Nueva (y controvertida) librería

Aprovechando el ímpetu dominical me lanzo al siempre amado Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, a conocer la nueva librería Elena Garro, duramente criticada por los vecinos bajo argumentos de violaciones al uso de suelo y complicaciones viales. No sé si Consuelo Záizar, titular por algunas quincenas más del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, haya transgredido la ley; lo que no creo es que los inconformes logren «la demolición» del inmueble, válgame dios. Lo curioso es que esos mismos vecinos no parecen haber hecho tanto alboroto ante la apertura de incontables bares y cantinas en el perímetro. En fin, desconozco los pormenores pero celebro el nacimiento de una nueva casa para los libros.

El edificio es espacioso, agradable, de techos altos. Dicen que la construcción tiene 1,700 m2. El frente completo de vidrio da a una enorme jardinera. Vi una buena variedad de sellos editoriales, tanto nacionales como extranjeros. Cuenta con una zona dedicada a literatura infantil y juvenil aunque no me parece idónea para los chicos, por aséptica. Tiene también una mesa de literatura en otras lenguas, lo que me entusiasmó de inicio, pero en vez de ofrecer autores extranjeros en sus idiomas originales, parece dedicada a los turistas, pues ofrece escritores mexicanos en inglés, francés e italiano: ahí están Rulfo, Paz, Fuentes, Pitol, Agustín, Esquivel, Soler, Nettel y Fadanelli, entre otros. No está mal, sólo que mi expectativa era otra.

Dos críticas: 1) encontré incómodos los estantes tan altos, pues en vez de autoservirme sin tiempo ni presión, debí pedir ayuda y regresar los ejemplares pronto al dependiente, que esperaba volver a colocarlos en su sitio; 2) en contrasentido de las librerías modernas (en México, la Rosario Castellanos de la Condesa; en Buenos Aires, El Ateneo; en EUA, Barnes&Noble), cuenta con muy poco espacio para sentarse a leer.

En fin, me siento como cuando llega un nuevo bebé a la familia: puede ser feúcho, no parecerse al papá, llorar demasiado, pero se le celebra con entusiasmo. Así yo con la Elena Garro. Además, creo que es un buen homenaje a la autora de ese excelente testimonio Memorias de España 1937 y del imperdible cuento «La culpa es de los tlaxcaltecas».

Publicado por Julia Santibáñez

Me da por leer y escribir. Con alta frecuencia.

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