Por qué me gustan las erratas

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Sí, las amo, las disfruto y las defiendo, tanto las imputables a errores de dedo (me parece sublime que los dedos sean falibles), como las que provoca el autocorrector de Word o del celular.

Apenas ayer una errata volvió a mejorarme un texto: quise escribir “De pronto se aparece el Minotauro” y el autocorrector del iPhone mandó “De pronto se aparece el Minitauro”. Nunca mejor dicho.

Aquí, una columna sobre el tema, que me publica hoy el periódico Sin Embargo.

Y aquí, el enlace a un texto del blog negritasycursivas.wordpress.com, con un caso exquisito de una errata en portada, que sobrevivió muchos años.

Y el enlace que recomiendan los amigos de negritasycursivas.wordpress.com sobre un libro dedicado al tema.

Otro enlace a un texto sobre erratas, en el blog Habladuría.

 

12 comentarios en “Por qué me gustan las erratas”

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