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Lo mejor que leí en 2017 (1a parte)

Se acaba el año, uno que afortunadamente estuvo lleno de buenos y algunos mejores libros. Antes de dar vuelta a la hoja me pican los dedos por compartirte una selección de los títulos que me movieron las suprarrenales (y un poquito más al centro). Por supuesto, no tiene la pretensión de incluir lo mejor de 2017, sino meramente lo mejor de mi 2017.

Para mi programa de radio BAzar de Letras y mis colaboraciones en distintos espacios culturales me concentré en literatura nacional, así que este es mi Top Ten (+1) de México. En una segunda parte hablaré de los libros de autores extranjeros.

Por cualquiera de estos meto las manos al fuego: si lo lees y no te gusta, te invito un café y platicamos de por qué no te hizo click y a mí me encantó. O me convences o te convenzo o nos reímos un poco.

POESÍA
1. Grandes maniobras en miniatura, de Eduardo Casar (Fondo Editorial del Estado de México);

2. Otra forma de bolero, de Max Ramos (Ediciones y Punto), regalo de su autor;

 

 

3. Sonetos del amor y de lo diario, de Fernando del Paso (El Colegio Nacional);

4. Se encogió de hombros y dijo, de Luis Bugarini (Libros Sampleados);

 

 

NOVELA
5. Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor (Literatura Random House);

6. Los sueños de la serpiente, de Alberto Ruy Sánchez (Alfaguara);

 

 

CUENTO
7. La Tormenta hindú, de Ana García Bergua (Textofilia);

8. La vaga ambición, de Antonio Ortuño (Páginas de Espuma);

 

 

ENSAYO
9. Territorio Lolita, de Ana V. Clavel (Alfaguara);

10. Mudanza, de Verónica Gerber (Almadía);

 

 

 

+1. El arte de dudar, de Óscar de la Borbolla (Grijalbo), regalo de su autor, mi querido amigo.

 

 

Éste es mi problema feliz

Entre todas las cosas que pueden pasarme están los malos problemas, negros de todos los colores y esa otra especie, los problemas felices, los que igual me estresan, pero en bonito. Metida en uno de esos estoy.

Además de que trato de sobrevivir a un desbordamiento irrefrenable de trabajo, en las últimas semanas mi biblioteca se ha visto incrementada con muchos libros, a la mayor parte de los cuales me muero por hincarle el diente. Hay novela, cuento, poesía, novela gráfica y ensayo. Además, varios de ellos los recibí como regalo de amigos queridos, lo que les añade interés. Tendría que pasarme el próximo mes metida en mi cama leyendo sin parar, lo cual me haría demasiadamente feliz.

Carajo, de veras es injusto que no me paguen por leer.

 

BAzar de letras: escucha la entrevista con Luis Jorge Boone

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El martes en la tarde se transmitió otra emisión de BAzar de letras, el programa de radio que conduzco por Código CDMX, estación de radio de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

Mi invitado fue el escritor Luis Jorge Boone y platicamos sobre Figuras humanas, su reciente libro de cuentos publicado por Alfaguara. Entre otras cosas, habló de cómo al sentarse a escribir busca tener tanto la emoción que quiere transmitir como la forma como la va a envolver en palabras. Es decir, forma y fondo son una sola masa indisoluble. También comentó que sus personajes reflejan la contradicción que todos vivimos, de querer estar al mismo tiempo tranquilos y exaltados, relaciones con cercanía e independencia. Si estás en la Ciudad de México, date una vuelta el sábado a las 5 pm por la Feria Internacional del Libro: Luis Jorge presenta su libro.

Aquí puedes escuchar el podcast completo del programa, desde cualquier país (me consta, lo han oído en Estados Unidos, Argentina, España e Italia).

 

Visita del azar poderoso, invencible

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“Vivía en un azar seguro, un mundo donde los azares y las coincidencias eran siempre extraordinarios y a la vez comunes. La presencia del azar en la vida de Julio era cotidiana”, dijo Carlos Álvarez sobre Julio Cortázar. Leo la cita en Cortázar de la A a la Z. Un álbum biográfico (Alfaguara).

Me gusta pensar los azares, en plural, en la vida de Julia.

Me gusta testimoniar de qué modo a ella las causas la van cercando “cotidianas, invisibles”, cómo los azares se le enredan “poderosos, invencibles”, en palabras de don Silvio. Como antier, que se reencontró con un viejo amigo joven, con quien hace años Fortuna la puso a compartir asiento en un avión. Y de ahí nació algo, no sabe qué, pero algo. Y celebra esta nueva visita de la suerte.

Tan en manos de la casualidad, como siempre.

 

Escribir, venganza contra la soledad: Andrés Neuman

Foto: Antonia Urbano www.pliegosuelto.com
Foto: Antonia Urbano http://www.pliegosuelto.com

Ayer se publicó en El Cultural, del periódico La Razón, la entrevista que le hice recientemente al escritor Andrés Neuman. Comparto un fragmento. Para leerla completa da click aquí.

Él define leer como “Acción y efecto de viajar hasta donde uno se encuentra”.  Y ahí se pinta de cuerpo entero. No sólo se mueve entre continentes como si fueran patios de una casa. Lector compulsivo, navega a diario por sus propios pasillos interiores y, armado de palabras, en su faceta de escritor compone paisajes para que otros los frecuenten a través de novelas como La vida en las ventanas, que acaba de reeditar.

Una vez, hace años, me dijo que de chico hacía futbol y que le hubiera gustado ser profesional, que entonces pensaba que patear un balón era el oficio de las personas decentes. Luego se lastimó ambas rodillas y tuvo que olvidarse de la cancha. No sé. No me lo imagino agarrándose a trompadas por un gol dudoso. Ni inflando el pecho de camiseta dry-fit. Más bien me parece que lo suyo es dominar las palabras como muñecos en manos de un niño acostumbrado a inventarse compañías.

Nacido en Buenos Aires y hecho escritor en España, Andrés ha trabajado novela (entre ellas El viajero del siglo, Premio Alfaguara 2009), cuento, relato corto, ensayo, poesía, haikú, aforismo, traducción poética, columna, libro de viajes, blog (su espléndido Microrréplicas). Es decir que le falta explorar el cantar de gesta y la égloga. No mucho más. A pocos días de haber cumplido 40 años, este acuariano con beneplácito es uno de los escritores hispanoamericanos más robustos. Pocos pueden presumir los casi 30 libros con su firma, publicados por editoriales de la estatura de Alfaguara, Anagrama, Hiperión, Acantilado, Páginas de Espuma y Almadía. Muy pocos han visto su obra en veintitantos idiomas. Todavía menos suman a lo anterior haber convocado entusiasmos en autores como Luis Antonio de Villena, Roberto Bolaño, Richard Gwyn, Joca Reiners.

Me reencuentro con él a propósito de la presentación en México de su novela La vida en las ventanas, publicada en España en 2002 y ahora reeditada por Alfaguara. El libro permite asomarse al punto de quiebre que fue el cambio de siglo, cuando frente a una pantalla electrónica empezamos a quitarnos capas de ropa: el protagonista es un nerd que intenta lidiar consigo mismo a través de palabras exprimidas a la computadora. Mientras llega a la entrevista, Neuman come una manzana, arrastra una maleta y un jetlag, afín a su reciente llegada a México. En diez minutos de conversación se sobrepone al agotamiento, retoma la cadencia suave que acostumbra. Por obra y gracia de una agilidad mental difícil de calcular va de un tema al otro sin perder vigor. Sin afectar la precisión. Transita de la política estadounidense a la literatura del siglo XIX, de Ricardo Piglia a las nuevas tecnologías, de teoría sobre la ficción a series de Netflix. Según articula sus comentarios como si llevara años amansando cada tema me pregunto qué lo mueve a explorar tan varios acentos. Me parece que, más que el rigor del futbolista aclamado por multitudes, en sus líneas se transparenta la avidez de quien pasaba tardes jugando a solas. Estos son fragmentos de lo que dijo.

EL SEXO Y EL CUBISMO
Alguien ha dicho que la literatura se parece al onanismo. No coincido. Creo que tiene tanto de autoexploración como de acercamiento a los demás. Es más, en realidad toca tres ámbitos: resulta una mezcla feliz de fornicio, masturbación y voyerismo. Como un acto de sexo cubista. El arte ofrece un grado de soledad placentera, un contacto carnal con los otros y al mismo tiempo una posibilidad de verlos sin la necesidad de quitar el pie que tenemos afuera.

RICARDO PIGLIA
Él ha sido una de las mayores suertes que ha tenido la literatura en lengua española. Como teórico, era un narrador ejemplar. Como narrador, fue un teórico inigualable. Esa sinergia me parece un modelo admirable y fértil. Parecía imposible repensar la literatura exactamente desde donde la dejó Borges, y construir con eso una voz propia, una perspectiva original. Esa proeza, entre otras muchas, la logró Piglia. Y era, para colmo, un hombre de una educación y elegancia humana exquisitas. Me parece que esa referencia íntima vale tanto como la obra. Al fin y al cabo, él mismo nos enseñó que la vida se escribe. En su caso, hasta el último instante de la conciencia.

TRUMP
En el segundo semestre de 2016 estuve en unas diez ciudades de Estados Unidos para promover la traducción al inglés de mi libro Cómo viajar sin ver, recientemente aparecido allá. Justo me tocó ver el pre, el durante y el después del triunfo de Trump. El libro que yo presentaba, muy latinoamericano y vinculado a la inmigración, hizo que conociera a todo tipo de intelectuales que están en las antípodas del proyecto del que en ese momento era candidato a la presidencia. Ahí me di cuenta de que la mayor parte de la progresía norteamericana ni conoce su país ni veía venir la victoria republicana. Es más, todos estaban convencidos de que Trump no podía ganar. Me parece que “el malestar en el sufragio”, como lo llamé en un artículo, tiene consecuencias que van desde la legitimación electoral del fascismo hasta la desactivación del voto de izquierda.

TENER AMIGOS INVISIBLES
La convención dice que los niños pueden hablar con los muñecos. Sin embargo, por una idea estúpida sobre la vida adulto, una de las grandes alienaciones de nuestra vida es el decreto de que para ser productivo uno debe dejar esas tonterías. Apenas entras a la universidad o votas por primera vez, los amigos invisibles merecen medicación o terapia, así que poco a poco nos van quitando esos elementos de ritualización poética. Se nos arrincona en una visión literal y empobrecedora de nuestra necesidad, hasta que sólo nos queda la ficción como acto interpretativo de lo real.

LA VENGANZA DE LA ESCRITURA
Escribir es una respuesta a la soledad, una herramienta poderosísima para crear compañía. En realidad prefiero hablar de la lectoescritura, porque las razones por las cuales leemos y escribimos son muy parecidas. El rol humano que se ejerce en ambas es el mismo. Recuerdo ahora un verso del escritor español Carlos Marzal: dice que escribir es “estar con la gente, sin la gente”. Así lo veo. Hacer un libro es una venganza contra la soledad, contra cierta orfandad básica que todos sentimos. Cuando estoy metido en una novela me voy a la cama con una familia más sólida que si fuera de carne y hueso.

 

Escribir es hallarle forma a una mancha de sangre

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Ayer entrevisté a Luis Jorge Boone, autor nacido en Coahuila que anda estrenando su más reciente libro de cuentos, Figuras humanas, publicado por Alfaguara.

Hablamos de que prefiere escribir a mano y tiene cuadernos donde vuelca ideas, algún ritmo, sugerencias que se convierten en poemas o cuentos. Luego pasamos a la necesidad de construir paisajes interiores con palabras, crear mundos de consistencia similar a la de la realidad. Y me acordé de esto: “También la verdad se inventa”. No pude recordar al autor, después lo busqué y resulta que lo dijo Antonio Machado. La frase establece una suerte de diálogo con este fragmento del estupendo cuento “Prólogo a nada”: Es la trampa en la que cae quien escribe: acomodar lo que no tiene revés ni derecho, mentirse para entender lo que no le cabe en la cabeza ni en la vida, inventarle una trama, un diseño, una forma específica a lo que es un accidente, un incendio, una mancha de sangre”.

Pues sí, de eso y otras cosas platiqué con Luis Jorge. Disfruto conocer el proceso de escritura de libros cuyas páginas me atrapan. Y Figuras humanas sin duda lo hizo.

Advertencia: ¿quieres ser pareja de un(a) escritor(a)?

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A nadie lo obligan a meterse con quien va por la vida con ficción metida en las pupilas. No hay pistola enfrente cuando alguien decide hacerse pareja del nudo andante de paranoias, expectativas, necedades y obsesiones que es quien se dedica a escribir.

Entonces, no se aceptan reclamaciones cuando uno sale con declaraciones como esta lucidez del dibujo de Jorge F. Hernández incluido en su libro más reciente, El dibujo de la escritura, publicado por Alfaguara, con cartones de humor sobre libros, autores, editores, traumas bonitos. Me siento respaldada.

P. D. Por favor compren el libro de Jorge. Me van a agradecer la recomendación.

Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 3/3)

Aquí terminan las citas de mis libros favoritos del año. Pero las palabras se me quedan merodeando.

15. Francisco Hernández, ”Taller de Moris. I”, en Odioso caballo, Almadía, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-19-40En éste, su libro más reciente (con el lujo de diseño de Alejandro Magallanes), el escritor veracruzano clava el punzón con sus versos. Y brota sangre. O pus. O humores. El asunto es que no falla.

“[…] Sobre esta mesa, mi foto
es la foto de mi padre.
Él es yo: metamorfosis redundante.
Me veo peinado a su manera,
hablo con su tono de voz
y engaño a mi madre con mi esposa”. p. 122

Los poemas de Hernández me hicieron varios días del verano. Como éste.

16. Malcolm Lowry, Bajo el volcán, traducción de Raúl Ortiz y Ortiz, Ediciones Era, 1964

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-21-38Geoffrey Firmin, exCónsul británico, se reencuentra en la ciudad de Cuernavaca con su esposa, Yvonne, de quien está separado. Es el Día de Muertos de 1938. La novela (publicada en inglés en 1947) es una impresionante construcción de estilo, donde el protagonista va perdiendo y encontrando la lucidez entre mezcales, en el contexto de un país que no esconde los colmillos. Duele en cada línea. Y se disfruta. La leí en inglés pero aquí está un soberbio pasaje en español.

“[…] Y ahora estaba el Cónsul en el baño, alistándose para ir a Tomalín. —¡Oh! —decía—. ¡Oh!… pero, ¿ya ves?, después de todo no ha ocurrido nada horrendo. Ante todo, a lavarse —tembloroso y volviendo a sudar, se quitó saco y camisa. Dejó correr el agua en el lavabo. Sin embargo, por alguna razón misteriosa estaba bajo la ducha en donde esperaba, agonizante, el impacto del agua fría que nunca llego. Y seguía con los pantalones puestos”. p. 165

La novela de Lowry me dejó impresionadísima por semanas. Aquí, algo que escribí al respecto.

17. Gerardo Cárdenas, “Cuatro escritores en Qumran”, en Silencio del tiempo, Editorial Abismos, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-22-45Se trata de poemas que reescriben pasajes de la Biblia, que ponen a hablar a protagonistas de la fe desde otra esquina del ring. En éste, el escritor mexicano le pone voz al evangelista Lucas:

“[…] Yo escribiré
más que los otros; la historia no acaba en la muerte
la prestidigitación continúa;
todo se vuelve presagio
leer las entrañas de un animal sacrificado
no es muy distinto
de comer el pan o beber el vino
y pensar que es otra cosa.
Sólo necesitamos adeptos”. p. 51

Cárdenas escribió también este poema, sobre el ser humano como una cucaracha indefensa, en manos de niños malcriados. Ay.

18. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Alfaguara, 2004

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-23-47No hace falta que cuente de qué trata. Sólo digo: aunque tenga la mala fama de ser “importantísima”, “un clásico”, “fundamental”, leer el Quijote es de lo que más vale la pena hacer en la vida. Aquí, el caballero andante habla con la supuesta imagen de Dulcinea, “convertida” en una pobre labradora:

“[…] ya que el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos, y para sólo ellos y no para otros ha mudado y transformado tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre, si ya también el mío no le ha cambiado en el de algún vestiglo, para hacerle aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme blanda y amorosamente, echando de ver en esta sumisión y arrodillamiento que a tu contrahecha hermosura hago la humildad con que mi alma te adora”. p. 620

Durante varios meses de 2016, un grupo de insensatos y yo estuvimos leyendo el Quijote y comentando nuestra lectura en este blog. Aquí, una de las entradas que subí, sobre por qué la locura es, de veras, indispensable.

19. Mónica Maristáin, “Soñé que me comíoa un tigre”,  en Antes. Paisaje sonoro con mujer mirando una ventana, Literal Publishing

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Poemas sobre sueños, sobre lo que se oye en el radio. Poemas sobre lo que quiere pasar en el mundo, sobre lo que se piensa y no se dice por intrascendente o por tener dos filos. La autora argentina con acento mexicano arma un cruce de planos entre afuera y adentro, antes y después. Y uno se queda con palabras en las manos como testimonio del viaje. Implacable.

[…] pienso que en eso el sueño no se equivocó
porque el hecho de que apareciera mi abuela me salvó la vida
y ella después empezó a cortarme el pelo
claro que cuando iba a comentar el sueño aquel donde mi abuela me corta el pelo me desperté
no voy a soñar con tigres ni a soñar con abuelas
o sueño con tigres y abuelas juntos

o no sueño más
y me quedo despierta para toda la vida”.

Aquí, más sobre Maristáin.

20. José Manuel Recillas, “Canción de amor y muerte y despedida de Lillian van den Broeck”, en Atrévete a mirar, tú, que no quieres, Estado de México, 2016
Con versos trabajados en la fragua lenta de la poesía clásica, el autor mexicano plasma el desconcierto de saberse no-amado. Quiere saber si, cuando muera, la voz de la persona amada dirá su nombre. Le dará un hogar.

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“[…] Tal vez el hombre al fin algo sabrá, y su reposo no tendrá ya nombre
pues no habrá quien cave la última fosa, si acaso… un nombre habrá que nos redima,
si acaso… un nombre habrá que nos redima”. p. 28

“Escribo poemas de amor, por si los necesita”, dijo Recillas recientemente en una entrevista con él y otros escritores, que me publicó el suplemento El Cultural. Da click para leer esa entrada.

Y EL BONUS TRACK…

21. Evelio Rosero, Juliana los mira, Tusquets, 2015

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Una niña narra lo que le pasa por dentro y por fuera. Y lo hace encontrando las palabras que necesita. Esta novela del escritor colombiano, de las mejores que he leído en los últimos muchos años, fue regalo de mi amigo, Andrés Grillo.

“[…] un jadeo incontrolable en el extremo opuesto, él despojándose del uniforme, no debo verlo, no, lo estoy viendo, aquello palpitante endurecido brota con más ímpetu cuando él se quita el pantalón, veo […]y ya voy a gritar, es el tiempo de hacerlo, de ayudar a mamá, voy a gritar ¡déjala en paz! cuando mamá hace un gesto igual que cuando una pide perdón o dice ‘estoy cansada, no juguemos’, y alarga el brazo como llamándolo, implorándole eso, y es por eso que me disuado […]”.

El primer libro de Rosero que leí fue Los ejércitos. No tiene madre. Ni progenie. Sobre lo que me provocó escribí: “A esta novela la atraviesan las balas”. Lee aquí esa entrada.

 

 

Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 1/1)

De todo lo que leí en este año, algunos pasajes me llevaron a hacer una pausa, a levantar la vista. No eran para leerse de corrido. Básicamente, pintaban el mundo de matices y acentos que no conocía. Y me mostraban distinta en el espejo. A partir de ellos armé un par de entradas, que subiré en estos días.

Si leíste los libros que menciono, quizá coincides conmigo en el gusto por estos fragmentos. Si no, los bocados que incluyo pretenden provocarte algo. No todos son novedades, también hay libros viejos y reediciones: novela, cuento, verso y hasta autobiografía. El hilo que los une es que en todos la forma es prioritaria, independientemente del tema que aborden. Es más, el asunto pasa a segundo plano ante la intención de domar el lenguaje. Y otro punto en común: me dejaron colores nuevos por dentro.

Son mi regalo de Navidad hecho de las palabras de otros, que son las que mejor me dicen. Gracias, lector de Palabrasaflordepiel, por estar, por darle sentido a este blog y a los ejercicios que de él derivan. Salud.

  1. Patrizia Cavalli, Yo casi siempre duermo. Antología poética, traducción de Fabio Morábito, UNAM, 2008

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-29Sin hacer gran esfuerzo ni gastar la energía (así parece), la poeta italiana compone versos de una contundencia brutal. De los que se vuelven parte del paisaje, como si nada.

“Como a muchos de mis calcetines
al corazón no lo sujeta ya el elástico,
se afloja y me descubre y tengo frío”. p. 75

 

Encuentra otros versos de Cavalli si das click aquí.

2. Daniel Sada, El lenguaje del juego, Anagrama, 2012

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-37En Mágico (México) crecen las amenazas como si fueran humedad, sin freno, voraces. Y el estilo particularísimo del autor de Mexicali hace que, en esta novela, el idioma también cuestione las certidumbres.

“[…] Y este dato infeliz: a Simón y a Emeterio, que se vinieron rápido del lugar en mención para ayudar a… bueno, hay que ver lo siguiente como si viéramos una película de esas de mucha acción y mucho ruido: aquel disparadero en San Gregorio: comodidad sentada, pero la acción en sí: bien alocada, hasta que se frenó lo cruento porque tanto Simón como Emeterio de pronto fueron muertos chorreadores: la sangre: nacimiento que brotaba: lo rojo a hilo yéndose hasta el piso de la maravillosa BMW”. p. 84

En una entrada del blog en el mes de marzo incluí este otro fragmento de la novela de Sada.

3. Óscar Hahn, “Consejo de ancianos”, en No hay amor como esta herida, Tajamar Editores, 2011

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-50La pluma del escritor chileno no se cansa de entregar líneas impecables, como este poema:

“Cuídate Adán cuando salgas al mundo
en busca de la costilla perdida

Podrías encontrarla de pronto
podría no caber en tu pecho

Y podría atravesarte el corazón
como un cuchillo de hueso”. p. 53

El amante como una camisa sucia, imagen cortesía de este otro poema de Hahn.

4. D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley, traducción de Andrés Barba y Carmen Cáceres, Sexto Piso, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-16La dama enamorada del guardabosques que es su empleado. El escándalo. Pero también la afirmación del placer como único asidero real. En esta novela británica de principios del siglo XX reeditada con preciosas ilustraciones, Lawrence celebra el cuerpo masculino como muy pocos escritores(as) hayan logrado hacerlo en toda la historia de la literatura.

“[…Ella] fue consciente de la pequeña reticencia y ternura del pene. Y de nuevo se le escapó un pequeño grito maravillado y triste, su corazón de mujer lloraba por aquella cosa tan tierna y frágil que había sido tan poderosa […] El falo erecto se alzaba oscuro y ardiente desde la pequeña nube de pelo rojizo. Ella estaba expectante y temerosa. —¡Qué extraño! —dijo lentamente—. Qué aspecto tan extraño tiene cuando está alzado, tan grande, oscuro y seguro de sí mismo […] ¡Tan orgulloso! —murmuró inquieta—. ¡Tan majestuoso! Ahora sé por qué los hombres son tan dominantes. Es realmente hermoso, de verdad. Es como una criatura distinta y un poco temible, pero realmente hermoso“. pp. 235, 280

Estas otras líneas de la novela de Lawrence son altamente utilizables. Explican el mundo en caso de emergencia de enamoramiento.

5. Tanya Huntington, “Para el caso perdido” (“For the Basket Case”), Docena de sonetos para amantes distintos (A dozen sonnets for different lovers), traducción de Hernán Bravo Varela, Ediciones Acapulco, 2015

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-09-49La forma clásica y la temática que sabe hacer poesía desde el hoy dan forma a estos sonetos de la escritora estadounidense que tiene plena carta de naturalización en las letras mexicanas. Tanto los originales en inglés como su traducción al español son una gozadera de ironía.

“Antes de suicidarte por mi culpa, te pido
que tomes esto en cuenta: no habré de arrepentirme,
rasgar mis vestiduras en tu tumba, llorar
o arrogarme ante todos los que conozco: ‘Soy
la fuente de aquel sordo chillido de agonía’.
Habré de rechazar tu sacrificio entero;
de dejarte plantado en el altar, indigno
de mi estima divina, cueste lo que me cueste.
Toma estos versos. Léelos. O decídete entonces
a escribir una nota final que habrá quedado
en prenda de angustioso amor o herido orgullo
y dejarla a alguien más para que pueda hallarla.
No negaré que tienes todo el derecho de irte.
No negarás que tengo el mío a no dolerme”. p. 22

Cuando recién acababa de descubrir el libro de Tanya subí esta entrada al blog. Incluye el soneto al seductor.

6. Javier Cercas, La velocidad de la luz, DeBolsillo, 2013

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-11Un escritor alcanza inesperadamente la fama, el dinero, la celebridad. Y se mete en la licuadora de entrevistas y viajes, así que deja la escritura de lado. Ya para qué. Es espléndida la reflexión del autor español en torno al oficio.


“[…] Quizá dejé de escribir porque estaba demasiado vivo para escribir, demasiado deseoso de apurar el éxito hasta el último aliento, y sólo se puede escribir cuando se escribe como si se estuviera muerto y la escritura fuera el único modo de evocar la vida, el cordón último que todavía nos une a ella”.

Algo más sobre la novela de Cercas y los dolores lancinantes, aquí.

7. Laura Restrepo, “Pelo de elefante”, en Pecado, Alfaguara, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-12-01En este conjunto de relatos de la novelista colombiana que se asoma a la venganza, al deseo, a las ganas de todo cuño, me gusta en particular el que se llama “Pelo de elefante”. Un joven sicario habla de El Cardo, un lugar a espaldas del Palacio Presidencial, “reino de basuriegos entre gases de inmundicia y detonaciones de arma de fuego”. Incluye esta imagen, tremebunda.
“[…] El Cardo es un moridero. Un roquedal infestado de alacranes que copulan y se multiplican alevosamente, prendiéndose los unos de los otros hasta formar esculturas inquietas, arrecifes vivos que el viento descuelga en racimos de los muros de piedra”. p. 212

El escorpión hembra del que también habla Restrepo en su novela me llevó a escribir esta entrada.

Ese enemigo íntimo

New Year's Resolution #12

Anoche, buscando un libro al fondo de mis anaqueles (el cual, por cierto, no vi) tropecé con la novela Alexis o el tratado del inútil combate, de la Yourcenar, en edición de Alfaguara.

No pude evitarlo, bueno, en realidad tampoco lo intenté: lo abrí en una de las muchas páginas que tienen la esquina doblada, señal de que guardan algo imperdible. Ahí estaba esta cita, que no tiene progenitora. Me la quedo rumiando.

El pecado, ese aguijón inescapable

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“[…] Es un escorpión hembra, de los negros. Ponzoñosa y seductora, persigue a un macho de su especie con fines de apareamiento. Creo reconocerla porque aparece tal como está descrita en las Escrituras, más negra que las tiendas de Qatar, y más amarga que la muerte […] Ella, muy desentendida, sigue absorta en su rito nupcial, cortejando a su macho, platillo suculento, con un hambre decidida de naturaleza doble, tanto gastrointestinal como ginecológica; hasta yo, ignorante de zootecnia, sé que la escorpiona devora a su compañero tras la cópula, una conducta propia de actrices y de diosas […] ella, dios hembra tragón y lascivo”. (p. 245-246)

Estoy leyendo esta novela de la colombiana Laura Restrepo, publicada por Alfaguara (¿he dicho antes que las letras colombianas me son particularmente sacudientes, que Evelio Rosero y Héctor Abad y Mario Mendoza me mueven hasta el tuétano?). Bueno, pues la novela de Restrepo, formada por varias historias cuyo punto en común es la presencia ominosa de El jardín de las delicias, de El Bosco, va de menos a más. Los primeros capítulos están bien, pero a partir del tercero la cosa se vuelve exponencial. “La promesa”, sobre un amor incestuoso, no da descanso, golpea en cada página con su prosa decantada. Luego “Olor a rosas invisibles”, el quinto, sobre un amor que quiere conjurar la vejez, lastima de tan precisa. Sigue “Pelo de elefante”, puesta en boca de un sicario de inesperada profundidad y al cual pertenece el pasaje que cito al principio. Finalmente “El Siríaco”, visión de humor negro sobre un santo moderno que a ratos me recuerda el magnífico Diario de un aspirante a santo, de Georges Duhamel. En todas es protagonista el pecado, ese aguijón que es destino inescapable.

Hace años leí Delirio, también de Restrepo, y recuerdo que me gustó, sin que tenga en la memoria más detalles. En cambio, estas tres historias de Pecado nomás no tienen madre. Abordan la lascivia, la ira y demás antojos de la carne desde ese caleidoscopio siempre cambiante que son las emociones, pero también tocan los rasgos de sus hermanas siamesas: la culpa, el miedo, el dolor, la angustia. ¿Qué comerán los narradores colombianos que tocan de esta manera las fibras internas? ¿Que diseccionan las tripas y las exhiben con pluma así de portentosa?

 

La Altisidora del Quijote, ¿precursora de Lolita?

Altisidora y don Quijote, por Gustav Doré
Altisidora finge desmayarse ante don Quijote, por Gustav Doré
Es un personaje fascinante; para mi gusto, de los más destacables de la Segunda parte de la obra. Enamorada de don Quijote, azotada, intensa, Altisidora le canta su amor de varias formas, finge desmayarse para que se fije en ella, le cita versos, se pretende encantada y resucitada, luego le dice que todo fue mentira: “¿Pensáis por ventura, don vencido y don molido a palos, que yo me he muerto por vos? Todo lo que habéis visto esta noche ha sido fingido, que no soy yo mujer que por semejantes camellos había de dejar que me doliese un negro de la uña, cuanto más morirme” (2a Parte, Cap. 70).

Independientemente de todo, no deja de llamar la atención que tenga menos de 15 años, según ella misma refiere en el capítulo 44, y se diga enamorada de don Quijote, que frisa los 50 años. Algún eco resuena para cualquier lector de Lolita, de Vladimir Nabokov, publicada en 1955. Como Borges tuvo a bien apuntar en su citadísimo ensayo “Kafka y sus precursores”: “El hecho es que cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro”. Así, de no haber escrito Nabokov su novela quizá no notaríamos la edad de Altisidora, pero existiendo Lolita, de inmediato salta la relación. El siguiente texto iluminador me lo comparte Alma Delia Murillo, escritora de a de veras y querida mía de las entretelas; es de Ricardo Bada, escritor y periodista español. Fue publicado en el periódico La Jornada y trata, justo, sobre este tema. Gracias a Alma Delia por el enlace y a Ricardo Bada, por la autorización de reproducir el artículo. Aquí está:

La Jornada, México D.F. 6/3/2005

LA LOLITA DE DON QUIJOTE

por Ricardo Bada

«Confieso haberme enamorado de Altisidora, de esa personaja (como diría el gran Gonzalo Rojas) que aparece por primera vez en el capítulo 44 del Quijote y que le sigue rondando en la cabeza al ingenioso hidalgo todavía catorce capítulos después, en un diálogo con Sancho Panza ya lejos del palacio de los duques. Y de una u otra manera hasta casi el final del libro.

Aun cuando se trata de una figura secundaria, encuentro en Altisidora algo así como reminiscencias de la Desdémona seducida por los relatos de Otelo. Para empezar, y aunque Cervantes hable expresamente de las burlas y las bromas que las damas del palacio le gastan a Don Quijote, lo cierto es que Altisidora bien pudiera, sí, estar enamorada del caballero. Y si no enamorada, al menos encandilada por él. Es más, aprovecharía esas mismas bromas para podérselo “comunicar” sin que los otros se den cuenta, comportamiento que resulta bien lógico si no quiere quedar en ridículo delante del grupo al que ella pertenece, pero al mismo tiempo tiene conciencia clara de sus sentimientos y no desea ocultarlos, tan sólo sabiamente camuflarlos.

Hay un momento muy concreto en el cual Altisidora le dice cosas a Don Quijote que no parecen ser dichas en absoluto como broma, y es cuando le restaña las heridas que le han inferido los gatos (final del capítulo 46): “Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú lo goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro” (las cursivas son mías, ¡una precisión estúpida, pues en el siglo XVII no se estilaba esta manera de subrayar!).

Hay otro momento también muy concreto, el de la despedida entre el Caballero de la Triste Figura y la donosa cantante de serenatas (capítulo 57), donde se diría que Altisidora quisiera retenerlo con un señuelo sexual, cuando lo acusa de haberle robado tres pañuelos de cabeza y unas ligas blancas y negras “de unas piernas que al mármol puro se igualan en lisas”. En cuanto al caballero, está bastante claro que la “discreta y desenvuelta” joven le ha dejado una impresión duradera: en el capítulo 58 Don Quijote asegura que la declaración de sus deseos por Altisidora engendró en su pecho “antes confusión que lástima”, y más luego, al quedarse enganchado en las redes arcádicas, teme que ello pueda ser “venganza de la rigurosidad que con Altisidora he tenido”. La joven, sin embargo, por el alto designio de la locura que lo abrasa, quedará para él como un sueño imposible.

He dicho “la joven”, y a fe mía que a pesar de más de cuatro décadas de transterración todavía me salen exageraciones bien andaluzas: ¿cómo puedo llamar “la joven” a una persona que Cervantes presenta confesando la tierna edad de catorce años y tres meses? Con lo cual, de las reminiscencias de Desdémona nos trasladamos a las de una adolescente en este caso menor de catorce años, entrando a la pubertad y que le sorbe el seso (y el sexo) al infeliz Humbert Humbert“¡Frígidas damas del jurado! Yo había pensado que pasarían meses, años acaso, antes de que me atreviera a revelar la naturaleza de mis sentimientos a Dolores Haze; pero a las seis ya estaba despierta, y a las seis y cuarto ya éramos, técnicamente, amantes. Y voy a decirles algo que les sorprenderá: ella me sedujo. () La pequeña Lo zarandeó mi pobre fuente de la vida con energía y de la manera más prosaica, igual que si hubiera sido un adminículo inanimado desconectado por completo de mi ser. Aunque estaba muy deseosa de impresionarme con el mundo de los adolescentes más osados sexualmente, no estaba preparada para ciertas discrepancias entre la fuente de la vida de un chaval y la mía. Sólo el orgullo le impidió batirse en retirada”. Don Quijote, sublimado sexualmente, no le da esa oportunidad a Altisidora.

Basándome en estas ideas, no creo equivocarme mucho conjeturando que la inquina de Nabokov contra Cervantes proviene de una para él dolorosa certeza: la de que don Miguel se le adelantó en vislumbrar el gran tema de las relaciones de un hombre maduro con una nínfula. Aunque lo resolviese haciendo batirse en retirada a su caballero».

***

Dejando un poco de lado a Altisidora y sus vehemencias, agradezco también a mi querido Carlos Carranza este artículo sobre el temprano éxito del Quijote tanto en Europa como fuera de ella y algunas de sus primeras traducciones, así como sobre la importancia de destacar al autor por sobre la obra.

Dado que en cosas de dos semanas llegará abril y, con él, el fin del reto de terminar de leer el Quijote, te invito a compartir en este espacio tus comentarios, hallazgos o asombros sobre la obra. Aquí va la lista actualizada de quienes formamos este grupo de lectura quijotesca. Si quieres sumarte y que cada jueves te comparta la entrada sobre el Quijote, deja tu nombre y tu blog, correo o red social (Facebook o Twitter):

  1. Alberto Diéguez Blog: http://www.desafectos.wordpress.com
  2. Alberto Reyes
  3. Alexander
  4. Alida Pérez @salaida
  5. Alma Delia Murillo @AlmaDeliaMC
  6. Borgeano Blog: http://www.elblogdearena.wordpress.com
  7. Camarero Blog: http://www.juliocesarsrg.wordpress.com
  8. Carlos Carranza
  9. Cristina Liceaga Blog: http://www.cristinaliceaga.com
  10. Elena Díaz de León @chelen_dlz
  11. Enrique Soto @quico70
  12. Esdbeidy Mendoza @EsMendozai
  13. Gabriela Cervera @gcerveravalee
  14. Gerardo Cárdenas Blog: http://www.gerardo1313.wordpress.com
  15. Héctor Rodríguez @leonRod79
  16. Jairo Zambrano Blog: http://www.notasuelta.wordpress.com
  17. Jorge Murillo @georgemurillo
  18. José de Jesús Montoya
  19. José Luis Alcaraz pppk2@yahoo.com.mx
  20. Julia Santibáñez Blog: http://www.palabrasaflordepiel.com
  21. Laura Morán Iglesas Blog: http://www.lauramoraniglesias.wordpress.com
  22. Laura Martínez-Belli @MartinezBelli
  23. Maira @mai_baudouin
  24. Marcelo Osorio Blog: https://poetasnuevos.wordpress.com/
  25. María Rosas
  26. Mariana Pineda
  27. Miguel Garza Ayala miguelgarzaayala@gmail.com
  28. Noemia @poemia45 Blog: http://noemiaescritos.blogspot.com
  29. Pablo A. Martínez
  30. Pedro Saad
  31. Ramiro Beltrán @rabeltm
  32. Ricardo Ruiz
  33. Slechugavega (ups, sigo sin tener tu nombre)
  34. Teresa Echeverría
  35. Tonatiuh López Blog: http://www.tonatiuhlopez.wordpress.com
  36. Vate Lechuza vatelechuza.wordpress.com

Nos leemos pronto.

¿En qué año llegó don Quijote a México?

Pelea entre don Quijote, Sancho Panza y Cardenio. Grabado de Gustavo Doré.
Pelea entre don Quijote, Sancho Panza y Cardenio. Grabado de Gustavo Doré.

De nuevo es jueves, día de comentar sobre el Quijote, lectura que varios estamos emprendiendo con la excusa de los 400 años de la muerte de Cervantes. Más abajo está la lista de lectores, por si quieres sumar tu nombre. Muchos han estado comentando pasajes aquí y/o desde sus blogs o Facebook, señalando aspectos distintos de lo que van disfrutando. Te invito a participar, la idea es enriquecernos entre todos.

Por principio de cuentas, comparto este extracto del espléndido libro de Héctor de Mauleón, La ciudad que nos inventa. Crónicas de seis siglos (Cal y Arena, 2015): “El 12 de julio de 1605, la nao Espíritu Santo partió de Cádiz con muchos pasajeros y un cargamento de 160 libros […] Cuando llegó a Veracruz, el 28 de septiembre de 1605, un comerciante llamado Clemente Valdés se acercó a reclamar el cargamento de libros. Declaró que tenía pensado llevarlos a la Ciudad de México para venderlos ‘a doze Reales’. […] Valdés firmó un documento que comprobaba que se le habían entregado 160 ‘libros del Ingenioso Hidalgo Don quixote de la Mancha‘. El más sublime de los libros que han escrito los hombres, de acuerdo con la definición de Julián Amo, había llegado a América. Hacía sólo ocho meses que Juan de la Cuesta lo había publicado en España“. Luego, el autor narra que los pasajeros de la nao se entretuvieron en la travesía oyendo la lectura en voz alta de tres libros, entre ellos, el Quijote. De Mauleón aporta algunos datos más sobre esos primeros años del caballero andante en la Nueva España, que yo desconocía por completo. Recomiendo mucho ese capítulo y, de paso, el libro todo, que es una joya.

Por otro lado, aquí va un pequeño comentario sobre un pasaje que no había registrado en mis pasadas lecturas. En el capítulo XXIV de la primera parte, don Quijote y Sancho se encuentran con Cardenio, quien sufre desventuras de amor. Cardenio les cuenta que Luscinda, su amada, es muy aficionada a los libros de caballerías, en especial al Amadís de Gaula. Don Quijote lo interrumpe para hablar con entusiasmo del Amadís y de los otros libros que tiene en casa, a lo que Cardenio contesta que no se le puede quitar de la cabeza que la reina Madasima, personaje del Amadís, “estaba amancebada” con Elisabat, un médico. Don Quijote reacciona con “mucha cólera” ante la que considera una acusación indigna contra la “muy principal señora”, como si se tratara de una persona de carne y hueso. Insulta a Cardenio y se pelean, con el resultado de que tanto don Quijote como Sancho terminan “aporreados”. Me encanta esa vocación del Quijote, tallada a fuerza de lecturas, que considera tan real a un personaje literario como para pelear por él. Es una imagen que nos define a quienes leemos con todo el cuerpo, quienes vamos por la vida conviviendo con esos fantasmas entrañables que viven en los libros y se nos vuelven a ratos más reales que la gente que encontramos en el camino.

En tercer lugar, aprovecho para comentar que este sábado habrá lectura pública de algunos capítulos del Quijote en el foro abierto de Plaza Loreto, al sur de la Ciudad de México, a las 5 p.m. Los lectores, de lujo, serán Cecilia Toussaint, Laura García, Mariana H. y Jaime López. La entrada es libre. Invita Alfaguara, cuya edición del Quijote recomiendo muchísimo por clara y con notas aclaratorias al pie de página.

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Finalmente, aquí va la lista de lectores de don Quijote:

  1. Alberto Diéguez Blog: http://www.desafectos.wordpress.com
  2. Alberto Reyes
  3. Alexander
  4. Alida Pérez @salaida
  5. Alma Delia Murillo @AlmaDeliaMC
  6. Borgeano Blog: http://www.elblogdearena.wordpress.com
  7. Camarero Blog: http://www.juliocesarsrg.wordpress.com
  8. Carlos Carranza
  9. Cristina Liceaga Blog: http://www.cristinaliceaga.com
  10. Elena Díaz de León @chelen_dlz
  11. Enrique Soto @quico70
  12. Gabriela Cervera @gcerveravalee
  13. Gerardo Cárdenas Blog: http://www.gerardo1313.wordpress.com
  14. Héctor Rodríguez @leonRod79
  15. Jairo Zambrano Blog: http://www.notasuelta.wordpress.com
  16. Jorge Murillo @georgemurillo
  17. Julia Santibáñez Blog: http://www.palabrasaflordepiel.com
  18. Laura Morán Iglesas Blog: http://www.lauramoraniglesias.com
  19. Maira @mai_baudouin
  20. Marcelo Osorio Blog: https://poetasnuevos.wordpress.com/
  21. María Rosas
  22. Mariana Pineda
  23. Pedro Saad
  24. Ricardo Ruiz
  25. Vate Lechuza vatelechuza.wordpress.com

¿Quién se suma a leer el Quijote?

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“—[…] ¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de un copiosísimo ejército que de diversas e innumerables gentes por allí viene marchando.

—A esa cuenta, dos deben de ser —dijo Sancho—, porque de esta parte contraria se levanta asimismo otra semejante polvareda.

Volvió a mirarlo don Quijote y vio que así era la verdad y, alegrándose sobremanera, pensó sin duda alguna que eran dos ejércitos que venían a embestirse y a encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura. Porque tenía a todas horas y momentos llena la fantasía de aquellas batallas, encantamientos, sucesos, desatinos, amores, desafíos, que en los libros de caballerías se cuentan y todo cuanto hablaba, pensaba o hacía era encaminado a cosas semejantes. Y la polvareda que había visto la levantaban dos grandes manadas de ovejas y carneros que por aquel mismo camino de dos diferentes partes venían […]”. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Parte I, Cap. XVIII, Alfaguara/Real Academia Española/Asociación de Academias de la Lengua Española, 2004.

Estoy releyendo el Quijote. Entre otras razones quise revisitarlo a instancias de un querido amigo y porque este año habrá Cervantes por aquí y Cervantes por allá: en abril se celebran 400 años de su muerte (y también de la de Shakespeare). Así que la excusa bastó para venir de nuevo a casa de este loco fantástico, que se negaba a distinguir entre los libros y la vida. Creo que esta vez me he reído más que en las lecturas anteriores, qué finura de humor, de verdad cuánto se disfruta.

Aprovecho para instar a una lectura colectiva del libro y comentarios entorno a él: tanto si no lo has leído como si ya pasaste por ahí, me parece genial que entre todos nos regalemos un clavado en este clásico del que todo el mundo habla, pero pocos han leído y, más importante, pocos han disfrutado. Siendo éste un blog fundamentalmente sobre libros, me parece que podemos intentarlo siempre y cuando sea desde el placer, no desde la obligación. Cualquier edición se vale, cualquier plataforma, cualquier ritmo de lectura, no importa, el asunto es saborear este portento. Y para que no haya excusas, da click aquí para ir al PDF de la Primera Parte, gratis.

Dependiendo cuántos nos sumemos, entre todos podemos inventar algún aliciente: regalo de un paquete de libros, algo por el estilo. ¿Quién se suma? ¿Quién dice “yo”?

Vivir de acuerdo con mi propia moral

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Un hombre le escribe una angustiosa carta a su esposa, tratando de explicarle el “inútil combate” de su vida: “Quisiera hacer un esfuerzo, no sólo de sinceridad, sino también de exactitud; estas páginas contendrán muchas tachaduras: ya las contienen. Lo que yo te pido (lo único que puedo aún pedirte) es que no saltes ninguna de estas líneas que me habrán costado tanto. Si es difícil vivir, es aún mucho más penoso explicar nuestra vida […] No sabiendo vivir según la moral ordinaria, trato, por lo menos, de estar de acuerdo con la mía”. -Marguerite Yourcenar, Alexis o el tratado del inútil combate.

Releo este libro, ahora reeditado por Alfaguara y originalmente publicado en 1929, cuando Yourcenar tenía sólo 24 años. Su honestidad brutal, su despilfarro conmovedor me dejan rumiando qué retador me resulta eso de, al menos, tratar de vivir de acuerdo con mi propia moral. Si lo logro, me basta y sobra.

10 novelas favoritas sobre el amor

Dibujo: Sara Herranz
Dibujo: Sara Herranz @sara_herranz

¿Amor que empieza? ¿Que devora? ¿Compartido? ¿No correspondido? ¿Fracasado? Aquí hay una lectura para cada caso. Estas novelas transitan por las inmediaciones del enamoramiento, la pasión, el amor, el desenamore. Y vuelta a empezar. Van de la más sutil a la más desgarrada pero, eso sí, esquivan la cursilería. Tienen humor, hondura. Son mi Top Ten en cada caso y estas citas demuestra por qué.

1. Atracción: El amor es una droga dura “No encuentro ninguna razón aparentemente objetiva para explicar por qué estoy seducido por Nora, excepto que su belleza me conmueve, me emociona, me hace delirar, me provoca erecciones múltiples, me estimula, me deprime, me subleva, me obnubila, me atosiga, me ahoga, me asfixia […]”. Cristina Peri Rossi, El amor es una droga dura (Seix Barral)

2. Primer beso: El sabor de un hombre “Recuerdo ese primer beso, esa sensación de empequeñecimiento repentino: de golpe soy tan pequeña que me hundo en él, me sumerjo en su garganta húmeda. Toda yo estoy en su boca, como si fuera un bocado. Él me toma y me traga, y en esa cálida oscuridad en la que caigo, siento que desaparezco en su interior. Me diluyo y él me absorbe, como si ya no fuéramos a separarnos jamás”. Slavenka Drakulic, El sabor de un hombre (Anagrama)

3. Primer encuentro sexual: Canción de tumba “Mónica y yo nos conocimos hace cuatro años. Nos metimos a la cama durante horas sin apenas intercambiar nuestros nombres y mucho antes de haber tenido una conversación coherente. El sexo entre los dos fue una intuición de luminosidad. El sexo —el más perfecto y simple al que se puede aspirar, como beber agua pura sin pagar la botella de pet— nos reveló que habría entre nosotros un lazo visceral más sólido que cualquier otro compromiso que tuviéramos con el mundo. Un vínculo tan hondo que, en mis pesadillas, se parece al incesto”. Julián Herbert, Canción de tumba (Mondadori)

4. Enamoramiento: Rayuela “Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. […] Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos”. Julio Cortázar, Rayuela (Alfaguara)

5. Erotismo: La pasión turca “Nos desprendemos de las ropas con tal ferocidad que no me extrañaría que un día terminásemos arrancándonos la piel […] Cada uno desaparece o agoniza en los brazos del otro, escudriñando en el otro, trocando su vida por la de él, hasta llegar al estertor final, al paroxismo, que es una aleación, un extravío recíproco, tras del que cada uno va volviendo, volviendo poco a poco en sí, distinto ya del otro nuevamente. Qué pena volver; sería un buen momento para morir”. Antonio Gala, La pasión turca (Planeta)

6. Amor no correspondido: Un amor “La posesión física a él le importaba relativamente poco. Si, por ejemplo, una enfermedad la hubiera obligado a no hacer nunca más el amor, en el fondo él se habría alegrado. Se imaginaba, por ejemplo, que ella hubiera sido atropellada por un tranvía y hubiese perdido una pierna. ¡Qué estupendo habría sido! Ella inválida, separada para siempre del mundo de la prostitución, del baile, de las aventuras, ya no asediada por nadie. Sólo él seguiría adorándola. Tal vez ésa fuera la única posibilidad de que ella, aunque sólo fuese por gratitud, empezara a quererlo”. Dino Buzzati, Un amor (Gadir)

7. Posesión: La mujer justa “Una vez vino a mí una señora que amaba a un hombre, lo amaba tanto que lo mató. No lo mató con un cuchillo ni con veneno sino porque no le daba tregua, lo quería por entero para ella, ansiaba quitárselo al resto del mundo. Pelearon durante mucho tiempo, hasta que un día el hombre se cansó y murió”. Sándor Márai, La mujer justa (Salamandra)

8. Amor compartido: Un acto de amor “Ningún hombre ha amado a una mujer sin imaginársela en los brazos de otro. Ningún marido es feliz —verdadera, genitalmente feliz, con una felicidad que le llega al alma en cuanto marido— hasta que no tiene pruebas positivas de que otro hombre se la está follando”. Howard Jacobson, Un acto de amor (Miscelánea Editores)

9. Caducidad: El amor dura tres años “Un mosquito vive un día; una rosa, tres días. Un gato, trece años. El amor, tres. Así son las cosas. Primero hay un año de pasión, luego un año de ternura y, finalmente un año de aburrimiento. El  primer año, uno dice: ‘Si me abandonas, me mato’. El segundo año, uno dice: ‘Si me abandonas, lo pasaré muy mal pero lo superaré’. El tercer año, uno dice: ‘Si me abandonas, invito el champán'”. Frédéric Beigbeder, El amor dura tres años (Anagrama)

10. Amor que mira hacia atrás: Hablar solos “Cuando veo a dos besándose, creyendo que se aman, creyendo que durarán, hablándose al oído en nombre de un instinto al que dan nombres elevados, cuando los veo acariciarse con esa avidez molesta […] cuando veo a dos idiotas ejerciendo impunemente su deseo a plena luz, como si yo no los mirase, no sólo siento envidia. También los compadezco. Compadezco su futuro podrido […] y les sonrío de costado, como si hubiera vuelto de una guerra que ellos dos no imaginan que está a punto de empezar”. Andrés Neuman, Hablar solos (Alfaguara)

 

“La vida está colgada de un hilito”: Abad Faciolince

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Desde que supe de que el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince tenía un nuevo libro quise leerlo. Disfruto mucho sus crónicas en SoHo Colombia y hace un par de años leí El olvido que seremos, recuento íntimo sobre el “amor animal” que sentía por su padre, además de terrible crónica del asesinato que se lo arrebató (en su momento escribí esto al respecto). Pues mi queridísimo Andrés Grillo, colombiano a quien me une una amistad entrañable, me regaló La Oculta (Alfaguara), la reciente novela de Abad Faciolince. Acabo de terminarla, qué rica pluma la suya. Narrada a tres voces, las de tres hermanos, cuenta la historia de una familia y su vinculación de generaciones con una finca. Los personajes están entretejidos con la tierra, con su raigambre, su sangre y sus ecos. Y mientras cuentan sus vidas y hablan de La Oculta dejan caer reflexiones que se saborean por largo tiempo, como un caramelo de menta. Aquí van algunas que hago mías porque sí, creo que la vida está colgada de un hilito. Con ellas espero despertar tu apetito de leerla:

“Si estoy solo y camino y no entiendo nada, de mi cabeza brotan versos, como para combatir la soledad verbal”. (p. 138)

“Mientras uno espera a que los sueños se cumplan, llega la enfermedad, o un accidente,  y uno se muere. La vida está colgada de un hilito, y en el aire hay tijeras que vuelan con el viento”. (p. 141)

“Sentí lo que muchas mujeres han sentido: la atracción por el abismo, por el hombre malévolo y violento pero poderoso, oscuro en sus maldades, inescrupuloso en sus costumbres, implacable, que te protegerá con su poder infinito siempre y cuando seas sumisa como una perra mansa”. (p. 251)

“La gloria y la tragedia del amor son tan sencillas. Yo no me explico por qué les dan tantas vueltas los poetas, los psicólogos y los tratadistas, siendo un asunto tan simple, que para mí es así: dos se aman, y sin dejar de amarse (sin dejar de amarse, lo subrayo), poco a poco, casi sin darse cuenta, se desaman, hasta llegar a odiarse. El motivo es tan simple, tan animal y humano al mismo tiempo, tan bajo, tan alto, tan normal, tan triste: el cansancio del sexo, el cansancio, es decir, del sexo con la misma, con el mismo”. (p. 301)

“Los últimos 30 años han hecho enorme diferencia para los gays”: Simonetti

 

El autor (foto: Sebastián Utreras)
El autor (foto: Sebastián Utreras)

Autor de seis novelas y fenómeno de ventas, el escritor chileno Pablo Simonetti presentó recientemente La soberbia juventud, novela con toques autobiográficos sobre un joven de clase alta que tiene problemas para vivir su homosexualidad. En SoHo platicamos con él.

Ante la imposibilidad de vernos en México, acordamos encontrarnos por Skype para hablar de su nueva novela, publicada por Alfaguara. Pantalla de por medio, la comunicación no prometía ser la más fluida, pero platicamos a gusto. Así me entero de que el también activista por los derechos de las minorías sexuales no viene del mundo de la literatura: estudió ingeniería pero cuando se topó con los libros, dejó todo y se dedicó a escribir. Lo encuentro un tipo sensible, de ideas claras y que asume de frente su condición gay, tema central del libro. Aquí, fragmentos de lo que conversamos.

Sanar la relación familiar. Felipe, el protagonista de la novela, es guapo, tiene carisma, clase y educación. Goza de muchos privilegios, pero como viene de una familia muy conservadora le cuesta vivir como gay. Tiene que enfrentar su necesidad de ver al otro, de abrazarlo, además de sanar la relación con su familia, porque los problemas no resueltos con los padres se transfieren a tus relaciones de pareja. Cuando uno sale de un sistema controlado, como le pasa a él y como me pasó a mí, duda mucho y busca figuras de autoridad, pero resulta dañino porque te impide hacerte su propia idea de las cosas.

Las mujeres del siglo XIX y el gay actual. La novela parte de un amor desesperado, en el que todo se somete a los dictámenes de la pasión. Para construir a Felipe me basé en dos personajes que adoro: Isabel Archer, de Retrato de una dama, de Henry James, y Lily Bart, de La casa de la alegría, de Edith Wharton. Ambas son mujeres del siglo XIX, tienen el mundo a sus pies y todo el mundo las adora, pero no ven que tienen enfrente un amor de verdad. Igual le pasa a Felipe. Aunque los tres personajes creen poder demorarse, la oportunidad puede pasar de largo. El tema de fondo es que ellas, mujeres del siglo XIX, y él, un gay de hoy, pueden aspirar a la plena ciudadanía, sin subyugarse ante otros poderes.

Perder todo por asumir la preferencia sexual. La situación actual es muy distinta a la que yo viví cuando salí del clóset, en 1987. Entonces ser homosexual era un crimen, un pecado y hasta una enfermedad mental. Mientras estudiaba en Stanford, Estados Unidos, me reconocí a mí mismo gay y empecé a vivir como tal. Cuando volví a Chile, en 1989, hablé con mi familia y fue muy doloroso. Chile venía saliendo de la dictadura, la sociedad era muy machista, estaba muy normada. Yo tenía 25 años y al asumir mi preferencia de alguna forma los perdí a ellos, las posibilidades de trabajo, las comodidades. Tuve que ganar todo de vuelta. En cambio, hoy todo es distinto, como se refleja en la novela. Estos últimos 30 años han hecho una diferencia tremenda en la vida de un homosexual.

La soberbia juventud. Los jóvenes son soberbios desde siempre, se jactan de entender el mundo, de dominarlo. Lo veo en los talleres de literatura que doy, pero al mismo tiempo los admiro por bellos e intensos. Así también es Felipe, el protagonista. Sin embargo, con los años he aprendido que conviene ser humilde con el propio juicio e incluso con las cosas que uno cree haber logrado bien, como las propias novelas. Quizá la humildad es mi mayor aprendizaje de vida, he tenido que asimilarla a fuego lento.

¿Hay una literatura gay? Si la obra es buena, lo es independientemente de la preferencia sexual del autor. La historia literaria ha estado dominada por hombres heterosexuales, blancos, y de ahí parte la discriminación tanto hacia las mujeres como hacia los gays. Ahora la literatura se ha abierto a espacios que no estaban siendo narrados. Me parece fantástico que se plasme en libros la diversidad de la vida, y eso incluye a autores gays y escritoras lesbianas.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, dentro del sitio web de la revista SoHo)

 

Narrar para que algo exista: Fuentes

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“Me pregunto si un evento que no es narrado, ocurre en realidad. […] Una catástrofe (y toda guerra lo es) sólo es disputada si es narrada. La narración la sobrepasa. La narración disputa el orden de las cosas”, dice el conquistador-traductor Jerónimo de Aguilar en el cuento “Las dos orillas”, del escritor mexicano Carlos Fuentes. Incluido en el libro El naranjo, o los círculos del tiempo (Alfaguara), que contrasta visiones y personajes de la historia de México, “Las dos orillas” se me quedó grabado hace años que lo leí. Hoy, Fuentes cumpliría 85 años, así que en una especie de ritual mínimo estiro la mano al librero y vuelvo a sacar el libro, no de los más conocidos de su pluma.

Transcribo el pasaje porque sí, porque lo creo y me sirvo de él: no puedes entender lo que no tienes palabras para nombrar. Lo que no narras se escapa y se diluye. De ahí la urgencia de contar, de usar la palabra para construir lo que pasa y darle nombre o, lo que es lo mismo, traerlo a la vida. Muy necesario concepto para lo que pasa hoy en el México que Fuentes dejó hace dos años.

Si secuestran a este autor, lo regresan de inmediato

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“La vida sexual del hombre se divide en dos fases: la primera, en la que eyacula demasiado pronto, y la segunda, en la que ya no se le pone dura”. Si fuera cierto este fragmento de La posibilidad de una isla (Alfaguara), del francés Michel Houellebecq, bastaría para justificar la desaparición del planeta de esa mitad ya inútil de la especie. Como tengo pruebas de que en algunos casos no es verdad, guardo esperanza, mientras pienso que los personajes de las dos novelas que he leído de Houellebecq me caen mal, tan mal como él mismo, siempre haciendo gala de este tipo de sentencias provocadoras y deprimentes, muchas veces misántropas, siempre misóginas, pero en todos los casos muy bien escritas. Ahora me da gusto enterarme de que el escritor está a punto de ser secuestrado.

Bueno, no él, sino un alter ego tan parecido que tiene su cara, lleva su nombre y también es novelista. Este es el argumento de la nueva película francesa de título pasmosamente imaginativo: El secuestro de Michel Houellebecq. Aún sin fecha de estreno en México, se trata de un falso documental en el que el autor se representa a sí mismo y se ríe de su propio personaje, obsesivo, negrísimo, el mismo que lo ha hecho famoso más allá de su obra y que con talento natural le hace la vida imposible a sus captores. Es decir que el escritor que acaba de declarar que empieza a estar viejo para hacer novelas, ahora será estrella de cine en la versión fílmica de aquel refrán: “Eres tan pesado que si te llegan a secuestrar, te regresan al día siguiente”.

Lo peor es que estoy segura de que cuando la estrenen, por puro morbo la voy a ver.

Aquí, el tráiler de la película

 

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

 

Julio Cortázar meets Humphrey Bogart

Foto: Sara Facio
Foto: Sara Facio

1967. Jardines de la UNESCO, París. La joven fotógrafa Sara Facio dispara su cámara sobre Cortázar. Entre las imágenes que capta se incluye ésta, de la que el escritor señala: “Quiero que sea mi foto oficial. Me gustaría que esa foto algún día estuviera en la tapa de un libro mío”. Su deseo se cumple tiempo después.

“¿No tengo algo de Humphrey Bogart?”. Es el siguiente año, otra vez París. Las calles están llovidas y el autor lleva la gabardina anudada en la cintura. Facio de nuevo saca su cámara, pero antes de la primera toma él se levanta el cuello del impermeable y deja que el cigarro le cuelgue de la boca, como muerto. Sí, tanto como la del año previo, la pose tiene sello bogartiano. Más que bogartiano habría que decir sello blaineano, de Rick Blaine, el personaje que el actor interpretó en Casablanca, cinta de 1943 considerada entre las mejores de la historia del cine y que volvió icónica su imagen. Poner a Cortázar junto a Bogart/Blaine vuelve inequívoca la referencia. Los pone a dialogar.

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1967
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1968

Me da por pensar que quizá sí, que tal vez compartieron pedacitos de alma además del cigarro, la gabardina y la época (el norteamericano nació en 1899; el argentino, en 1914). A partir de la pregunta “¿No tengo algo de Humphrey Bogart?” me entretengo buscando coincidencias entre ambos. Resulta este pequeño ejercicio paralelo en homenaje.

Hedonistas

Tanto Rick como Julio viven envueltos en una nube de tabaco. El dueño del bar más famoso de Casablanca fuma en la mayor parte de la cinta, mientras existen infinidad de fotos del escritor argentino aspirando un cigarro, un habano o una pipa. Además, los cigarros Gauloises perfuman su literatura, como el capítulo 93 de Rayuela, donde los personajes encienden uno nuevo con la colilla (“el pucho”) del anterior.

Como complemento feliz del tabaco, Blaine y Cortázar son profanos amantes del alcohol, alejados de todo puritanismo. Me recuerdan aquello de Oscar Wilde: “Un cigarrillo es el tipo perfecto de placer perfecto. Resulta exquisito y te deja siempre insatisfecho. ¿Qué más se puede pedir?”. Creo que Blaine y Cortázar responderían a coro: “Nada más. O sí. Una copa”.

Jazzeros
“As Time Goes By” es, por supuesto, EL tema musical de Casablanca, el que da cadencia a la historia de los protagonistas, Rick e Ilsa: fija su último día juntos en París, los vuelve a acercar en Marruecos y sella su romance imposible cuando un avión los separa para siempre. El mismo “As Time Goes By” que suena en el bar de Blaine es un tema original de 1931 y que “nadie en el mundo puede tocar igual que Sam”, según afirma Ilsa. Ese clásico del jazz americano es uno de los soundtracks más poderosos del cine universal y, evidentemente, la melodía más entrañable para Rick.

Por su parte, la pasión vibrante de Cortázar por la música lo llevó a confesar temerariamente a su editor, Paco Porrúa: “A medida que perfecciono mi técnica de la trompeta, más me gusta la música y menos la literatura” (citado en Cortázar de la A a la Z, Alfaguara). De chico aprendió piano y, más tarde, trompeta, instrumento que disfrutó hasta su muerte. Era además un gran melómano y en especial amaba el jazz, ritmo que incorporó en su obra: no sólo Rayuela está empapada de improvisaciones y alusiones jazzísticas, sino que El perseguidor se teje en torno a la figura del eterno Charlie Parker.

Lúdicos
En Casablanca, Rick Blaine se esconde entre palabras no tanto para comunicar y sí para jugar con su interlocutor, como en este diálogo con el capitán Renault (traducciones mías):

Renault: —¿Qué carambas te trajo a Casablanca?
Blaine: —Mi salud. Vine a Casablanca por las aguas.
Renault: —¿Aguas? ¿Qué aguas? Estamos en el desierto.
Blaine: —Estaba mal informado.

O cuando una deseante Yvonne le pregunta: “¿Dónde estabas anoche?” y él responde: “Hace tanto, que no me acuerdo”. “¿Te veré esta noche?”. “Nunca hago planes con tanta anticipación”. Malabarista consumado de palabras, Rick juega todo el tiempo.

De Cortázar es conocida su actitud lúdica, la del “niño para tantas cosas” que privilegió el juego en el título y la estructura de su Rayuela, que evitó ser un escritor grave y a cambio estiró el lenguaje como chicle divertido. En La vuelta al día en ochenta mundos asegura con palabras de Man Ray: “Si pudiéramos desterrar la palabra serio de nuestro vocabulario, muchas cosas se arreglarían” y más adelante se apasiona: “Creen que la seriedad tiene que ser solemne o no ser; como si Cervantes hubiera sido solemne, carajo”.

Existen más puntos de contacto entre Rick Blaine y Julio Cortázar. Por ejemplo, el primero es un personaje de ficción pero más verosímil que muchos que respiran, mientras el segundo es personaje de la vida real aunque empapada de ficción y fantasía. Además, cada uno en su trinchera combatió el totalitarismo: Rick, el fascismo en Etiopía y en la Guerra Civil Española, el nazismo en la Segunda Guerra Mundial; Cortázar, la dictadura argentina, además de apoyar tanto la Revolución cubana como la Revolución sandinista.

Ahora mismo me los imagino en el Rick’s Café Américain de Casablanca, ambos de gabardina con el cuello alzado, el cigarro entre los labios, tomando una copa y hablando de jazz. Quizá alguno de los dos hubiera dicho: “Este puede ser el inicio de una gran amistad”.

(originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

Coleccionar y diseccionar cuerpos, en la nueva novela de Rosa Beltrán

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Termino la reciente novela El cuerpo expuesto (Alfaguara). En una narrativa bien armada, la autora mexicana Rosa Beltrán aborda la historia de Charles Darwin en su atrevido (y blasfemo) intento por explicarse los hallazgos de su largo viaje naturalista en el Beagle, hasta llegar a la conclusión de que: “Si las  palabras del Génesis fueran ciertas, ni plantas ni animales debían haber cambiado desde que Dios las creó”. La investigación que soporta el trayecto del “hombre de los ojos tristes” es cuidadosa, como siempre en Beltrán. Resulta interesantísimo el asomo a la vida del obsesivo coleccionista de fósiles, que mientras armaba su teoría del origen común de las especies enfrentaba en casa la decepción de una esposa muy creyente y, en su propio cuerpo, males y enfermedades.

Pero la trama no sólo se hunde impecablemente en el pasado, también trae las teorías naturalistas al presente, a través de la historia de un coleccionista contemporáneo que se lleva la novela. Éste reúne en un blog casos de cuerpos alterados, que comprueban el hecho de que, en la especie humana, la evolución no ha premiado a los más aptos. A partir del afán de exponer el cuerpo, modificarlo, experimentar con él y trastocarlo, este nuevo darwinista apunta: “Hemos empezado a involucionar. La civilización se acerca a la barbarie, porque los ejemplares más susceptibles de adaptarse al medio no fueron los ‘adecuados’ en el sentido en que todos lo quisimos creer, incluido el propio Darwin. Somos la prueba fehaciente de la autoindulgencia […] La especie está compuesta de seres inconformes, agresivos, entregados a estupefacientes o al terrorismo criminal. Organismos estresados, ansiosos. Animales incapaces de lograr la apacibilidad de una vaca rumiando. Seres llenos de sospechas. ¿Y qué prueba esto? Que el más apto sobrevive. Pero el menos apto también”. Con su propio caso, el personaje del biólogo deja sembrada la duda sobre si está loco, lo guía la búsqueda de la verdad o se trata de un héroe. Es fascinante y convincente. Por eso mismo lamenté sentir algo flojo el final de su aventura.

El cuerpo expuesto es una gran novela, de buenos oficios literarios. No sorprende en Rosa Beltrán, investigadora y titular de la Dirección de literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México, pero se agradece. Tuve oportunidad de ser su alumna en el posgrado en Letras en la UNAM y desde entonces persigo todo lo que escribe, porque siempre vale la pena, como este fragmento brutal que me quedo rumiando: “Los animales atacan, embisten, depredan, calculan, pero nunca manipulan. Y no hacen lo que hacen para sentirse bondadosos”.

Da click aquí para ir a la entrada sobre Efectos secundarios, anterior novela de Beltrán.

Cortázar de 12 años

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Este breve anécdota la contó a sus alumnos de Berkeley. Al transcribirla me da ternura ese Cronopio pequeño, lector entusiasta y “vividor” de la fantasía, que años más tarde daría a luz un Axolótl: “[…] Una vez le presté una novela a un compañero de clase a quien quería mucho. Debíamos tener doce años y la novela que le presté era una que acababa de leer y me había dejado absolutamente fascinado; una de las novelas menos conocidas de Julio Verne, El secreto de Wilhelm Storitz, en la que Verne planteó por primera vez el tema del hombre invisible luego recogido por H. G. Wells […] me la devolvió diciendo: ‘No la puedo leer. Es demasiado fantástica’, me acuerdo como si me lo estuviera diciendo en este momento […] Allí me di cuenta de lo que me sucedía: desde muy niño lo fantástico no era para mí lo que la gente considera fantástico; para mí era una forma de la realidad que en determinadas circunstancias se podía manifestar, a mí o a otros, a través de un libro o un suceso, pero no era un escándalo dentro de una realidad establecida”. -Julio Cortázar, Clases de literatura. Berkeley, 1980 (Alfaguara)

Pues sí, el diferente a los demás puede ser un genio o un idiota, pero el niño no sabe si es uno o el otro. Ahora mismo hay algún enorme escritor en ciernes prestando su libro preferido a un imbécil incapaz de leerlo. Ojalá haya cerca alguien que lo reafirme.

Cortázar y los cuentos de bisontes

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“La narrativa del cuento, tal como se lo imaginó en otros tiempos y tal y como lo leemos y lo escribimos en la actualidad, es tan antigua como la humanidad. Supongo que en la cavernas, las madres y los padres les contaban cuentos a los niños (cuentos de bisontes, probablemente)”. -Julio Cortázar, Clases de literatura. Berkeley, 1980 (Alfaguara)

Claro, así habrá sido, porque los seres humanos somos seres de historias, la fantasía nos llena los ojos y nos hace volar sobre una alfombra mágica. Se me ocurre que no existe pueblo sin narrativa, porque la literatura (sean historias de bisontes o “Axolotl”, el enorme cuento de Cortázar) nos está entretejida, nos recuerda que en algo trascendemos a los animales: en la imaginación.