qué tal cuando alguien dice “¡qué vaina!”,eso es una verraquera/ me parece bacano” o “amanecí con un tremendo guayabo y tengo que trastear”. Respectivamente quieren decir: ¡qué lata!, eso es genial/ buenísimo, amanecí con cruda y tengo que hacer la mudanza.

Captura de pantalla 2015-08-17 a las 20.14.175. El emblemático Andrés Carne de Res, en Chía, es indefinible. Es un restaurante… bueno, pero tiene pista de baile… y además es bar. Ok, todo al mismo tiempo. Mezcla de Disneylandia para adultos y templo kitsch tremendamente disfrutable, es el sitio al que los bogotanos van a rumbear y donde también caen los turistas. Donde celebran las familias con niños, pero también el que escogen los amigotes para una despedida de soltero. Y todos son felices. Sí, es difícil de explicar y sólo si has estado ahí sabes a qué me refiero.

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Reitero lo que escribí hace un tiempo: el riesgo de visitar Colombia es que seguro te quieres quedar en ese suelo de gente entrañable, divertida, que va dejando huellas de sol por donde va.

#LunesDeMonos Chispazo de humor colombiano

Cartón: Picho Y Pucho y Pucheros
Cartón: Picho y Pucho y Pucheros

Una vez más, Bogotá me sedujo sin miramientos. Qué cosa de humor tiene esta gente fantástica.

Además de las arepas, el mojito de lulo y la uchuva (deliciosa fruta, que a la vista parece un tomate cherry), de la fiesta imparable y de su vida intensa, confirmo que lo mejor de la capital colombiana es la risa de su gente. Y no hablo sólo de mis amigos, Andrés y Natalia, que por deformación personal encuentro entrañables, brillantes, gente por la que valdría la pena atravesar el océano, sino del bogotano en general. La mesera del bar, por ejemplo, con su meneo distraído. O Camilo Fidel, el graffitero bacano (localismo para referirse a alguien bueno, valioso), que no perdió las anécdotas entre el aguerrido tráfico bogotano. O el grupo de chicos que se llenaban la boca de carcajadas en el emblemático restaurante-bar Andrés Carne de Res y a la menor provocación comenzaron a bailar, para ya no dar tregua a la comida, el alcohol y la rumba. Y es que ese rasgo tan de aquí me fascina. No se me olvida cómo durante el pasado Mundial de Futbol me reuní en el D.F. con amigos de Medellín para ver el partido Colombia-Brasil, que terminó con el triunfo carioca. Mucha decepción, mucha decepción, pero a los cinco minutos alguien puso vallenatos, entre todos movieron las mesas y acabaron haciendo lo que mejor saben hacer: bailar, reírse, disfrutar. Lo hacen tan sin esfuerzo que no hay forma de evitar el contagio.

Para celebrar el buen humor colombiano, aquí va un cartón de Picho y Pucho y Pucheros, publicado en la edición de agosto de la revista colombiana SoHo o, lo que es lo mismo, la madre de todas las revistas #PerdonenElExabrupto. Buen #LunesDeMonos.

Crónica de mi primer día en Bogotá. Los sabores

Foto: Kitchenconfidante.com (¡la mía salió muy mal!)
El ajíaco colombiano. Foto: Kitchenconfidante.com (¡la mía salió muy mal!)

3 p.m. Bogotá, Colombia.

Estoy en este suelo que me encanta. No quepo de felicidad.

Apenas aterricé en Bogotá empecé a salivar. Dicen que todo gusto es aprendido, que ninguno es genético. Debe ser así. Lo cierto es que se ve que mis clases de amor por la bandera amarilla han sido intensas e intensivas, porque los sabores de por acá me gustan cada vez más.

Aventé las maletas en mi cuarto del Hotel W Bogotá, el top de lo top y con una vista bellísima. Desde el piso 9 tengo la característica imagen de la ciudad, casi toda de color ladrillo y coronada por un cielo que sólo se ve aquí, cuajado de nubes. De inmediato bajé a comer con Raquel, periodista española y compañera de viaje, al restaurante Market Kitchen del hotel. Nos moríamos de hambre. Y yo, además, de antojo. Pedí de inmediato un mojito de lulo, esa fruta amarilla que solamente he probado aquí. Me encanta la mezcla del dulce lulo con la hierbabuena. Y mientras Raquel y yo vamos tejiendo una cálida conversación y una incipiente amistad, yo me regalo un ajíaco típico, especie de sopa espesa preparada con pollo, elote, distintas variedades de papa y hierbas, a la que se le añade aguacate y alcaparras, entre otras cosas. Es una maravilla.

De postre, el mesero-que-es-todo-sonrisas nos consigue un plato de frutas locales (foto abajo). Ambas celebramos el detalle. Aquí va la explicación, en el sentido de las manecillas del reloj: adentro de esas como flores está la uchuva (parece un tomate cherry, pero es muy dulce), luego la pitahaya (muy similar a las que he comido en México), lo que aquí llaman higos (amarillos y de sabor casi idéntico al de la tuna mexicana) y, al centro, la  granada (que en México conocemos como “granada china”). Riquísimas.

Para la inteligente Raquel, que por primera vez viene a este país, las frutas son toda una revelación. Para mí, esta primera comida del viaje es el bautismo que me confirma que sí: estoy en la bacana Colombia. Qué más.

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Mojito de lulo
Plato de frutas locales
Plato de frutas locales

 

Mi cuarto en el W Bogotá
Mi cuarto en el W Bogotá

Las canciones que nos hicieron niños

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Da click en el enlace para ver el video

En México, el Día del Niño se celebra el próximo jueves, 30 de abril. Así que para este #SábadoDeMúsica propongo armar un playlist colectivo con las canciones que a cada uno nos remiten de inmediato a la infancia. La mía es “El ratón vaquero”, de ese genio mexicano de la imaginación que se hizo llamar Cri-Cri. Y aquí están también las añadidas por la comunidad desde Twitter y desde el blog. La propuesta es heterogénea y variadita, hay balada, rock, pop y hasta villancicos. Los temas llegan desde México, Colombia, Argentina y España y aunque muchas son canciones netamente infantiles, también están las que oíamos de abuelos, padres o hermanos. Porque así, cantando, nos hicimos niños.

  1. @AdrianoDeLucio Las brujas, de Cri-Cri
  2. @arr1910 Spiderman (OJO: son imperdibles los últimos segundos del video)
  3. @lufepever La abeja Maya (programa de TV)
  4. @gabyamoran En el bosque de la China, de Enrique y Ana
  5. @daniacSant El patio de mi casa, de Tatiana 
  6. @_EduardoMoreno y @Olga_laDescalza El niño robot, de los Hermanos Rincón
  7. @ulisesrodriguez Dreamer, de Supertramp
  8. @miradadelaluna Gypsy, de Fleetwood Mac
  9. @antonioliho El gato viudo, de Chava Flores
  10. @feliciarios Duerme, negrito, recopilada por Atahualpa Yupanqui (versión de Mercedes Sosa)
  11. @grillopez Velo qué bonito, de Choquibtown
  12. @VBoletta Mano a mano, de Julio Sosa
  13. Héctor Emmanuel Doctor psiquiatra, de Gloria Trevi
  14. Luis Hrdz Medina Caminito de la escuela, de Cri-Cri
  15. Flavio Smooth Criminal, de Michael Jackson
  16. @JorgeLuisBorgia Confesiones de invierno, de Sui Generis
  17. Tuztax Rock n’roll All Nite, de Kiss
  18. luthierzebeth Sinfonía inconclusa de la mar, de Piero
  19. May Rovles Adiós, Superman, bye, bye, de Chabelo
  20. Heriberto Los changos, de Luis Pescetti
  21. Shira Shaman Granito de canela, de Liuba María Hevia
  22. Anónimo Los planetas, de Gabriela Rivero
  23. Allidu La maquinita, de Cri-Cri
  24. Rubén García El negrito bailarín, de Cri-Cri
  25. Viramo Il cuore é uno zíngaro, de Nada
  26. JavierJiménez1986 I Got You, de Jack Johnson

Humor 2.0

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Mi querido amigo Andrés Grillo me manda desde Bogotá el más reciente número de la revista SoHo Colombia, madre de nuestra SoHo México. Edición dedicada a la caricatura, incluye textos sobre Quino, una entrevista a Liniers por Leila Guerriero y el cartón favorito de Alberto Montt, además de una estupenda entrevista a Maitena, del propio Grillo, con la noticia de que la argentina prepara un libro con lo mejor de su trabajo erótico, poco conocido hasta ahora. En sus páginas también encuentro esta caricatura genial del ecuatoriano Bonil sobre los niños de la era digital, que seguro no saben la dirección de su casa pero no olvidan su cuenta de gmail, en la que “viven” la mayor parte del tiempo. Me desarma por aguda y tierna. Vaya combo para este #LunesDeMonos.

Los 15 mejores dibujos #YoSoyCharlie

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Bernardo Erlich (Argentina)

Ilustradores de toda Iberoamérica se han pronunciado con los lápices ante el asesinato de dibujantes y trabajadores de la publicación satírica francesa Charlie Hebdo. Aquí, los 15 ejemplos más representativos que he visto del tema #YoSoyCharlie, además de un video realizado por más de 20 moneros mexicanos para condenar el brutal ataque contra la libertad de expresión (da click aquí para verlo). Y sí, que la creatividad, el humor y las ideas alcen la voz por sobre la violencia y la censura. #LunesDeMonos.

José Hernández (México)
José Hernández (México)
Ana Juan (España)
Ana Juan (España)
Beto Barreto (Colombia)
Beto Barreto (Colombia)
Francisco J. Olea (Chile)
Francisco J. Olea (Chile)
Liniers (Argentina)
Liniers (Argentina)
Helguera (México)
Helguera (México)
Bonil (Ecuador)
Bonil (Ecuador)
Alberto Montt (Chile)
Alberto Montt (Chile)
Rayma Suprani (Venezuela)
Rayma Suprani (Venezuela)
Malagón (España)
Malagón (España)
Trino (México)
Trino (México)
Enzo Pertile (Paraguay)
Enzo Pertile (Paraguay)
El Fisgón (México)
El Fisgón (México)
Vladdo (Colombia)
Vladdo (Colombia)

 

 

Te maldigo con ganas

Dibujo: Jean Paul Zapata
Dibujo: Jean Paul Zapata

Te maldigo como mujer que odia

y no piensa en otra cosa.

Imagino que te beso hasta dejarte herido

y pequeño

para que no huyas

para que busques refugio en mis pechos

infame

y pueda negártelo.

Pero luego soy dócil en tu cama

escondo bien mi rabia

y me abro a ti

benigna

casi agradecida

de que me hagas el favor.

 

Cuando te vas recobro el aplomo

y vuelvo a odiarte.

Ahora con más ganas.

 

-Julia Santibáñez

Poema útil si sabes lo jodido que es amar a alguien

Dibujo: Gordon Punt
Dibujo: Gordon Punt

Ella tiene 24 años, es colombiana, se llama María Gómez y acaba de ganar el Premio Loewe de Poesía, pero nada de eso interesa en realidad. Lo importante es esto que escribió y que resulta útil para explicar lo jodido que es cuando amas a alguien y te quedas solo, a la intemperie. O, lo que es lo mismo, cuando sobrevives una “Catástrofe” (título del poema). Salud…

“Venías de repente/ y no pude escaparme./ Te vi de lejos y estabas ya tan cerca/ que no alcancé a correr/ ni a refugiarme./ Llegaste como la tormenta./ Fuiste trueno/ relámpago/ aguacero./ Sacudiste los cimientos de mi casa/ Y me dejaste a la intemperie/ sin paraguas/ con el pelo mojado/ sin las botas/ sin abrigo./ Sola yo contigo/ con tu nombre/ que se adueñó de mis palabras/ con tus manos que se robaron mi tacto/ con tus ojos que se llevaron mi mirada./ Sola yo contigo/ Y tú sin mí […]”.

-María Gómez, “Catástrofe”, Después del horizonte, Editorial Caza de Libros

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

Esa porquería tan rica

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A través de mi querido amigo Andrés, apasionado del erotismo como yo, descubro a la artista colombiana Luisa Fernanda Penagos. Sus dibujos despiden un leve aroma lésbico, juegan con el cuerpo femenino, se dejan sorprender por él. Vaya, se la pasan de lo más bien.

En su página de internet se pueden descargar libros suyos, en especial una chulada que se llama Cuerpo de mujer, sabrosísima compilación de imágenes de donde tomo las que ilustran esta entrada. También está uno de aforismos ilustrados que, sin ser gran literatura,  le da el tono que quiero al arranque del fin de semana. Incluye éste: “Puede ser que mañana todo esto llegue a parecerme descabellado y hasta ridículo. Precisamente por eso lo hago hoy. ¿Cómo negarme ese placer?” y otro que resume: “El sexo. Qué porquería tan rica”. Pues sí, tal cual. Viva el viernes.

Si quieres seguirla en Twitter búscala como @lufepever.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

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A esta novela la atraviesan las balas

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Para Andrés Grillo,
por nuestras muchas rondas de amistad

De la pluma de Evelio Rosero, Los ejércitos (Tusquets) es una novela colombiana hecha de emociones universales, en toda una gama de temperaturas: crueldad, ternura, soledad, deseo, culpa, esperanza. A veces, el libro deja un calor agradable en el regazo, otras quema las manos y obliga a interrumpir la lectura.

Un viejo pedagogo, actual recogedor de naranjas de los árboles, aprovecha las alturas para espiar mujeres, ver “las pantorrillas, las redondas rodillas, las piernas enteras, únicamente sus muslos y, si había suerte, más allá, a lo profundo”. A pesar del regaño de su esposa, Otilia, la vida de Ismael pende de imaginar a una vecina “más desnuda que nunca”, a una chica cuyo “tierno calzón blanco [se escabulle] entre las nalgas generosas”. En contraste con su lujuria como derroche de vida, Ismael vive los años de la guerra en Colombia, la agonía de un país que se desangra en el dolor causado por el narcotráfico y el ejército, la guerrilla y los paramilitares, que se turnan para pisotear a los locales.

Veinte años atrás, el día en que Ismael conoció Otilia, en la estación de autobuses un muchachito mató a un hombre gordo, a la vista de ellos y de todos. Fue un presagio de lo que vendría sobre Santa Cruz, pueblo que con los años ve aumentar las balas perdidas, los desaparecidos, los torturados por colaborar con la guerrilla (o por no colaborar, da lo mismo), hasta que la violencia estalla al máximo y los habitantes se ven cercados por la violencia, “más indefensos que una cucaracha”.  Como nada tiene sentido, incluso ante la crueldad amorfa Ismael decide quedarse en el pueblo: “Nosotros aquí seguiremos esperando a que esto cambie, y si no cambia ya veremos, o nos vamos o nos morimos, así lo quiso Dios, que sea lo que Dios quiera, lo que se le antoje a Dios, lo que se le dé la gana”.

Es mi primer acercamiento a la escritura vigorosa de Rosero quien, por cierto, cumple años hoy. Sus páginas atravesadas de balas retratan el camino a través del infierno, el que miles de colombianos cruzaron (¿aún cruzan?) a consecuencia de la guerra entre grupos armados. Es el mismo que hoy recorren miles de mexicanos, atrapados por el fuego cruzado entre militares, narcos y autodefensas, donde el mayor favor es que los maten de una vez. México y Colombia, tan cercanos en tantas cosas, también en ésta mezclan sus sangres. La novela de Rosero hace palidecer, deja un sabor amargo en la boca. Pero se agradece mucho.

Las caricias, incompatibles con la prisa

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Cartagena de Indias, Colombia. Saboreo el tiempo que pasa aquí, sin prisa ni desgaste, que se desliza como la luz sobre el agua. Ayer un cartagenero jugaba diciendo que ellos trabajan “los miércoles”: de jueves a domingo están de rumba, los lunes sufren los estragos de la fiesta y los martes se preparan para ganar el pan al día siguiente. Más allá de la broma me fascina su concepción relajada de la vida. Aquí no habita el estrés, los días pasan sonrientes como su clima y la luna que se queda en mi pelo se deleita en el baile perpetuo de este pueblo costeño.

Esa morosidad lo vuelve el sitio perfecto para el amor, porque las caricias son incompatibles con la prisa. Suave, trémula, mi alma lo confirma: la entregué en besos sin cuento, que humedecieron el aire.

Las tres madres de un cartagenero

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De raza negra y dientes impecables, John nos transporta en su taxi por Cartagena de Indias. Dice haber sido suertudo con pasajeros mexicanos y tener en casa una pared cubierta por más de 40 banderas de países de donde ha tenido clientes. “Claro, ahí está Mexico, no con una sino con varias banderas”. No sé si repita el discurso con cada nacionalidad pero me hace gracia.
Luego la conversación deriva a los insultos locales: “El más fuerte en Barranquilla y Medellín es ‘hijo de la puta de tu madre’. En cambio a los cartageneros se nos resbala porque tenemos tres madres: una de caucho, una de madera y la verdadera. Para llegar a ésa, el insulto tiene que pasar primero por las otras dos”. Admirable, la practicidad costeña.

“Prestar libros es como el amor, hay que perderle el miedo”

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Se llama Martín Murillo. Lo conozco a mitad de Cartagena de Indias, en plena Plaza Bolívar. Mientras a mi novio le bolean los zapatos, yo deambulo y me topo con su Carreta Literaria, isla de libros a medio parque. Fascinada, me acerco a conversar. De barba cana y playera con logotipos de sus sponsors (sic), desde hace siete años se dedica a promover la lectura: hace dramatizaciones en escuelas, invita a gente famosa a leerle a los chicos y en su carreta presta títulos por las plazas y pueblos de Colombia. Se autollama leedor, lleva el entusiasmo en los ojos. “Es mi trabajo pero sobre todo es lo que más me gusta en el mundo. Esto no se sostiene si no es por pasión, la que tengo por los libros”. Entre sus patrocinadores está la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, de García Márquez, un canal de televisión, una editorial. Entre todos lo sostienen y él se dedica a acercar gratuitamente volúmenes a la gente. Así de fácil. O de difícil.

Mi asombro va en aumento. No es un improvisado, tiene bien armado su proyecto. Tuitea sus actividades (@LaCarretaesLeer), tiene un libro publicado. Orgulloso, me regala un volante en el que aparece retratado con Mario Vargas Llosa, Martín Caparrós, Jon Lee Anderson, García Márquez, hasta la reina Sofía. Luego me muestra en su celular fotos de la lectura que hizo ayer, en la escuela de un pueblo cercano, y me invita a acompañarlo el lunes, pero no puedo: ya no estaré en Colombia. Parece un personaje de novela, tan mágico resulta. Cuenta que estudió hasta quinto de primaria y de joven quería ser analista de la NBA, pero luego se dio cuenta que no tenía nada qué aportar. “Yo trabajaba vendiendo aguas en Cartagena y a partir de que la Fundación de Gabo me empezó a prestar libros, me di cuenta que eso sí podía hacer: hablarle a la gente de Por quien doblan las campanas, de La muerte de Artemio Cruz, de El amor en los tiempos del cólera, novelas que cambian la vida. Eso sí estaba en mis manos”, subraya. Pero tengo una duda: qué pasa si la gente no regresa los libros. “Esto es como el amor, hay que perderle el miedo y dejar de pensar qué pasa si…”.

Mi bendita suerte me llevó al que probablemente sea el personaje más fascinante de ésta, la ciudad más bella del mundo.

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Uno de sus “clientes”

Me regalaron una ciudad

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Hoy vuelo a Bogotá y de ahí a Cartagena de Indias, “la más bella del mundo” según El amor en los tiempos del cólera de García Márquez, para unos días fuera del mundo. Desde mis tiempos de universidad tengo ganas de ir. Su historia colonial, la muralla que guarda ecos de esclavos y españoles, sus colores y sincretismo me llamaban, pero a pesar de intentarlo varias veces, no se dio. Ahora quien más me quiere me regala este viaje a su lado, para celebrar su cumpleaños y nuestros amores. Desde antes de pisarla me parece hermosa, el mejor regalo. Y yo, la más afortunada.

La casa grande, de Álvaro Cepeda Samudio

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Que García Márquez diga que tu libro es una novela “hermosa” y “arriesgada” es bueno. Que diga que es “un ejemplo magnífico de cómo un escritor puede sortear honradamente la inmensa cantidad de basura retórica y demagógica que se interpone entre la indignación y la nostalgia” es un subidón.

Un librero en Bogotá me la recomendó. Escrita por el periodista y narrador colombiano Cepeda, tiene un interesante manejo de la polifonía, personajes polarizados, una atmósfera rural desoladora. Todo ello hace pensar en influencias rulfianas: se publicó en 1962, nueve años después de El llano en llamas y siete después de Pedro Páramo. Pudiera ser heredera de la obra del mexicano y también puede verse como precursora de Cien años de soledad, de 1967. ¿Será? No lo sé de cierto, lo supongo.

Aborda la masacre de las bananeras ocurrida en ese país en 1928, pero se aleja de la crítica panfletaria. A cambio, deja en la boca un sabor a tierra, con pasajes únicos como: “En esta casa envejecemos de pronto. No como en las casas normales donde las gentes se van volviendo viejas dulce y despaciosamente. Un día sin señal ninguna. Sin ser un día especial o esperado. Un día cualquiera el tiempo se nos viene encima y nos achica y envejece golpeándonos el cuerpo”.

América Latina le palpita en cada poro. Recomendable.

Dormir mal, ese mal

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Otra noche de insomnio, mi mente da vueltas a velocidad Match 3 con más determinación que mis intentos por meditar. No me quejo de lo que me mantiene despierta (pienso, analizo, imagino y sí, también escribo), sino del hecho de restarme horas de sueño. Como la literatura siempre dijo antes lo que a mí me pasa hoy, recuerdo este poema del colombiano Flóbert Zapata. No puedo sino suscribirlo:

Siempre dormí muy mal./

Después de muerto/

seguro seguiré durmiendo mal./

Seré un mal muerto./

Un muerto fatigado./

Nada me preocupa de la muerte,/

excepto esta certeza/

de que voy a seguir durmiendo mal.//

PD Si alguien sabe dónde está el interruptor de ON/OFF será ampliamente recompensado por compartirme el hallazgo.

No es tiempo de escandalizarse con un pezón

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Estoy en el aeropuerto El Dorado, en Bogotá, de regreso a México. Pensando en la sensualidad que destila este país y en lo bello de sus mujeres me viene a la mente algo que leí hace muy poco: “A fines de los 90, Colombia se escandalizaba con un pezón, pero no con una masacre”. La aseveración es de Daniel Samper Ospina, director de la revista SoHo, así que sabe del tema. Hoy, el sinsentido parece superado aquí. Espero que pronto se pueda decir que en mi país la ecuación también se invirtió: que a nadie le altere ver un pezón artísticamente retratado pero, eso sí, que los esfuerzos de puritanos y escandalosos se concentren en denunciar las matanzas que suceden a diario.

Catedral de sal aderezada con encanto bogotano

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10 am. Catedral de Zipaquirá, a una hora de distancia de Bogotá. La iglesia fue construida en lo que antes fue una mina de sal. Increíble lo que logra el ser humano: socavar el corazón de una montaña para hacer un monumento religioso que deviene turístico. Carente de fe yo misma, no lo entiendo pero a 180 metros de profundidad me maravillo del lugar y, más aún, de la sonrisa perpetua de la guía (de nombre “Leidi”), que explica cada detalle como si en ello le fuera la vida.

Al salir, el taxista que nos espera nos recibe con una de las expresiones más lindas que he oído: “¿cómo me les fue?”. Imposible no anotarla y fascinarse.

La comida más cara del mundo

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Diré lo que comimos: de entrada, tostones chorreados (plátano frito y machacado con salsa de jitomate y cebolla). De plato fuerte, un ajiaco y un pollo en salsa de maracuyá. Como postre, un cuajado con dulce de uchuva (queso fresco con salsa de esa fruta pequeña, dulce, con semillas pequeñas como las de la guayaba). Para beber, un canelazo (aguardiente con canela, se toma caliente) y una cerveza Club Colombia. Por eso hubieran sido de 800 a 1,000 pesos mexicanos. Aquí la cuenta fue de 90,000 pesos colombianos!

Impresiona oír esas cantidades, pero al hacer la conversión son unos 600 pesos. Esa información y la delicia que hace chuparse los dedos permite olvidar el soponcio…

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Femme fatales con sabor tropical

Comentario de danioska: Es curioso. Temprano esta mañana subí un poema de Flóbert Zapata sobre una joven colombiana que-no-se-entera de las pasiones que despierta. Ahora encuentro este post sobre cuánto podemos aprender de los aires tropicales de esa tierra, anidada en la sensualidad de sus mujeres. No puedo más que rebloguearlo.

detintasomos

Here she comes, you better watch your step
She’s going to break your heart in two, it’s true
It’s not hard to realize
Just look into her false colored eyes
She builds you up to just put you down, what a clown

The Velvet Underground and Nico (Femme fatale)

Basta de hipocresía, señoras y señoritas. Nada más agotador, por aburrimiento, que esa vocación descolorida de disfrazarse de niñas de colegio legionario tan acentuada en el altiplano mexicano. Como que ya se nos va pasando de tueste esta moda tiesa, de actitudes demasiado exquisitas, con esos tufos puritanos anacrónicos (¿de veras sigue existiendo el estigma de qué dirán por ahí?), justo en un país que se inventó ese bello término de “soltarse el chongo”. Por el amor de Dios, o mejor aún, por el que puede esperarse de nosotros, léanse Cosmopolitan más temprano en sus vidas, cuelguen los hábitos, encojan las…

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