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Glamour travesti sobre la cancha: las Gardenias de Tepito

Foto: Rodrigo Jardón Las Gardenias saludan al público luciendo sus colores insignia: morado y rosa. Al fondo, la iglesia de San Francisco de Asís.

Simultáneo. Todo sucede al mismo tiempo: la corredera de niños, el amargor a cerveza tibia y el tufo a mariguana, el subibaja de palabras, aquella cumbia que machaca. También luces de colores, oscuridad y luna llena.

Son las ocho de la noche y estoy en la cancha Maracaná del Deportivo Tepito, en el corazón del barrio, esperando que empiece el partido de futbol de Las Gardenias, equipo conformado por travestis y transexuales de la zona. Es el evento que desde hace unos cincuenta años cierra el día de fiesta de San Francisco, el 4 de octubre. Aunque es el santo más querido por aquí, no alcanza a rivalizar con la Santa Muerte, cuyo altar principal está a unas cuadras. “Mientras a la Virgen y a los santos les ruegas por un milagro, a la Santa Muerte le pides hazme el paro”, señala Alfonso Hernández, quien se autodefine como hojalatero social y cronista de esta colonia.

“Ser parte de Las Gardenias es una distinción”, apunta Alfonso, amigo mío y gracias a quien estoy aquí. “La gente las respeta y las quiere, les reconoce lo chambeadoras, lo entronas”. Hace un par de horas llegamos a la estética de Naomi Camacho, estilista michoacana e integrante de Las Gardenias. Somos un grupo: Alfonso, algunos fotógrafos italianos, una periodista, Rodrigo Jardón, autor de las fotos que acompañan este texto, y yo. Naomi nos saluda mientras le despunta el cabello a un muchacho. En las paredes del lugar hay pósters de Marilyn Monroe y de modelos imponentes, una imagen de Cristo, además de fotos de Naomi con estrellas del espectáculo como Sabrina Sabrok, quien hizo célebre la desmesura de sus pechos. Suena en la tele algún programa de concursos que miran de reojo Victoria y Sandy, también estilistas. Y Gardenias. Aprovecho para preguntarle a Sandy si en el partido prefiere meter los goles o pararlos. Con fuegos artificiales en los ojos responde: “No, pues mejor que me los metan”.

“Naomi y algunas otras presumen el busto. Tienen de qué. En las entrelíneas del despliegue de glamour se lee el orgullo de ser mujeres, sin importar que la genética las haya querido hombres.”

 

Por fin nos vamos al campo de juego. Sandy y Victoria se adelantan. De camiseta color vino y pantalones de mezclilla ajustados, Naomi es atractiva, camina con porte. De camino, en lo que parece una fonda vemos a unos seis personajes sentados en círculo. Beben eufóricos, como si fuera la primera vez. Más adelante, sobre la banqueta dos viejos juegan cartas sobre una caja de cartón. La vida cotidiana de estas calles saluda sin rubor.

Cuando llegamos al Maracaná, las once Gardenias se meten a maquillar. Tras una hora por fin salen, parece que van a una fiesta. De hecho sí, van a su fiesta: pestañas postizas, sombra, mucho delineador, labial y diademas  con mechudos fucsias se completan con shorts cortitos y blusas pegadas. De edades dispares, las chicas meten la panza mientras sonríen, incontenibles. Naomi y algunas otras presumen el busto. Tienen de qué. En las entrelíneas del despliegue de glamour se lee el orgullo de ser mujeres, sin importar que la genética las haya querido hombres.

Las gardenias en acción

No sé cuál es el marcador, sólo que Las Gardenias le van ganando a El Hebraye, equipo de hombres. Cada gol de ellas es celebrado en las gradas repletas de familias con niños y también en la propia cancha, donde no menos de ciento cincuenta personas intentamos seguir el partido y tomamos fotos, aunque ocupamos buena parte de la zona de juego. Muchos se cruzan de punta a punta, adolescentes torean el balón. Hasta un perro orina el pasto mientras ellas y ellos buscan anotar. Todo ocurre de forma simultánea y yo me siento en película de Juan Orol. Cae otra anotación de Las Gardenias. Junto a mí, una señora de unos cincuenta años años, vestido y sudadera, más cigarro en vilo saca humo por la nariz: “¡A huevooo!”.

Foto: Rodrigo Jardón
Una de Las Gardenias muestra el uniforme, compuesto por diadema, camiseta y shorts negros. Aquí todavía no se maquillaba, parte indispensable del atuendo.

Pero en el ambiente hay molestia. Cuando los equipos entraron al campo y mientras hacían caravana frente a público y fotógrafos, algunos chamacos les aventaron huevos y harina, además de botellas de refresco. Ante el desorden, algunas Gardenias decidieron no jugar. Entre ellas, Naomi. Más tarde me explica Alfonso: “Hace años que no se daba tal caos, porque los encargados del Deportivo vigilaban bien. Ahora la administración es nueva y no organizó el control del partido”.

A pesar de todo, nunca sentí peligro y el tono del espectáculo no se perdió. De pronto, una Gardenia de peluca azul se le cuelga al cuello a un contrario, para que otra se lleve el balón. El público festeja. Más allá hay algún manoseo y risas. Pasa Paulette llevando el balón. De cabello muy largo, delgada y fuerte, lleva tiras de micropore en la nariz, evidencia de una reciente cirugía. Parece divertida, con todo y su fleco lila. Luego, en una de las esquinas de la cancha se forma una bolita. Cuando logro llegar, ya la gente se dispersa. Una chava me enseña en el celular la foto que acaba de tomar: a un jugador del Hebraye le bajaron los shorts y los calzones. En la imagen veo unas nalgas. Orondas. Blancas.

Noche espera en el Maracaná

Las Gardenias nació hace más o menos medio siglo por idea de Bárbara, tepiteña interesada en promover la igualdad. Al haber muchos travestis en la comarca, la idea pegó fácilmente. En un inicio, las chicas tenían diversos rivales pero después, ante los botellazos e insultos que algunos les lanzaban a ellas y a los contrincantes, por poco se suspende la tradición.

“Lo que yo te pido es que hables bien del barrio, güerita, porque no todos somos rateros ni criminales ni nada de eso. Unos somos buenas personas, como yo, que tengo 66 años y toda mi vida he respetado el sexo de las mujeres.”

 

Al fin, “desde hace como veinticinco años” juegan contra El Hebraye, conformado por hombres de Tepito, subraya Héctor, comerciante de lentes y director de ese equipo. “De niño yo venía a ver a Las Gardenias y se me hacía algo bonito. Hubo un tiempo en que ofendían a las chicas y no es justo. Aunque sean gays, todos somos humanos. A ellas les gusta ir al gimnasio todo el año, estar bonitas, operarse. En casa, sus viejos las tratan bien, ¿para que vengan aquí a que les den nalgadas? Pues no”. Platico con él en las afueras de la cancha. Héctor es bajito, se sabe encantador. Parece no tener huesos ni nervios, sólo músculos. “Algunos piensan que el nombre Hebraye se refiere al cotorreo, el debraye, pero no. Yo lo inventé, usé las letras iniciales de mi nombre y del de mis hijos: He, de Héctor, Bra, por mi hijo Brandon y Ye, por Yefferson”. Ensancha más el tórax.

La noche es espesa aquí en el Maracaná. Muchachitas que no llegan a los trece años corretean en ombliguera, aventándose y toqueteándose entre ellas y con niños de su edad. “Ya, María, vááámonos”, grita uno de ellos mientras jalonea a una gordita, de mechones azules y falda corta. Pienso que quizá haya muchas Marías, aunque no sé cuántas vírgenes. Mis pudores me dan pudor.

Viene a saludarnos un hombre de pelo blanco que se presenta como uno de los árbitros del Deportivo. Es Gustavo y se ve que lleva horas amistándose con las cervezas. Al decirle que voy a escribir una crónica del partido responde, con escasos dientes: “Lo que yo te pido es que hables bien del barrio, güerita, porque no todos somos rateros ni criminales ni nada de eso. Unos somos buenas personas, como yo, que tengo 66 años y toda mi vida he respetado el sexo de las mujeres”.

En el atrio de la iglesia, junto a la cancha, una pareja baila cumbia entre globos y puestos de comida, al tiempo que cerca de mí dos jóvenes se agarran a golpes. Muchos se acercan con fascinación para ver los puñetazos, la jaladera de chamarra, la rajadura de playera. Peleo mi espacio cerca del ring improvisado. Pasados unos minutos aparece un policía y separa a los muchachos. Pasa junto a mí el mayor de ellos, la cara está muy roja y los ojos, también.

Ya viene de regreso Gustavo. Trae una caguama y tres vasos desechables para invitarnos un trago. Bajo la luna llena brindamos por Las Gardenias.

 

“Más allá de lo que se ve”

Vamos saliendo del campo de juego, son casi las once de la noche. Hace poco terminaron los fuegos artificiales en el atrio de la iglesia y la celebración va para largo. Oímos algunos balazos, no sé si de fiesta o de agresión. O ambas.

Alfonso, muy conocido en la zona y sabedor de por dónde no hay que andar, nos guía por los entresijos de puestos de metal y montones de basura melancólica, que esperan al camión. Vamos todos juntos, un grupo compacto. Conforme nos alejamos del Deportivo, en el laberinto de tiendas y vecindades se han acallado los ecos cotidianos de Tepito, demarcación que integró al imaginario nacional figuras como El Santo, Cantinflas, El Ratón Macías y Cuauhtémoc Blanco. Hace un rato platiqué con Eriko Stark, seudónimo de Eric Meneses, joven de la colonia, periodista y fotógrafo gay. A decir de él, si antes lo que se vendía más aquí eran aparatos electrónicos y fayuca, hoy es piratería, pornografía, anabólicos y proteínas para adictos al músculo. Cuánto revela el comercio de quiénes somos y cómo vamos cambiando.

Pregunto cuál fue el marcador final. Alguien contesta: 4-1, ganaron Las Gardenias. Ya lo pronosticaba Héctor: ellas siempre ganan, no les marcan faltas y sí les cuentan todos los goles, aunque sean chuecos. “Claro, entendemos que es un cotorreo”, subrayó. Otra muestra del vacile está en la misma porra de las triunfadoras: “Chiquitibum bombitas, / Chiquitibum bombitas: / Las Gardenias son bien putitas”. La escuché de los labios impecables de Naomi.

Me acuerdo de algo que leí del escritor argentino Martín Caparrós: “El futbol está pensado como espectáculo, algo para que otros miren. Y uno sólo ve lo que le muestran… hay cosas que suceden más allá de lo que se ve”. Es cierto. En el caso del partido en el Maracaná, lo más relevante no se aprecia a simple vista: el hecho de que en un barrio tradicionalmente machista, hace cincuenta años tanto Las Gardenias como las familias que se reúnen a aplaudirlas visibilizan y aceptan la diferencia. Ni las chicas ni los tepiteños olvidan que Las Gardenias nacieron hombres pero decidieron hacerse mujeres. Que de alguna forma hoy son ambas cosas. Al mismo tiempo.

(Originalmente publicado en El Cultural, suplemento del periódico La Razón. Da click aquí para ir al sitio de El Cultural)

Escribir, venganza contra la soledad: Andrés Neuman

Foto: Antonia Urbano www.pliegosuelto.com
Foto: Antonia Urbano http://www.pliegosuelto.com

Ayer se publicó en El Cultural, del periódico La Razón, la entrevista que le hice recientemente al escritor Andrés Neuman. Comparto un fragmento. Para leerla completa da click aquí.

Él define leer como “Acción y efecto de viajar hasta donde uno se encuentra”.  Y ahí se pinta de cuerpo entero. No sólo se mueve entre continentes como si fueran patios de una casa. Lector compulsivo, navega a diario por sus propios pasillos interiores y, armado de palabras, en su faceta de escritor compone paisajes para que otros los frecuenten a través de novelas como La vida en las ventanas, que acaba de reeditar.

Una vez, hace años, me dijo que de chico hacía futbol y que le hubiera gustado ser profesional, que entonces pensaba que patear un balón era el oficio de las personas decentes. Luego se lastimó ambas rodillas y tuvo que olvidarse de la cancha. No sé. No me lo imagino agarrándose a trompadas por un gol dudoso. Ni inflando el pecho de camiseta dry-fit. Más bien me parece que lo suyo es dominar las palabras como muñecos en manos de un niño acostumbrado a inventarse compañías.

Nacido en Buenos Aires y hecho escritor en España, Andrés ha trabajado novela (entre ellas El viajero del siglo, Premio Alfaguara 2009), cuento, relato corto, ensayo, poesía, haikú, aforismo, traducción poética, columna, libro de viajes, blog (su espléndido Microrréplicas). Es decir que le falta explorar el cantar de gesta y la égloga. No mucho más. A pocos días de haber cumplido 40 años, este acuariano con beneplácito es uno de los escritores hispanoamericanos más robustos. Pocos pueden presumir los casi 30 libros con su firma, publicados por editoriales de la estatura de Alfaguara, Anagrama, Hiperión, Acantilado, Páginas de Espuma y Almadía. Muy pocos han visto su obra en veintitantos idiomas. Todavía menos suman a lo anterior haber convocado entusiasmos en autores como Luis Antonio de Villena, Roberto Bolaño, Richard Gwyn, Joca Reiners.

Me reencuentro con él a propósito de la presentación en México de su novela La vida en las ventanas, publicada en España en 2002 y ahora reeditada por Alfaguara. El libro permite asomarse al punto de quiebre que fue el cambio de siglo, cuando frente a una pantalla electrónica empezamos a quitarnos capas de ropa: el protagonista es un nerd que intenta lidiar consigo mismo a través de palabras exprimidas a la computadora. Mientras llega a la entrevista, Neuman come una manzana, arrastra una maleta y un jetlag, afín a su reciente llegada a México. En diez minutos de conversación se sobrepone al agotamiento, retoma la cadencia suave que acostumbra. Por obra y gracia de una agilidad mental difícil de calcular va de un tema al otro sin perder vigor. Sin afectar la precisión. Transita de la política estadounidense a la literatura del siglo XIX, de Ricardo Piglia a las nuevas tecnologías, de teoría sobre la ficción a series de Netflix. Según articula sus comentarios como si llevara años amansando cada tema me pregunto qué lo mueve a explorar tan varios acentos. Me parece que, más que el rigor del futbolista aclamado por multitudes, en sus líneas se transparenta la avidez de quien pasaba tardes jugando a solas. Estos son fragmentos de lo que dijo.

EL SEXO Y EL CUBISMO
Alguien ha dicho que la literatura se parece al onanismo. No coincido. Creo que tiene tanto de autoexploración como de acercamiento a los demás. Es más, en realidad toca tres ámbitos: resulta una mezcla feliz de fornicio, masturbación y voyerismo. Como un acto de sexo cubista. El arte ofrece un grado de soledad placentera, un contacto carnal con los otros y al mismo tiempo una posibilidad de verlos sin la necesidad de quitar el pie que tenemos afuera.

RICARDO PIGLIA
Él ha sido una de las mayores suertes que ha tenido la literatura en lengua española. Como teórico, era un narrador ejemplar. Como narrador, fue un teórico inigualable. Esa sinergia me parece un modelo admirable y fértil. Parecía imposible repensar la literatura exactamente desde donde la dejó Borges, y construir con eso una voz propia, una perspectiva original. Esa proeza, entre otras muchas, la logró Piglia. Y era, para colmo, un hombre de una educación y elegancia humana exquisitas. Me parece que esa referencia íntima vale tanto como la obra. Al fin y al cabo, él mismo nos enseñó que la vida se escribe. En su caso, hasta el último instante de la conciencia.

TRUMP
En el segundo semestre de 2016 estuve en unas diez ciudades de Estados Unidos para promover la traducción al inglés de mi libro Cómo viajar sin ver, recientemente aparecido allá. Justo me tocó ver el pre, el durante y el después del triunfo de Trump. El libro que yo presentaba, muy latinoamericano y vinculado a la inmigración, hizo que conociera a todo tipo de intelectuales que están en las antípodas del proyecto del que en ese momento era candidato a la presidencia. Ahí me di cuenta de que la mayor parte de la progresía norteamericana ni conoce su país ni veía venir la victoria republicana. Es más, todos estaban convencidos de que Trump no podía ganar. Me parece que “el malestar en el sufragio”, como lo llamé en un artículo, tiene consecuencias que van desde la legitimación electoral del fascismo hasta la desactivación del voto de izquierda.

TENER AMIGOS INVISIBLES
La convención dice que los niños pueden hablar con los muñecos. Sin embargo, por una idea estúpida sobre la vida adulto, una de las grandes alienaciones de nuestra vida es el decreto de que para ser productivo uno debe dejar esas tonterías. Apenas entras a la universidad o votas por primera vez, los amigos invisibles merecen medicación o terapia, así que poco a poco nos van quitando esos elementos de ritualización poética. Se nos arrincona en una visión literal y empobrecedora de nuestra necesidad, hasta que sólo nos queda la ficción como acto interpretativo de lo real.

LA VENGANZA DE LA ESCRITURA
Escribir es una respuesta a la soledad, una herramienta poderosísima para crear compañía. En realidad prefiero hablar de la lectoescritura, porque las razones por las cuales leemos y escribimos son muy parecidas. El rol humano que se ejerce en ambas es el mismo. Recuerdo ahora un verso del escritor español Carlos Marzal: dice que escribir es “estar con la gente, sin la gente”. Así lo veo. Hacer un libro es una venganza contra la soledad, contra cierta orfandad básica que todos sentimos. Cuando estoy metido en una novela me voy a la cama con una familia más sólida que si fuera de carne y hueso.

 

El oficio de escritor, de primera mano

p31

(VERSIÓN ÍNTEGRA DEL TEXTO PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO EL CULTURAL, DEL PERIÓDICO LA RAZÓN, EL SÁBADO 3 DE DICIEMBRE DE 2016)

Lo publicado en México a lo largo de un año permite subrayar, así mínimamente, afinidades compartidas e inflexiones particulares. En el marco de la FIL Guadalajara hice 13 preguntas, las mismas, a 21 autores que estrenan título. La idea fue poner frente a frente acentos complementarios en cuanto a si la literatura sirve para algo, qué distingue a un escritor de un aficionado e incluso qué libro es ideal para llevar al baño.

La lista incluye 11 sellos editoriales. Nombres consagrados como los de Fabio Morábito, Carmen Boullosa, Santiago Roncagliolo, Ethel Krauze y Antonio Ortuño alternan con plumas nuevas que pisan firme, entre ellas, las de Alejandra Costamagna y Gerardo Cárdenas. Del conjunto de respuestas destaco la coincidencia casi total de que un libro no transforma la geografía, pero sí puede reescribir una biografía. En cambio, existen muchos matices sobre la influencia de la era digital en las letras de cada uno. Aquí, el oficio de escritor contado por 21 de ellos, junto con el libro que cada uno presenta en la FIL.

CUESTIONARIO

  1. ¿La literatura debe “servir” para algo?
  2. ¿Qué propondrías (eslogan o concepto) para una campaña nacional de lectura?
  3. ¿Cuál es tu metáfora preferida sobre escribir?
  4. ¿Qué define quién es un escritor: la obra, la publicación, los premios?
  5. ¿A qué autor envidias?
  6. ¿Cómo ha cambiado tu escritura a partir de la era digital?
  7. ¿Qué le criticarías a tus libros si fueras tu enemigo implacable?
  8. ¿Qué dirías en un anuncio clasificado para vender tus servicios como escritor?
  9. ¿Libro que te hizo reír a carcajadas?
  10. ¿Palabra que más odias?
  11. ¿Placer culpable?
  12. ¿Lectura ideal para el baño?
  13. ¿Lo que le urge a la FIL?

 

ALBERTO CHIMAL, incluido en Próximamente en esta sala. Antología de cuentos de cine (Cal y Arena)

  1. Sí, pero no en el sentido de aleccionar. Si tiene suerte ayuda a plantear preguntas.
  2. Decir que leer textos nos prepara para leer el mundo. Y a nosotros mismos.
  3. Es poner en claro quién se es.
  4. Puede ser un inepto o quedar inédito para siempre, pero escritor es quien adopta escribir como parte de su vida.
  5. A quienes hayan escrito la Biblia y otros libros antiquísimos. Sólo ellos han tenido compensación por todo lo que hayan vivido.
  6. Cambió antes de la llegada de Internet. Las computadoras me permitieron escribir como no me dejaban hacerlo las máquinas.
  7. No lo que dicen quienes se creen mis enemigos. Diría que son demasiados. Que son demasiado tercos. Que yo lo soy.
  8. “Se crean personajes, tramas y sorpresas”.
  9. Todos los de Edward Gorey.
  10. Desesperanza.
  11. Ciertas malas películas.
  12. Uno de curiosidades literarias: The Reader’s Bathroom Reader.
  13. Espacio.

 

ALEJANDRA COSTAMAGNA, Imposible salir de la tierra (Almadía)

  1. Quizá para abrir preguntas, para ampliar el mundo en el que vivimos.
  2. Un eslogan del tipo “Leer no da cáncer”.
  3. La frase del dramaturgo chileno Juan Radrigán: “Hay que escribir como si te fueran a matar mañana”. La escritura casi como respiración.
  4. Escritor es quien con palabras es capaz de rastrear un mundo.
  5. A ninguno, la envidia puede producir cáncer. Admirar, a Natalia Ginzburg.
  6. Se ha modificado el proceso: al escribir, la tiranía de lo inmediato se pelea con la antigua concentración.
  7. El ninguneo es infinitamente peor que la mala crítica. No diría nada sobre mis libros.
  8. Nunca haría algo así.
  9. Cómo me hice monja, de César Aira.
  10. Tanqueta.
  11. La siesta post-desayuno.
  12. La Constitución Política de Chile de 1980, la de la dictadura, que actualmente rige.
  13. Nunca había venido. Me emociona presentar mi primer libro “mexicano”.

 

­­ALEJANDRO PÁEZ VARELA, Oriundo Laredo (Alfaguara)

  1. Sí. Debe ser una puerta alternativa a la otra, gigante: la de la ignorancia.
  2. “Lee. Si no lees, puedes hasta ser Presidente de México”.
  3. Se escribe porque se debe. Pero no sé si sea “metáfora”.
  4. No es escritor el que publica ni el que gana premios, sino quien transmite ideas a través de la escritura.
  5. A Primo Levi y a otros que como él han estado en el momento preciso y han exhibido al mundo como, es con la esperanza de que ese mundo no se repita.
  6. Quizá ahora, al hacer periodismo digital, no me limito en el uso de palabras de uso diario que en la prensa tradicional menospreciaba o rechazaba, que asustan cuando están escritas.
  7. Haberlos publicado.
  8. “Artesano que vive del sudor de sus dedos busca trabajo”.
  9. Ninguno.
  10. Empoderar.
  11. Fumar.
  12. Todos.
  13. Le sobran.

 

ALEJANDRO ROSAS, coautor de Érase una vez México 3 (Planeta)

  1. Sí, para divertir, despertar dudas, confrontar principios. Falla un libro que no te mueve.
  2. “Si quieres cambiar tu historia personal, lee”.
  3. Es hablar con los muertos.
  4. Quien tiene la disciplina de sentarse para retar a la creación desde su propio sentir es un escritor. Ya otra cosa es ser bueno o no.
  5. A Philip Roth.
  6. Me he vuelto menos barroco. Hace 10 años usaba demasiados adjetivos, hoy escribo con más contundencia.
  7. Que tengo una cierta autocomplacencia, prefiero los textos cortos. Diría que debo apostar por desarrollar mis ideas con más profundidad.
  8. “Jamás la historia se atrevió a tanto”.
  9. Instrucciones para vivir en México, de Jorge Ibargüengoitia.
  10. ¿?
  11. Ver mucha televisión.
  12. Prefiero el periódico.
  13. Que tiene demasiadas actividades simultáneas y que en las presentaciones se leen textos. Habría que ir a charlar.

 

ANAMARI GOMÍS, La vida por un imperio (Ediciones B)

  1. Te enseña sobre la naturaleza humana, sobre realidades que de otro modo no conocerías.
  2. “Lee para entender mejor el mundo”.
  3. Es un diálogo con las varias personas que te pueden habitar.
  4. Es quien logra conectar con el lector y no sólo desde la literatura. Por ejemplo, me apasiona Francisco González Crussí, patólogo y escritor.
  5. A Philip Roth.
  6. No le encuentro ángulos negativos. Antes tenía que reescribir mucho, hoy todo es más cómodo.
  7. Que a veces de pronto digo “ya, que se acabe la novela” y mis finales pueden quedar precipitados.
  8. En mis textos siempre hay una imagen carnavalesca.
  9. Domar a la divina garza, de Sergio Pitol, aunque no es el último.
  10. Fallecer. Ahora todo el mundo fallece, nadie se muere.
  11. Netflix.
  12. Ninguno. Prefiero jugar Township, que tengo en mi iPhone.
  13. Al contrario, siempre rebasa mi imaginación.

 

ANTONIO CALERA-GROBET, Rambler (Colección Imaginaria)

  1. No ayuda a cambiar el mundo, pero sí puede cambiar la vida.
  2. Diría que la literatura no es lo más inteligente ni lo más bello que ha creado el hombre, sino lo que nos retrata a partir de miserias. Usaría uno de mis lemas: “Antes del fin de este mundo, escribiremos otro”.
  3. Es una transcripción de la vida misma. Se trata de vivir y con ello hacer un relato que se pueda leer.
  4. Un escritor aparece cuando un lector lo encuentra.
  5. A André Breton.
  6. Intervengo mis textos con mayor fluidez y publico más.
  7. Mis primeros libros intentaban comprobarle al medio literario que yo podía escribir. Desde el principio debería haber escrito lo que quisiera.
  8. “Me puedes leer porque yo soy tú”.
  9. Correr, de Jean Echenoz.
  10. Conciudadano.
  11. Soy culpígeno.
  12. Alguno de E. M. Cioran.
  13. Debería ser un templo a la lectura, para convertir a la gente en lectora y no en compradora de libros.

 

ANTONIO ORTUÑO, Agua corriente (Tusquets)

  1. Para ampliar las miras de quien lee. Para confrontarlo y ofenderlo y divertirlo y, quizá, lograr que salga de un libro menos bruto de lo que entró.
  2. No creo en los eslóganes.
  3. Es disparar en la oscuridad. Como dijo la Pantera Rosa.
  4. Escritor es un tipo que viaja con la maleta llena de sus propios libros y duerme en sillones. Hasta que aprende.
  5. Envidiar me parece megalomanía. Por mis escritores favoritos siento cariño y gratitud.
  6. Soy feliz corrigiendo en pantalla en vez de trabajar con 200 versiones en papel. Por lo demás, mi escritura ha cambiado por motivos ajenos a la tecnología.
  7. Para ser mi enemigo implacable primero necesito hacerme una lobotomía.
  8. “¿Odia a todos? Nosotros también. Llámenos. O mejor no”.
  9. Leviatán.
  10. Radical.
  11. Champaña.
  12. Ninguno.
  13. Comenzar.

 

CARMEN BOULLOSA, El libro de Ana (Alfaguara)

  1. Su virtud mayor es su inutilidad. Los esclavos sirven, la literatura subleva, perturba, da placeres y etcéteras inútiles.
  2. Leer es sicoactivo, como un toque, un viaje o una cuba, pero no te lleva al bote y no da crudas. Es adictivo, provoca efectos secundarios y daños colaterales.
  3. Escribir es tocar el silencio.
  4. Lo determina definirse a sí mismo, para sí mismo y antes que ninguna otra palabra, como escritor.
  5. A mí, en mis treinta. Por casi todo.
  6. Soy de huesos del siglo pasado y tardo en reaccionar al ambiente (para bien y para mal). Cuando me pase, sabré qué contestar.
  7. Que los haya escrito yo.
  8. “No la contrates, no va a hacer lo que le pidas sino lo que le dé su gana”.
  9. La última guerra, de Amado Nervo.
  10. Trump.
  11. Comerycomer.
  12. Cátulo.
  13. Una playa nudista.

 

ETHEL KRAUZE, El país de las mandrágoras (Alfaguara)

  1. Permite narrarnos la vida e imaginar futuros posibles.
  2. “Leer es el segundo paso. Escríbete primero”.
  3. Escribir es un hilo donde se ensartan historias.
  4. Todo ser humano posee el don de la palabra, pero escritor es quien tiene el compromiso de dotarla de verdad.
  5. A quien escribe con fórmulas que no se me ocurrirían, como Hisako Matsubara en la novela Samurai.
  6. La velocidad es positiva, pero implica una engañosa idea de facilidad. Escribir a mano es más afín a la creación literaria, porque se hace con el cuerpo.
  7. Que escribo oscuramente, casi no se encuentra felicidad en mi obra.
  8. “No vendo mi primogenitura por un plato de lentejas”.
  9. Por qué los hombres nunca recuerdan y las mujeres nunca olvidan, de Marianne Legato.
  10. La frase “Me choca”.
  11. Las galletas de chocolate.
  12. Contemporaneidad de los presocráticos.
  13. Retomar su vocación original: relacionar a autores y lectores.

 

FABIO MORÁBITO, Madres y perros (Sexto Piso)

  1. Conocer indirectamente a autores que no hemos leído, como Kafka, modifica nuestra manera de imaginar. No sé si para bien.
  2. Subrayaría que leer es importante, pero no fundamental.
  3. Es una línea desde la cual mirar, una barrera que detiene la marea caótica del mundo, del cual comprendemos una pequeña parte.
  4. Al escritor lo define el lugar desde donde piensa el mundo. Eso cuaja en un estilo filológico, lingüístico.
  5. A Juan José Saer, por su novela El Entenado.
  6. Escribir en computadora tiene ventajas, pero al ofrecer una versión pulcra del texto fácilmente nos hace creer que vamos bien.
  7. Me reclamaría que no he salido de lo que soy.
  8. “Se fabrican máscaras. Elija la que más le convenga”.
  9. A los 20 años: La cantante calva, de Ionesco.
  10. Aleluya.
  11. El que siento cuando le ocurre algún infortunio a alguien que envidio.
  12. Los autores contemporáneos que nos abochornan por malos.
  13. Actos menos convencionales.

 

GENEY BELTRÁN, selección y prólogo de Elena Garro. Una antología (Cal y Arena)

  1. Tiene repercusiones sociales. Incluso contra la voluntad de sus autores, los libros pueden servir para algo más que expresar temperamentos.
  2. Mejor usar ese presupuesto para reabastecer bibliotecas y crear librerías de barrio.
  3. “La poesía es un árbol sin hojas que da sombra”, de Juan Gelman.
  4. Quien aspira a trastocar el mundo interior de quien lo lee es un escritor.
  5. Muerto, a Shakespeare. Vivo, a Coetzee. En ambos casos, por su don para desarrollar problemas morales a través de la imaginación.
  6. Leo más en Internet y en e-book. Pero no estoy consciente de que se haya alterado mi escritura.
  7. He escrito como resultado de una transformación interior, que alguien podría confundir con un simple desahogo vital.
  8. “Se rentan pesadillas”.
  9. El asno de oro, de Apuleyo.
  10. Coadyuvar.
  11. Ver futbol americano.
  12. ¿??
  13. Menos sometimiento a los intereses de las grandes editoriales.

 

GERARDO CÁRDENAS, Silencio del tiempo (Abismos)

  1. Sí, para hacer soñar al lector.
  2. Diría: “No le creas a las redes sociales. Abre un libro y verifícalo”. Si la gente leyese más habría votado distinto.
  3. Es picar piedra.
  4. Lo determina su compromiso con las letras, pero el escritor es independiente de los libros que hace.
  5. Vivo, a Stephen King, por fecundo. Muerto, a Shakespeare, por su manejo del lenguaje.
  6. No creo que haya cambiado. La técnica de expresar algo en 140 caracteres se aprende, igual que se aprende escribir una novela.
  7. Un crítico dijo que en mis primeros libros no me soltaba. Coincido.
  8. “Autor con experiencia: escribe rápido, corrige poco y come mucho”.
  9. Lamb: The Gospel According to Biff, de Christopher Moore.
  10. Odio.
  11. Las donas de chocolate.
  12. Algo de Cioran.
  13. Centrarse en las novedades editoriales.

 

JOSÉ HERNÁNDEZ, Che. Una vida revolucionaria I (Sexto Piso)

  1. Como el arte en general, la literatura ha permitido nuestra subsistencia. Es lo que nos hace humanos.
  2. Exploraría la creación de librerías de barrio atendidas por gente de la colonia, donde consultar y comprar libros.
  3. Es un poco sobrevivir a la muerte.
  4. Quien logra desentrañar el proceso azaroso e incomprensible de pensar es un escritor.
  5. A Cortázar, por acucioso. A los escritores de ciencia ficción, por crear mundos. A David Lodge, por su humor.
  6. Antes mis historietas eran artesanales. Ahora el proceso es cercano a la forma de hacer cine: dibujo escenas sueltas, luego las uno para armar el discurso.
  7. Mi falta de estructuración cuando empiezo a hacer un libro.
  8. “Monos al minuto”.
  9. Best Seller, de Fontanarrosa.
  10. Pedo.
  11. La canción “Claridad”, de Menudo.
  12. El que esté en turno.
  13. Dejar de ser una pasarela de políticos que presentan libros.

 

JOSÉ MANUEL RECILLAS, Atrévete a mirar, tú, que no quieres (UAEM)

  1. No resuelve problemas, pero abre la ruta hacia un viaje.
  2. Llevar poesía a mercados y escuelas, para tocar a la gente de zonas marginadas.
  3. En esta época estridente, la literatura es un mensaje susurrado, cercano al silencio.
  4. Es quien hace que un texto llegue a otra persona, no importa si es reconocido, grande o mediocre.
  5. A César Vallejo, a Friedrich Hölderlin.
  6. La computadora facilita corregir, pero estoy volviendo a la pluma y el papel. La mano tiene mucho que ver al escribir.
  7. Que como autor dé culto a la forma y mantenga la fe en el amor como tema absoluto.
  8. “Escribo poemas de amor, por si los necesita”.
  9. La más reciente novela de Manuel Andrade, inédita.
  10. Procrastinación.
  11. Comerme los pellejitos de los dedos.
  12. Quizá los poemínimos de Efraín Huerta.
  13. Dar más espacio a editoriales independientes y a escritores de calidad, no consagrados.

 

LILIANA COLANZI, Nuestro mundo muerto (Almadía)

  1. No tiene una utilidad. En ello radica su potencial político.
  2. Una frase que encontré por ahí: “Yo leo, tú lees, Bruce Lee”.
  3. Es tener una antena que intenta sintonizar la música del universo.
  4. Una mirada capaz de ver más allá de los clichés es lo que distingue a un escritor.
  5. Admiro lo que William Faulkner o Philip K. Dick consiguieron a partir de (o a pesar de) sus adicciones, pero no envidio la miseria de la adicción.
  6. Paso mucho tiempo sumergida en ese océano de fantasías delirantes que es Internet, sin el cual no puedo escribir.
  7. Cuando pienso que Rimbaud revolucionó la poesía a los 17 años y se había jubilado a los 21, no puedo evitar deprimirme un poco.
  8. “Pinto casas a domicilio”.
  9. No recuerdo ninguno.
  10. Que me digan “niña”. ¡Tengo 35 años!
  11. “Stalkear” a la gente.
  12. Las redes sociales.
  13. Es la primera vez que voy, quiero descubrirla.

L.M. OLIVEIRA, Árboles de largo invierno (Almadía)

  1. Para imaginarnos en los zapatos del otro, despertar conciencias. Lo que me incomoda es que se defienda que debe servir para una sola cosa.
  2. “El vicio que no querrán quitarte”. Malísimo, hay mejores formas de promover la lectura.
  3. Esto de Hemingway: “No hay nada que decir de la escritura. Es sólo sentarte a la máquina y sangrar”.
  4. El que conoce el oficio y lo demuestra. No basta con rezar para ser religioso, se necesita creer en Dios.
  5. A Truman Capote, por A sangre fría.
  6. Con Internet nunca estás solo. Esa distracción es un cambio para mal, pero ayuda a limpiar.
  7. La estúpida prisa. Hay que aprender a caminar despacio.
  8. “Prosa sin prisa. Absténgase si requiere versos, me gustan pero no me cuadran”.
  9. La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.
  10. Coadyuvar.
  11. Amaretto.
  12. Instrucciones para vivir en México, de Jorge Ibargüengoitia.
  13. Amaretto.

 

MAGELA BAUDOIN, La composición de la sal (Almadía)

  1. No debe servir para nada. Creo, como César Aira, que deja soñadores improductivos.
  2. Dirigir la campaña a los adultos, que son quienes definen los hábitos de lectura. Cuando hay libros alrededor es natural leer.
  3. Lo que dijo Oscar Wilde: para escribir basta con tener algo que decir y decirlo, lo cual no es fácil.
  4. Sentarse a escribir y, más imprescindible aún, sentarse a leer define a un escritor.
  5. A Anthony Burgess, por la novela Poderes terrenales.
  6. Siempre he escrito en computadora, así que para mí ha sido un devenir natural.
  7. Todo. Los enemigos perfectos no perdonan.
  8. “Mentirosa profesional con 43 años de experiencia”.
  9. Don Quijote.
  10. Expresiones como “escritor comprometido”.
  11. Leer, porque le quito tiempo a quienes amo.
  12. No puedo, me parece un placer masculino. Quizá me pierdo algo importante.
  13. Nunca he ido. Me entusiasma la vitrina colosal que supone.

 

MAURICIO MONTIEL, Los que hablan. Fotorrelatos (Almadía)

  1. Para inventar mundos que no conocemos y que terminaremos por extrañar.
  2. “La lectura te da más vidas que un gato”.
  3. Acudo a una frase de Kafka: escribir es “como un camino en otoño: tan pronto como se barre, vuelve a cubrirse de hojas secas”.
  4. Sólo lo puede definir su escritura: la publicación, los premios y los lectores son un telón de fondo necesario.
  5. A Franz Kafka, porque supo ver el funcionamiento perverso del macrocosmos desde su microcosmos praguense.
  6. Para bien: mi escritura ha ganado concisión y precisión gracias a los proyectos literarios que he desarrollado en Twitter.
  7. Adjetivación y cierta tendencia al exceso de metáforas.
  8. “Se diseñan vidas ajenas a la medida”.
  9. La chica del tren de Paula Hawkins (no lo terminé).
  10. Imposible.
  11. Mal cine de terror.
  12. No leo en el baño.
  13. Renovación.

 

SANDRA FRID, La danza de mi muerte (Planeta)

  1. Sí, para comprender mejor a los demás.
  2. Haría énfasis en que puede ser muy divertido. Si alguien se acerca así a la literatura puede acabar siendo un gran lector.
  3. Es intuición y nostalgia.
  4. Escritor es quien se toma en serio el oficio, quien verdaderamente se dedica a trabajar el párrafo escrito.
  5. Mi favorito absoluto es John Banville.
  6. Empecé a escribir a mano, luego pasaba a máquina. Ha cambiado para bien: si hoy tengo que incrustar un párrafo o decidir que el capítulo 5  se convierte en el 16 lo hago en segundos. Es una fortuna.
  7. Que a veces me entran las prisas por acabar.
  8. Diría que tomo con mucha responsabilidad la investigación para escribir novela histórica.
  9. Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia.
  10. Injusticia.
  11. El chocolate.
  12. Ninguno.
  13. Los módulos de información no tienen información.

 

SANTIAGO RONCAGLIOLO, La noche de los alfileres (Alfaguara)

  1. Hace pensar. Con eso ya es más útil que la mayoría de cosas.
  2. Mostraría el video de Peña Nieto en la FIL, incapaz de recordar un título, y su conferencia de prensa con Trump. Diría: “¿Ves cómo acabas si no lees?”.
  3. Se parece más a la enfermedad que a una vocación.
  4. La obra. Escritor es quien escribe incluso si nadie lo sabe, igual que puedes ser carpintero en secreto.
  5. A Bolaño. Ha publicado ocho libros desde su fallecimiento. Espero estar igual de activo cuando muera. O antes.
  6. La escritura no ha cambiado nada, sólo tengo más contacto con los lectores.
  7. Me critican que mis novelas sean fáciles de leer.  A mí me parece bien que se lean fácilmente y se digieran con dificultad.
  8. “Especialista en perdedores y sicópatas”.
  9. Lionel Asbo, de Martin Amis.
  10. Supletoria.
  11. Dean Koontz, un autor de terror malo que me encanta.
  12. Dean Koontz. Pero no dejo sus libros en el baño de visitas. Tengo una reputación.
  13. Exportar el modelo.

 

VALERIA LUISELLI, Los niños perdidos (Sexto Piso)

  1. Un libro puede producir muchos pequeños cambios mente por mente, pero el deber del escritor es escribir bien, no transformar el mundo.
  2. Enfocaría los esfuerzos en los maestros, en cómo enseñarles a transmitir el gozo de la lectura.
  3. Una idea de Joseph Brodsky: la economía en el lenguaje tiene que ver con darte cuenta de la gravedad física, el peso de las palabras en un sentido narrativo.
  4. Escritor es quien dedica su vida a escribir.
  5. No envidio, pero admiro a Alma Guillermoprieto, a László Krasznahorkai, a Anne Carson.
  6. El mundo digital entró a mi vida más o menos en 2004, cuando estaba trabajando en mi primer libro, Papeles falsos. No veo cambio, porque mi escritura nació al mismo tiempo.
  7. Prefiero no dar ideas a mis enemigos.
  8. “Vendo mis libros. Entrega a domicilio”.
  9. Incidences, de Daniil Kharms.
  10. Coadyuvar.
  11. Es secreto.
  12. El periódico.
  13. Playa.

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