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Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 2/3)

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Sigue el recuento de los (ricos) daños del año. Es decir, de las lecturas que voy a seguir llevando conmigo.

Por hoy, felicidad. Felicidades.

8. Max Aub, Crímenes ejemplares, Libros del Zorro Rojo, 2015

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-14-19-59Estas narraciones mínimas del hispano-mexicano exponen las razones de quienes cometieron un asesinato. Son, de veras, el no-va-más del humor negro.

“De mí no se ríe nadie. Por lo menos ese ya no”.

 

Otro crimen ejemplar de Aub, éste, sobre alguien a quien le huele la boca.

9. Julián Herbert, “Soñar el sol”, en Norte, antología compilada por Eduardo Antonio Parra, Editorial Era, 2015

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-14-20-27Este libro resulta determinante para entender lo que pasa hoy en las calles de la colonia narrativa mexicana. Por qué está tan prendido el asfalto de sus avenidas y callejones, cómo se explica el temblor que le corre bajo tierra. Sobre todo en el norte. En este cuento del escritor nacido en Acapulco, un tipo sale del bar con dos mujeres. Y con bastante alcohol. Y con pastillas. Entre todos la arman.

“[…] De pronto se esfuma el dolor de cabeza. Arrugas pálidas. Otro trago de ron. Recorro a Mary con la visa y eso le gusta, a Mary le gusta. Mary está poniéndose contenta. Los ojos muy grandes y muy negros.

—Todavía estoy chavo, aunque no lo creas.

Vacío el resto del vaso. El efecto de la cápsula y el ron es inmediato: un deseo muy claro de contemplación. Acelerado. Sin sensaciones. […] Beso su cuello y beso el rumor que se agita bajo su cuello, beso los brazos y la nuca esbelta, densa, me acerco y meto las manos bajo su bata, sus pechos apenas tibios, los poros abiertos que huelen a jabón y agua cloratada”. p. 232, 233

“Norte está armado de cuentos como varios rones”, escribí en su momento. Puedes leer la entrada en este enlace.

10. José Ángel Leyva, “Versos perros”, en Coágulos del sueño, Parentalia Ediciones, 2013

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-14-24-43Aquí hay palabras bien puestas y van acompañadas de otras, también certeras. El poeta de Durango ha hecho versos a partir de sus desvelos. Si todos los insomnios fueran así de luminosos.

“Muy temprano Quizás a media noche

-Quién tiene un reloj de sueños en el pulso-

Oigo al perro roer la cruz del alba

Gime el can mientras arranca bocados de madera

En mi almohada la cabeza y la baba son de plomo

Gruñe el animal y yo maldigo

la prisión en que dormimos juntos […]” p. 10

Más información sobre Leyva.

11. Yasunari Kawabata, Lo bello y lo triste, traducción de Nélida M. de Machain, Austral, 2004

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-14-21-17Un reencuentro de amantes luego de muchos años de distancia puede ser todo lo inocuo que se quiera. Pero también puede poner a temblar los cimientos. El autor japonés es un fregón si se trata de diseccionar la fragilidad.

“[…] Por los malecones […] pasaba mucha gente joven. Sólo unas pocas eran parejas con niños. Casi todas parecían enamorados. Muchachas y muchachos tomados de la mano o sentados muy juntos al borde del agua. A medida que oscurecía su número aumentaba.

—En invierno hace mucho frío aquí —asintió Otoko.
—Dudo que perdure hasta el invierno.
—¿A qué te refieres?
—A su amor. Para entonces algunos ya no tendrán ganas de ver al otro”. p. 120

Aquí, otro fragmento de la novela de Kawabata.

12. Luis Bugarini, “Atisbo”, en Hora líquida, Editorial Abismos, 2015

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Cada día es un caleidoscopio renovado. O así parece en estos versos del escritor mexicano que observa lo mismo una cuchara, que un tren, una bocina y un insecto. En todos los casos juega con las posibilidades y privilegia la intimidad que provoca asomarse a una escena nunca antes vista.

“El pan
se corta
en el plato;
moronas
dibujan,
galaxias,
luces,
estrellas:
acento festivo
de una mañana
cualquiera”. p. 16

¿Más poemas de Bugarini? Sí.

13. Lenny Bruce, Cómo ser grosero e influir en los demás, traducción de Laura Salas, Malpaso, 2016

Este año se publicó en español la autobiografía de uno de los primeros humoristas-filósofos (los comediantes de-a-de-veras asumen el binomio como parte del oficio). Se trata de la versión en español de lo que el neoyorkino publicó en Playboy en los años 60. Me caigo muy mal por no haber leído antes nada de Bruce. Es necesarísimo.

“[…] ’Pon freno a la gonorrea en este país, qué cerca que está ya el fin’. Qué emoción producir el primero Gonomaratón de la tele. En vez de aprovecharse de niños que salen con sus muletas, podríamos tener a glamurosas estrellas: ‘Amigos, hemos reunido seiscientos ochenta mil dólares esta noche, un dinero que se empleará en investigación y tratamiento, se acabó la humillación de los hombres que tenían que plantarla en el alféizar y pillársela con la ventana’. Una gran campaña publicitaria — ‘¡Recuerden, un poco de prevención, los centímetros más importantes!’ — y quizá también una bella actriz dramática que ofrezca su testimonio”. p. 104

Bruce habló de lo que Sophia Loren se dijo a sí misma sobre el pezón de Jayne Mansfield. Da click para leer esa entrada.

14. Sôgi, Shôhaku, Sôchô, Poema a tres voces de Minase. Renga, traducción de Ariel Stilerman, Sexto Piso, 2016

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En tres líneas, cada haikú del libro compone una estampa poderosa. Qué manera de crear mundos, y conste que se trata de poemas escritos hace seis siglos. Éste es de Sôgi.

“Mi deseo de verte
como el rocío una y otra vez
muere y vuelve a nacer”. p. 101

Lo que me dijo el poema en una mañana de abril motivó esta entrada en el blog.

Lo que Sophia Loren se dijo del pezón de Jayne Mansfield (según Lenny Bruce)

La Loren y la Mansfield (y lo que la primera pensaba).
La Loren y la Mansfield (y lo que la primera pensaba del escote de la segunda).

Estoy leyendo la Biblia de lo que ahora se conoce como standup, pero en los 50 era comedia escénica y, más aún, sátira social de primera: las memorias de Lenny Bruce, tituladas Cómo ser grosero e influir en los demás, recién publicadas en español por Malpaso Ediciones.

Apenas conozco a Bruce y me tiene hipnotizada. De tono ácido y punzante, fue un auténtico humorista sin autocensura y conste que eso no era poca cosa en el Estados Unidos de posguerra, macartista, asustado de la indecencia de su sombra. Bueno, pues en el libro cuenta su vida e intercala opiniones sobre la hipocresía norteamericana de entonces (¿de ahora?), que se asustaba de las malas palabras y ante los demás barría bajo la alfombra sus pecados, para al día siguiente volver a ellos gozosamente mientras señalaba, escandalizada, los ajenos. Extraigo este pasaje relativo a escotes y pezones, ligero en apariencia pero con doble filo, que da una idea del tono del libro. Sólo añado, para el récord del martirologio: Bruce escribió sus memorias entre 1963 y 1965 y fueron publicadas por entregas en Playboy. Luego de ser arrestado varias veces por gravísimas faltas a la moral (como decir públicamente mamada) y esperar una condena de ir a la cárcel, en 1966 fue encontrado muerto de una sobredosis de morfina. Iba a cumplir 41 años. Póstumamente fue declarado inocente. No añado moraleja. El chiste se cuenta solo. Aquí, su voz:

“Honey y yo nos casamos… ¡Me había casado con una stripper! Las strippers estaban sólo un nivel por encima de las putas, incluso en 1951. El primer paso (o traspiés) para arremeter contra la ‘culpa por asociación’ entre desnudo y lascivia fue el ya famoso calendario de Marilyn Monroe. La respetabilidad de Marilyn cuando murió se basaba principalmente en su posición económica, que es, en último término, lo único que goza de verdadero respeto en la sociedad. […] Otras damiselas bien dotadas comenzaron a desnudar sus pechos en busca de una franca y honesta evaluación de sus cualidades espirituales interiores. Tengo en mente esa foto de Sophia Loren sentada en un restaurante público, enseñando bastante con su delicado décolleté pero con la vista puesta en el pezón desnudo de Jayne Mansfield, que asoma de su escotado vestido de tubo, como diciendo: ‘¿Cómo no se me ocurrió a mí?'”.

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