La noche en que conocí a Pérez Gay

Foto: Barry Domínguez
Foto: Barry Domínguez

Hace unos días murió en México el intelectual, diplomático, doctor en filosofía, traductor, germanista y escritor José María Pérez Gay. Me he tardado en escribir este mínimo homenaje, pero no quiero dejar pasar más tiempo para contar el recuerdo que tengo de él. La fecha: agosto o septiembre, 2006. El escenario: una cena de amigos en su casa, en el tradicional barrio de Coyoacán. El motivo: ver en preestreno la cinta Fraude: México 2006, del cineasta Luis Mandoki, sobre esas discutidas elecciones presidenciales. Siendo honesta diré que asistí a la reunión de rebote, es decir, no como invitada directa sino como pareja de quien entonces era mi compañero. Él y los demás asistentes participaron juntos en el proceso desde la izquierda, Pérez Gay de manera muy cercana al candidato López Obrador, como su consejero de asuntos internacionales. El compromiso con las causas sociales fue uno de sus distintivos de vida.

Dos cosas me impactaron. Primero, su conversación y cómo la acompañaban sus ojos brillantes. Preguntado sobre su novela Tu nombre en el silencio (publicada ese año), habló del desencanto vivido por muchos que en los 60 lucharon por ideales socialistas; también dejó caer su lúcida lectura sobre el momento que vivía México, mencionó  ejemplos internacionales para ilustrar sus ideas. Por desgracia no los recuerdo, pero sí me quedó grabada su afabilidad y la cultura que respiraba por cada poro. En segundo lugar, su biblioteca: de piso a techo cubierta de libros, viva, robusta. No hablo alemán y he leído a pocos autores de esa lengua; Pérez Gay vivió 16 años en ese país, lo llevaba tatuado en la piel, así que sus muchos títulos germanos me parecieron ventanas a un mundo fascinante. Además, en la cena salió al tema esa lengua y él mencionó su vivencia con La montaña mágica, de Mann: dijo que al leerla se dio cuenta de que la literatura alemana existía gracias a ese idioma. No se me olvida.

Amabilísimo, culto, comprometido con las causas en las que creía. La muerte debía perdonar a gente como él.

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Pérez Gay en su biblioteca: http://www.jornada.unam.mx/2013/05/27/politica/002n1pol

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