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#MIércolesDePoesía Los brazos postizos de Miguel Hernández

Imagen: Paco Arnau. Tomada de Internet.

Hacía poemas incluso cuando hacía cartas. Mejor: incluso cuando no escribía se le transparentaban versos en la lengua.

El #MiércolesDePoesía es para el enorme Miguel Hernández, quien está cumpliendo 75 años de ser un muerto que no acaba de morirse. Este fragmento es de una de las últimas cartas que le escribió a Josefina Manresa, su mujer y madre de su hijo, nacido mientras el poeta estaba preso. Las líneas en las que dice querer brazos postizos para abrazar son más verso que muchos poemas:

“Mi querida esposa:

Todo está preparado para la marcha, pero sigo aquí, no sé si hasta mañana, pasado mañana o al siguiente […] Se me están apolillando los juguetes de Manolillo y muriéndose de risa en la maleta. Y el niño pidiéndolos a grito pelado, presumo yo […]

Di al niño que por fin va a conocer a su padre y enséñale una foto mía para que se vaya acostumbrando […] Pienso que me van faltar brazos y boca para él, para la madre y para ti. Si en el camino consigo comprar algunos brazos postizos me los pondré para utilizarlos en su momento, que es el mejor momento que espero desde hace mucho tiempo. Bien, bueno va, allá voy, espérame sin impacientarte mucho y recibe para los dos mi cariño.

Vuestro Miguel”.

En Miguel Hernández, Epistolario, Agustín Sánchez Vidal (ed.), Alianza Editorial, 1986

Qué cosa.

De cuando quien amas no está, pero sí está su ropa

Captura de pantalla 2015-10-30 a las 9.54.59Ya estoy de vuelta en México, muchas gracias por no abandonar este blog en mi ausencia. Subiré algunas entradas más de las #CrónicasDesdeJapón como varios han pedido, pero por hoy hago una pausa porque la fecha me hace un guiño que no puedo ignorar: se cumplen 105 años del nacimiento de Miguel Hernández, uno de los favoritos de la casa, poeta de sonoridad e imágenes impecables. Para celebrarlo y de paso inaugurar el fin de semana, aquí dejo el primer texto de su Cancionero y romancero de ausencias. Es un poemita de erotismo delicado, sin título, aparentemente fácil pero tejido con hilo resistente. Me encanta.

Ropas con su olor,
paños con su aroma.

Se alejó en su cuerpo,
me dejó en sus ropas.

Lecho sin calor,
sábana de sombra.

Se ausentó en su cuerpo.
Se quedó en sus ropas.

Y dado que mañana se reanudan los #SábadosDeMúsica todavía algo afectados por el jet-lag, aprovecho para lanzar la pregunta: ¿cuál es tu canción favorita para oír de madrugada, cuando el resto del mundo está en silencio? Responde en los comentarios abajo para que la incluya en la Playlist colectiva. Gracias.

¿Qué va a cosechar el México que siembra cuerpos?

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1 y 2 de noviembre. Son Días de Muertos en México, país que tiene muchísimos más de los que debería, sumido en una violencia intolerable y ahora atravesado por la rabia de sus 43 estudiantes desaparecidos. Me parece que hoy la tradición “de Muertos” tiene un sabor distinto en los cementerios del país, llenos de gente que acompaña a familiares y amigos y “convive” con ellos. El panteón de San Ángel rebosa flores de cempasúchil, banderitas de papel picado, comida, tequila, música de mariachi. Pero siento algo diferente en el aire.

Me paseo entre las lápidas, no para visitar tumbas queridas porque mi papá, mis abuelas y tíos están enterrados lejos. Todas lucen como de concurso, pero dos me llaman la atención: la de Tobías, muerto a los ocho meses, y la de Abigail, a los cinco meses. Están cubiertas de flores como las demás, pero además lucen juguetes, globos, dulces, rehiletes. Junto a la de Abigail, su mamá y su tía llevan todo el día conversando, callándose. Sobre un atril de madera hay un cuaderno en el que los familiares le escriben algo a la bebita que se fue.

Pienso en esos chicos y, sin saber las razones de su muerte, me pregunto si el dolor cambia cuando alguien se va por enfermedad o accidente y cuando es por un “hachazo invisible y homicida”, como decía el poeta Miguel Hernández, un “empujón brutal” producto de una guerra estúpida que el Estado inició y no sabe controlar. Creo que sí, que si bien la muerte de alguien cercano es siempre insoportable, lo es todavía más cuando un país acaba sistemáticamente con sus niños y jóvenes y parece que no pasa nada. Por un segundo me imagino que Tobías y Abigail pueden ser de las miles y miles de víctimas de la violencia desatada en México y recuerdo una manta en alguna de las muchas manifestaciones sobre el caso Ayotzinapa: “¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?”. Eso, ¿qué cosecha?

#HayQueContagiarLaRabia

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A una muerta joven

Foto: wallpaper-photo.ru
Foto: wallpaper-photo.ru

Murió Pamela, amiga de la oficina, 24 años, sonrisa inmensa. Me duele su muerte importuna y me duele su mamá, desmayada a mitad del velorio, incapaz de tragar tanto dolor. Pame querida, ya lo dijo Miguel Hernández: tú te fuiste entre flores, nosotros nos quedamos entre ellas. Y no entendemos nada.

“El sol, la rosa y el niño

flores de un día nacieron.

Los de cada día son

soles, flores, niños nuevos.

 

Mañana no seré yo:

otro será el verdadero.

Y no seré más allá

de quien quiera su recuerdo.

 

Flor de un día es lo más grande

al pie de lo más pequeño.

Flor de la luz el relámpago

y flor del instante el tiempo.

 

Entre las flores te fuiste.

Entre las flores me quedo.”

-Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias (REI)

 

 

 

Y desamordazarte y regresarte

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Panteón Jardines del Recuerdo, 9 a.m. Mis hermanos, nuestros hijos adolescentes y yo visitamos el cementerio donde hace 30 años enterramos a mi papá. Quisimos hacerlo en una suerte de ritual, como desde hace siglos las tribus honran a sus muertos. Su nombre en la lápida, callado, es hondo y perturbador, hace trepar emociones desde el estómago, inunda la garganta de arena. Me resuenan los versos de Miguel Hernández, tan repetidos:

“[…] Quiero escarbar la tierra con los dientes,/
quiero apartar la tierra parte a parte/
a dentelladas secas y calientes.//

Quiero minar la tierra hasta encontrarte/
y besarte la noble calavera/
y desamordazarte y regresarte.//”

Qué ganas de tener aquí a mi papá, para llorar en su hombro la ausencia.

Lo que es realmente un “beso francés”

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No tengo nada en contra de los besos de nariz (en México los llamamos “esquimales” porque dicen que así besan ellos) ni contra los de piquito. Sin embargo, para mí un b-e-s-o con todas sus letras involucra la lengua, sin ella es un simulacro. Los franceses lo saben y no de balde aquí se llama “beso francés” a aquél en el que las dos lenguas se encuentran, se rozan, se saludan, combaten, se acarician, vibran, se vencen.

Pues a partir de la versión 2014, el célebre diccionario francés Petit Robert incorpora galocher como la voz que describe el besodelengua. Se llame como se llame, me parece que ése y no otro imaginaba Miguel Hernández con esto, de su poema “La boca”:

“[…] He de volver a besarte,
he de volver. Hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua […]”

Enlace al artículo: http://alturl.com/3irwm

Gastada por los besos, lloviente

Imagen 4La tarde cae, afuera llueve y quien más quiero se va lejos. Pasará un largo tiempo antes de volver a estar juntos. Toca acallar el cuerpo una vez más, acostumbrar mis labios al frío. Pongo un tango y me acuesto a oírlo. Sólo soy una mujer gastada por los besos, diría Miguel Hernández. Aquí dentro también llueve.

¿Qué poema te sabes de memoria?

 

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“Me acuerdo de ‘El canto de Ulises’, el capítulo de Si esto es un hombre en el que Primo Levi rememora la plenitud que le procuraba en Auschwitz traducirle unos versos de Dante a Jean, el Pikolo, un muchacho alsaciano que guarda turno junto a él en la fila del rancho. En ese instante, nos cuenta Primo Levi, habría dado su ración de potaje a cambio de recordar el final de unos versos”. Invitada por un excelente artículo de El País, del cual tomo el título de este post, busco en mis estantes Si esto es un hombre y releo el capítulo mencionado. Levi le está traduciendo al chico un fragmento memorizado de la Divina Comedia y le dice: “Mira, atento Pikolo, abre los oídos y la mente, necesito que entiendas: ‘Considerad vuestra ascendencia:/ para vida animal no habéis nacido, sino para adquirir virtud y ciencia’. Como si yo lo sintiese también por vez primera; como un toque de clarín, como la voz de Dios. Por un momento, he olvidado quién soy y dónde estoy”. Así pasa a ratos con la poesía.

Relaciono lo anterior con mi propia historia. No sé a qué edad “descubrí” el primer poema, pero cuando tenía unos diez años ya algunos eran parte de mi paisaje. Lo sé porque un recuerdo de esa época me presenta diciendo de memoria el largo Nocturno a Rosario, de Manuel Acuña: “¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro,/ decirte que te quiero con todo el corazón” (aún hoy puedo recitar de corrido sus 50 versos). También memoricé algo de Nervo y de Díaz Mirón. Ni eran los mejores textos ni la niña Julia los entendía del todo, pero le fascinaba la música de la rima.

En secundaria me inscribí a un concurso de declamación, con todo y voz engolada, ademanes tiesos (abajo, una foto que no me deja mentir). Ya en la universidad retomé el hábito de aprenderme poemas. Me sé varios: figuran Miguel Hernández, John Donne, varios de Sor Juana, Thomas Wyatt, Fernando del Paso, un par de Garcilaso de la Vega, varios de Quevedo. Los atesoro con cariño, los repaso, me acompañan. Y todo este gran discurso surge en respuesta a la sencilla pregunta: “¿qué poema te sabes de memoria?”, misma que planteo a quienes pasen por este blog…

http://blogs.elpais.com/letra-pequena/2013/02/que-poema-sabes-de-memoria-1.html

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Palabras en propiedad

 

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Yo y mi obsesión por ellas… no tengo remedio. Me da por pensar que algunos autores se han vuelto dueños absolutos de ciertas voces, tanto que es imposible decirlas sin aludir a sus “creadores”. Por supuesto, el vínculo está dado por su obra, después de leer la cual no he podido librarme de sus fantasmas. Ya sé que mi lista es incompleta, por demás subjetiva y ecléctica (incorpora algunas en otros idiomas), pero no busca más que ser un recuento de voces “propiedad” de autores admirados.

Sólo los últimos dos casos son palabras inventadas, las demás se encuentran en cualquier diccionario. A propósito dejo fuera (por esta ocasión) los nombres propios, porque sería demasiado fácil acudir a Romeos, Funes, Dulcineas, señoritas Julias, Aschenbachs, Fuenteovejunas o Werthers, que en muchos casos tienen para mí una existencia más interesante que muchas personas que conozco… En fin, ahí van mis primeras 10:

  1. Tártaros: Dino Buzzati, El desierto de los tártaros.
  2. Laberinto + espejo: Jorge Luis Borges, Poesía completa.
  3. Bruno: “umbrío por la pena, casi bruno”, Miguel Hernández.
  4. Bottine/botín: Gustave Flaubert, Madame Bovary.
  5. Amorosos: “Los amorosos andan como locos/ porque están solos, solos, solos”, Jaime Sabines.
  6. Hérisson/erizo: Muriel Barbery, L’élégance du hérisson.
  7. Nevermore/nunca más: “Quoth the raven, ‘Nevermore'”, Edgar Allan Poe.
  8. Madeleine/magdalena: Marcel Proust, En busca del tiempo perdido.
  9. Nymphet/nínfula: Vladimir Nabokov, Lolita.
  10. Trilce: César Vallejo, Trilce.

Son tantas que seguro me darán para varias listas más.