Lo defectuoso vale más que lo perfecto

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Abrazar lo endeble. Subrayar la fragilidad.

El pensamiento japonés no deja de deslumbrarme. Hace unos meses compartí aquí varias entradas sobre lo fascinante de su cultura, la práctica cotidiana de la poesía, su respeto por el otro. Hablé también sobre el Wabi-sabi, ese gesto japonés que encuentra perfección en lo imperfecto. Hoy me encuentro con esta belleza de palabra: Kintsukuroi. 

Se llama así al arte de reparar con polvo de oro un objeto de cerámica roto. En Occidente, un jarro que se fractura pierde todo su valor. En cambio, los japoneses aprecian más aquél cuyas piezas fueron unidas de nuevo, de manera muy visible, con el metal precioso: el jarrón restaurado es más caro porque tiene una historia. Es decir, el kintsukuroi valora la fragilidad intrínseca de las cosas, la belleza de sus defectos. Otro tanto, creo, pasa con la gente: ayer platicaba con una amiga muy querida sobre cómo cuando el otro se atreve a exponer su debilidad, entonces puedo conectar con él y lo valoro más en su coraje de seguir adnando. Al final, yo misma quiero no esconder mis cicatrices de vida porque entiendo que en ellas descansa mi valor.

Da click aquí para ir a un artículo sobre el Kintsukuroi y la resiliencia.

Da click aquí para ir a la entrada Ocho palabras que le urgen al español.

8 pensamientos en “Lo defectuoso vale más que lo perfecto”

    1. Es de ese tipo de riquezas que Japón esconde y que de este lado del mundo nos hacen tanta falta. Ojalá la globalización sirva para que viajen este tipo de conceptos sanadores.
      Saludos, paumjv.

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  1. Las cicatrices, en efecto, son un orgullo, una distinción. Aunque me hace pensar en los piratas. Habría que encontrar una técnica aquí para recuperar esos objetos que tanto pesar nos causan cuando se nos rompen. Buena idea recuperarnos, con polvo de oro.

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    1. Bueno, incluso en los piratas las cicatrices hablan de historias, es decir, de narrativa. Ya la valoración positiva o negativa es otra cosa.
      Acabo de ver The Revenant, película de Alejandro González Inárritu, en la que el protagonista se cura una herida aplicándole pólvora. No tengo idea si eso sea un uso recurrente, pero sin duda me pareció una metáfora certera para un personaje habitado por la venganza. Hoy que encuentro esta palabra me digo que esto sí me gusta: oro para destacar la imperfección.

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