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#MiércolesDePoesía Trío: un sátiro y dos ninfas

Imagen: Ninfa y sátiro, de Nicolás Poussin (nota para lectores despistados: sí, aquí falta una ninfa, porque es la que tomó la foto)

Es #MiércolesDePoesía y eso hace el día un poco mejor, me pone de buen contento. El invitado de hoy es Óscar Hahn, poeta chileno nacido en 1938. Los versos que transcribo a continuación los encuentro en la magnífica revista española Estación poesía, dirigida por el poeta y traductor español Antonio Rivero Taravillo, a quien conocí en la pasada Feria del Libro de Guadalajara.

En Estación Poesía, publicada por la Universidad de Sevilla, también encuentro textos de autores como el uruguayo Rafael Courtoisie, los españoles Irma Brook y Ángel Guinda, el colombiano Darío Jaramillo Agudelo, además de los mexicanos Antonio Deltoro, Elsa Cross y Julio Trujillo, entre otros.

Qué gusto me da conocer una publicación tan rica en contenido que transpira perfumes, escenas, balbuceos. Si das click aquí puedes descargar gratuitamente los distintos números de la revista y tener un panorama de poesía hispanoamericana que merece ser rumiada.

Aquí va el poema de Hahn, travieso, impecable, en el que un sátiro y dos ninfas se divierten y donde forma y fondo se dan la mano: la casi total ausencia de signos de puntuación habla de la demanda que impone lo que no puede postergarse. Qué lujo abrir el día con estos versos.

Sátiro y ninfas (Trío)

Hermosas ninfas que en el río metidas
contentas habitáis.
Garcilaso

Quiénes son estas ninfas estos seres
de aguas tibias y dulces como ellas:

pechos que ondulan suaves nalgas bellas
almas de ninfas cuerpos de mujeres

Entro en el agua azul de la bañera
lamo sus muslos gozo su delicia

ríen con esa risa que acaricia
una me da el pezón la otra espera

Mientras mi mente alucinada fragua
posiciones y ardientes fantasías

nos acostamos en la cama de agua
Tres fuegos suman una sola llama

Y reinventamos las mitologías
sobre las tibias aguas de la cama

 

Óscar Hahn, “Sátiro y ninfas (Trío)”, Estación Poesía, núm. 10, Sevilla, primavera 2017

 

#MiércolesDePoesía “Daría este viento de mar gigante por tu brusca respiración”

Un oscuro designio hace que hoy, millones celebren a San Valentón con vengativos ositos de peluche. Esa es una mala noticia.

Hoy también es #MiércolesDePoesía, lo que significa que aquí van versos para biendecir el amor. Esa es una buena noticia.

Pablo Neruda es el invitado de hoy, con su magnífico “Tango del viudo”, que debe leerse completo y un par de cuyos fragmentos comparto aquí, para abrir boca (literal y figurativamente hablando). Es impresionante cómo habla el hueco de ausencia que siente quien amó.

“[…] Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

[…] Daría este viento de mar gigante por tu brusca respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo,
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres… desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas”.

Pablo Neruda, “Tango del viudo”, Residencia en la tierra

Da click aquí para leer el poema completo.

 

#MiércolesDePoesía De cuando el amor es una tragedia mayúscula

Me acerqué a Isabel Fraire (1934-2015) gracias a un muy querido amigo que, por desazares, hoy está lejos de mí.  Fraire fue una poeta mexicana soberbia, impecable e implacable, pero no sé qué razones estúpidas la hacen muy poco conocida. En estas Palabras A Flor De Piel ya había estado presente su trabajo.

Ella es la invitada del #MiércolesDePoesía con estos versos delicados, bajo los cuales se transparenta una tragedia. O dos. Porque a veces perder sangre en un hospital no es la peor degracia, sino estar lejos del “Juan” de cada uno de nosotros.

Poema de amor

“En el cuarto de hospital toda la
noche la mujer gritando
Juan
Juan
en donde estás
no me puedo mover
no puedo mover mi pierna
ni mis brazos
Juan
no sécómo llegar a donde estás
no puedo salir de aquí
Juan
estoy desesperada no me
puedo mover Juan”.

Isabel Fraire, “Poema de amor”, No sé ir a casa

#MiércolesDePoesía Cuando tú y yo nos encontremos, después de todo

Claribel Alegría murió hace unos días. Entonces caí en la cuenta de que no he publicado ningún texto de esa poeta nicaragüense en este blog. Eso es un error, no sólo porque me gusta su trabajo, como de pequeñas piezas de relojería, sino porque algunos poemas suyos los que llevo conmigo adonde voy.

Así que hoy unos versos suyos dan tono al #MiércolesDePoesía. Ojalá se entere donde esté (quiero pensar que algunos poetas no se mueren, sólo quedan encantados, como dijo Gonzalo Rojas de Juan Rulfo).

Por cierto, no tengo a la mano mi libro de Claribel, así que este poema lo tomo del muy recomendable sitio web A media voz, que compendia de manera seria una buen bagaje poético de Hispanoamérica. Da click aquí para ir a los poemas de Claribel en A media voz.

Salud, poeta.

“¿Cómo será el encuentro?
Descarnados los dos
sin tu mirada
sin mis labios
posándose en los tuyos.
Partículas de luz quizá seremos
que se atraen
se buscan
se amalgaman”.

#MiércolesDePoesía Cuál es la palabra que estoy necesitando

“El poema nace con su gestación, al igual que en el Tao la gestación es ya el nacimiento del ser humano”.

Lo dijo el poeta español José Ángel Valente. Sí, la sinapsis creativa del verso ocurre casi sin que el autor se entere y luego de un tiempo brota de pronto, bien formado o con taras congénitas, insalvables. Añado: una vez parido, igual que un niño sigue cambiando, ajustando su rostro.

Me encanta la imagen del poema como ser vivo y con ella convoco a Valente a darle tono a este #MiércolesDePoesía. El poema suyo que copio a continuación es ligero y etéreo. Así nació. Alude al deseo de que unos versos sean la palabra intocable que muchos necesitamos, pero no conocemos.

Un canto

               “Quisiera un canto
que hiciera estallar en cien palabras ciegas
la palabra intocable.
Un canto.
Mas nunca la palabra como ídolo obeso,
alimentado
de ideas que lo fueron y carcome la lluvia.

La explosión de un silencio.

Un canto nuevo, mío, de mi prójimo,
del adolescente sin palabras que espera ser
nombrado,
de la mujer cuyo deseo sube
en borbotón sangriento a la pálida frente,
de éste que me acusa silencioso,
que silenciosamente me combate,
porque acaso no ignora
que una sola palabra bastaría
para arrasar el mundo,
para extinguir el odio
y arrasarnos…”.

José Ángel Valente, “Un canto”, La memoria y los signos en Punto cero. (Poesía 1953-1979), Seix Barral

 

 

#MiércolesDePoesía Dibujar la inteligencia antigua del dolor

Existen paisajes internos más contundentes que los que incluyen árboles, montañas y una cierta tensión en el aire. Algunos son incluso más decisivos que la casa apartada del mundo por esa cinta amarilla estirada por la policía, para marcarla como zona de tragedia.

Esos paisajes-de-costillas-adentro son escurridizos cuando se les trata de fijar en palabras, por eso me emociono cuando un poema es capaz de pintar una atmósfera de esas con el pincel y las acuarelas precisas.

Hernán Bravo Varela, poeta mexicano con vocación de luces, se plantea desafíos y se crece a ellos: tradujo con Fortuna uno de esos poemas que “acaparan el dolor por completo”. Tanto la versión en inglés de Tony Hoagland como la traducción de Bravo Varela aparecen en una rica plaquette publicada por Parentalia Ediciones, dirigida por Miguel Ángel de la Calleja y con el arte plástico de Gerardo Torres. Aquí está, para el #MiércolesDePoesía.

Ojalá uno nunca necesitara poemas así para explicarse la inteligencia del dolor, pero dado que los va a necesitar, es de veras bueno que existan.

 

La historia del padre

“Esta es otra historia en la que pienso a veces:
en la historia del padre

después del funeral de su hijo, el suicida,
que llega a casa para quemar las fotos del muchacho ya muerto;

que se coloca junto al asador del patio
y arroja las imágenes al fuego; que mira levantarse
y desaparecer el humo pálido al interior del bochornoso cielo de Mississippi;

consciente de que está parado al borde de una inmensa frontera,
sin saber que acapara el dolor por completo.

Qué tranquilos se encuentran los suburbios en medio de una tarde
en la que un hombre está destruyendo evidencias,
aspirando la química de Polaroids quemadas,

observando los árboles a través de la cerca
desvencijada, cómo parecen levantarse y asentir en señal de reconocimiento.

Poco después, lo habrá de sorprender
la ira de los suyos:

la esposa que se cubre el rostro con los manos
y la hija insultándolo.
Pero él, por ahora, está seguro de lo que hace; ahora

parece como un hombre que destruyera alguna religión
o hachara las raíces de algún árbol.

Sin parar, he llegado justo a tiempo
para verlo tomar un alambre oxidado

y, con él, empujar la última foto
del muchacho a la parte naranja de la llama:

el rostro que se tiñe de café, el recuerdo que acaba en negativo.
No la bastarda lógica del padre,
no la piedad por una juventud truncada,

sino la inteligencia antigua del dolor,
es eso lo que admiro:

cómo se mueve en torno y dentro suyo, como el humo;

cómo sabe qué hacer exactamente con los seres humanos
y así permanecer en ellos para siempre”.

Hernán Bravo Varela, Ectoplasmas. Cuatro elegías estadounidenses, Parentalia Ediciones