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El presente, un lugar muy vulnerable

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“El miedo es una experiencia universal; lo sienten hasta los insectos más pequeños […] cuando nuestra comprensión se hace más profunda descubrimos que el presente es un lugar muy vulnerable […] de lo que estamos hablando es de llegar a conocer el miedo, de familiarizarnos con él, de mirarle directamente a los ojos; no como una forma de resolver los problemas, sino como una manera de deshacer completamente las viejas maneras de ver, oír, oler, saborear y pensar. Cuando realmente comencemos a hacerlo, nos encontraremos con que somos humillados continuamente. No va a quedar mucho espacio para la arrogancia que resulta de aferrarnos a nuestros ideales”. -Pema Chodron, Cuando todo se derrumba (Gaia Ediciones).

Estoy justo ahí, enfrentándome a la cubetada de agua muy fría que implica verme quebradiza, frágil, incapaz de resolver las cosas eficientemente, como se supone que suelo hacer. No me gusta. Duele.

La luz se hace en las páginas de este libro

Foto: Hoyo de Sanabe, por Timoteo Estévez
Foto: Hoyo de Sanabe, por Timoteo Estévez

5 a.m. Estoy de ese lado del día en el que todavía es de noche. En poco tiempo saldré a clase de yoga, pero invitada por el silencio aprovecho para leer un poco. Tomo el libro de meditación que es, literalmente, mi lectura de cabecera. Lo abro donde sea:

“Nuestros demonios personales tienen diversos disfraces. Los experimentamos como vergüenza, como celos, como abandono, como ira. Son cualquier cosa que nos haga sentirnos tan incómodos que tenemos que huir constantemente. Nos escapamos a lo grande: expresamos nuestras emociones reprimidas, gritamos, damos un portazo, pegamos a alguien o tiramos un tiesto para no tener que enfrentar lo que está ocurriendo en nuestro corazón […] Practicar el amor compasivo hacia nosotros mismos parece una buena forma de empezar a iluminar la oscuridad de los tiempos difíciles”. -Pema Chödron, Cuando todo se derrumba (Gaia ediciones)

Justo hoy el día comienza entre estas páginas.

Ver al miedo a los ojos

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Traigo esta historia rondando en la cabeza. Quiero entenderla, absorberla. Me parece poderosa para conectar con otros, para recordar que “soy humana y nada de lo que es humano puede parecerme ajeno”, parafraseando a Terencio:

“En India, un hombre quiere liberarse de las emociones negativas: ira, pereza, orgullo y, sobre todo, miedo. Lucha y lucha pero no lo logra. Su maestro lo envía a meditar a una cabaña apartada, donde comienza su práctica. Al llegar la noche, enciende velas y continúa meditando. Cerca de medianoche oye un ruido. Abre los ojos y ve una gran serpiente suspendida del techo, mirándolo. El resto de la noche la observa, congelado de ansiedad. Sólo están él, la serpiente y su miedo.

Antes del amanecer se apaga la última vela y él empieza a llorar, no de miedo sino de ternura. Siente la fragilidad de todos los seres humanos. Entonces acepta, de corazón, que es iracundo, que se resiste y lucha, que tiene miedo. También reconoce que es un ser precioso más allá de toda medida: sabio y tonto, rico y pobre, insondable. Está tan agradecido que se levanta en la oscuridad, camina hacia la serpiente y le hace una reverencia. Luego se acuesta y se queda dormido. Al despertar, la serpiente ya no está.

Siempre queremos disminuir el miedo, edulcorarlo, distraernos. Nadie nos dice que nos acerquemos, nos familiaricemos con él, porque encierra las verdades más profundas”. -Pema Chödrön, Cuando todo se derrumba (Gaia Ediciones)