El disco duro de José Saramago

Imagen 1En la casa que el escritor portugués compartía con Pilar, su esposa, había «enmarcada en la pared, la primera hoja de la última novela que José escribió a máquina: Historia del cerco de Lisboa» (revista Ñ, 27 abril 2013). La observación cuasirromántica se lee de pasada en el reportaje que Patricia Kolesnicov hizo sobre el escritor sabrá-dios-en-qué-año (no lo aclara) y que Ñ reimprimió en su edición número 500.

Esto me lleva a pensar que hasta hace poco era posible conservar manuscritos de los grandes autores. Además del valor afectivo, qué fascinante atestiguar sus tachones y dudas, el temblor de su pulso, el desarrollo del proceso creativo. Luego empezaron a escasear pero aparecieron las versiones mecanografiadas; también guardaban registro de las correcciones. Ahora que casi todos escribimos en computadora, me pregunto: ¿qué va a quedar para la añoranza? ¿El teclado en el que tal genio escribió su obra (sin contar con que, de ésta, sólo tendremos la última versión, inmaculada)? No me imagino ese reportaje en Ñ: en la casa tenían enmarcado en la pared «el disco duro que guardaba las novelas de José». Nada más impersonal.

El afán fetichista por coleccionar objetos de notables tendrá que buscar nuevos derroteros. Confieso que me da nostalgia anticipada.

Publicado por Julia Santibáñez

Me da por leer y escribir. Con alta frecuencia.

6 comentarios sobre “El disco duro de José Saramago

  1. La asociación automática me envía a una frase de Saramago en una entrevista que decía más o menos así: «no habrá lágrima capaz de emborronar la tinta de un correo electrónico». Esa nostalgia anticipada, tal vez se llame «saudade».

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  2. La cita de Triste Sina no pudo venir en mejor tiempo ni a mejor post, y como lo dices al final del texto «habrá que buscar nuevos derroteros», pero estoy seguro de que la magia de las letras, las ideas y lo que simbolizan siempre encontrará una manera de conservar la añoranza.
    Los tiempos cambian y es normal que las ideas también, no siempre es para mal; pienso que solo nos queda esperar y tratar por sobre todo de ser parte de ese cambio.

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    1. Sí, supongo que soné muy negativa con respecto al tema tecnológico y en realidad no lo soy. No me opongo a ello, uso mucho las redes sociales y este mismo texto lo publico en el ciberespacio, a través de mi blog. Es sólo que me imaginé el mundo en unos 50 años, ¡qué va a hacer sin manuscritos!

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