Librería en una isla desierta

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Entre los objetos inservibles podrán estar las cabinas de teléfono, las máquinas de escribir, los teléfonos de disco y las televisiones-no-de-plasma, como dice este cartón de The New Yorker. Donde disiento es en las librerías: debo tener muy poca imaginación pero no me imagino ni quiero imaginarme un mundo sin ellas. Estoy segura de que no me gustaría.

Ayer estuve varias horas en la Feria Internacional del Libro, en el zócalo de la Ciudad de México, y además de salir cargada de bolsas me puse a observar a la gente. Muchos iban a cumplir con una tarea o a buscar libros escolares, otros pasaban por ahí, pero unos más caminaban entre títulos paladéandolos, buscando alguno que les despertara el apetito, que los llevara de viaje a otra dimensión (o a la misma, pero desde otro ángulo), que los pusiera en contacto con otro ser humano. Me acordé de la frase de C.S. Lewis: «Leemos para saber que no estamos solos». Quizá por eso las librerías me gustan tanto, porque son espacio privilegiado donde de continuo recuerdo que no estoy sola, aunque lo esté.

En la isla desierta que retrata el cartón, al náufrago no le sirve el teléfono, la TV, ni el tocadiscos, pero la librería podría bien resultar su mejor golpe de suerte.

Publicado por Julia Santibáñez

Me da por leer y escribir. Con alta frecuencia.

19 comentarios sobre “Librería en una isla desierta

  1. La máquina de escribir bien pudiera ser también muy útil, cuando se tiene tiempo de sobra puedes hasta dedicar un poco a plasmar tus experiencias para cuando encuentren tu esqueleto.

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  2. Me encanta leerte!!! Hace tiempo atras descubri una tienda de libros usados en un centro comercial en Puerto Rico. Cada vez que voy me siento como un niño pequeño al explorar entre sus montañas polvorientas, pensando que tesoro encontrare. Entre libro y libro siempre mis ojos captan algo digno de ser llevado a casa, y uno que otro momento hasta un numero telefonico tambien. 🙂

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    1. Qué rico, gracias. Sí, entiendo lo que dices, me ha pasado varias veces en diversas «librerías de viejo», como las llamamos aquí. Son fascinantes, en sus anaqueles he encontrado auténticas maravillas. Hace poco fui a una pero llegué tarde, como media hora antes de que cerraran. Aún así salí como con seis libros, entre ellos una antología que desconocía de la poeta Alaíde Foppa, sobre la que escribí este post: https://palabrasaflordepiel.com/tag/alaide-foppa/

      Abrazo

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  3. Perfecta observación D.: como muchos han hecho notar antes, la máquina de escribir y el tocadiscos (si hubiese alguna fuente de electricidad) también serían útiles. Pero, sin duda, y por sobre todo, la librería es el lugar indicado para salvar al náufrago en cuestión.
    Si hay algo que extraño de vivir en EE.UU. es el tiempo que pasaba en sus fantásticas librerías. Barnes And Noble y Borders me han tenido por horas recorriendo sus pasillos y sentado en sus cafés o en los sillones que algunos locales (buena costumbre que habrái que imitar) tienen por aquí y por allá.
    Cariños.

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    1. Soy adicta a Barnes, a mí también me ha visto gastar muchas horas entre sus anaqueles y encontrar muchos amigos entre sus tapas. Los silloncitos son una fantástica idea, de acuerdo contigo, no me explico cómo a nadie se le ha ocurrido copiarlos, al menos no en México. Despierta más el apetito libresco sentarse a charlar un rato con determinados títulos. Vuelven el espacio aún más placentero.
      Abrazos

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  4. Pues mira aqui se presetna otra asidua a las librerías…me da la sensación de entrar en otro lugar…es como abrir la puerta a un mundo dentro del nuestro..y qué me dices del aroma de los libros?? y yo como soy una nostálgica me resisto al ebook……jo..yo ya puesta a pedir un pelin mas..la máquina de escribir sin hojas vale…pero y si le añadimos una pantalla?? una batería interminable y ya que he cogido carrerilla…una wiffi puede ser??
    Besos con alas para ti..

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    1. Uy, querida, lo que pides es un hotel cinco estrellas, no una isla desierta! Ni hablar, de esas islas también habrá en alguna parte… Y en cuanto al aroma de los libros, sí, me encanta también.
      Abrazo volador

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