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Mi propia calaverita mía para mí

Hoy en México celebramos el Día de Muertos y, con él, las calaveritas: poemas cortos y rimados en los que se cuenta el desenlace de una persona. Aquí va una mía:

“¡Ya me urge ponerme a escribir!”
gritó Julia, la paciente,
“¡que siento a la musa venir
y no a una falsa pariente!”.
La queja debió interrumpir
pues llegó la parca sin dientes,
celosa del genio a morir:
a la autora tan sonriente
de porrazo hizo sucumbir
y a sus versos, ocurrentes.

 

Mis muertos cabrones

Foto: Alexei Bednij http://www.hypnosisondemand.com/overcome-sciophobia-sciaphobia-fear-shadows/#iLightbox%5Bgallery1261%5D/0
Andan por aquí, quesque sin aprender a morirse bien. No son muchos, pero tienen varias caras: mi papá jugando raquetbol, mi abuela Martina calentándose al sol, mi papá yo yo en pijama viendo el box, mi abuela Lucía que no se cansaba de ser guapa y distante, mi papá regando sus plantas en el jardín de la casa, mi papá contento tomando un whisky, mi papá dándome un beso de buenas noches.

Aquí andan, pero cuando los quiero abrazar levantan el vuelo y se van, dejan apenas un poco de sombra.

No hay novedad. Siempre les gustó ser cabroncitos.

¿Qué va a cosechar el México que siembra cuerpos?

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1 y 2 de noviembre. Son Días de Muertos en México, país que tiene muchísimos más de los que debería, sumido en una violencia intolerable y ahora atravesado por la rabia de sus 43 estudiantes desaparecidos. Me parece que hoy la tradición “de Muertos” tiene un sabor distinto en los cementerios del país, llenos de gente que acompaña a familiares y amigos y “convive” con ellos. El panteón de San Ángel rebosa flores de cempasúchil, banderitas de papel picado, comida, tequila, música de mariachi. Pero siento algo diferente en el aire.

Me paseo entre las lápidas, no para visitar tumbas queridas porque mi papá, mis abuelas y tíos están enterrados lejos. Todas lucen como de concurso, pero dos me llaman la atención: la de Tobías, muerto a los ocho meses, y la de Abigail, a los cinco meses. Están cubiertas de flores como las demás, pero además lucen juguetes, globos, dulces, rehiletes. Junto a la de Abigail, su mamá y su tía llevan todo el día conversando, callándose. Sobre un atril de madera hay un cuaderno en el que los familiares le escriben algo a la bebita que se fue.

Pienso en esos chicos y, sin saber las razones de su muerte, me pregunto si el dolor cambia cuando alguien se va por enfermedad o accidente y cuando es por un “hachazo invisible y homicida”, como decía el poeta Miguel Hernández, un “empujón brutal” producto de una guerra estúpida que el Estado inició y no sabe controlar. Creo que sí, que si bien la muerte de alguien cercano es siempre insoportable, lo es todavía más cuando un país acaba sistemáticamente con sus niños y jóvenes y parece que no pasa nada. Por un segundo me imagino que Tobías y Abigail pueden ser de las miles y miles de víctimas de la violencia desatada en México y recuerdo una manta en alguna de las muchas manifestaciones sobre el caso Ayotzinapa: “¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?”. Eso, ¿qué cosecha?

#HayQueContagiarLaRabia

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Un privilegio: pasar los Días de muertos en Oaxaca

Pasar los Días de Muertos aquí es un regalo envuelto en papel de colores. No sólo porque la fiesta me fascina por su mezcla de humor, ternura, tradición, sincretismo, sino porque Oaxaca de por sí seduce y más en estas fechas. Además, aquí nacieron mis padres y abuelos, tengo tíos y primos oaxaqueños, de modo que también me une un vínculo emocional fuerte con estos aires que desde niña respiraba cada año en visitas familiares. Encima, ahora que busco con qué ilustrar esta nota me encuentro en Internet con esta imagen de un altar de muertos, mismo que hace años montó mi tía Marti en Oaxaca: la mujer de la foto del centro, a quien está dedicado el altar, es mi guapa abuela Martina.

Los días siguientes los pasaré en este suelo entre amigos queridos, familia entrañable, mezcales, tlayudas, cecina enchilada (la única carne que soy capaz de comer con gusto), quesillo, totopos, música y fiesta. Que alguien me diga que no es un absoluto privilegio.