El optimismo que sí me gusta

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Mi lectura mañanera me reconcilia con el manoseado concepto que la auto-ayuda ha vuelto insoportable:

“Un optimista es una persona que considera que sus dificultades son momentáneas y controlables, que están relacionadas con una situación concreta. Dirá: ‘No hay motivos para hacer de esto una montaña, estas cosas no duran eternamente. Seguro que encuentro una solución; normalmente salgo airoso de los apuros’. El pesimista, por el contrario, piensa que sus problemas no se van a acabar (‘no son cosas que tengan arreglo’), que estropean todo lo que emprende y que escapan a su control (‘¿qué quieres que haga?’)
[…] No se trata de simples matices, sino de una diferencia fundamental en la manera de ver las cosas. Esta distancia entre una perspectiva y otra está relacionada con el hecho de haber
encontrado o no en uno mismo esa plenitud, que es lo único que puede alimentar una paz interior y una serenidad permanentes”.
-Matthieu Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)

14 comentarios en “El optimismo que sí me gusta”

  1. Un pesimista es un optimista bien informado. Más allá de las bromas, Séneca, al contrario que Ricard, decía que no había que ser demasiado optimista, eso crea expectativas demasiado altas y, cuando éstas no se cumplen (lo cual ocurre muy a menudo) producen frustración e ira. Por supuesto, no estaba diciendo que había que ser pesimistas a ultranza, sino ser conscientes de que las cosas no siempre van a salir como queremos o deseamos.
    Si hilamos fino creo que lo que dice Ricard no es muy diferente de lo que dice Séneca, en el sentido de que Ricard no debe pretender que andemos por ahí como unos descerebrados pensando que vivimos en el mejor de los mundos posibles (lo único que nos falta es que Ricard sea el mayor de los panglosianos).
    Cariños y perdón por la hojarasca (cuando me voy por las ramas es lo que suele suceder).

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    1. De acuerdo contigo, Borgeano, y añado más: procuro ser optimista, es decir, esperar lo bueno y trabajar por ello pero no caer en la estupidez/irrealidad de creer que todo va a ser perfecto siempre. Creo que es también lo que señala Ricard. En la vida hay altibajos y bienvenidos sean, pero si he de esperar un resultado, prefiero esperar lo bueno, no lo malo. Como dices, Ricard y Séneca no están peleados.
      Abrazo

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  2. Yo sigo pensando que si las cosas pueden ir mal irán peor. Es mejor ser pesimista o mejor realista y prevenir las catástrofes que vivir pensando que todo será de color de rosa. Las sociedades optimistas siempre acaban dándose un gran batacazo y lo peor es que nunca saben las causas del desastre.

    Un saludo

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    1. Pienso diferente, creo que ser pesimistas hace la vida más cuesta arriba. Por supuesto que no abogo por el optimismo ingenuo o ciego, que cree que todo es color de rosa, sin embargo, sí me inclino por una visión más positiva, por vivir disfrutando al máximo lo bueno y no centrarse en lo malo que hay o puede venir.
      Abrazo

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  3. Por mucho que digamos, si las cosas tienen que ir mal, Irán. Pero yo soy una persona, que por mucho que me pase intento, llevarlo lo mejor que puedo, porque o que me ponga a llorar, eso no quitara que las cosas no funcione

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    1. Ésa es la clave: no siempre puedo controlar lo que pasa pero sí puedo controlar cómo reacciono ante ello y eso hace una gran diferencia en cuanto a cómo vivo el día a día.
      Saludos

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  4. Particularmente creo que los optimistas viven más relajados, más contentos, con más presencia de sonrisa en la boca, y eso es ya algo que se están llevando consigo permanentemente. Pero dentro de ambas corrientes -pesimistas y optimistas- hay muchísimas variantes. Por ejemplo, yo soy optimista compulsivo cuando estoy en forma, y pesimista atolondrado cuando estoy enfermo. Y luego hay tantos condicionantes dependiendo del lugar donde uno nazca.
    En cualquier caso no es baladí la cuestión. Porque en función de cómo seamos, así discurrirá nuestra vida. Lo que no se puede ser desde ningún punto de vista es u optimista estúpido, o mucho peor, pesimista estúpido.
    Saluditos Karlsruhanos

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    1. Eso mismo pienso y en general soy optimista irredenta, pero como bien señala Borgeano, no caigo en la tontería de creer que todo va a ser ideal. Como dices, ser estúpido es grave, sea desde el optimismo o desde el pesimismo.
      Abrazo

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  5. Yo soy a veces optimista, a veces pesimista, realmente creo que las circunstancias marcan, si estás en paro, con tres hijos pequeños que pasan hambre pues ayudará el sentirse optimista, pero vaya, que es complicado estarlo, tampoco derrotarte claro.

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    1. Las circunstancias influyen, claro, sobre todo en casos como el que señalas, de hambre o desempleo. Ahí no cabe esta discusión: se trata de preocuparse por comer y eso es suficiente para llenar la cabeza. Sin embargo, una vez cubiertas las necesidades básicas, en relativa igualdad de circunstancias, siempre hay mil cosas por las que quejarse y otras mil que agradecer. En lo personal trato de concentrarme en las segundas.
      Abrazo

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  6. Creo que diste con la clave mi querida Julia: Hoy dìa queremos controlar todo, queremos ò creemos que todo tiene que salir perfecto y confundimos felicidad con que todo nos salga bien, creo que lo mejor que podemos hacer ( al menos en lo personal); es ACEPTAR, aceptar que somos seres humanos ( y la cagamos…a veces bastante), en lo personal no me considero ni pesimista ni optimista (o al menos y afortunadamente ninguna de las dos todo el tiempo), acepto mis malos dìas, los sufro si hay que sufrirlos sin quedarme en ello… y con mucho gozo los buenos ya sean muchos o pocos momentos gratos…. Lo malo es pienso caer en los extremos, todo verlo con ceguera de optimismo (porque no todo lo es, y ello no es malo), o caer en el pesimismo que puede ser nefasto y poco productivo..!
    saludos! 🙂

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    1. El bendito equilibrio que venimos buscando desde hace siglos y que suele resultarnos tan esquivo, quiero Allidu. O, dicho en buen mexicano, “ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre”. Ahí andamos…
      Gracias, un abrazo

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