La carne y las pesadillas

Henry Fuseli, Pesadilla (1781)
Henry Fuseli, Pesadilla (1781)

En el soberbio libro de ensayo Los disidentes del universo (Sexto Piso)Luigi Amara habla del pintor suizo Henry Fuseli, quien se indigestaba para crear: “cada noche, después de guardar un riguroso ayuno a lo largo del día, comía carne cruda ‘en aras de la obtención de sueños espléndidos’, lo cual, a juzgar por las obras resultantes, colmadas de apariciones, figuras extrañas y morbosos efectos nocturnos, conseguía no pocas veces, a expensas de la salud de su estómago”. En el caso de este lienzo monumental, impresionante,  el íncubo puede ser símbolo “del peso amorfo que sentía en el intestino”. Cuadro e historia me alucinan.

Estoy negada para los placeres de la carne animal. Desde la infancia, un corte grueso o una chuleta de cerdo me producen arcadas. Cuando los probé, me repelieron y aunque no recuerdo si tuve pesadillas me parecería apenas esperable, dado lo mal que me hicieron sentir. En cuanto a la carne humana, en efecto alguna indigesta, marchita, despierta espectros, deja el cuerpo adolorado y como triste. Otra, en cambio, genera sueños que alimentan por dentro, fantasías de dulzor único, visiones que humedecen los sentidos. Ahí sí, que viva la carne.

8 comentarios en “La carne y las pesadillas”

  1. Ése cuadro de Fuseli es maravilloso. Más que el íncubo siempre me sentí fascinado por el caballo que se asoma por entre las cortinas (aunque esas orejas no son, exactamente, las de un caballo). Como degustador de pesadillas (he dicho repetidas veces que prefiero las pesadillas a los sueños) creo que no es necesaria semejante dieta; pero vaya a saber qué era lo que inspiraba en sí al pintor. Tal vez no era la ingesta propiamente dicha, sino, como en tu caso, lo era el acto.
    Sea como fuere, bienvenidas las pesadillas.
    Sweet dreams, dear…

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    1. Pues sí, a saber qué pasaba por su mente y sus apetitos. Yo no me peleo para nada con los sueños ni con las pesadillas, es más, me gustan como vida alternativa. Me parece mágico ese otro mundo que ocurre mientras duermo y que parece suspendido por hilos invisibles, a la espera de que me asome a él.
      Y sí, dormí muy bien…

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