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Rulfo: los reglazos que lo empujaron a escribir

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“[…] De los seis a los doce años sólo vi muertos en mi casa. Asesinaron a mi padre, a los hermanos de mi padre, a los abuelos: era una casa enlutada”, dijo Juan Rulfo en una entrevista para la revista mexicana Proceso (29/ septiembre/1980). Añadió, explicativo: “Después de la Revolución quedaron muchas gavillas, bandas, que entraban al pueblo a matar, a robar”.

Hoy, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, recupero esta entrada de hace tiempo. Inmenso autor de Pedro Páramo, que García Márquez llamó “la novela más bella que se ha escrito desde el nacimiento de la literatura en español” y del libro de cuentos El llano en llamas, poesía narrativa que bucea como nunca se había hecho en el lenguaje mexicano, su talento se alimentó de lecturas de infancia.

“Leía mucho, me tocó la época de los cristeros. La abuela no nos dejaba salir de casa, que estaba frente a un cuartel. El cura dejó su biblioteca guardada en mi casa. Me habitué a la lectura: si me pagaran por leer estaría del otro lado. Pero ya en la escuela, en la primaria, nos dejaban composiciones. Me daba mucha flojera escribir. Yo me hacía tonto. Improvisaba, no escribía. Hasta que me dieron unos reglazos”.

Los lectores hispanoamericanos deberíamos hacer un monumento a esa regla que sirvió de acicate.

 

#MiércolesDePoesía De cuando el abismo atrae

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El próximo lunes, 21 de septiembre, los restos del escritor mexicano Juan José Arreola (1918-2001) saldrán de su casa en Guadalajara y serán trasladados a la Glorieta de los Jaliscienses Ilustres. Y a su memoria se le pondrá el título de Benemérita. Habrá lectura de sus textos, homenajes a su genio poliédrico que, aunque muy tardíos, saben bien. Aprovecho para invitar a su fantasma al #MiércolesDePoesía, con un poema en prosa que dice lo que yo quisiera haber podido. Más abajo está el enlace, para oír al propio Arreola leerse.

Gravitación

“Los abismos atraen. Yo vivo a la orilla de tu alma. Inclinado hacia ti, sondeo tus pensamientos, indago el germen de tus actos. Vagos deseos se remueven en el fondo, confusos y ondulantes en su lecho de reptiles.
¿De qué se nutre mi contemplación voraz? Veo el abismo y tú yaces en lo profundo de ti misma. Ninguna revelación. Nada que se parezca al brusco despertar de la conciencia. Nada sino el ojo implacable que me devuelve mi descubierta mirada.
Narciso repulsivo, me contemplo el alma en el fondo de un pozo. A veces el vértigo desvía los ojos de ti. Pero siempre vuelvo a escrutar en la sima. Otros, felices, miran un momento tu alma y se van.
Yo sigo a la orilla, ensimismado. Muchos seres se despeñan a lo lejos. Sus restos yacen borrosos, disueltos en la satisfacción. Atraído por el abismo, vivo la melancólica certeza de que no voy a caer nunca”.

#LunesDeMonos El Chapo y la filosofía

Cartón: @patriciomonero
Cartón: @patriciomonero

La fuga de El Chapo Guzmán sigue, por supuesto, siendo combustible para el humor mexicano que por fuera se ríe, mientras por dentro se pudre de coraje y vergüenza. Este cartón de @patriciomonero, aparecido en el diario La Jornada de Jalisco @jornadajalisco, pone el acento en la pobreza que rodea al penal de donde se escapó el narcotraficante. Y, para acabar pronto, es la pobreza del país donde viven dos de los hombres más ricos del mundo, El Chapo y Carlos Slim, donde tener el dinero y el poder garantiza todos los privilegios.

Para tratar de encontrarle algo de sentido a lo que de por sí nació cojo, mi veta metafísica plagia aquello del Filósofo de Güémez: “Estamos como estamos porque somos como somos”.

El Chapo se lanza como cantante

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No hay caso, señores. Los mexicanos, sospechosistas hasta el tuétano, no hacemos más que buscarles chichis a las culebras, quejarnos sin parar mientras armamos estrambóticas teorías de conspiración. En cualquier otro país, uno más expansivo y sociable, se celebra el hecho de que una socialité salga a divertirse el sábado en la noche, como cantaba Raphael. ¿No lo hacen los luminosos Donald Trump, Kim Kardashian y Caitlyn Jenner? ¿Por qué el Chapo no puede, ese agricultor que los gringos deslenguados llaman narco y que es de los hombres más ricos del mundo? ¿Por qué negarle ese derecho humano al jolgorio? La crispación que se percibe en redes sociales habla de que con nada nos complacen. Hasta lo que no comemos nos hace daño.

El gobierno de Peña Nieto, paladín de la no-discriminación, tiene el gesto de procurarle una salidita amena del Penal de Alta Seguridad del Estado de México, según la gallarda política del “Dando y dando, pajarito volando” (ay, las malas lenguas que en todo ven corrupción, de veras). Y, en un double play más que efectivo, también nos brinda pan y circo para animar nuestro bonito fin de semana. Pero no, ahí estamos con nuestra necedad, quéjese y quéjese, preguntándonos cómo es que el Chapito pudo huir por un túnel, qué componendas permitieron su fuga y si una noticia así (“imperdonable”, alguien dixit) no amerita que el presidente regrese de su gira histórica por Francia. No, señores, no se puede así. El Chapo sólo busca realizarse como cantante, tomar la estafeta raphaelesca, hacer gorgoritos y darle un sentido personal a aquello de:
Hoy para mí es un día especial
hoy saldré por la noche.
Podré vivir lo que el mundo nos da
cuando el sol ya se esconde.
Podré cantar una dulce canción
a la luz de la luna
y acariciar y besar a mi amor
como no lo hice nunca.

Tardé cuatro años en saber cómo acabar un cuento: Paola Tinoco

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Había una vez un escritor alcohólico, que llevaba escritorzuelas a su casa y las manoseaba en el baño de visitas. Su mujer aguantaba todo y de paso, cuando él se curaba los excesos, corregía vicariamente sus textos y los embellecía. Un día, harta de borracheras e infidelidades, decidió dejarlo e irse de viaje. Cuando estaba en el aeropuerto, él la llamó: “Te necesito, siento que me muero”. Y en este cuento mejor-que-la-vida-real, el giro final fue todo lo inesperado que podía ser.  En el departamento de al lado, un hombre empezó a robar libros porque un amigo de un amigo suyo quería una edición especial de Lolita. Sin querer (o sí) terminó con una adicción a la lectura mucho más quemante que a cualquier droga, mientras en el piso de abajo, un escritor preocupado por reflejar la cotidianidad se enfrentaba a focos fundidos, un horno de microondas que echaba humo y la sala inundada, al tiempo que se preguntaba: “¿Qué haría Kant en una situación como ésta?”.

Es parte de la fauna que habita Oficios ejemplares, primer libro de cuentos de la mexicana Paola Tinoco, publicado en 2010 por Páginas de Espuma. En este edificio, en el que los habitantes buscan cómo ganarse la vida sin perderla, cada cuento comprende dos historias: una está en la superficie, digamos que en la sala, y otra se teje calladamente, así como en el clóset. Hace tiempo, haciendo teoría del cuento, Ricardo Piglia escribió: “¿Cómo contar una historia mientras se está contando otra? Esa pregunta sintetiza los problemas técnicos del cuento”. El mismo Piglia se entusiasmó con la narrativa de Tinoco y con su manera de resolver el asunto, tanto como para aparecer en la contraportada diciendo de ella: “Se trata de una joven escritora dedicada a su trabajo y con gran futuro”.

Y es que la autora de Oficios ejemplares tiene una pluma ágil. En cada cuento saca los muebles de su sitio, les sacude la comodidad y los coloca en un lugar insospechado, donde muestran la pátina del desconcierto, de la ironía. Y eso no sucede por azar, implica oficio, ese que Paola conoce tan bien porque se mueve entre escritores como en casa. Trabaja en México como promotora cultural y publirrelacionista del grupo editorial Colofón, entre cuyos sellos principales están nada menos que Anagrama y Siruela. Hablando de oficio, en la pasada Feria del Libro de Guadalajara recuerdo oírla decir que el cuento “Cenicienta humillada” era más inteligente que ella misma, de modo que tuvo que esperar cuatro años “para saber cómo terminar” la historia de una chica y un hombre que se excita más al insultarla, que al hacerle el amor.

Vale la pena pasar y pasear por los 14 departamentos de este edificio, donde tras cada puerta espera una historia. No, dos historias. Ambas, espléndidas.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

 

 

 

Los mejores memes del halo solar

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Ayer, los habitantes de la Ciudad de México vimos un cuasi señal del fin del mundo: una especie de arco iris inmenso alrededor del sol (sí, juro que era tal cual la imagen de arriba, aunque sin el personaje). Dicen los que saben que no, que no es una señal apocalíptica sino partículas de hielo que refractan la luz del sol, aunque también se dijo que justo ayer fue Saga Dawa, es decir, la conmemoración del nacimiento, iluminación y muerte del Buda. Luego vinieron otros apocalípticos, los de la Secretaría de Salud, a decir que ver el fenómeno directamente podía afectar irreversiblemente la vista (¿la vida?). Lo cierto es que los usuarios de redes sociales se pusieron creativos y crearon memes como estos. Celebro el humor como recurso ante el Apocalipsis. Qué más nos queda.

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Crónica de mi visita a un cenote maya en Yucatán

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Foto: Julia Santibáñez. Aspecto desde el exterior. Me imagino lo que habrán sentido los mayas hace miles de años al toparse con un hueco de estos bajo una tierra sequísima.

Cenote Sacamucuy. Predio de la Hacienda Temozón, Municipio Abalá, Península de Yucatán. 9 am.

Estoy metida en agua, queriendo beberme en silencio la belleza descomunal de este lugar y sintiéndome la más torpe al no poder ponerle palabras. Hace tiempo no estaba en un cenote, estas cuevas subterráneas inundadas que los mayas consideraban entradas al inframundo, el auténtico útero de la Tierra. Agradezco la frescura (a estas horas, afuera el calor ya rebasa los 28º centígrados), pero sobre todo estoy emocionada. El agua es transparente y como recién nacida, raíces y lianas de árboles se estiran para beberla, peces pequeños esquivan hojas para buscar comida, golondrinas revolotean en círculos cuidando sus nidos hechos sobre la pared de piedra. Mientras, el sol se cuela entre la vegetación. Ésta es sin duda casa de los dioses, como creían los mayas.

Vine a Sacamucuy como parte del viaje de prensa al que fui invitada, junto con compañeros de otros medios, por la Hacienda Temozón convertida en hotel boutique. El cenote (palabra que parece provenir del maya dzonot,  que significaría ‘cosa honda’) está dentro del predio del hotel y éste es un paseo que se ofrece de cotidiano a los huéspedes. Llegamos aquí luego de 20 minutos de camino en un carro jalado por un burro, tal como se transportaba la gente mientras funcionaba la hacienda henequenera. Al llegar, a orillas del cenote tuvimos una clase de Chi Kung, el arte marcial que más bien parece una danza y que se centra en equilibrar la energía corporal, y luego hicimos una meditación en silencio, rota sólo por el sonido de la caracola de Reto. La experiencia fue guiada por él, un suizo entrañable que llegó a México hace unos 20 años para estudiar chamanismo. Experto en masajes, meditación y terapias alternativas, hoy es el director de spa de las cinco haciendas del grupo. Espiritual, sensible, considera que el cenote es un ser vivo, de modo que al salir del agua le da las gracias por recibirnos.

Además del magnífico paisaje que representan, antiguamente los cenotes eran lugares sagrados también porque en Yucatán no hay agua visible, es decir, no hay ríos ni lagos, sólo estos cuerpos líquidos subterráneos que significan, literalmente, la vida. Será la carga energética del sitio, la meditación que hicimos o el agradecimiento de poder disfrutar un lugar tan bello. No sé, pero siento el corazón a la intemperie.

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Foto: Marco Daniel Guzmán http://www.viajabonito.mx. El suizo-yucateco Reto hace sonar su caracola durante la meditación, junto al agua del cenote.
Fotos: Julia Santibáñez
Foto: Julia Santibáñez. Los árboles se las ingenian para alcanzar el agua y crean estos manojos de lianas y raíces.

Da click para ver el video de la vista general del cenote

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Foto: Julia Santibáñez. Durante siglos, las filtraciones de agua de lluvia a través de la roca han creado estalactitas.

Da click para ver el video de las golondrinas

 

 

Crónica de un viaje por Yucatán: lo más bonito que he visto

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Eithel, Brittany, Santiago

Hacienda Temozón, Península de Yucatán. 6 p.m.

Mis compañeros periodistas y yo tenemos una hora libre. Ellos van a nadar, a dormir, no sé qué más. Yo dejo la hacienda-hotel y salgo al pueblo, calles de tierra. Me acuerdo de mi amigo Borgeano. Disfruto como él caminar sin rumbo fijo, sin buscar nada, cediendo a la inercia. Las casas de Temozón son sencillas, los perros callejeros forman parte integral del paisaje, igual que los guajolotes que salen de un corral para picotear la hierba. Mientras me dejo llevar me agobia la presencia de propaganda política de cara a las elecciones del 7 de junio. Además de anuncios de los partidos hay expresiones espontáneas. Expresan el mismo desencanto de millones de mexicanos, aunque con estilo alternativo: “A la mierda kon la politika. Ni PRI ni PAN ni Verde”.

A mitad de una calle veo tres niños jugando arriba de un árbol. Cuando paso me miran, curiosos. Les digo “hola” y de inmediato responden con un “hola” y preguntas: ¿Por qué caminas sola? ¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives? Nos ponemos a platicar. Son Eithel, de 11 años, Brittany, de siete (pregunté la correcta ortografía), y Santiago, de cuatro. Les doy curiosidad y me bombardean: ¿Dónde estás durmiendo? ¿Dónde están tus hijos? ¿Cómo es (la ciudad de) México? ¿Tu casa es grande? ¿Es bonita? Respondo como puedo y luego pregunto. Brita (como le llaman) me dice que es prima de Eithel y hermana de Santiago, y que los tres viven en esa casa. La entreveo por la puerta abierta: piso de cemento, hamacas, pintura viejísima en la fachada.

Brita es simpática, habla fuerte. Dice: “me gusta tu bulto”. Le agradezco, prevenida de que aquí “bulto” significa “bolso de mano”. Pregunta si se lo puede colgar. Me lo quito y se lo doy. Se lo pone, sonríe grande. Me lo regresa. Luego dice que es bonito mi reloj. Quiere agradarme pero en vez de hablar, quisiera oírlos. Cambio la conversación: les pregunto si hablan lengua maya. Los tres niegan, categóricos. Insisto: seguro saben muchas palabras, les pido que me enseñen un poco, que es un idioma precioso. Dicen que no, no saben nada. Los pongo a prueba: hoy en la mañana me enseñaron que “chel” es “güero” y “bosh” significa “moreno”. ¿Es verdad? Se ríen. “Sí, eso sí sé”, dice Brita, sonrisa desdentada. ¿Cómo se dice perro?, pregunto, aprovechando los tres que pasan a nuestro lado. “Se dice ‘pec'”. “Y gato es ‘mish'”, añade Eithel, pero no parecen interesados en seguir con el tema. Prefieren saber porqué ando sola, cuántos días voy a estar en Temozón. Contesto y entonces me presumen que conocen la hacienda: Brita fue con su escuela a nadar para el Día del Niño, Eithel ha ido a ver películas con su escuela y con Julio, su amigo e hijo del chef del hotel. Es la mejor prueba de la verdad del programa social de la Fundación Haciendas del Mundo Maya, del que ayer nos hablaron a los medios invitados a este viaje. La Fundación ha propiciado que la mayor parte del personal que trabaja en el hotel sea de la comunidad, además de que ha mejorado el nivel de vida del pueblo con programas de salud, vivienda y becas educativas, incluso al extranjero. Y las mujeres del pueblo han recibido apoyo para formar cooperativas y talleres de artesanas, comercializar sus productos y tener ingresos propios. Los niños del pueblo también ven la hacienda como parte de su realidad cotidiana. No esperaba una confirmación tan de primera mano.

Les pregunto si puedo tomarles una foto. “Sí, aquí arriba del árbol, como changos”. Tomo varias y se arrebatan el teléfono para verlas, para verse. Se ríen mucho. Atraída por el alboroto se acerca Karina, amiga de los tres, callada pero sonriente. Quieren que tome más fotos y que yo salga con ellos. Disparo, vuelven a verse y reírse. Está por anochecer y debo regresar al hotel. Mientras me despido, Brita vuelve a la carga: “Me gusta tu blusa, es bonita”. “Muchas gracias, pero ¿sabes qué es lo más bonito de todo todo?”. Me mira, inquieta. “Cómo te ríen los ojos”. Es lo más cierto que he dicho hoy.

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Crónica del primer día bajo el sol de Yucatán

Fotos: Julia Santibáñez Aqui, mecedoras en el hall principal, donde el viento aligera el calor de 35º centígrados promedio en el día.
Fotos: Julia Santibáñez. Aquí, mecedoras en el hall principal, donde el viento aligera el calor de 35º centígrados a las 11 am.

Hacienda Santa Rosa, Península de Yucatán. 11:30 de la noche.

El día estuvo de lo más variado. Lo único constante fue el calor: un promedio de 35 grados centígrados. Empezó con un delicioso huevo en camisa (una gordita de harina rellena de huevo con tomate asado y cebolla morada). Luego hicimos un recorrido por el enorme jardín botánico de la hacienda-hotel con el señor Víctor, un curandero tradicional que nos fue explicando las propiedades curativas de infinidad de plantas y luego nos dio una consulta personal para recetarnos un remedio de herbolaria. A mí me dio una mezcla de tila, mimosa y pata de zopilote para combatir el estrés y el insomnio. Con esos nombres, me encanta la posibilidad de que funcione. Siguió un masaje tradicional tan rico que al terminar le propuse matrimonio a la masajista, una yucateca de nombre Silvia, quien antes de iniciar hizo una oración en lengua maya que se me antojó mágica. No aceptó mi propuesta y tuve que conformarme con imaginarme lo que sería tener a diario sus manos. La comida, explicada por el chef mismo, fue espectacular: crema de queso relleno, pollo relleno de queso crema con hierba chaya, panacotta de leche de coco. Los sabores me sorprenden, no encuentro palabras para describirlos pero me dejan un gusto rico en la boca y la emoción.

En la tarde nos presentaron la Fundación Haciendas del Mundo Maya, programa de desarrollo comunitario sustentable del cual la hacienda forma parte. Carola, directora de la Fundación y argemex apasionada y clara, dice que llevan 12 años trabajando con varias comunidades de la zona para apoyarles en temas de vivienda, salud, educación y generación de ingresos para las mujeres, además de rescate y dignificación de las tradiciones de la comunidad. Como parte del programa (premiado internacionalmente), la Fundación ha ayudado a crear cooperativas de artesanas que trabajan la filigrana, el henequén, el bordado y la urdimbre de hamacas. Vamos a conocer los talleres y platicamos con las mujeres. Es un deleite. Nos cuentan que, hoy, 43 familias del pueblo se sostienen de los talleres, mientras ellas conservan la tradición y tienen una comercializadora que vende sus productos en México y el extranjero. Es una historia que fascinante detrás de un hotel boutique, que aplaudo de corazón. Sin duda, luego de oír sus historias de trabajo y reconocimiento encuentro más hermosas las caras redondas y morenas de estas mujeres, descendientes de los antiguos sabios mayas. Cuánto se merecen estar bien. Me compro unos aretes para apoyar el proyecto pero, sobre todo, para llevarme conmigo una parte de sus historias.
En la noche, cenando unas auténticas delicias de espaldas a una fogata, pienso que esta tierra es un verdadero derroche de cosas buenas.
La vista desde mi cuarto.
La vista desde mi cuarto.
Uno de los ángulos del cuerpo principal de la hacienda.
Uno de los ángulos del cuerpo principal de la hacienda.
Don Víctor pone a secar las curativas hojas de orégano que cultiva en el Jardín botánico de la hacienda.
Doña SIlvia, la masajista que no se quiso casar conmigo, con las hierbas del tratamiento.
Doña SIlvia, la masajista que no se quiso casar conmigo, con las hierbas del tratamiento en el spa.
Crema de chile relleno (espectacular), Pollo a la chaya, Panacotta de manjar blanco (leche de coco)
Crema de chile relleno (espectacular), Pollo a la chaya, Panacotta de manjar blanco (leche de coco)
Artesanas de filigrana de plata de la Fundación Haciendas del Mundo Maya
Artesanas de filigrana de plata de la Fundación Haciendas del Mundo Maya.
Grupo de bordadoras apoyadas por la Fundación; detalle de su trabajo.
Grupo de bordadoras apoyadas por la Fundación; detalle de su trabajo.
Así de hermosa cae la tarde en la Hacienda Santa Rosa.
Así de hermosa cae la tarde en la Hacienda Santa Rosa.
Cena en la terraza de la hacienda (desde la izq.): yo, Rodrigo, chef Néstor, Andrea, Lorena, Elda, Marco Daniel, Arturo, Claudia

 

 

Las canciones que nos hicieron niños

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Da click en el enlace para ver el video

En México, el Día del Niño se celebra el próximo jueves, 30 de abril. Así que para este #SábadoDeMúsica propongo armar un playlist colectivo con las canciones que a cada uno nos remiten de inmediato a la infancia. La mía es “El ratón vaquero”, de ese genio mexicano de la imaginación que se hizo llamar Cri-Cri. Y aquí están también las añadidas por la comunidad desde Twitter y desde el blog. La propuesta es heterogénea y variadita, hay balada, rock, pop y hasta villancicos. Los temas llegan desde México, Colombia, Argentina y España y aunque muchas son canciones netamente infantiles, también están las que oíamos de abuelos, padres o hermanos. Porque así, cantando, nos hicimos niños.

  1. @AdrianoDeLucio Las brujas, de Cri-Cri
  2. @arr1910 Spiderman (OJO: son imperdibles los últimos segundos del video)
  3. @lufepever La abeja Maya (programa de TV)
  4. @gabyamoran En el bosque de la China, de Enrique y Ana
  5. @daniacSant El patio de mi casa, de Tatiana 
  6. @_EduardoMoreno y @Olga_laDescalza El niño robot, de los Hermanos Rincón
  7. @ulisesrodriguez Dreamer, de Supertramp
  8. @miradadelaluna Gypsy, de Fleetwood Mac
  9. @antonioliho El gato viudo, de Chava Flores
  10. @feliciarios Duerme, negrito, recopilada por Atahualpa Yupanqui (versión de Mercedes Sosa)
  11. @grillopez Velo qué bonito, de Choquibtown
  12. @VBoletta Mano a mano, de Julio Sosa
  13. Héctor Emmanuel Doctor psiquiatra, de Gloria Trevi
  14. Luis Hrdz Medina Caminito de la escuela, de Cri-Cri
  15. Flavio Smooth Criminal, de Michael Jackson
  16. @JorgeLuisBorgia Confesiones de invierno, de Sui Generis
  17. Tuztax Rock n’roll All Nite, de Kiss
  18. luthierzebeth Sinfonía inconclusa de la mar, de Piero
  19. May Rovles Adiós, Superman, bye, bye, de Chabelo
  20. Heriberto Los changos, de Luis Pescetti
  21. Shira Shaman Granito de canela, de Liuba María Hevia
  22. Anónimo Los planetas, de Gabriela Rivero
  23. Allidu La maquinita, de Cri-Cri
  24. Rubén García El negrito bailarín, de Cri-Cri
  25. Viramo Il cuore é uno zíngaro, de Nada
  26. JavierJiménez1986 I Got You, de Jack Johnson

La obra masturbatoria del mártir llamado Jis

Foto de Jis: El Informador/ A. Hinojosa
Foto de Jis: El Informador/ A. Hinojosa

Dice que le “puede” tener que hablar en público de escenas y fantasías sexuales que dibujó solo, en su cuarto, pero como acaba de publicar Sexo, a eso sabe la reina (Sexto Piso) no tiene opción. Aunque en sus monos hay pasajes lunares y espacios fantásticos, Jis dice ser lo menos aventurero que hay: “Soy un tipo rutinario, un licenciado que no sabe si es exhibicionista o un pudoroso total que dibuja sobre esa cosa rarísima que es el sexo”. Aquí, lo que platiqué con él.

¿Cómo nació la idea de este libro?

Llevo desde los 80 dibujando sobre el tema, tengo material como para unos cuatro volúmenes. Cuando hablé con la editorial sobre la idea de juntar todo, les mandé los cartones que encontré y al regresarme la primera versión diseñada del libro vi que faltaban muchos. Se les traspapelaron, no sé si fue intencional pero al final resultó bien porque no hubiera podido entrar todo. Y es que el sexo es un manantial de temas. Incluye emoción, miedo a defraudar y a que te defrauden, juegos de poder, rollos de género, placer, destrucción. Como tiene tanta carga emocional es fácil caer en clichés, en lugares comunes, pero intento ser consciente de esa dificultad, entender algo más del asunto.

¿Por qué un día dibujas algo y no otra cosa? ¿Cómo eliges los temas que vas a tocar?

En realidad mis monos son un diario, un tarot personal en el que me burlo de mí mismo. Cuando estoy dibujando trato de ser lo más libre posible con mi imaginería, mi trabajo es como una obra masturbatoria, por eso de pronto me da vergüenza pero acabo diciendo: “Éste me tocó ser, ahí disculpen”.

Tus monos son bien pachecos, siempre están en el viaje…

Sí, yo mismo tuve una época de desmadre, de fiestas y hongos, de éxtasis y tachas con música electrónica, pero está cabrón. Ahora me he hecho muy tranquilo, ya soy un señor. Llevo como ocho años de practicar yoga Iyengar, voy tres días a la semana y me cae poca madre porque tengo problemas de espalda, estoy operado. Aunque es un rollo casi militar, como en el fondo soy muy sistemático he podido hacer una disciplina bien padre.

Hablas de sexo pero nunca de política, Jis no hace cartones del escándalo político de moda. ¿Por qué?

La lucha de la que yo hablo es micropolítica, mis monos son de denuncia conyugal, no la política de los partidos o del Estado. En uno de mis cartones hay una pareja en la que uno dice: “Debí ser mártir de un movimiento social” y el otro contesta: “Los dos somos mártires del movimiento conyugal”. ¡Es que yo también lo soy! Llevo tres matrimonios, así que además de mártir soy héroe, apóstol, promotor. He estudiado el tema a fondo.

Más allá de los dibujos, ¿has llevado tu humor a otros espacios?

Claro, Trino y yo hemos hecho durante varios años el programa de radio La Chora Interminable, nos reímos mucho. Soy bien tímido, así nunca me hubiera podido imaginar que iba a estar como merolico en el radio, pero me gusta. Y luego también hicimos algo en tele para el Mundial y, claro, los Jams de moneros. Seguimos tratando de abrir posibilidades fructíferas en varios lados para seguir trabajando la imaginación y el humor.

Cuando empezabas tuviste apoyo de Monsiváis. ¿Cómo lo recuerdas?

Yo lo leía mucho, admiraba su ironía. Luego me prologó mi primer libro Los manuscritos del Fongus y hasta dedicó una sección de La cultura en México para dar la bienvenida a los de mi generación, a los que estábamos haciendo la revista Galimatías. Me quedó muy buena onda con respecto a él, tuvo la paciencia y la sensibilidad de darle entrada a unos mocosillos. Ahora, a mí no se me dificulta admirar el trabajo de otros, paso mucho tiempo en eso, pero como soy medio acomplejado, a veces lo uso como pretexto para latiguearme por la excelencia ajena.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

Sexo a eso sabe la reina

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Humor para el lunes de regreso de vacaciones (por Jis)

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Llega el lunes y el ánimo se siente herido, apaleado, en especial si uno disfrutó de vacaciones y ahora debe reincorporarse a la vida productiva (ese invento jodido). Por eso el #LunesDeMonos es la opción necesaria para aligerar lo que de otra manera sólo puede verse negro. Aquí va un cartón del mexicano Jis, que describe de manera puntual mi estado de ánimo en esta mañana.

Nota para quienes leen este blog fuera de México: “hueva”, en perfecto idioma azteca, significa pereza, falta de ánimo, flojera, fiaca, pesadez.

No hacemos el amor igual (ni leemos igual)

Fotos: Álvaro Alejandro
Fotos: Álvaro Alejandro

“Sabemos que en un rincón secreto de la biblioteca nos espera el libro verdadero, escrito sólo para cada uno de nosotros”, dice Alberto Manguel en Para cada tiempo hay un libro, el espléndido título que recientemente publicó Sexto Piso. Subrayé el pasaje porque como adicta a la lectura tengo más de un libro que es MÍO, no sólo en el sentido de que lleva mi nombre sino que fue escrito para mí nada más. Así de necio es el sentido de pertenencia que generan algunas líneas. Supongo que quien no es lector desaforado pensará que es una estupidez, me da igual.

Nacido en Buenos Aires, Manguel ha escrito varios volúmenes sobre el placer de leer, lo emocionante de meterse en otra piel, lo único de sentirse uno mismo personaje de ficción. Este título va en la misma línea: es una compilación de 12 textos breves sobre la lectura. Incluye experiencias, reflexiones, anécdotas de escritores y lectores, como ésta: “En el siglo V a.C., el joven Alcibíades, visitando un lejano pueblo durante sus periplos en las colonias griegas, dio un puñetazo en la nariz a un maestro en cuya escuela no encontró ni un solo ejemplar de Homero, porque juzgó que el hombre había faltado a su deber intelectual”. Qué joya. Y luego están las preciosas fotografías del mexicano Álvaro Alejandro, que dialogan con los textos. En ellas, el libro es cerradura por la cual asomarse, la casa que el caracol lleva a cuestas, el cebo de una ratonera, la sopa que se lleva uno a la boca. Las fotos son creativas pero no sólo: también dicen cosas, construyen realidades en torno a la experiencia lectora.

Total, que Para cada tiempo hay un libro se saborea. Ahí va otro subrayado: “Quienes descubrimos que somos lectores, descubrimos que lo somos cada uno de manera individual y distinta. No hay una unánime historia de la lectura, sino tantas historias como lectores. Compartimos ciertos rasgos, ciertas costumbres y formalidades, pero la lectura es un acto singular. No soñamos todos de la misma manera, no hacemos el amor de la misma manera, tampoco leemos de la misma manera”. Y sí, pocos actos tan netamente individuales y con tan clara huella digital como hacer el amor y leer.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

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De cuando una mujer que habla mucho aburre a los hombres

Foto: Paola Izquierdo
Paola Izquierdo

Anoche fui al teatro a ver De príncipes, princesas y otros bichos, escrita y protagonizada por Paola Izquierdo, en el Teatro Virginia Fábregas de la Ciudad de México. Es una sátira en dos tiempos, con dos personajes: una princesa bióloga que persigue un sapo para convertirlo en su propio príncipe azul, y un principito-niño de la calle que cuenta cuentos. Inteligente, bien hecha y mejor actuada, a partir de hacer reír toca cuestiones de género, de injusticia social y derechos humanos, de doble moral y de los estereotipos que tanto nos joden.

En un punto de la obra, la princesa está enfocada en la búsqueda del príncipe que la cuide y le resuelva la vida, como quiere su padre y como le enseñaron a desear los cuentos de hadas, sobre todo porque ya tiene 30. “¿Qué son esas manías de estudiar tanto? Si tú no eres fea, mi hijita”, le dice su tía, preocupada porque ya quiere un principito en la familia. Y añade el consejo de que para encontrar pareja mejor no hable mucho, reforzado por una canción con melodía que-remite-a-Disney: “Los hombres no te buscan si les hablas. No creo que los quieras aburrir […] Verás que no logras nada conversando, a menos que los pienses ahuyentar. Sujeta bien tu lengua y triunfarás”.

Fui con mi adolescenta a ver la obra y al salir me dijo: “Me hizo reír, está buena pero exageradísima. Hoy ninguna mujer piensa eso, que mejor te calles o que si llegas a los 30 y no te has casado eres un fracaso”. Por un lado me llenó de orgullo su certeza, pero por otro me dio ternura. Fantástica inocencia que no conoce esa parte oscura del mundo.

Poema portentoso con lugar común

Foto: Agencia N22
Foto: Fernando del Paso (Agencia N22)

Fernando del Paso, el espléndido escritor mexicano, está cumpliendo 80 años el día de hoy. No quiero esperar a que se muera para entonces celebrar su obra, tan necesaria para la literatura en lengua española. Más conocido como novelista (Palinuro de México, José Trigo y Noticias del Imperio son las más notables), también ha ensayado su mano con versos. Así que este #MiércolesDePoesía se viste de gala y lo invita a leer de viva voz uno de sus “Sonetos con lugares comunes”.

Da click aquí para oír el soneto en voz de Del Paso

Es tan blanca, tu piel, como la nieve.
La nieve quiere al sol por lo brillante.
Y el sol, que se enamora en un instante,
se acuesta con la nieve y se la bebe.

El sol, aunque es muy grande, no se atreve
a hacerse olvidadizo y arrogante:
se acuerda de su novia fulgurante
y se pone a llorar, y entonces llueve.

Y llueve y llueve y llueve y de repente
la lluvia se hace nieve: esta mañana
que nieva tanto en Londres, y ha nevado

luminosa y nupcial y blancamente
en jirones, tu piel, por mi ventana,
ningún sol, como yo, tan desolado.

Da click aquí para ir a la entrada “¿Cuándo permitimos que México se corrompiera hasta los huesos?”: Del Paso 

 

 

El ateo que se fue al cielo

Historieta: Trino
Historieta: Trino

(Da cilck sobre la imagen para ampliarla)

Hace unas semanas les pedí a los seguidores de este blog que me recomendaran a sus humoristas gráficos preferidos, para compartirlos con la comunidad en los lunes “de monos”. Tenía tiempo de no revisar el trabajo del mexicano Trino, pero gracias a que Josdamet lo puso sobre la mesa me asomé al blog del ilustrador de Guadalajara y me divertí mucho. Para arrancar la semana aquí va un cartón suyo, a propósito de estos días en los que la religiosidad de unos se desborda y la de otros, que no tenemos, se sienta en la banca a mirar. Según Trino, uno igual puede irse al cielo.

Tapiz oaxaqueño con sonidos y sabores

Fila superioro: collar diseñado por el artista Francisco Toledo; detalle del mareo barroco de la iglesia de Santo Domingo; marimba nocturna en la plaza central; fila media: mujeres vendiendo chapulines asados en el mercado de la ciudad; vista panorámica del valle de Oaxaca; fila inferior: aretes antiguos del Istmo de Tehuantepec, al sureste del estado; plato oaxaqueño compuesto por guacamole (especie de salsa hecha de aguacate/palta y chile), tamal de mole con pollo, mezcal que se acompaña de gajos de naranja y sal de gusano de maguey; doña Josefina, Rosita y doña Hermelinda, tres generaciones de mujeres de Teotitlán del Valle, dedicadas al arte de hilar tapetes de lana

Recién llegada del estado de Oaxaca, al sur de México, traigo los ojos llenos de paisajes, el cuerpo impregnado de sabores y olores. Es difícil encontrar palabras para hablar de la riqueza artística y gastronómica de esta tierra, sus tradiciones de siglos, el sincretismo de fuerte sabor indígena (sobre todo zapoteco y mixteco), presencia mestiza y también una creciente población extranjera fascinada por sus aires y su gente. La imagen que más se acerca es la de un tapiz, como éste que intenté hacer porque me parece más justo dejar hablar a las fotos, que espero reflejen en algo la locura deliciosa de pasear por ese suelo. Aquí, la breve explicación del tapiz superior.

Fila superior: collar diseñado por el artista istmeño Francisco Toledo; detalle del mareo barroco de la iglesia de Santo Domingo; marimba nocturna en la plaza central.

Fila media: mujeres vendiendo chapulines en el mercado de la ciudad; vista panorámica del valle de Oaxaca desde la zona arqueológica de Dainzú.

Fila inferior: aretes antiguos del Istmo de Tehuantepec, al sureste del estado; plato oaxaqueño compuesto por guacamole y chapulines fritos, tamal de mole con pollo, mezcal que se bebe acompañado de gajos de naranja y sal de gusano de maguey; doña Josefina, Rosita y doña Hermelinda, tres generaciones de mujeres de Teotitlán del Valle, dedicadas al arte de hilar tapetes de lana.

Y aquí, la del tapiz de abajo.

Fila superior: una de las cientos de cactáceas de la zona; familiares y amigos de un difunto van a visitar su tumba a los nueve días de su muerte, para llevarle flores, brindar y comer “con él”; descomunal muñeca tehuana que anuncia una tienda.

Fila media: tapetes de lana en Teotitlán del Valle; tienda de artesanías donde los molinillos de chocolate vencen la gravedad; cruz hecha con “milagritos” que se le ponen a los santos para agradecer sus favores.

Fila inferior: vista desde San Agustín Etla.

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42 kilómetros en bici por la Oaxaca más entrañable 

Vista del valle de Oaxaca desde Dainzú
Vista del valle de Oaxaca desde Dainzú

Recorrer tal distancia por pueblos y brechas de Oaxaca se dice fácil. Hoy hice ese trayecto y sin decir que estuvo de muerte, sí reconozco que fue pesado, pero la experiencia lo valió por completo. Así lo viví.

Guiados por Pablo, amable y emprendedor oaxaqueño que ha encontrado en las bicicletas una forma de ganar dinero y además promover la cultura local, los turistas que contratamos el tour salimos del pueblo San Jerónimo Tlacochahuaya, a unos 20 minutos de la capital. Éramos Danielle y Yogun, pareja de holandeses, quien más me quiere y yo, acompañados también por Ellen, holandesa que se volvió loca por Oaxaca (y por un oaxaqueño) y vive aquí hace años. La cita fue a las 8:30 am. Primero hicimos una media hora de camino a la zona arqueológica de Dainzú, pequeña pero con una vista impresionante del valle. Luego pedaleamos hora y media por el campo, hasta el pueblo Teotitlán del Valle, famoso por sus tapetes de lana. Ahí nos recibió en su casa la señora Josefina, quien nos dio de desayunar memelas (tortillas recién hechas en comal de leña, con queso, frijoles, lechuga, grasa de cerdo y salsa) y quesadillas de quesillo con epazote, más pan del pueblo acompañado de atole (bebida caliente hecha de maíz). Delicioso de verdad, además de vigorizante.

Después doña Josefina, en un español impecable aunque su lengua es el zapoteco, nos mostró junto con su mamá, doña Hermelinda, el largo proceso de hacer tapetes de lana, negocio de la familia. Limpian la lana, la lavan, la cardan y la hacen hilo, mismo que luego pintan con tintes naturales obtenidos de insectos (grana cochinilla), frutos fermentados (granada y zapote negro), flores (cempasúchitl) y semillas (nueces fermentadas). Toda una clase de química intuitiva aplicada a los textiles. Increíble la creatividad y el duro trabajo que implica. Y luego don Porfirio, esposo de Josefina, nos enseñó cómo tejen los tapetes en el telar, en un proceso en el que para hacer un tapete mediano puede invertir dos semanas. Y todo ello para recibir unos 600 pesos (48 dólares americanos). Tremenda lección de humildad para los turistas que al ver artesanía de inmediato sentimos la tentación de regatear. Ahí compramos tapetes, morrales, mantas de lana. Luego retomamos las bicis, bajo un sol tremendo, y otras dos horas en bici nos llevaron a Tlacolula, donde visitamos el mercado local, con su caos fantástico de colores y olores. Comimos mangos, queso, chapulines y pan del pueblo, para luego visitar la iglesia barroca, cuya cúpula espectacular recuerda la de Santo Domingo, en la capital. Entonces nos despedimos y regresamos en taxi a la ciudad de Oaxaca al filo de las 3 de la tarde.

Mientras escribo esto, con las piernas cansadas y mucho sol en la piel, sigo fascinada de haber conocido un poco más de este México profundo que no sale en televisión, pero que es el que más orgullo me da. Por gente trabajadora y de ojos limpios como Pablo, Josefina, Hermelinda, Porfirio y sus hijas estoy enamorada de este país.

Doña Josefina prepara las tortillas que comeremos en el desayuno.
Doña Josefina prepara las tortillas que comeremos en el desayuno.
Desayunando en casa de doña Josefina: Oziel, Ellen, Pablo, Yogun, Danielle (y yo, detrás del lente)
Desayunando en casa de doña Josefina: Oziel, Ellen, Pablo, Yogun, Danielle (y yo, detrás del lente)
El menú: memelas hechas al momento y pan dulce del pueblo.
Doña Josefina y su mamá, doña Hermelinda (quien sólo habla zapoteco), emplean la rueca para hacer el hilo de lana.
Doña Josefina muele el insecto grana cochinilla para obtener el tinte rojo, como desde hace siglos en México.

 

Don Porfirio, con sus hilos de muchos colores, nos demuestra cómo usa el telar.
Don Porfirio, con sus hilos de muchos colores, nos demuestra cómo usa el telar.
Puesto de chile de agua en el mercado de Tlacolula
Transporte de mercancías en equilibrio en el mercado de Tlacolula
Una vendedora transporta sus mercancías a la manera tradicional en el mercado de Tlacolula.
Cúpula barroca de la iglesia de Tlacolula
La bellísima cúpula  barroca de la iglesia de Tlacolula recuerda la de Santo Domingo, en la ciudad de Oaxaca.

 

Lila Downs le da un abrazo a José Alfredo

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Da click aquí para oír la canción:

 

En unas horas estaré en Oaxaca, estado mexicano que siempre me pone feliz y nerviosa. Mi raíz por parte de padre y madre es oaxaqueña, aunque entre mis abuelos hay una mezcla de sangres inglesa y estadounidense, lo que explica al menos en parte mis claroscuros.

Para celebrar tanto el viernes como estas ansias que me brincan en el pecho aquí va una canción de mi favorita Lila Downs, artista mexicana cuya carrera lleva el sello de esa tierra y que se ha dedicado a enriquecerla. Es hija de la cantante mixteca Anita Sánchez y del director de arte escocés-americano Allen Downs, y sus canciones son una celebración de lo mexicano, con todas sus contradicciones e influencias. En esta versión norteña de “Vámonos”, incluida en Pecados y milagros (2011), Lila le da un abrazo a José Alfredo. Con los ecos de ambos me voy al aeropuerto.

Que no somos
iguales, dice la gente,
que tu vida y mi vida
se van a perder,
que yo soy un canalla
y que tú eres decente,
que dos seres distintos
no se pueden querer.

Pero yo ya te quise
y no te olvido
y morir en tus brazos
es mi ilusión.
Yo no entiendo esas cosas
de las clases sociales.
Sólo sé que me quieres
y que te quiero yo.

Y vámonos, donde nadie nos juzgue,
donde nadie nos diga
que hacemos mal.
Vámonos alejados del mundo
donde no haya justicia
ni leyes ni nada,
nomás nuestro amor.

Montt + Liniers, en México

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El próximo viernes estaré en Oaxaca, pero si estuviera en la Ciudad de México no querría ninguna otra cosa que ir a este evento. El argentino Liniers y el chileno Montt son dos genialidades que disfruto con frecuencia en libros y en sus respectivas páginas web: www.porliniers.com y www.dosisdiarias. com. Además tengo la suerte de conocerlos y atestiguar que son seriamente inteligentes y ágiles, divertidos a morir. Así que tenerlos juntos, en vivo, es como para no aguantar la felicidad. Los presenta Editorial Sexto Piso, que los ha publicado a ambos, y Librerías Gandhi. Si puedes ir, no te lo pierdas por nada del mundo.

Da click aquí para ir a más entradas sobre Liniers

Da click aquí para ir a más entradas sobre Montt

Viernes de “¿Qué onda, ése?”

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Da click aquí para oír/ ver la canción:

En 1987, el rockero mexicano Jaime López presentaba “¿Qué onda, ése?”, divertida y contundente canción cumbiosa. Habla de los migrantes que “se la rifan” (se juegan la vida) pero también se “agabachan” (aculturan) en Estados Unidos, que siendo carne de cañón quieren sentirse de allá sin lograrlo porque no hablan bien inglés, pero dejan de ser de acá, “pierden su país”. La foto que ilustra la entrada es reciente, pero es el mismo Jaime brillante y agudo, malabarista del lenguaje cotidiano, músico y compositor que no tiene miedo de estirar las fronteras musicales, que en tres minutos cuenta una historia que vale la pena escuchar. Con él inauguro el fin de semana.

Nota para lectores de otros países: “Ése” es una expresión coloquial del norte de México, que sirve para llamar la atención.

“Lo que pasa con usted, ése
es que no habla bien inglés, ése.
No es de aquí ni es de allá, ése
pero bien que viene y va, ése.
Si es por mí p’s no hay fijón.
La jefita preguntó
que ¿qué onda, ése?

Por allá por ilegal, ése
va la migra del caimán, ése
y la bronca por acá, ése
la migaja que nos dan, ése.
Entre el dólar y el dolor
el carnal en la labor
p’s ¿qué onda, ése?

Guacha vato, cacha a ese loco ahí
cómo se agabacha en la vil estrit.
Ha perdido su país
como quien perdió el velís.

Por la boca su Cornfleis, ése
por las venas su Kulei, ése
por los ojos Rocky 10, ése
por el sexo discotex, ése.
Del McDonald’s al TomBoy
se respira el mismo olor
p’s ¿qué onda, ése?

Por allá la humanidad, ése
tiene piel de Ku-Kux-Klan
y la raza por acá, ése
se la rifa cuando va, ése.
La familia del cowboy
come carne de cañón,
p’s ¿qué onda, ése?”.

Entregarse a un duro placer

 

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Fotos: Henri Cartier-Bresson http://www.magnumphotos.com

Leo que Henri Cartier-Bresson llega a México. Bueno, no él, sino su obra, que es lo más él de él: para coincidir con los 80 años de su primera visita a México, una exposición que reúne su trabajo acaba de inaugurarse en Bellas Artes.

Me fascinan sus imágenes en blanco y negro, que dibujan momentos a partir de la intuición. Uno de los fotógrafos más notables del siglo XX, llamado “el ojo del siglo” y padre del fotorreportaje según algunos, Cartier-Bresson decía que la autenticidad es la mayor virtud de un fotógrafo. Por ello se oponía a usar flash y a arreglar la escena o a los modelos: “Siempre espero obtener la foto de la cual digan: ‘Eso es verdad. Ha sabido verlo'”. En otro momento casi anticipó la explosión de la imagen a partir de los smartphones: “Cualquiera puede hacer fotos. Justamente porque nuestro oficio está abierto a todo el mundo continúa siendo, pese a su fascinante facilidad, extremadamente difícil”. Sus palabras me hacen sentido: aunque cada día se suben 200 millones de fotos a Facebook, la mayoría se pierde en el lugar común y la obviedad. Otro día, hablando sobre el futuro de la fotografía, dijo: “Mientras los seres humanos sigan viviendo y sigan existiendo problemas verdaderos, vitales, importantes, y alguien tenga ganas de expresarlos con simplicidad, con sinceridad, con alegría y sentido del humor, habrá un lugar para los fotógrafos, igual que para los poetas y los novelistas”.

El librito del que recupero estas citas incluye 12 entrevistas que el artista concedió a distintos medios. Publicado en 2014 por la editorial catalana Gustavo Gili y disponible en México, se llama Henri Cartier-Bresson, Ver es un todo. Entrevistas y conversaciones 1951-1998. En él se describe como “un maniático”, profundamente obsesionado por captar la vida sin retocarla. Aunque tiene muchos fragmentos deliciosos, me quedo con éste: “Uno de mis amigos me dijo: ‘En el fondo, tú no trabajas, tú te entregas a un duro placer'”. No sé si haya mejor manera de definir la pasión por lo que uno hace.

Aquí abajo, una pequeña muestra de su obra.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

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También en la cama nos visita la lingüística

Cartón: Kemchs
Cartón: Kemchs

El humorista mexicano Kemchs da en el clavo con este cartón sobre el escenario que aterra a tantos, a partir de lo que en lingüística pomposamente se llama metaplasmo o “alteración de un sonido dentro de una palabra”. Es mi capsulita de humor para aligerar el arranque de semana.

“Tiene espinas el rosal” (con Jenny and the Mexicats)

 

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Jenny and the Mexicats es una de mis bandas consentidas, combo musical de inglesa, madrileño y mexicanos (da click aquí para ver otra entrada sobre ellos). La voz de ella me encanta y me parece sensualísima tocando la trompeta como lo hace, además de que el concepto del grupo es un hit.

Hace poco se arriesgaron a cantar un clásico de la cumbia, “Tiene espinas el rosal”, con el grupo mexicano Cañaveral. Me gustan esas fusiones donde nadie se toma demasiado en serio. Con este ritmo que se mete por los pies descalzos de Jenny inauguro el fin de semana. Da click en el enlace de abajo para ir al video:

 

 

Dicen que no tengo moralina

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Para ponerle una pizca de buen humor al lunes va “Soy una mujer inconveniente”, canción de la mexicana Liliana Felipe, ricamente interpretada por la ídem Gabriela Serralde y que las mujeres inconvenientes celebramos. Aquí abajo, fragmentos de la letra inteligente, cosa poco común en estos días.

 

“[…] No soy tus pantuflas ni soy tu madre,

No soy tu gobierno, ni tu comadre.

No prefiero adentro ni afuera

Ni me colmará una chequera.

Soy una mujer que, entre otras cosas,

Exhibe, ostenta unas…

Una… una historia indecorosa.

 

Soy una mujer inconveniente

De ésas que son fieles relativamente.

Dicen que no tengo moralina

Porque me desnudo en la cocina.

Dicen que no tengo moraleja

Me gustan muchísimas… cosas.

 

Soy una mujer inconveniente.

Ráscame la espalda delicadamente.

Siempre tengo ganas, muchas ganas,

Ganas de tenerte aquí en mi cama.

Tráeme el desayuno en la mañana

Y al súper que vaya tu hermana”.