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Empiezo un nuevo ciclo. Y me siento muy bien.

Cita tomada del libro de Matthieu Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)
Cita tomada del libro de Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)

Se cierra un capítulo laboral en mi vida y no puedo celebrarlo más. Me hace feliz saber que estoy dando pasos para disfrutar mi tiempo al máximo, siendo congruente con quien soy y con lo que quiero, con lo que me alimenta. En suma, sólo tengo la certeza de esta vida y la quiero exprimir lo más posible. Y me vienen a la mano estas palabras de mi gurú desde años. En eso estoy, querido señor Ricard.

Aprender a ser mar

Foto: www.es.gdefon.com
Foto: http://www.es.gdefon.com

“El sufrimiento puede ser una extraordinaria enseñanza, capaz de hacernos tomar conciencia del carácter superficial de muchas de nuestras preocupaciones habituales, del paso irreversible del tiempo, de nuestra propia fragilidad y sobre todo de lo que cuenta realmente en lo más profundo de nosotros […] ¿Cómo dominar el dolor en vez de ser víctima de él? Si no podemos escapar de él, más vale aceptarlo que intentar rechazarlo. Tanto si caemos en el desánimo más absoluto como si conservamos la presencia de ánimo así como el deseo de vivir, el dolor subsiste, pero en el segundo caso seremos capaces de preservar la dignidad y la confianza en nosotros mismos, lo que establece una gran diferencia […]”. -Matthieu Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)

Este libro ha sido consejero fiel durante estos días, en los que llueve. A principios de 2013 dije que el monje budista Matthieu Ricard, su autor, sería mi gurú durante el año (http://wp.me/p1POGd-th). De hubierme apegado más a sus enseñanzas hubiera podido enfrentar el dolor reciente con más entereza y claridad. No lo hice. Hoy me siento a escucharlo y trato de aprender cómo tener paz interior en circunstancias adversas, como hace el mar: “en la superficie, una tormenta causa estragos, pero en las profundidades continúa reinando la calma”.

Dejar de ser yo (¿podré?)

Imagen 3Un par de veces por día quisiera reaccionar como alguien más, desandar mi historia y ser capaz de no enojarme o frustrarme por las mismas cosas de siempre (la conducta del padre de mi hija, por ejemplo). Si es cierto que hasta 95 por ciento de mi día lo vivo en automático y sólo 5 por ciento soy plenamente consciente, no me extraña que sin pensar responda a circunstancias similares con el patrón aprendido, siguiendo el surco muy trazado de estímulo-respuesta. Es decir, el reto es abrir un surco distinto: a través de yoga, meditación y esfuerzo consciente crear una nueva forma de enfrentarme a lo que no me gusta. Como dice el científico en neuroplasticidad Joe Dispenza, se trata de “desaprender tus viejas pautas mentales y emocionales, o deshacer los circuitos de tu cerebro y reaprender otras nuevas o renovarlas, basándote en quién quieres ser, en lugar de seguir siendo la misma persona de siempre” (Deja de ser tú, Urano).

Esto está más difícil que mover una montaña, pero tengo que lograrlo.

El optimismo que sí me gusta

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Mi lectura mañanera me reconcilia con el manoseado concepto que la auto-ayuda ha vuelto insoportable:

“Un optimista es una persona que considera que sus dificultades son momentáneas y controlables, que están relacionadas con una situación concreta. Dirá: ‘No hay motivos para hacer de esto una montaña, estas cosas no duran eternamente. Seguro que encuentro una solución; normalmente salgo airoso de los apuros’. El pesimista, por el contrario, piensa que sus problemas no se van a acabar (‘no son cosas que tengan arreglo’), que estropean todo lo que emprende y que escapan a su control (‘¿qué quieres que haga?’)
[…] No se trata de simples matices, sino de una diferencia fundamental en la manera de ver las cosas. Esta distancia entre una perspectiva y otra está relacionada con el hecho de haber
encontrado o no en uno mismo esa plenitud, que es lo único que puede alimentar una paz interior y una serenidad permanentes”.
-Matthieu Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)

Desprogramar/ reprogramar la mente

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Cuando la vida quiere que yo aprenda algo, me lo repite en todos los tonos y acentos. Por usar una expresión de esta era digital: lo comunica en todas las plataformas. Ayer leí esto en el libro Deja de ser tú, del científico Joe Dispenza (Urano): “Es fácil entender que los traumas dañen el cerebro, pero los investigadores también han descubierto que los pensamientos negativos y la mala programación del pasado también lo afectan […] Si te esfuerzas por cambiar el mundo interior de tus pensamientos y sentimientos, tu entorno exterior también empezará a cambiar, demostrándote que tu mente ha afectado tu mundo exterior”.

Luego tomé un curso titulado “¡Entiéndete! Tú puedes tener la vida que quieres tener”, dado por un querido (y sabio) amigo. Increíblemente, los conceptos eran los mismos, como escritos por una sola mano. Total, que en eso estoy desde hace tiempo, a través de yoga, meditación y lecturas: aprendiendo cómo desprogramarme de patrones negativos para sustituirlos por otros positivos. Y aunque a veces me parece que voy avanzando, otras me siento increíblemente torpe en el proceso, pero como decía mi abuela: “mientras hay vida, hay esperanza”. A darle, pues.

Un minuto para buscar el centro

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“Cuando los pensamientos oscurecedores se desvanecen, la mente reposa, vasta y serena, en su propia naturaleza”. -Khyentsé Rimpoché citado por Matthieu Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)

A veces, como hoy, necesito paz, la necesito en lo más hondo. Trato de detener el caótico fluir de mis pensamientos, de las historias que hago en mi cabeza y me lastiman, me esfuerzo por mantener la mente en calma, por recuperar la armonía. Me ayuda meditar y hacer yoga pero también he encontrado útil este sencillo ejercicio, que se puede practicar en cualquier sitio. Lo comparto por si a alguien más también le vendría bien un poco de serenidad:

http://www.psicopedagogiaactiva.com/2012/05/relajacion-en-un-minuto.html

Mi gurú particular para el año

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Creyente en las palabras, creo que algunas son cimientos sobre los cuales se construyen los días, que dan una forma específica a la arquitectura del ciclo llamado año. Aquí las de Matthieu Ricard, que hasta hoy fueron la base sobre la que traté de edificar las experiencias vividas: “Ser feliz es una habilidad. Tener equilibrio emocional es una habilidad. Ser compasivo y altruista es una habilidad. Cada una de ellas puede ser practicada y desarrollada a plenitud”. No se trata de pedir que todo sea perfecto en mi camino, sino de aprender a desarrollar balance emocional a pesar de lo que suceda alrededor, bueno o malo (vaya reto, ojalá para 2020 lo logre).

Desde hace un par de años Ricard es mi gurú particular. Investigador francés convertido en monje budista, autor y fotógrafo, “aterriza” para mentes occidentales los enormes principios del budismo. En defensa de la felicidad (Urano) es mi libro de cabecera: una y otra vez regreso a él porque no deja de contribuir a mi paz, a mi búsqueda interior. Así, desde hoy nombro solemnemente a Ricard, con sus palabras profundas y ecos de montaña sagrada, mi consejero espiritual para el año venidero (él recibe, emocionado, el cargo). Sea.