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Yo y el yoga

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Arco de pie: mi postura favorita. Claro, me sale mucho mejor que a esta colega.

Cumplo seis años de practicar yoga. Y lo odio. Qué es eso de querer doblarme en todas direcciones, guardar equilibrio pero seguir respirando. Noventa por ciento de las posturas son muy incómodas,  me hacen sudar como caracol angustiado, me siento tan torpe como el mismo caracol.

Pero también lo disfruto. Cuando empecé a ir a clases me acordaba a diario de mis dos hernias lumbares: hablaban fuerte a cada rato, sobre todo si estornudaba o dormía hecha bola. Un año después, conforme mi cuerpo empezaba a entender vagamente las posturas, ya hablaban quedito y hoy, que quizá comprendo treinta por ciento de la secuencia, nunca me acuerdo de mis hernias. Quién sabe si sigan ahí. Y mi cabeza ha aprendido cómo aquietarse y dejar ir, buscar el centro, respirar como forma de relajación.

Es que no se trata de una moda, aunque esté de moda: el yoga es una disciplina antigua que une cuerpo y mente, es un sistema de salud con raíces firmes. En esta relación amor-odio va ganando el amor. Yo y el yoga estamos en buen momento.

Cumplo cinco años de pelearme conmigo misma

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“La meta de la ciencia del yoga es aquietar la mente, para que pueda escuchar sin distorsión alguna el infalible consejo de la Voz Interior”, dice Paramahansa Yogananda en Autobiografía de un yogui.

En estos días cumplo mi primer lustro de practicar yoga. Mejor dicho, de intentarlo. De enfrentarme con rigideces físicas y mentales. De buscar equilibrios ídem. Recuerdo mis primeros meses en Bikram Yoga San Ángel. Muchas veces salía enojada del salón, preguntándome qué hacía ahí, por qué regresaba y además pagaba por sentirme incómoda, cansadísima, a punto de morir cada cinco minutos. Pero volvía porque pasaba algo en mi cuerpo y en mi cabeza. A cinco años de distancia, el yoga ha flexibilizado mi cuerpo y lo ha fortalecido, me ha resuelto cantidad de problemas médicos y además me curó por completo del dolor de espalda por dos hernias lumbares. Con todo, es todavía mayor el beneficio intangible que he obtenido, esa hora y media un par de veces por semana en la que me centro en trabajar mi respiración, mi bienestar, mi calma y temple.

“La mente domina a los músculos. El cuerpo está literalmente construido y sostenido por la mente […] La fragilidad externa tiene un origen mental; en un círculo vicioso, el cuerpo esclavizado por el hábito entorpece la mente […] La mente es esclavizada cuando se somete a los dictados del cuerpo”, puntualiza Yogananda. Y de verdad lo he visto. Prácticamente cada clase vivo una lucha entre mi cuerpo, que cree que no puede, que no quiere, y mi mente, que dice que sí. Casi siempre gana ella. Trasladar esa fortaleza afuera del salón me ha costado pero ahí voy, poco a poco gano terreno.

Como dice Mónika Araujo, amiga y maestra de Bikram Yoga Santa Fe, donde suelo practicar: “Lo más importante de tu vida es tu vida”. Por eso sigo intentando hacer yoga.

La luz se hace en las páginas de este libro

Foto: Hoyo de Sanabe, por Timoteo Estévez
Foto: Hoyo de Sanabe, por Timoteo Estévez

5 a.m. Estoy de ese lado del día en el que todavía es de noche. En poco tiempo saldré a clase de yoga, pero invitada por el silencio aprovecho para leer un poco. Tomo el libro de meditación que es, literalmente, mi lectura de cabecera. Lo abro donde sea:

“Nuestros demonios personales tienen diversos disfraces. Los experimentamos como vergüenza, como celos, como abandono, como ira. Son cualquier cosa que nos haga sentirnos tan incómodos que tenemos que huir constantemente. Nos escapamos a lo grande: expresamos nuestras emociones reprimidas, gritamos, damos un portazo, pegamos a alguien o tiramos un tiesto para no tener que enfrentar lo que está ocurriendo en nuestro corazón […] Practicar el amor compasivo hacia nosotros mismos parece una buena forma de empezar a iluminar la oscuridad de los tiempos difíciles”. -Pema Chödron, Cuando todo se derrumba (Gaia ediciones)

Justo hoy el día comienza entre estas páginas.

Aprender a ser mar

Foto: www.es.gdefon.com
Foto: http://www.es.gdefon.com

“El sufrimiento puede ser una extraordinaria enseñanza, capaz de hacernos tomar conciencia del carácter superficial de muchas de nuestras preocupaciones habituales, del paso irreversible del tiempo, de nuestra propia fragilidad y sobre todo de lo que cuenta realmente en lo más profundo de nosotros […] ¿Cómo dominar el dolor en vez de ser víctima de él? Si no podemos escapar de él, más vale aceptarlo que intentar rechazarlo. Tanto si caemos en el desánimo más absoluto como si conservamos la presencia de ánimo así como el deseo de vivir, el dolor subsiste, pero en el segundo caso seremos capaces de preservar la dignidad y la confianza en nosotros mismos, lo que establece una gran diferencia […]”. -Matthieu Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)

Este libro ha sido consejero fiel durante estos días, en los que llueve. A principios de 2013 dije que el monje budista Matthieu Ricard, su autor, sería mi gurú durante el año (http://wp.me/p1POGd-th). De hubierme apegado más a sus enseñanzas hubiera podido enfrentar el dolor reciente con más entereza y claridad. No lo hice. Hoy me siento a escucharlo y trato de aprender cómo tener paz interior en circunstancias adversas, como hace el mar: “en la superficie, una tormenta causa estragos, pero en las profundidades continúa reinando la calma”.

Yoga: de adentro afuera

Tara Stiles
Tara Stiles

“Cuando mantienes saludable tu mundo interno, el exterior refleja ese cuidado: el yoga te reconstruye y revitaliza de adentro hacia afuera, regresándote a tu estado natural, tranquilo y centrado […] Las posturas de yoga esculpen un cuerpo largo y delgado, tornándolo más flexible, marcado y fuerte” -Tara Stiles, maestra de yoga citada en la edición mexicana de Women’s Health  (septiembre 2013).

Nótese el orden de ambos conceptos:

1. Antes que nada, el yoga es un trabajo interior y mental.

2. En segundo lugar es una disciplina física, que tonifica el cuerpo.

El orden de los factores sí altera el producto. Conozco gente que practica yoga con el fin de bajar de peso: eso es ligereza (vaya juego de palabras), es perder de vista la esencia de esta práctica milenaria que plantea una transformación interna. Me hace recordar aquello del filósofo de Güemes: “estamos como estamos porque somos como somos”.

De yoga, bulldogs y equilibrios

Screen shot 2013-07-31 at 2.32.19 PMPara hacer esta postura de yoga se necesita “la determinación de un bulldog inglés y la fuerza de un tigre de Bengala”. Me gusta eso que repiten con frecuencia en mi práctica de Bikram Yoga, porque de alguna manera resume mi vida toda. Me explico: crecí en un hogar de disciplina militar, porque mi papá era médico del ejército. Y aunque mi ideología liberal me hace rechazar la milicia, hoy no sólo no reniego del rigor de mi educación sino lo agradezco a mi papá, quien junto con firmeza me colmó de ternura.

Desde niña mamé disciplina y aprendí a cumplir acuerdos sin cuestionarme “¿qué pasa si no lo hago?”. A lo largo de mi vida, esa disciplina me ha sido útil para alcanzar metas, desde hacer yoga a las seis de la mañana hasta ahorrar para un viaje deseado, lograr ascensos en mi trabajo y escribir todos los días (pase lo que pase). La contraparte es que puedo ser muy cuadrada, pero entonces busco el equilibrio de mi otra mitad, la creativa, la lúdica: en la poesía y en la sensualidad me dejo ir. Y aunque a veces gana una u otra, poner en balanza “la determinación de un bulldog inglés y la fuerza de un tigre de Bengala” es a lo que aspiro siempre. Quizá por eso disfruto tanto el yoga: todo es cuestión de equilibrio.

Mi mantra personal

Screen shot 2013-05-21 at 1.16.02 PMHace un par de años leí esto de una maestra zen y decidí adoptarlo como mi lema de vida: “Thank you for everything. I have no complaint whatsoever”, que se traduce como: “Gracias por todo. No tengo absolutamente ninguna queja”. Aunque no siempre me sale del alma decirlo, en días como hoy resume el sentir de mi corazón.

Ventajas de poder tocarse los pies

20130510-120324.jpgHacer yoga tiene mil y un ventajas, una de las cuales queda resumida en esta frase. Es una maravilla poder doblarse en cualquier dirección y regresar a la vertical. Y, claro, esto aplica tanto a nivel físico como emocional: en ambas esferas, la rigidez suele conllevar imposibilidad de fluir, dolor, lastimaduras varias. Por eso, los necios que intentamos posturas imposibles las hacemos porque queremos poco a poco “aprender a ser flexibles”… en el salón de yoga y en la vida diaria.

Desprogramar/ reprogramar la mente

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Cuando la vida quiere que yo aprenda algo, me lo repite en todos los tonos y acentos. Por usar una expresión de esta era digital: lo comunica en todas las plataformas. Ayer leí esto en el libro Deja de ser tú, del científico Joe Dispenza (Urano): “Es fácil entender que los traumas dañen el cerebro, pero los investigadores también han descubierto que los pensamientos negativos y la mala programación del pasado también lo afectan […] Si te esfuerzas por cambiar el mundo interior de tus pensamientos y sentimientos, tu entorno exterior también empezará a cambiar, demostrándote que tu mente ha afectado tu mundo exterior”.

Luego tomé un curso titulado “¡Entiéndete! Tú puedes tener la vida que quieres tener”, dado por un querido (y sabio) amigo. Increíblemente, los conceptos eran los mismos, como escritos por una sola mano. Total, que en eso estoy desde hace tiempo, a través de yoga, meditación y lecturas: aprendiendo cómo desprogramarme de patrones negativos para sustituirlos por otros positivos. Y aunque a veces me parece que voy avanzando, otras me siento increíblemente torpe en el proceso, pero como decía mi abuela: “mientras hay vida, hay esperanza”. A darle, pues.

Mi regaderazo interior

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Este es todo mi alimento de hoy, de ayer, de mañana y pasado. Y no, no enloquecí: estoy practicando el ayuno Master Cleanse, cuyo objetivo es la desintoxicación del cuerpo, algo así como un “baño interno”.

El principio detrás de esto es: si uno se baña a diario para quitarse el sudor, el polvo y la grasa del día, ¿por qué supone que por dentro no necesita barrer las impurezas acumuladas? Me parece de lógica elemental, sobre todo si pienso en la cantidad de productos químicos, toxinas, colorantes, saborizantes y conservadores que a diario consumo, sin querer o a sabiendas. De manera que el ayuno es una manera natural (y sí, también radical) de limpieza interna, que igual provee los nutrientes necesarios.

Existen variantes de este ayuno probado desde 1940 por miles, pero ésta es la forma que yo practico: consiste en no comer alimentos sólidos por 10 días. Primero son tres días de preparación, en los que el cuerpo se va habituando; después cuatro días de ayuno propiamente dicho y luego tres de salida, en los que poco a poco se regresa al alimento sólido, según este esquema:

Día 1: frutas y verduras crudas en cantidad libre

Día 2: sopas y jugos de frutas y verduras crudas en cantidad libre

Día 3: jugo de naranja en cantidad libre

Días 4 a 7: limonada en cantidad libre, preparada con jugo de limones frescos (limpia mientras aporta vitaminas y minerales), miel de maple pura grado 2 (provee minerales y vitaminas) y pimentón paprika (da calorías al cuerpo)

Día 8: jugo de naranja en cantidad libre

Día 9: sopas y jugos de frutas y verduras crudas en cantidad libre

Día 10: frutas y verduras crudas en cantidad libre

Pues hoy estoy justo a la mitad y voy muy bien, me siento excelentemente, de buen humor, fuerte. Tres cosas me sorprenden mucho:

1) realmente no paso hambre, pero de pronto siento ansiedad de comer, de masticar. Es increíble cómo, igual que en la yoga, mi mente resulta más débil que mi cuerpo;
2) contra lo que se podría esperar, no siento debilidad ni mareo. Incluso he hecho clases pesadísimas de Bikram Yoga, a 42 grados de temperatura, sin ningún malestar;
3) no entraré en detalles escatológicos, pero es el quinto día sin probar nada sólido y mis idas al baño no disminuyen, lo que confirma que estoy desechando basura acumulada.

En cinco días más estaré en la otra orilla y les contaré cómo me fue.

PD Si a alguien le interesa probar el Master Cleanse por favor primero lea, infórmese de las cantidades adecuadas y de la importancia de hacer los días de preparación y salida: el ayuno es fantástico pero no es un juego, tomarlo a la ligera puede ser peligroso. Aquí el link: http://themastercleanse.org/

El gimnasio más efectivo para el espíritu

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Si digo “necesito entrenar mi cuerpo” a nadie le llama la atención, pero si digo “necesito entrenar mi espíritu” me ven con suspicacia, extrañeza o franca burla. ¿Por qué? Si piernas, torso y brazos necesitan la constancia de una rutina para estar sanos y en forma, sin grasas antiestéticas, qué nos hace pensar que el espíritu no requiere un adiestramiento para enfrentar los altibajos de la vida sin quebrarse, para sacudir la grasa acumulada de las emociones negativas, las toxinas de la confusión mental y el ego. Pues sí, asumo públicamente que aunque necesito seguir trabajando mi cuerpo, me urge mucho más moldear mi espíritu.

Las contingencias diarias a veces me sacuden más de lo que quiero, me afectan más de lo que sería deseable. Ante hechos que no me gustan suelo construir historias (casi siempre, negativas): ésas sí me lastiman. El asunto está en fluir, en lograr que mi espíritu no sea mi rival a vencer, sino mi mejor amigo. Hasta ahora, la yoga y la meditación resultan el gimnasio más efectivo que he encontrado para ello. Y justo hoy, entre aparatos y caminadoras, mi entrenador/ autor me dejó esto:

“Nos esforzamos mucho para mejorar las condiciones exteriores de nuestra existencia pero, en resumidas cuentas, al que siempre le toca bregar con la experiencia del mundo es a nuestro espíritu, y lo traduce en forma de bienestar o sufrimiento. Si transformamos nuestro modo de percibir las cosas, estamos transformando la calidad de nuestra vida. Y este cambio es el resultado de un entrenamiento del espíritu denominado ‘meditación'”.

Matthieu Ricard, El arte de la meditación, Urano

Por qué volvería a escoger mi cuerpo

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Mi cuerpo soy yo, yo soy mi cuerpo. Es mi única realidad física, a través de la cual me conecto con el mundo y los otros al oír, ver, sentir, oler, gustar. Nada de lo que he vivido es ajeno a él. A pesar de lo que diga la alopatía y sus muchas especialidades, no es un rompecabezas ni está formado por piezas separadas. Es una unidad, funciona como el más fino engranaje, tiene una inteligencia propia. Y aunque quizá para alguien suene mal, lo diré: me gusta mi cuerpo, lo amo, lo cuido, lo respeto.

Esto viene a cuento porque a principios de la semana tuve un resfriado fuerte (como casi todos ellos fue producto de un desajuste emocional) y más de un amigo me insistió con cariño en tomar medicina o al menos un antihistamínico. Como siempre, me rehusé: preferí dejar que solo reencontrara su equilibrio. Me esforcé en procesar las emociones atoradas y me “receté” yoga, ajo, cítricos, jitomate, mucha agua, sueño adicional. Esas son mis medicinas probadas, que me tratan integralmente, ayudan a mi sistema inmune a autocurarse, no me violentan ni curan una parte mientras dañan otra. Con esa ayuda, una vez más mi cuerpo hizo lo que sabe hacer tan bien: el malestar duró tres días y estoy de nuevo sana, eso sí, un poquito más agradecida con él, más segura de que si volviera a nacer lo elegiría de nuevo.

¿Pienso o me dejo pensar?

Hoy de madrugada, preparándome para ir a clase de yoga, encontré el universo contenido en unas pocas líneas del libro Yoga: inmortalidad y libertad, de Mircea Eliade (FCE):

“Bajo las apariencias del ‘pensamiento’ se esconde en realidad un centelleo indefinido y desordenado, alimentado por sensaciones, palabras, memorias. El primer deber del yoguin es pensar, esto es, no dejarse pensar. Por ello la práctica del yoga comienza con la concentración en un solo objeto, que obstruye el flujo mental”.

Nunca me lo había preguntado ni se me había ocurrido que existía esa diferencia no-sutil. Pensar es concentrarse a propósito en un objeto/idea, dejar de lado cualquier distracción, mientras dejarse pensar es ser tomado por pensamientos, recuerdos, reflexiones, incluso tonterías. Me la he pasado diciendo que el yoga me ayuda a “no pensar” cuando en realidad, según este concepto, me ayuda a “pensar”, es decir,
a concentrarme en la respiración, en las sensaciones de mi cuerpo, aislando por completo todo el resto del mundo. Uffff, supongo que esto es lo que se llama “una revelación”.

Soy una yoga freak

Acabo de cumplir año y medio haciendo Bikram yoga. Este idilio mío con “las posturas” empezó por curiosidad, por probar algo que sospechaba me gustaría. Poco a poco fui encontrando beneficios físicos y mentales, al grado que a los tres meses de haber pisado un salón de yoga me di de baja en el gimnasio, convencida de que lo que más quería era seguir flexibilizando mi cuerpo, aquietando mente y emociones.

¿Qué ganancias me ha dado? La posibilidad de “no pensar” durante la hora y media que dura la clase, y eso es mucho para mentes obsesivas como la mía, que analizan por dos horas una discusión de cinco minutos. También flexibilidad y fuerza físicas como no recuerdo haber tenido y la conciencia de que el trabajo con mi cuerpo puede/debe tener una correlación con mi mente. Es decir, conforme desarrollo fuerza y flexibilidad emocionales con yoga y meditación, mi vida se va volviendo más armónica. Si un problema está a punto de sacarme de balance respiro hondo y trato de pensar que si puedo con las durísimas clases puedo con lo que sea. Y en general así es.

Menú del día

 

Hoy el restaurante laboral ofrece complicaciones, ritmo acelerado, molestia, sobrecarga, estrés. No se me antoja lo que hay para comer. Cuánto bien me haría una clase de yoga para reconectarme conmigo misma. ¿Y si me encierro cinco minutos en mi oficina a meditar? ¿Me lo perdonarán los mil temas impostergables?

5:10 am: Por qué voy a práctica de yoga

Hace poco me encontré esto y lo recuerdo cuando suena el despertador a las 5:00:

“La práctica de yoga no consiste únicamente en la repetición de movimientos aprendidos a partir de instrucciones autoritarias, sino en vivir diariamente este encuentro con nosotros mismos como un ritual alquímico de renovación constante, donde los sentidos se despiertan y se mantiene viva nuestra capacidad de asombro”.

-Lunananda

Ni lo pienso: me levanto y me visto. A ver si hoy sí me sale la postura de la foto… ¿Y si no? Es lo de menos. El asunto de fondo es el encuentro.

“La gente feliz no suele consumir”

Hoy, de manera casual, me topo con dos citas que dicen prácticamente lo mismo. Se ve que me andaban buscando y, en efecto, me echan a andar:

1. “Se ha introducido en nuestras mentes esa idea nueva de que si no consumes no eres nada. Si no consumes, tú no eres nadie. Y eres tanto más cuanto eres capaz de consumir. A partir de que el ser humano se mira a sí mismo como un consumidor, todas sus capacidades disminuyen, porque todas van a ser puestas al servicio de una mayor posibilidad de consumir” (palabras citadas en el libro José Saramago en sus palabras, publicado por Alfaguara).

2. “Serge Latouche: “La gente feliz no suele consumir”. Propone vivir mejor con menos. Profesor emérito de Economía en la Universidad París-Sud, es una de las voces mundiales del llamado movimiento por el decrecimiento” (entrevista publicada en el Diario de Navarra, http://www.diariodenavarra.es/20110211/navarra/serge-latouche-gente-feliz-suele-consumir.html?not=2011021103385837&idnot=2011021103385837&dia=20110211 ).

Me gusta recordar que en mi esencia no está consumir, que soy infinitamente más que lo que quiero/puedo comprar, que si bien en general lo disfruto, nada en mí cambiaría si un día dejara de adquirir todas las novedades del mercado. Y aunque a veces me someto dócilmente a sus dictados, otras vivo la demanda social como una exigencia feroz, de la que quisiera liberarme para conectar con la “vida simple”, inmersa en la naturaleza y lo trascendente, que miles de seres humanos disfrutaron antes de mí. En ello la yoga y la meditación son puntos de referencia que varias veces por semana (hoy a las 6 am, por ejemplo) me ubican en el “aquí, ahora” y me ponen en contacto con mi cuerpo/mi ser, el que no pasa de moda ni tiene una obsolescencia programada. La reflexión me llega como bocanada de aire fresco…

El laberinto de mi oreja

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El monstruo se desata/

en el laberinto de mi oreja:/

corre calle abajo/

(embriagado)/

y avasalla./

En loca carrera/

trastorna,/

fascina con el portento/

de su rabia./

Lo espera una flor incandescente./

Qué prodigio de ojos excesivos.//

 

-Julia Santibáñez

Arte a través del cuerpo

Ayer tomé una muy rica clase de Anusara Yoga con Ashleigh Altman (en la foto), como parte del Encuentro Internacional de Yoga. Ahorita me alisto para ir a otra clase con ella y pienso que me gusta su enfoque de celebrar el arte a través del cuerpo, reflejar un sentimiento creativo y armónico a través de las asanas. Durante los muchos años que hice danza y ballet disfruté enormemente crear formas estéticas. Hoy, como practicante/fan de Bikram Yoga más bien parto del principio de que no “tengo” un cuerpo sino en buena medida “soy” mi cuerpo, me vivo a través de él, y por tanto lo honro y moldeo, de igual manera como busco darle forma a mi vida.