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Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 3/3)

Aquí terminan las citas de mis libros favoritos del año. Pero las palabras se me quedan merodeando.

15. Francisco Hernández, ”Taller de Moris. I”, en Odioso caballo, Almadía, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-19-40En éste, su libro más reciente (con el lujo de diseño de Alejandro Magallanes), el escritor veracruzano clava el punzón con sus versos. Y brota sangre. O pus. O humores. El asunto es que no falla.

“[…] Sobre esta mesa, mi foto
es la foto de mi padre.
Él es yo: metamorfosis redundante.
Me veo peinado a su manera,
hablo con su tono de voz
y engaño a mi madre con mi esposa”. p. 122

Los poemas de Hernández me hicieron varios días del verano. Como éste.

16. Malcolm Lowry, Bajo el volcán, traducción de Raúl Ortiz y Ortiz, Ediciones Era, 1964

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-21-38Geoffrey Firmin, exCónsul británico, se reencuentra en la ciudad de Cuernavaca con su esposa, Yvonne, de quien está separado. Es el Día de Muertos de 1938. La novela (publicada en inglés en 1947) es una impresionante construcción de estilo, donde el protagonista va perdiendo y encontrando la lucidez entre mezcales, en el contexto de un país que no esconde los colmillos. Duele en cada línea. Y se disfruta. La leí en inglés pero aquí está un soberbio pasaje en español.

“[…] Y ahora estaba el Cónsul en el baño, alistándose para ir a Tomalín. —¡Oh! —decía—. ¡Oh!… pero, ¿ya ves?, después de todo no ha ocurrido nada horrendo. Ante todo, a lavarse —tembloroso y volviendo a sudar, se quitó saco y camisa. Dejó correr el agua en el lavabo. Sin embargo, por alguna razón misteriosa estaba bajo la ducha en donde esperaba, agonizante, el impacto del agua fría que nunca llego. Y seguía con los pantalones puestos”. p. 165

La novela de Lowry me dejó impresionadísima por semanas. Aquí, algo que escribí al respecto.

17. Gerardo Cárdenas, “Cuatro escritores en Qumran”, en Silencio del tiempo, Editorial Abismos, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-22-45Se trata de poemas que reescriben pasajes de la Biblia, que ponen a hablar a protagonistas de la fe desde otra esquina del ring. En éste, el escritor mexicano le pone voz al evangelista Lucas:

“[…] Yo escribiré
más que los otros; la historia no acaba en la muerte
la prestidigitación continúa;
todo se vuelve presagio
leer las entrañas de un animal sacrificado
no es muy distinto
de comer el pan o beber el vino
y pensar que es otra cosa.
Sólo necesitamos adeptos”. p. 51

Cárdenas escribió también este poema, sobre el ser humano como una cucaracha indefensa, en manos de niños malcriados. Ay.

18. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Alfaguara, 2004

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-23-47No hace falta que cuente de qué trata. Sólo digo: aunque tenga la mala fama de ser “importantísima”, “un clásico”, “fundamental”, leer el Quijote es de lo que más vale la pena hacer en la vida. Aquí, el caballero andante habla con la supuesta imagen de Dulcinea, “convertida” en una pobre labradora:

“[…] ya que el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos, y para sólo ellos y no para otros ha mudado y transformado tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre, si ya también el mío no le ha cambiado en el de algún vestiglo, para hacerle aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme blanda y amorosamente, echando de ver en esta sumisión y arrodillamiento que a tu contrahecha hermosura hago la humildad con que mi alma te adora”. p. 620

Durante varios meses de 2016, un grupo de insensatos y yo estuvimos leyendo el Quijote y comentando nuestra lectura en este blog. Aquí, una de las entradas que subí, sobre por qué la locura es, de veras, indispensable.

19. Mónica Maristáin, “Soñé que me comíoa un tigre”,  en Antes. Paisaje sonoro con mujer mirando una ventana, Literal Publishing

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Poemas sobre sueños, sobre lo que se oye en el radio. Poemas sobre lo que quiere pasar en el mundo, sobre lo que se piensa y no se dice por intrascendente o por tener dos filos. La autora argentina con acento mexicano arma un cruce de planos entre afuera y adentro, antes y después. Y uno se queda con palabras en las manos como testimonio del viaje. Implacable.

[…] pienso que en eso el sueño no se equivocó
porque el hecho de que apareciera mi abuela me salvó la vida
y ella después empezó a cortarme el pelo
claro que cuando iba a comentar el sueño aquel donde mi abuela me corta el pelo me desperté
no voy a soñar con tigres ni a soñar con abuelas
o sueño con tigres y abuelas juntos

o no sueño más
y me quedo despierta para toda la vida”.

Aquí, más sobre Maristáin.

20. José Manuel Recillas, “Canción de amor y muerte y despedida de Lillian van den Broeck”, en Atrévete a mirar, tú, que no quieres, Estado de México, 2016
Con versos trabajados en la fragua lenta de la poesía clásica, el autor mexicano plasma el desconcierto de saberse no-amado. Quiere saber si, cuando muera, la voz de la persona amada dirá su nombre. Le dará un hogar.

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“[…] Tal vez el hombre al fin algo sabrá, y su reposo no tendrá ya nombre
pues no habrá quien cave la última fosa, si acaso… un nombre habrá que nos redima,
si acaso… un nombre habrá que nos redima”. p. 28

“Escribo poemas de amor, por si los necesita”, dijo Recillas recientemente en una entrevista con él y otros escritores, que me publicó el suplemento El Cultural. Da click para leer esa entrada.

Y EL BONUS TRACK…

21. Evelio Rosero, Juliana los mira, Tusquets, 2015

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Una niña narra lo que le pasa por dentro y por fuera. Y lo hace encontrando las palabras que necesita. Esta novela del escritor colombiano, de las mejores que he leído en los últimos muchos años, fue regalo de mi amigo, Andrés Grillo.

“[…] un jadeo incontrolable en el extremo opuesto, él despojándose del uniforme, no debo verlo, no, lo estoy viendo, aquello palpitante endurecido brota con más ímpetu cuando él se quita el pantalón, veo […]y ya voy a gritar, es el tiempo de hacerlo, de ayudar a mamá, voy a gritar ¡déjala en paz! cuando mamá hace un gesto igual que cuando una pide perdón o dice ‘estoy cansada, no juguemos’, y alarga el brazo como llamándolo, implorándole eso, y es por eso que me disuado […]”.

El primer libro de Rosero que leí fue Los ejércitos. No tiene madre. Ni progenie. Sobre lo que me provocó escribí: “A esta novela la atraviesan las balas”. Lee aquí esa entrada.

 

 

Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 2/3)

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Sigue el recuento de los (ricos) daños del año. Es decir, de las lecturas que voy a seguir llevando conmigo.

Por hoy, felicidad. Felicidades.

8. Max Aub, Crímenes ejemplares, Libros del Zorro Rojo, 2015

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-14-19-59Estas narraciones mínimas del hispano-mexicano exponen las razones de quienes cometieron un asesinato. Son, de veras, el no-va-más del humor negro.

“De mí no se ríe nadie. Por lo menos ese ya no”.

 

Otro crimen ejemplar de Aub, éste, sobre alguien a quien le huele la boca.

9. Julián Herbert, “Soñar el sol”, en Norte, antología compilada por Eduardo Antonio Parra, Editorial Era, 2015

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-14-20-27Este libro resulta determinante para entender lo que pasa hoy en las calles de la colonia narrativa mexicana. Por qué está tan prendido el asfalto de sus avenidas y callejones, cómo se explica el temblor que le corre bajo tierra. Sobre todo en el norte. En este cuento del escritor nacido en Acapulco, un tipo sale del bar con dos mujeres. Y con bastante alcohol. Y con pastillas. Entre todos la arman.

“[…] De pronto se esfuma el dolor de cabeza. Arrugas pálidas. Otro trago de ron. Recorro a Mary con la visa y eso le gusta, a Mary le gusta. Mary está poniéndose contenta. Los ojos muy grandes y muy negros.

—Todavía estoy chavo, aunque no lo creas.

Vacío el resto del vaso. El efecto de la cápsula y el ron es inmediato: un deseo muy claro de contemplación. Acelerado. Sin sensaciones. […] Beso su cuello y beso el rumor que se agita bajo su cuello, beso los brazos y la nuca esbelta, densa, me acerco y meto las manos bajo su bata, sus pechos apenas tibios, los poros abiertos que huelen a jabón y agua cloratada”. p. 232, 233

“Norte está armado de cuentos como varios rones”, escribí en su momento. Puedes leer la entrada en este enlace.

10. José Ángel Leyva, “Versos perros”, en Coágulos del sueño, Parentalia Ediciones, 2013

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-14-24-43Aquí hay palabras bien puestas y van acompañadas de otras, también certeras. El poeta de Durango ha hecho versos a partir de sus desvelos. Si todos los insomnios fueran así de luminosos.

“Muy temprano Quizás a media noche

-Quién tiene un reloj de sueños en el pulso-

Oigo al perro roer la cruz del alba

Gime el can mientras arranca bocados de madera

En mi almohada la cabeza y la baba son de plomo

Gruñe el animal y yo maldigo

la prisión en que dormimos juntos […]” p. 10

Más información sobre Leyva.

11. Yasunari Kawabata, Lo bello y lo triste, traducción de Nélida M. de Machain, Austral, 2004

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-14-21-17Un reencuentro de amantes luego de muchos años de distancia puede ser todo lo inocuo que se quiera. Pero también puede poner a temblar los cimientos. El autor japonés es un fregón si se trata de diseccionar la fragilidad.

“[…] Por los malecones […] pasaba mucha gente joven. Sólo unas pocas eran parejas con niños. Casi todas parecían enamorados. Muchachas y muchachos tomados de la mano o sentados muy juntos al borde del agua. A medida que oscurecía su número aumentaba.

—En invierno hace mucho frío aquí —asintió Otoko.
—Dudo que perdure hasta el invierno.
—¿A qué te refieres?
—A su amor. Para entonces algunos ya no tendrán ganas de ver al otro”. p. 120

Aquí, otro fragmento de la novela de Kawabata.

12. Luis Bugarini, “Atisbo”, en Hora líquida, Editorial Abismos, 2015

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Cada día es un caleidoscopio renovado. O así parece en estos versos del escritor mexicano que observa lo mismo una cuchara, que un tren, una bocina y un insecto. En todos los casos juega con las posibilidades y privilegia la intimidad que provoca asomarse a una escena nunca antes vista.

“El pan
se corta
en el plato;
moronas
dibujan,
galaxias,
luces,
estrellas:
acento festivo
de una mañana
cualquiera”. p. 16

¿Más poemas de Bugarini? Sí.

13. Lenny Bruce, Cómo ser grosero e influir en los demás, traducción de Laura Salas, Malpaso, 2016

Este año se publicó en español la autobiografía de uno de los primeros humoristas-filósofos (los comediantes de-a-de-veras asumen el binomio como parte del oficio). Se trata de la versión en español de lo que el neoyorkino publicó en Playboy en los años 60. Me caigo muy mal por no haber leído antes nada de Bruce. Es necesarísimo.

“[…] ’Pon freno a la gonorrea en este país, qué cerca que está ya el fin’. Qué emoción producir el primero Gonomaratón de la tele. En vez de aprovecharse de niños que salen con sus muletas, podríamos tener a glamurosas estrellas: ‘Amigos, hemos reunido seiscientos ochenta mil dólares esta noche, un dinero que se empleará en investigación y tratamiento, se acabó la humillación de los hombres que tenían que plantarla en el alféizar y pillársela con la ventana’. Una gran campaña publicitaria — ‘¡Recuerden, un poco de prevención, los centímetros más importantes!’ — y quizá también una bella actriz dramática que ofrezca su testimonio”. p. 104

Bruce habló de lo que Sophia Loren se dijo a sí misma sobre el pezón de Jayne Mansfield. Da click para leer esa entrada.

14. Sôgi, Shôhaku, Sôchô, Poema a tres voces de Minase. Renga, traducción de Ariel Stilerman, Sexto Piso, 2016

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En tres líneas, cada haikú del libro compone una estampa poderosa. Qué manera de crear mundos, y conste que se trata de poemas escritos hace seis siglos. Éste es de Sôgi.

“Mi deseo de verte
como el rocío una y otra vez
muere y vuelve a nacer”. p. 101

Lo que me dijo el poema en una mañana de abril motivó esta entrada en el blog.

#MiércolesDePoesía La cucaracha que soy. Que he sido.

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Hace años leí y releí la historia de Job, impresionada por ese personaje del Antiguo Testamento: Dios, incitado por Satanás a probar la fe del viejo, le manda enfermedad, pobreza, la muerte de sus hijos, burlas de su mujer. La moraleja es como de Disney: a pesar de toda calamidad, Job honra a su Señor y al final le es restituida la felicidad previa, incluso al doble. Me parecía, me parece injustísimo que Job sufriera lo indescriptible sólo para que Dios le demostrara a Satanás la lealtad de su siervo.

Ahora me topo con este poema escrito por Gerardo Cárdenas, poeta, dramaturgo y periodista mexicano que radica en Chicago. La imagen de los versos es tremenda, con reminiscencias kafkianas y un filo de humor que corta la risa. Ahí estoy. Estamos. Sólo cucarachas en manos de dos niños aburridos.

Esta brutalidad de poema de Cárdenas forma parte de su reciente libro Silencio del tiempo (Abismos). De verdad, háganse un favor y léanlo.

Job

El destino de Job

Ser

una cucaracha

que dos niños aburidos

mutilan

pata por pata; le quitan

una antena y ríen.

La dejan que se agite

boca arriba

para que otros vengan

la escupan

la quemen con una lente

 

Al final

uno de los niños

vendrá a recordarle

que no es más que un insecto:

la cucaracha se macera

en lágrimas

y pide abundancia

para sus torturadores.

Vía de santidad.

 

 

 

Necia, sigo buscando los nombres de las cosas

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Ayer presenté mi libro Ser azar en el Foro Móvil La Chula, de Hostería La Bota, dentro de la Feria del Libro del Zócalo. Estuvo el poeta Gerardo Grande para presentarnos y me acompañaron en la mesa el también escritor Rafa Carballo y Sidharta Ochoa, directora de Editorial Abismos, casa que publicó el libro.

Hablamos de versos, de heridas, de humor. Cayeron algunos amigos queridos, además de varios lectores y otros curiosos, entre ellos una ella y un él que están de visita desde Costa Rica y que al final se llevaron cada uno Ser azar. O sea, hubo público y hasta se vendieron libros, cosa notoriamente de subrayar. En un arranque de sincericidio egocentrista debo decir que me la pasé muy bien.

Confirmé una vez más que esta frase de Cien años de soledad constituye una de las principales razones por las cuales escribo: “El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Es decir, neciamente voy por ahí buscando cómo nombrar a las cosas, para no tener que señalarlas con el dedo. Es decir, intento encontrar “su preciso y verdadero y no sabido nombre”, en palabras de Borges.

Ingenua y necia, creo que voy a dar con él.

PD Se hizo un Periscope pero no logro pegarlo aquí. Seguiré informando.

Foto: Mónica Icaza
Foto: Mónica Icaza

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#MiércolesDePoesía El beso del caníbal (en realidad todos lo son)

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Recientemente se publicó Poemas para ablandar a las rocas, libro de Guillermo Vega Zaragoza (Editorial Abismos) que recomiendo pa’l #MiércolesDePoesía. El título me gusta de entrada, pero en sus páginas encuentro versos que de veras resuenan, como estos:

“Escribir aunque sea un poco,
donde sea, cuando sea, como sea,
como si te estuvieras desangrando,

como si de veras te doliera,
como si se te fuera la vida,
como respirar un aire enrarecido, como si fuera lo único importante […]”.

El volumen incluye poemas que revelan oficio y están cuajados de metáforas vueltas palabras, como éste que aborda el beso mordelón, es decir, todos, porque beso que no muerde no es beso. Espero este fragmento del poema antoje al Respetable en dos sentidos:

1) Para ir y plantar un beso-beso, un beso caníbal antes de que pasen 15 minutos;

2) Para comprar hoy el libro de Vega Zaragoza. Sea la poesía.

 

La ilusión del caníbal

No bromea aquel que confiesa:
“Me la comería a besos”.
Si pudiera, la engulliría toda
como la boa del diminuto príncipe,
como la tierra ávida
absorbe la lluvia en el desierto.

El beso es una mordida extraviada,
un tímido devoramiento
en una danza de lenguas excitadas.

El beso es una cópula perversa,
hermafrodita,
donde ambos se penetran
y se preñan de hijos minúsculos
que nacen y mueren y resucitan
cada vez que los labios se aproximan.

El beso es la ilusión del caníbal,
deseo prohibido de la carne prójima,
aliento vital desesperado,
agonía infinita del instante […]”

#MiércolesDePoesía Los muertos no escuchan la lluvia

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La regia Ingrid Bringas (regia porque es de Monterrey, pero también porque viste con certeza el traje de escritora), acaba de publicar Jardín botánico, libro de poesía con el sello de Editorial Abismos. A partir de versos cuyas imágenes se cuelan entre la ropa, como “Será que no nacimos para ser palomas para posarnos sobre las palabras“, el libro teje un abanico de emociones que subrayan el cuestionamiento, la desesperanza, la lluvia de tarde y también la que llueve por dentro, porque “¿qué habremos hecho mal? para limpiarnos el barro de la cara”.

Me encanta saber que Ingrid está recién estrenada en la treintena de edad, por todo lo que aún va a escribir. Dejo aquí este poema suyo, de su particular Jardín botánico. Buen #MiércolesDePoesía.

Un poema es una ciudad

Hoy amaneciste diferente
algo se está perdiendo
nadie está más solo que nosotros
los muertos no escuchan la lluvia
no temen perder sus ojos como nosotros
que arrugamos las sábanas con lágrimas
ignoramos el número de veces que nos perdemos
nos hemos quedado en el camino
y tirados nos recoge el gorrión
nos anidamos.

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#MiércolesDePoesía Los pálpitos de la tinta

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De nuevo es día de celebrar los versos, de hacer un alto y poner el cronómetro del mundo en ceros por un rato. Dicho de manera escueta: es #MiércolesDePoesía. Hoy invito a Luis Bugarini, escritor mexicano de amplias entendederas que lo mismo escribe crítica literaria, ensayo y novela (Estación Varsovia se atiborra entre mis pendientes de lectura) que, notablemente, poesía.

Acabo de terminar su libro Hora líquida (Editorial Abismos, 2015) y lo volveré a empezar, porque está para saborearse: son espléndidas tanto sus imágenes como la precisión de sus verbos, insustituibles como piezas de rompecabezas. Aunque el libro tiene varios poemas buenos y muchos realmente magníficos, dada la dinámica de este blog compartiré uno de mis favoritos, que da cuenta de la fuerza y concreción de su trabajo. Sirva de augurio para lo que resta de la semana y, claro, para promover la lectura de Hora líquida.

P.D. Es muy recomendable también Asidero, el blog que Luis publica dentro del sitio web de la revista Nexos. Voilá.

Carga

La tinta
rehúsa
ser signo:

prefiere
el abrigo terso
de su envase.

Entendible.