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Hay que quitarle al sexo el ‘deber ser’: Alma Delia Murillo

Alma Delia con su criatura
Alma Delia con su criatura

Tiene ojos que brillan y manos que hablan, una inteligencia desbordante, muchas lecturas y la intensidad de un explorador (¿un kamikaze?) bajo la piel de periodista. Cada sábado publica una leidísima columna en el periódico digital SinEmbargo.mx. Además, Editorial Planeta acaba de lanzar Las noches habitadas, su primera novela, que escribió como quien se lanza al vacío antes de revisar si lleva puesto el arnés. Lo hizo tan bien, que en el intento también creó cuatro personajes que respiran, cuatro mujeres creíblemente humanas. Y es que Magdalena, Carlota, Dalia y Claudia transitan la vida como si fuera la primera vez. Las cuatro padecen insomnio y las cuatro, en su relación consigo mismas y con los hombres, en el sexo, en el amor y el desamor, están aprendiendo a desvestirse de culpas, miedos y disimulos, para luego encontrarse en el espejo. Sus historias son honestas, miran de frente.

Aquí, la primera parte de la plática que tuve con Alma Delia para SoHo.

Algo vivo Soy una atascada de la condición humana. En la novela quise hablar del alma, explorar las contradicciones que todos tenemos. A ratos las cuatro protagonistas son encantadoras pero luego las odias, son solidarias y son unas cabronas, se divierten aunque también se azotan. Ésa era mi meta, crear algo vivo.

Somos este animal Las noches habitadas toca temas universales como la soledad, el deseo, la orfandad, pero también aborda temas específicos de la realidad mexicana de clase media y media alta, donde se vive un juego esquizoide. Hacia afuera todos aparentan estar bien, simulan todo el tiempo, pero en realidad están muy trastornados. Estas mujeres son la voz de ese segmento, se atreven a decir: por dentro somos este animal.

Renunciar al godinismo El libro surgió por idea de Gabriel Sandoval, director literario de Planeta. Él había leído mi columna en SinEmbargo y le gustaba. La primera vez que me reuní con él, yo llevaba unos cuentos como idea de lo que se me antojaba hacer. Le gustaron, pero dijo: “No, haz una novela”. Firmamos el contrato sin tener libro. Yo trabajaba todo el día en la industria de la moda, así que me lo aventé de noche, a ratos. Como tenía poco tiempo para escribir sentía mucha ansiedad. Pensaba: “Hay un contrato firmado, una fecha de entrega y no he escrito nada”. Casi me cuesta la cordura. Por fin en octubre pasado renuncié a mi trabajo, al godinismo, y me pude dedicar sólo a escribir. Entonces lo disfruté de verdad. Aunque la inseguridad siguió ahí.

Demasiado denso Si me pidieran hacer la crítica más dura de mi novela diría que es demasiado azotada, demasiado intensa, espesa. Que todo sea tan denso puede ser hartante.

Sexo sin “deber ser”
 En Las noches habitadas quise contar historias reales y no ideales. Quise quitarle al sexo el deber ser, creo que es necesario hacerlo. Por ejemplo, hay una historia de amor incestuoso (ojo, es de amor, no de abuso) y una relación lésbica que se disfruta mucho.

Reírse a solas De los siete a los 14 años viví en un internado de niñas. A los 19 me independicé y hasta ahora he postergado la maternidad, no sé si voy a ser madre. Es decir que llevo muchos años viviendo sola. Si bien la soledad tiene su lado cool y bohemio, también tiene un lado terrible. Para no enloquecer, el remedio ha sido reírme siempre. Me río mucho, de tonterías, cosas que pienso. Me gusta mucho correr y a veces de la nada me tengo que detener por un ataque de risa.

Lo primero que me dicen estas palabras…

¿Orfandad?
Todos

¿Sexo?
Libertad

¿Soledad?
Doloroso

¿Miedo?
Alimento

¿Fornicar?
¡Yeah!

(Primera de dos partes)

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo. Da click aquí para ir a la entrada original)

Borges y Sabato se sentaron un día a conversar

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Estuvieron distanciados casi 20 años, por diferencias políticas. “Inevitablemente, tanto uno como otro dijimos palabras quizá injustas”, diría Sabato. Un día del verano de 1975 se sentaron a conversar por invitación del periodista Alfredo Serra, de la revista Gente!, que publicó después la charla. La recupero gracias a que mi pareja, en Buenos Aires, comió con Serra, quien le contó el hecho y le compartió la liga de este texto largo, pero magistral. Aquí, destellos de la charla:

Borges: -La vida es soportable porque ocurre en tajadas. Uno se levanta, se afeita, desayuna. Va haciendo las cosas lentamente. Por eso la vida es menos espantosa…
Sabato: -Claro. Imagínese un hombre que se pasara toda la vida afeitándose. O diciendo “Buenos días”. Mucha gente supone que los hombres famosos nunca dicen “buenos días” o toman café con leche, como cualquiera. Si los ven tomar café con leche ya no creen en su fama. La gente parece ignorar que el hombre no siempre escribe El Quijote. A veces paga impuestos.

[…]

S.: -¿Cuál es la mejor traducción que usted conoce, Borges? La mejor traducción de cualquier cosa…
B.: -Es difícil…
S.: -Dicen que la Biblia es una gran traducción. Y Proust al inglés, también…
B.: -Es posible. Sin embargo, el traductor de Proust empezó mal. En busca del tiempo perdido no responde al original. Es una cita de Shakespeare.
S.: -Es cierto. Suena un poco absurdo.

[…]

S.: -Suele decirse: “Fulano domina varias lenguas“. Generalmente, uno no domina ni la de uno.
B.: -Más bien está dominado por ellas…

[…]

B.: -Si El Quijote fuera simplemente una sátira contra los libros de caballería, no sería El Quijote. Si al final, cuando termina la obra, el autor piensa que hizo lo que se propuso, la obra no vale nada […]
S.: -Ninguna obra de arte es moralizadora en el sentido edificante de la palabra. Sirven al hombre en un sentido más profundo, como sirven los sueños, que casi siempre son terribles…

Con estas palabras pujantes cierra su artículo el periodista: “No se habían propuesto urdir una charla memorable, ávida del mármol o del bronce […] Y ahora, al final de la nota, la tentación también es grande. Yo podría armar un final con laberintos, espejos, senderos que se bifurcan, ángeles exterminadores, Alejandras, ciegos. Mezclar la matemática y el caos. Pero no: callar exactamente aquí es rendir un homenaje a Borges, a Sabato. Es pedir con fervor que este epílogo sea apenas un prólogo. Es esperar que estos dos hombres hablen hasta el fin de los tiempos”. No hubo otra charla, pero esto es lo que llamo gran periodismo: tener un chispazo genial, hacer que suceda y, luego, ceder el protagonismo a las estrellas.

Link relacionado

Artículo completo: http://www.gente.com.ar/nota.php?ID=7022

Los libros dicen mucho de sus dueños

Aspecto de la biblioteca de Gabriel García Márquez (foto: Héctor Velasco)
Aspecto de la biblioteca de Gabriel García Márquez (foto: Héctor Velasco)

“¿Cómo es una buena biblioteca? Para mí es una colección personal, curada y única, una colección de libros que representan a quien los ha ido adquiriendo y cuidando”, sostiene Ausbert de Arce, representante en México de la editorial italiana Rizzoli, entrevistado por La revista (mayo 2013). Me hace sentido su respuesta. Estoy convencida de que los libros lo hacen a uno, lo construyen por dentro, de manera que lo que alguien ha leído revela mucho sobre esa persona. Lo decía el archicitado Borges: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito, yo me jacto de las que he leído”. Yo hablo mucho sobre mis libros. Me pregunto cuántas cosas dirán ellos de mí.

Reinventar el diccionario, reto diario

Screen shot 2013-07-02 at 10.35.21 AM“Cada proyecto [que creo] es una oportunidad de reinventar todo el vocabulario que he utilizado, un reto […]”, dice el arquitecto Manolo Mestre, entrevistado por la revista Casa Viva (junio 2013).

Un arquitecto es un artista que pone a dialogar el terreno, la construcción, la estética, y debe lograr que cada vez hablen de forma distinta (¿quién quiere que su casa sea igual a la del vecino?). Es similar a trabajar con palabras: en cada nuevo texto se pretende innovar el diccionario personal, evitar lo ya dicho, reformular la sintaxis, buscar un nuevo rostro de la musicalidad. ¿Quién quiere hacer un poema igual al anterior?

“Cuando hablo español soy otro”

20130624-054645.jpg“Cuando llegué a Estados Unidos perdí el español y de adulto dediqué un gran esfuerzo a intentar recuperarlo […] Para mí, hablar bien español ha sido una obsesión pero lo cierto es que mi español es mediocre, cosa que genera en mí un enorme sentimiento de culpa. Por otra parte, cuando hablo español soy otro, mi personalidad es distinta, más ligera”.

Junot Díaz, en entrevista con El País Semanal (28 de abril, 2013)

Nacido en República Dominicana y llegado a Estados Unidos a los nueve años, Díaz es Premio Pulitzer y una pluma reconocida de la literatura producida hoy en inglés. También es un hombre con la sensibilidad para percibir que una lengua es mucho más que un conjunto de palabras: es un estado de ánimo, una cultura, una resonancia de siglos. Como dijo alguna vez el poeta venezolano José Antonio Ramos Sucre: “Un idioma es el universo traducido a ese idioma”.

El disco duro de José Saramago

Imagen 1En la casa que el escritor portugués compartía con Pilar, su esposa, había “enmarcada en la pared, la primera hoja de la última novela que José escribió a máquina: Historia del cerco de Lisboa” (revista Ñ, 27 abril 2013). La observación cuasirromántica se lee de pasada en el reportaje que Patricia Kolesnicov hizo sobre el escritor sabrá-dios-en-qué-año (no lo aclara) y que Ñ reimprimió en su edición número 500.

Esto me lleva a pensar que hasta hace poco era posible conservar manuscritos de los grandes autores. Además del valor afectivo, qué fascinante atestiguar sus tachones y dudas, el temblor de su pulso, el desarrollo del proceso creativo. Luego empezaron a escasear pero aparecieron las versiones mecanografiadas; también guardaban registro de las correcciones. Ahora que casi todos escribimos en computadora, me pregunto: ¿qué va a quedar para la añoranza? ¿El teclado en el que tal genio escribió su obra (sin contar con que, de ésta, sólo tendremos la última versión, inmaculada)? No me imagino ese reportaje en Ñ: en la casa tenían enmarcado en la pared “el disco duro que guardaba las novelas de José”. Nada más impersonal.

El afán fetichista por coleccionar objetos de notables tendrá que buscar nuevos derroteros. Confieso que me da nostalgia anticipada.

Shakespear y el diseño (o por qué leer sirve para diseñar)

Imagen 1Un estudio de diseño que ha creado más de 1,600 marcas en su natal Argentina y fuera de ella (para la empresa británica Harrods, por ejemplo) tiene algo que decir sobre cómo crear un concepto gráfico eficaz. Bancos, nueces orgánicas, centros comerciales, librerías, equipos de futbol, vinos y señalizaciones urbanas lucen hoy la marca ideada por los creativos de Diseño Shakespear. Fundado por Ronald Shakespear (así se llama el tipo, lo juro), celebra 52 años de vida y para celebrarlo presenta una muestra en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.
Entrevistado por la revista mexicana La Tempestad a propósito de la exposición, el director del estudio señala: “La misión del diseño no es solamente solucionar problemas, es detectarlos, antes que nada […] la ‘oreja grande’ es imprescindible para escuchar a la gente, sus desvelos, sus sueños”. Entonces subraya respecto a la chatarra visual que padecemos: “se debe fundamentalmente a que muchos diseñadores leen poco y nada, privilegian la computadora sobre el libro”. Es decir que para comunicar a través de imágenes es necesario que detrás exista un conocimiento sobre el alma humana, sus deseos y necesidades… y para ello leer resulta indispensable.

Links relacionados
Entrevista a Ronald Shakespear en la revista La Tempestadhttp://latempestad.mx/ronald-shakespear-disenador-argentino-entrevista-exposicion

Sitio web de Diseño Shakespear: http://shakespearweb.com/

Jorge Drexler y yo nos damos de besos

Imagen 3“México y yo nos estamos conociendo. Me está regalando el beso de la primera cita, que es chiquito pero maravilloso, y cada vez es más grande. A ver adónde llegamos”, le dice el cantante uruguayo a la revista Gente (junio 2013). Por supuesto, se refiere a nuestra incipiente relación, es decir, a la que tenemos él y yo: lo conocí a través de “Polvo de estrellas”, la canción inspirada en el poema de Ernesto Cardenal y me cayó bien. Luego, fui con mi amiga Anavi a un concierto y no me cayó bien pero me gustó su música, sus letras. No le he oído nada nuevo pero aún llevo este beso en los labios: “[…] cuando duermo apareces/ y también cuando me callo./ Vienes siempre que te marchas/ acudes cuando te llamo./ Sueles estar en las calles/ si miro atrás, si me paro./ Cuando me quedo en silencio/ apareces siempre tú”.

Vamos a ver adónde llegamos él y yo (mientras tanto, debería confesarle que le dedico a mi pareja las canciones que él me escribe).

Las palabras (específicas) de Tarantino

Imagen 1“Hay algo en la forma de escribir de Quentin [Tarantino] que tiene que ver con las palabras específicas. No todas sus palabras son iguales, y menos la forma en que las combina. Es el sueño de todo actor tratar de envolver con estas palabras”.

-Christoph Waltz, actor, entrevistado por revista Esquire Latinoamérica (marzo, 2013)

Sin duda es monumental cuando alguien llega a manejarlas así.

“La vida es muy triste sin diccionarios”

Screen shot 2013-05-22 at 9.40.25 AMAsí de clarito lo dijo María Elena Walsh, autora argentina, al referirse a la relegada acción de abrir libros de consulta para ampliar el vocabulario. En entrevista para la revista Ñ, afirma que en las escuelas se han perdido actividades fundamentales como leer en voz alta, consultar diccionarios y memorizar algunas cosas. Dice que una vez tomó un taxi (remís en idioma argentino): “[…] el remisero me dijo: “¡Mire, qué suerte que la llevo porque hace veinte años que le quiero hacer una pregunta! ¿Qué quiere decir malaquita?”. En cualquier diccionario lo podía encontrar, pero veinte años le llevó sacarse la duda. ¡Pobre hombre! Es muy triste la vida sin diccionarios”.

Sí, a mí también me lo parece.

Link relacionado:

Entrevista con la autora http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Entrevista-Maria-Elena-Walsh_0_908909110.html

Ladrones que lean poesía

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“-¿Colecciona algo?

-No, lo que sí hay en mi casa son muchos libros, no hay ni dónde pararse ni sentarse, están en los libreros y en todos lados, ya no hallo dónde ponerlos, pero me encantan, cuando paso y veo el título de uno se me antoja releerlo. Si un ladrón entra en mi casa se va a decepcionar porque no hay absolutamente nada, sólo libros”.

Esto lo dijo la periodista mexicana Cristina Pacheco, entrevistada por la revista mexicana Gente! (mayo de 2013). Al estar casada con el ensayista, poeta y traductor José Emilio Pacheco, entre los dos tienen una biblioteca robusta, de las que causan comezón de dedos. Por eso le voy a proponer a Cristina un cuento: unos ladrones despistados descubren la poesía mientras buscan qué robar en su casa…

Encontrarme en verbos, adjetivos

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Tengo una propensión de siglos, una ebullición recurrente en las venas: es la urgencia por leer, por hallar palabras para armar sentidos, como si las generaciones que me habitan buscaran verbos y adjetivos dónde posarse para componer historias, paladear ecos, cadencias.

Desde hace muchos años no hay un día que no lea. Pasan por mi escáner libros, revistas, periódicos, blogs, sitios de Internet… todos o algunos cada jornada. La fiebre llega a tal absurdo que, sin darme cuenta, con frecuencia me veo leyendo la caja de unos chocolates, el panfleto recibido en la esquina. Creo que en el fondo está aquello de C.S. Lewis: “Leemos para saber que no estamos solos”.

Las infinitas posibilidades de un pliego

 

 

 

 

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En estricto sentido, un pliego común es una hoja grande de papel, que al ser doblada forma un cuadernillo de 16 páginas. Libros y revistas se componen de varios de ellos, por lo que el término es de uso corriente entre quienes trabajamos en el sector editorial. Por eso me fascinó descubrir, en una librería milanesa, una revista alucinante que se compone de solamente un pliego por edición.

 

Lo realmente notable no son sus menos de 20 páginas sino su concepto: cada número de Un Sedicesimo es una obra de arte independiente y plena en sí misma, creada por un diseñador distinto, al cual parece dársele carta abierta para hacer lo que le plazca en su edición. Es decir, algo así como una “galería en papel”. Un Sedicesimo no tiene un logotipo definido ni lineamientos de portada, tampoco un consejo de redacción. En muchos sentidos pareciera la anti-revista, pero es una ma-ra-vi-lla de publicación, que permite asomarse a lo mejor del diseño gráfico internacional. De periodicidad bimestral aunque irregular y nacida en diciembre de 2007, actualmente circula su número 29; cada edición cuesta cinco euros y también ofrece suscripciones. El genio que la lanzó y la cura es el editor italiano Pietro Corraini (este tipo se merece el Nobel de la creatividad).

 

Aquí dejo para el disfrute repetido algunas portadas y contraportadas de la revista, así como el link a su sitio.

 

http://www.corraini.com/sedici.php

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Comentarios a personajes del año

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El País Semanal recién publicó su edición de Los 100 protagonistas del mundo iberoamericano en 2012. Muchos nombres me son desconocidos y quiero saber más de esa gente extraordinaria. Va un botón:

1. Vanda Pignato, abogada, primera dama de El Salvador y promotora de Ciudad Mujer, iniciativa de centros de atención para mujeres en salud sexual y reproductiva, atención a violencia de género, autonomía económica (vaya, una primera dama que se niega a ser decorativa);

2. Joaquim Barbosa, juez brasileño que no tembló al poner en el banquillo de los acusados a miembros del partido de su mentor, Lula da Silva. Negro e hijo de un albañil y una mujer de limpieza, ha sido nombrado presidente del Tribunal Supremo (es decir, la justicia tiene esperanza);

3. Jon Sistiaga, periodista español que cubre desde minas antipersonales en Afganistán hasta el viacrucis de los migrantes en México y el inframundo argentino (o sea, como telón de fondo, la pasión por comunicar la experiencia humana);

4. Susana Trimarco, madre argentina que perdió una hija a manos de traficantes de mujeres, impulsora de la mayor iniciativa en contra de la trata en su país,  logró que se sancionara una ley al respecto (es decir, otra civil que pone en la agenda un tema que incomoda a los políticos).

Entre los mexicanos incluidos en la lista, comento algunos:

Enrique Peña Nieto, presidente: coincido con Krauze, autor de la ficha, en que esperamos decida ser el líder que el país necesita para resolver “los problemas que nos angustian: pobreza, falta de crecimiento, violencia” (añadiría: educación). Sigue: “No sé si será ese líder. Sólo sé que no tiene mucho tiempo para probarlo”. +1000

Mercedes de Vega, directora del Archivo Histórico Diplomático: encontró las cartas que miles de republicanos españoles enviaron durante la Guerra Civil a embajadas mexicanas pidiendo asilo. Qué gusto que abra las puertas a ese momento del mejor México.

Camilo Lara, director del proyecto musical Instituto Mexicano del Sonido: merece estar ahí por muchas cosas y por su enorme disco Político. Letras críticas como ésta son fundamentales: “Todos somos víctimas de un Estado confiscado/ Un gobierno involucrado en las ganancias del narco/ Es una nación podrida con la población herida”.

Julián Herbert, escritor: me gusta mucho como poeta (El nombre de esta casa) y su premiada novela Canción de tumba está entre mis pendientes inmediatos de lectura, pero desde ya aplaudo a un autor que fluye a contracorriente de grupos y padrinazgos. Ojalá su ejemplo cunda.

Marcela Turati, periodista: su iniciativa radica no sólo en dar noticias sino “en abrir ventanas de esperanza. Si no, las noticias sólo provocan horror e inmovilidad”. No la conozco pero anoto su nombre en mi memoria y sigo su iniciativa porque a mi país le urge esa visión.

Conectar con otros

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Increíble: recibo un mensaje directo en Facebook de una mujer que no conozco pero que, dice, sigue “extrañando la revista Psychologies y tus cartas editoriales que me hacían reflexionar sobre algún tema sensible”. A dos años del cierre de la revista su comentario me sorprende y lo agradezco en el alma. Como homenaje a esas cartas editoriales que eran mi diván personal reproduzco una de ellas, de julio de 2009, y que llevaba por título Conectar con otros:

“Estoy sentada en mi butaca, conmovida. La obra de teatro Un tranvía llamado deseo está por acabar. El personaje de Blanche Dubois, interpretado por la magnífica Diana Bracho, se desmorona frente a los espectadores. Ante lo cruel de la realidad que enfrenta, Blanche se refugia en su imaginación y así busca conservar su dignidad. Noto que me tiembla el labio inferior. El final es emotivo y cuando las luces se apagan rompo a llorar como magdalena. Quisiera encontrar a la verdadera Blanche, abrazarla, consolarla.

En los aplausos y hasta cuando me subo al auto sigo llorando. Es más, al llegar a mi casa aún moqueo. ¿Por qué? Más allá del personaje, la obra me hizo ponerme en el lugar de otra persona, real o no, cuyas emociones me cimbraron. Esto ocurrió hace muchos años (en 1996, para ser exacta) pero me acuerdo del volcán interno que me despertó. Creo que entendí lo que dijo hace siglos el autor romano Terencio: ‘Soy humano y nada de lo que es humano puede parecerme ajeno’.

El sufrimiento, la alegría, el enojo, la esperanza, los celos, la ternura… todo eso lo he sentido. Aunque cada uno escribe su historia y define ante qué circunstancias reacciona con una determinada emoción, cuando alguien dice ‘me duele la ausencia de mi madre’ o ‘estoy feliz de hacer ese viaje’ puedo conectarme con su experiencia. Si bien no sé exactamente cómo la vive, he pasado por algo similar.

En el fondo, las emociones nos hacen humanos y pintan de colores cada día. Además, nos permiten ser empáticos, entender a los demás, compartir mundos con ellos. Por eso, procuro asumir que en la vida toca alternar entre la espectadora que abraza con el corazón a quien llora y el personaje que muchas veces necesita un abrazo”.

Revistas hoy: dos posibles futuros

El mismo día me entero de dos noticias relativas al medio de las revistas, el cual amo y me da de comer hace lustros. Por un lado, tras 80 años de publicación Newsweek cierra operaciones en papel y en enero 2013 se vuelve un título solamente digital; por otro, T-Post, “la única revista ‘vestible'”, ofrece una suscripción gratis de prueba.

Ambos caminos dejan lecciones: Newsweek aligeró su línea editorial con el fin de captar más lectores y así cavó su tumba, pues traicionó a sus fans “duros” y tampoco captó nuevos. Diría mi mamá: “ni chicha ni limonada”, es decir, ni contenidos fuertes ni suaves, se quedó a mitad de la nada. Cambiar de línea editorial resulta de-li-ca-dí-si-mo, es como si la Coca-Cola tradicional de un día para otro supiera a vainilla. Si se quiere probar, como lo sabe el gigante refresquero, se lanza ooootra bebida con sabor a vainilla y se mide su éxito, pero no se compromete el producto central de la marca. En cuanto a T-Post, resulta difícil definir si es “una revista” pero sin duda está en sintonía con lo que muchos chavos buscan hoy: diseño, creatividad, personalización, compra por Internet y entrega en cualquier parte del mundo. Todo indica que está siendo un buen negocio. Está claro qué valores conviene perseguir.

Ahí van los links:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/18/actualidad/1350561313_324641.html

http://www.tpostmag.com/

Descubrir eso que llaman “sagrado”

La busqué con toda intención. En el mapa de París localicé “iglesia de San Eustaquio” (Saint Eustache). Cuando salgo de México intento conocer templos antiguos y perderme en ellos; sin esa escala, ningún viaje está completo. Además, en casa atesoro algunas piezas de arte sacro. No profeso credo alguno, de modo que siempre me expliqué mi afición por el lado artístico. Amo la mirada ingenua y ardorosa de muchas vírgenes, la delicadeza de los querubines en las iglesias barrocas, la elocuencia de las catedrales góticas. Este templo con orígenes en el siglo XII es una maravilla. Sentada en una banca, rodeada por veladoras y el sonido del órgano impresionante, me hundo en el instante, reconfortada. Salgo preguntándome el porqué.

Luego veo a mi querida amiga Claire, quien me regala un ejemplar de Psychologies, revista a la que me unen las entrañas. Ahí encuentro esto del filósofo Regis Debray: “Independientemente de connotaciones religiosas, lo sagrado está en todas partes porque nos es psicológicamente necesario… Crea un universo particular que nos permite regenerarnos, olvidar nuestra finitud y nuestra condición mortal, nos permite confrontarnos con una dimensión superior que rebasa lo cotidiano. (En su acepción laica) lo encontramos en el monumento en memoria del 11 de septiembre en Nueva York, en el cementerio Père Lachaise en París…”.

Sí, esa búsqueda espiritual y sed de trascendencia también explica mi pasión por las iglesias. A miles de kilómetros de casa lo descubro.

Curiosidades del mundo editorial (notas desde la trinchera)

Quien lo conoce desde dentro sabe que el mundillo de las revistas se cuece aparte (¿aparte de qué? ¿aparte de dónde? ¿de parte de quién?). Así, frases que en la vida cotidiana tienen un sentido, en los pasillos de una editorial adquieren otro significado, sin perder el original. Por ejemplo, decir “pero qué mala cabeza” tendría, al menos, las siguientes acepciones:
1. El juicio del interpelado es sumamente cuestionable.
2. El susodicho tiene un fenotipo poco agraciado.
3. El título dado a un artículo no le hace justicia al contenido.

Asimismo, que alguien comente “cambiamos la fuente por orden del jefe” puede leerse como:

1. El Cupido del patio, que escupía un chorro de agua, fue reemplazado en respuesta a la intransigencia del superior.
2. El área de diseño se vio obligada a elegir otra letra para el texto por idéntica razón.

Por otro lado, “volver a hacer la secundaria” es sinónimo de:
1. Revisitar las aulas de la educación media para obtener un certificado.
2. Escribir de nuevo la introducción de un artículo.

O escuchar decir a alguien con un respiro “por fin voy a quemar los discos” puede interpretarse como:
1. Los Cd’s del interfecto serán víctima inmediata de sus aficiones piromaniacas.
2. Se trata de un diseñador en cierre de edición, que ve asomarse el final del túnel pues está por grabar la revista para su envío a la imprenta.

En fin, supongo que esta polisemia contribuye a la conocida falta de cordura de quienes nos movemos gozosamente en este mar de significados.