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Cinco indiscreciones de escritores

Foto: Shutterstock
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Devotos de las palabras, obsesivos de lecturas que les habitan la cabeza, 21 autores nacionales y extranjeros de novela, poesía, novela gráfica y entrevista nos dijeron si roban libros o no y qué harían si encontraran una bodega llena de ediciones pirata suyas, entre otras chuladas.

1. ¿En qué personaje te gustaría convertirte?

David Miklos En el Bartleby de Herman Melville, para decir: “Preferiría no hacerlo”.

Jorge Zepeda Patterson En Jon Stark, de Game of Thrones. Debe de ser padrísimo tener un lobo dentro.

Liniers En Sal Paradise de En el camino, de Kerouac. Lo leí a los 18 años, edad perfecta porque entonces representó la promesa de que al crecer yo podría viajar, tener mujeres, tomar drogas. En cambio, si lo lees a los 40 te recuerda todo lo que no hiciste.

Mónica Maristáin Yo, de hecho soy García Madero, de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.

Rogelio Guedea Casi soy Holden Caulfield, de El guardián entre el centeno, de Salinger. Como él, tuve una adolescencia loca, pero de gran ingenuidad.

Jorge F. Hernández En Ignatius J. Reilly, de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, para comer hot dogs en Nueva Orleans por el resto de mis días.

Jorge Alberto Gudiño En el Quijote, porque vive mezclando ficción y realidad.

Rowena Bali En Ada, de Ada o el ardor, de Nabokov; en Teresa, de Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé; en María, de Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll; en Antínoo, de Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar: todos ellos, por la forma como fueron amados.

  1. ¿Qué libro hubieras querido escribir?

Alberto Chimal La naranja mecánica, de Anthony Burgess. Es tremendo por la trama y el lenguaje y también por su célebre capítulo 21, que fue cortado tanto en muchas ediciones como en la película de Stanley Kubrik. Ahí, el protagonista se da cuenta de que está envejeciendo y debe incorporarse a la vida adulta. Es muy conmovedor.

Irvine Welsh El código Da Vinci, de Dan Brown. ¡Sería millonario!

Liniers Las uvas de la ira, de John Steinbeck. Es de los libros que no te hacen más culto, sino mejor persona.

David Miklos A Field Guide To Getting Lost, de Rebecca Solnit. Es un gran libro de ensayo.

Alberto Montt La Biblia. Sería putrimillonario, dirían que Dios me inspiró, podría acostarme con niños y todas esas cosas lindas que pasan en la Iglesia.

Laura García Océano mar, de Alessandro Baricco. Es de los libros que más me han hecho detener la lectura y quedarme pensando.

Gabriela Jáuregui El libro de cuentos Samuel Johnson Is Indignant, de Lydia Davis. Soy muy fan de ella.

  1. ¿Cuál es tu insulto preferido para otro escritor?

Laura Martínez Belli “Escribe como Paulo Coelho”.

Jorge Alberto Gudiño “Es un completo analfabeto”. Nos lo dijeron a mí y a mi editor.

Luigi Amara “Cacalibri”. Lo usaban los romanos para referirse a alguien que literalmente cagaba libros porque hacía muchos, todos descuidados.

Rocío Cerón “Es un autor menor”.

Gabriela Jáuregui “Que te chupe la falla lacaniana”. Es de Severo Sarduy, mi ídolo.

Alberto Chimal “Fementido, canalla”, del Quijote.

Laura García “Es un escritor ñoño”.

Paola Tinoco “Fulanito puede entrar a mi biblioteca, porque sé que no va a tocar los libros”.

José “Monero” Hernández Me fusilaría a Groucho Marx: “He leído un libro extraordinario. Y, ciertamente, no es el tuyo”.

4. ¿Cuál fue el primer libro que robaste?

Jorge F. Hernández Charlotte’s Web, de E. B. White, mientras estudiaba primaria en los Estados Unidos. Fui un gran ratero de libros hasta que mi maestro, Luis González, me dijo que no era honroso hacerlo si uno es un escritor publicado.

Rocío Cerón No lo hice, pero debería haberme quedado una primera edición de Blanco, de Octavio Paz.

Julio Trujillo He robado varios, entre ellos las cartas de José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, de la librería Tomo 17, que cerró hace años. En realidad pensaba pagarlo, pero en la caja había mucha gente y me desesperé, entonces me lo guardé e intenté salir. La dueña me gritó en público. No fue el primero, pero sí el último.

Irvine Welsh Docherty, de William McIlvanney, lo robé de una librería en Edinburgo. Tenía unos 13 años.

Alma Delia Murillo Era niña y vi en casa de una tía Colmillo blanco y El llamado de la selva, de Jack London, en una misma edición. No me aguanté.

  1. ¿Qué harías si encontraras una bodega con libros pirata tuyos?

Jorge F. Hernández Me pondría parche, perico al hombro y garfio. Luego repartiría todos gratis.

Irvine Welsh Diría: ¿por qué pierden tiempo en eso, si mis libros están tan baratos en Amazon?

Luigi Amara, Rowena Bali, Rocío Cerón, Alberto Chimal, Jorge Alberto Gudiño, José “Monero” Hernández, Liniers, Mónica Maristáin, Laura Martínez-Belli, Alma Delia Murillo, Julio Trujillo, Jorge Zepeda Me pondría feliz, porque significaría que se venden, que funcionan.

Alberto Montt Los vendería más baratos que la editorial. Sería la única forma de ganar plata con mis libros.

(Originalmente publicado en el suplemento Punto y comas, de periódico Sinembargo.  Da click aquí para ir al artículo completo).

#MiércolesDePoesía El poema, una sucesión de preguntas: Luigi Amara

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Luigi Amara. Foto: Sexto Piso

La imagen de una mujer de espaldas dispara la escritura. Puro pelo. Pura nuca. Puro gesto. ¿Por qué?

A partir de esta foto de Onésipe Aguado (ver abajo), el poeta mexicano Luigi Amara construye un largo poema inquisitivo con tufo a Holmes, Belascoarán o Marlowe, en el que busca dilucidar la identidad de la mujer y lleva el gesto hasta las últimas consecuencias. ¿Quién es? ¿Por qué de espaldas? ¿Qué historia esconde? “Aunque el libro maneja la búsqueda, la investigación, también acepta desde el comienzo que no va a llegar a nada. El título mismo habla de que es un intento destinado al fracaso: Nu)n(ca. Yo lo llamaría un poema detectivesco. Es un juego”, señala el autor en entrevista.

Ganador del Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña 2014 y publicado por Sexto Piso, Nun)n(ca es un libro hondo en la observación y a partes iguales en la imaginación, un amasijo de preguntas sin respuesta que va entretejiendo un discurso consistente, poblado de ecos de otros títulos de Amara, igualmente obsesivos. Aquí, fragmentos de lo que el poeta me dijo a propósito del libro.

LA FIEBRE SE DISPARA

“Me topé con la foto en una revista. Tiempo después me di cuenta de que seguía pensando en ella. Investigué un poco, me intrigaba saber que era muy antigua, de los orígenes de la fotografía, y además me parecía un enigma si el hecho de que la mujer apareciera de espaldas era una decisión del fotógrafo o de ella misma. Pero la fiebre realmente se disparó cuando vi la imagen en vivo, en el (museo) Metropolitan de Nueva York. Entonces empecé la investigación pormenorizada e hice apuntes, anoté ideas, preguntas. Al revisar la libreta me di cuenta de que ya tenía, de algún modo, poemas. Entonces decidí seguir en esa tónica”.

LO INQUIETANTE

“Cuando uno ve una imagen durante mucho tiempo la empieza a poblar de cosas, hace proyecciones. Me di cuenta de que entre las proyecciones que hice, quizá por el mundo de horror que vivimos en México, estaba la decapitación, es decir, ver la foto como si se tratara de un cuello para ser cercenado. De algún modo obvio, esa fotografía remite a la idea de la muerte, aunque no necesariamente a una ejecución. Pensar eso me inquietó”.

POEMA LARGO O CONJUNTO DE POEMAS

“La idea es poder leer el libro como si fuera un solo poema pero, al mismo tiempo, busqué que los apartados tuvieran autonomía, que se sostuvieran por sí mismos. Es una mezcla de fragmento y totalidad”.

LA POESÍA COMO PREGUNTA

“De algún modo, la poesía genera un cortocircuito en la comunicación. Cuando platicamos o escuchamos las noticias creemos que nos estamos comunicando bien, sin embargo, la poesía mete un ruido, interrumpe a partir de preguntas. En este caso, además de que el libro está lleno de interrogaciones, también me interesaba discutir de forma implícita la convención de qué es un pie de foto. Si ya es dudoso que una imagen pueda esclarecerse con una línea, yo quería hacer notar que tampoco basta una catarata de páginas para explicar una foto. Es decir, el pie de foto puede tener más de mil líneas y no llegar a nada.  No quise formular la pregunta, sino que se encarnara en el libro mismo”.

AUTOR OBSESIVO CONVOCA OBSESIONES

“El libro aborda una obsesión sin rostro, que de algún modo se va hacia el misterio. En él parto de la sospecha de que todo individuo tiene algún tipo de manía. La idea era jugar con esa obsesión que también tiene el otro, el lector. Quizá no es la misma que la mía, pero dado que tiene una, sabe de lo que estoy hablando. Siempre lo relaciono con el secreto: yo tengo un secreto, tú tienes uno también. Probablemente mi secreto no sea el tuyo, pero ambos sabemos lo que es tener uno. Por eso, el escritor se vuelve mucho más perspicaz cuando trabaja con la idea de que la idea de secreto es compartida”.

Para dejar a tono el #MiércolesDePoesía, comparto aquí uno de mis poemas favoritos de Nu)n(ca:

La primera vez que la vi pensé
esta mujer no puede ser
un monstruo:
no oculta sus facciones,
ostenta un ademán.
Quiere proponer un misterio
y hacerlo con la elegancia
de la desfachatez.

Posa con el atrevimiento del no
más elusivo:
parece que consiente
y al mismo tiempo descree
de lo frontal.

Dice que sí
pero no como lo imaginabas;
al borde del secreto de la nuca
ofrece el broche de un collar
que no podrás abrir.

Foto: Onésipe Aguado
Foto: Onésipe Aguado

Mis 25+1 libros de 2015

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Este año debo haber leído unos 65 títulos, sobre todo novela y poesía, además de cuento, diarios, humor gráfico, ensayo, crónica, cartas. El número no es lo importante, sino lo que me pasó con algunos, como dijo Proust (cito de memoria): “Al leer, cada lector se vuelve lector de sí mismo. El libro es el instrumento que le permite ver lo que, sin esas páginas, no hubiera visto de sí mismo”. Hoy caigo redondita en la tentación de compartir esta lista de los 25+1 que más disfruté, los libros que me hicieron el año, que me hicieron en el año. En otros casos me interesó el riesgo formal de su autor, su búsqueda fuera de la zona de confort. Al final, para qué escribir si no se busca ensanchar las fronteras de lo ya dicho.

Aunque no necesariamente fueron publicados en 2015, sí pasaron en estos 12 meses al anaquel de mis afectos cercanos.

CUENTO

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.36.241. Cavernas, de Luis Jorge Boone (Era). Lo leí por recomendación insistente de mi querido escritor Carlos Velázquez, así que de entrada ya sabía que me iba a topar con algo bueno. Y sí, es harto disfrutable la densidad narrativa de Boone, los inquietantes paisajes internos y externos que levanta con palabras echando mano de su vocación de (también) poeta, en los que vi reflejadas paranoias, alucinaciones. En especial tuve que detenerme varias veces para saborear “El jardín interior” y “Soñé que ayer era la bruma”.

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.37.562. Cuentos. Varia invención. Tomo I. Obras completas, de Francisco Tario. Edición y prólogo de Alejandro Toledo (FCE). Regalo de mi amigo José Luis Enciso, este libro del autor mexicano es de mis más grandes hallazgos literarios no sólo del año, sino de la década. Es un maldito loco. Un fantasma que hace guiños a Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, Max Aub y hasta Kafka y Borges, sin palidecer. Un master de las esdrújulas. Un demente del lenguaje preciso, puntual y rico (de riqueza y de suculencia).

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.40.233. Los atacantes, de Alberto Chimal (Páginas de espuma). En siete cuentos, el narrador mexicano ofrece un paseo por el frío de miedo que entra a través de la pantalla de la computadora o el celular, que pinta cada paso. Y los relatos también tienen humor. Negro, pero humor al fin. Me gusta la pluma de Chimal y sus no-ganas de quedarse quieto.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 21.45.514. Sam’s Confession, de Dania Castañón Santibáñez (Uranito). Una chica se planta ante los compañeros de escuela de su hermana para hablar con voz fuerte de palabras incómodas, como congruencia y aceptación. No sólo es un texto vibrante y bien escrito, hecho de emociones acendradas, sino que es el primer libro de mi adolescenta. Francamente, no me la acabo.

 

 

NOVELA

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.44.095. Cómo se hace una chica, de Caitlin Moran (Anagrama). Una adolescente inglesa aprende a construirse, ácida y lúdica, riéndose de sí misma y de los otros, con la valentía y la inconsciencia que dan los pocos años. Encuentra así la mejor defensa ante la realidad jodida. Moran escribe espléndidamente bien y logra eso que no es fácil: hacer reír desde la complicidad.

 

 

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6. El complot mongol, de Rafael Bernal (Joaquín Mortiz). Desde hace años tenía la deuda de leer este clásico de la novela negra mexicana, aparecida en 1969 y de extraordinario humor negro. Ahora no puedo ver igual la calle de Dolores, mientras el personaje de Filiberto García va conmigo a todas partes murmurando “¡Pinche tráfico!”, “¡Pinche gente!”.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.46.047. El mundo deslumbrante, de Siri Hustvedt (Anagrama). Recibido como regalo de mi entrañable Alma Delia, este libro de la autora norteamericana es una lupa de aumento aplicada sobre el arte, el amor, la diferencia de sexos, los celos, la familia, todo al mismo tiempo y sí, algo deformada. Una artista plástica, viuda de un magnate del arte, busca proyectar su obra. Como a nadie le interesa lo que haga una sesentona ella pacta con tres artistas jóvenes, Alter Egos que dan a conocer su trabajo. A ratos es de veras demoledora.

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.49.378. El pudor del pornógrafo, de Alan Pauls (Anagrama). Ésta, la primera novela del escritor argentino, cuenta una pasión amorosa que se deja ir en el desgarramiento (perdón por la redundancia). En segundo plano aborda la impotencia de quien escribe, quien quiere explicarse la vida con palabras y las encuentra pálidas, quien al volcarse en esa obsesión termina por desintegrarlo todo.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.52.469. Las noches habitadas, de Alma Delia Murillo (Planeta). Cuatro mujeres se hurgan las entrañas en esas horas en las que la luna todavía no se separa del amanecer. Rotas pero enteras, demenciales y tremendamente cotidianas se van haciendo en el camino, van descubriendo que la vida se arma a paso lento, con cadencia de prueba-error. Desde entonces me las he ido encontrando en muchos lugares y a veces en el espejo, siempre voraces, peligrosas fantásticas.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.28.0910. Lo que dijo Harriet, de Beryl Bainbridge (Impedimenta). Dos adolescentes se reencuentran en el verano de una localidad costera inglesa. En la exacta frontera inocencia-perversión se entretienen tratando de seducir al Zar, un hombre casado e inmoral que no imagina el poder destructivo de las niñas. Disfruté tanto la prosa tensa de Bainbridge, que al terminar el libro tuve que empezarlo de nuevo. Me mata su manera de dominar el lenguaje.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.55.0711. Pregúntale al polvo, de John Fante (Anagrama). El autor, quien fue para Bukowski “como un dios”, expone la historia de un aspirante a escritor que se regodea entre el deseo de grandeza, la violencia y el amor que incendia. Publicado en 1939, este libro llegó a mí como regalo de Roberto Jauregui, mi cómplice necesario. Es lo primero que conozco de Fante y ya me he dicho varias veces: ¿cómo podía andar por ahí sin haberlo leído?

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.57.2112. The Professor of Desire, de Philip Roth (Vintage Books). A partir de la historia amorosa de David Kapesh, Roth explora los resortes del deseo, contradictorios e inmanejables. ¿Por qué uno quiere estar con X y no con Y? ¿Por qué fantasea con la persona que no es la mejor opción, sino con quien tiene todo en contra? El hedonismo de Roth es “herido, irónico”, dice Kundera, y coincido. Es de lo poco que leí este año en inglés, pero me llenó la cabeza.

 

OTROS GÉNEROS 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.59.1613. Cartas, de Dylan Thomas (Ediciones de La Flor). Leo el libro (en edición inconseguible, por cierto) gracias al préstamo de mi entrañable Jaime. Me alucina la reflexión de Thomas sobre su trabajo poético, la claridad pasmosa con la que a los 20 años ya sabía que quería ser un escritor de los que trabajan en dirección a las palabras, no hacia afuera de ellas.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.01.1714. Diarios amorosos, de Anaïs Nin (Siruela). Los cuadernos de Anaïs me acompañaron durante varios meses, no por las casi 800 páginas del libro, sino por la trepidante densidad que a veces obliga a pedir una tregua de sus amores, la soledad urgente, el cuestionamiento vital, la creación. En muchos momentos me dice mejor de lo que puedo hacerlo yo misma.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.02.1915. El interior, de Martín Caparrós (Malpaso Ediciones). Durante ocho meses Caparrós recorrió la provincia argentina para poner en renglones la esencia de su tierra, si la hubiera. En el intento compuso esta road movie literaria que disfruté muchísimo por su combo de crónica, relato, poesía narrada, diálogos y monólogos pero, sobre todo, por su netez y por la indagación de nuevas formas de contar las cosas.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.04.2416. La ciudad que nos inventa. Crónicas de seis siglos, de Héctor de Mauleón (Cal y Arena). Textos breves de una ciudad, esta ciudad de México, poblada de caras y tiempos que se superponen, como un palimpsesto siempre en marcha. Riquísimo balance entre erudición e historia platicadita, vuelta cercana.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 21.02.0217. Contra los poetas, de Witold Gombrowicz (Tumbona Ediciones). En 1947, el autor polaco residente en Buenos Aires dictó ahí la conferencia titulada “Contra los poetas”. En ella se burlaba de sus colegas solemnes, del lenguaje demasiado profundo, grandioso, elevado. Por supuesto, la provocación sacó ámpulas. Es grandiosa su comparación del poema y el azúcar: en estado puro (“en exceso”) ninguna se soporta.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.07.2618. Solsticio de infarto, de Jorge F. Hernández (Almadía). Compendio de las mejores columnas de Hernández, quien a su vez es de las mejores plumas de México, más una selección de dibujos de sus libretas. Adoro su lucidez e ironía.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.08.4719. Uncle Bill, de BEF (Sexto Piso). Desde su doble trinchera de ilustrador y novelista, el enorme BEF entreteje la estancia de William S. Burroughs en México con su propia obsesión con el personaje. No es un libro de monos, es una novela gráfica ambiciosa que no se conforma. Y eso cómo se agradece.

 

 

POESÍA

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.23.0820. Contratono, de María Gómez Lara (Visor de poesía). La escritora colombiana malabarea el desconcierto diario y la sensación de estar perdida, juega a buscar el Norte y mientras tanto explora maneras de plantarse de nuevo en el mundo a través de la poesía. Es cierto que el libro, ganador del Premio Loewe a la Creación Joven, incluye algunos poemas flojos, pero otros son realmente espléndidos.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.26.3921. Japanese Death Poems. Written By Zen Monks And Haiku Poets on the Verge of Death, compilado por Yoel Hoffmann (Tuttle Publishing). Esta antología incluye perlas escogidas de esa tradición japonesa milenaria de escribir poemas en el lecho de muerte. Delicadísimos, casi un suspiro, muchos son de una belleza insuperable en su concreción.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.22.3422. La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave (Sexto Piso). Mientras andaba de gira con su grupo The Bad Seeds, el cantante australiano dialogó con el amor que exhala azufre, platicó con sus vampiros más oscuros y escribió de ello en las bolsas para mareo de los aviones. El libro es una suerte de largo poema narrativo armado de impresiones, pesadillas, recuerdos, letras de canciones, estribillos. “En toda historia de amor encontrarás un dragón asesinado”, dice en alguna página. Ay.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.27.1923. Me llamo Hokusai, de Christian Peña (INBA/Instituto de Cultura de Aguascalientes/Fondo de Cultura Económica). Es un libro multitonal, armado de cinco poemas extensos donde predomina el agua. La voz del poeta se ahoga, flota, jadea, hace como que va a resucitar y luego empieza de nuevo. Ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2014, a sus 30 años Peña transpira riesgo. Carajo, qué gusto da.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.26.5924. Nu)n(ca, de Luigi Amara (Sexto Piso). A partir de la foto de una mujer de espaldas, tomada en 1892, el poeta mexicano arma un largo poema detectivesco compuesto por varios textos breves, que se sostienen de manera autónoma. Así va tejiendo pistas de quién pudo ser la modelo, por qué aparece de espaldas, qué esconde el gesto. Bastardo de la poesía, el ensayo y la novela negra, el libro es una especie de largo “pie de foto”.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.16.1325. Pizca de sal, de Alejandra Díaz-Ortiz (Trama editorial). La escritora mexicana radicada en España se mueve a caballo entre el poema en prosa y la prosa poética, entre el epigrama y el destello de humor. Así retrata los muchos tonos de la experiencia amorosa. Encontré el libro por casualidad en una librería de Bogotá, lo traje a casa y ya me ha acompañado en varios insomnios.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.27.34+1. Yo casi siempre duermo. Antología poética, de Patrizia Cavalli. Selección, traducción y prólogo de Fabio Morábito (UNAM). No sé cómo lo logra, pero la autora italiana pone a convivir las más rutinarias de las palabras con la inestabilidad que raya en el delirio. Sus poemas parten de la pereza que es natural a la poesía: “el poeta omite, recorta, deshidrata y oculta, dejando el lenguaje en su hueso”, dice Morábito en el prólogo. Y sí. La pluma de Cavalli, luminosa tan como sin esfuerzo, ya es de mis favoritas.

#MiércolesDePoesía Cantarle a un hombro

Fotografía: Onésipe Aguado, "Mujer vista de espaldas", 1862. The Metropolitan Museum of Art
Foto: Onésipe Aguado, Mujer vista de espaldas, 1862. The Metropolitan Museum of Art

Esta imagen, tan como si nada, excita la imaginación. Provoca imágenes inconexas, que tratan de explicar el gesto. Quién es la mujer que espaldea al mundo, por qué no el rostro, a cuenta de qué el hombro descubierto, qué ese broche del collar, cómo el orgullo o la vergüenza, dónde los ojos, cuándo el presagio.

El escritor y editor mexicano Luigi Amara se plantó frente a esta foto y le hizo preguntas. Las probables respuestas, como un coro de monólogos, se convirtieron en el libro NU)N(CA, con el que ganó el Premio Internacional Manuel Acuña de Poesía 2014. Cada poema es pleno en sí mismo, pero también integra el ensamble vocal que explora posibilidades y se pierde un rato en ellas. ¿Una geisha? ¿Una mulata? ¿Una viuda? Luego vuelve al centro, para recomenzar. NU)N(CA es un libro redondo, espléndido, una suerte de coro imaginativo e intemporal hecho de murmullos, de acentos. Lo acaba de publicar Sexto Piso y mañana se presenta a las 19:30h en Ayuntamiento 141, Centro, en el D.F. De él tomo este poema delicioso, que da tono al #MiércolesDePoesía.

Como si esa porción fugaz, marciana

de la piel

la hubiéramos entrevisto

a la salida del teatro

o en la cola para subir al metro

y el mundo se hubiera detenido

desde entonces,

dejándonos sin brújula, sin sueño,

sin una idea clara de a dónde

o qué habíamos sido,

con la lengua temblando,

casi mudos,

y sólo importara darle alcance,

perseguir esa visión dorsal,

sonámbulos y abstrusos

—como un Ahab terrestre

tras la ballena blanca

de aquel hombro.

 

Por qué el mundo necesita a los “raros”

Imagen 1

Los biógrafos de artistas encumbrados suelen construir una imagen sublime de las últimas palabras de aquellos, por ejemplo, el “¡Más luz!” de Goethe o el “Dios ayude a mi pobre alma”, atribuido a Allan Poe. Inconforme con esas versiones oficiales, Johannes Richter se dedicó a desmitificar esas imágenes grabadas en mármol. “Detractor de los aforismos de último minuto”, desentrañó las estampas torpes o espontáneas de muertos célebres, como el “¡Mierda!” que dicen que dijo Walt Whitman. Así ofreció una imagen más prosaica (y humana) de los iconos del arte, aunque hoy nadie lo recuerda.

Envidio a Richter y su oficio apasionante. ¿Que si existió? Qué más da. Luigi Amara lo trae a la vida en este experimento sobre seres estrambóticos que cuestionaron la uniformidad y a partir de aficiones descabelladas fueron considerados “raros”. Los disidentes del universo (Sexto Piso) es un compendio de ensayos irrepetibles que presenta las motivaciones del esposo de mujeres lobo, del poeta que literalmente se alimentaba de libros, de un hacedor de colas y del eunuco más sexualmente activo, entre otros. De intención lúdica y crítica, me deja pensando en la necesidad social de seres tales, que desestabilizan el mundo al iluminarlo desde otro ángulo: el del desafío a la norma. Al desdoblar algunas de las muchas opciones fuera del sistema, el volumen deja un sabor a menta al recordar que sí, que la verdadera heterodoxia es posible.

Cómo se agradece un libro así.

La carne y las pesadillas

Henry Fuseli, Pesadilla (1781)
Henry Fuseli, Pesadilla (1781)

En el soberbio libro de ensayo Los disidentes del universo (Sexto Piso)Luigi Amara habla del pintor suizo Henry Fuseli, quien se indigestaba para crear: “cada noche, después de guardar un riguroso ayuno a lo largo del día, comía carne cruda ‘en aras de la obtención de sueños espléndidos’, lo cual, a juzgar por las obras resultantes, colmadas de apariciones, figuras extrañas y morbosos efectos nocturnos, conseguía no pocas veces, a expensas de la salud de su estómago”. En el caso de este lienzo monumental, impresionante,  el íncubo puede ser símbolo “del peso amorfo que sentía en el intestino”. Cuadro e historia me alucinan.

Estoy negada para los placeres de la carne animal. Desde la infancia, un corte grueso o una chuleta de cerdo me producen arcadas. Cuando los probé, me repelieron y aunque no recuerdo si tuve pesadillas me parecería apenas esperable, dado lo mal que me hicieron sentir. En cuanto a la carne humana, en efecto alguna indigesta, marchita, despierta espectros, deja el cuerpo adolorado y como triste. Otra, en cambio, genera sueños que alimentan por dentro, fantasías de dulzor único, visiones que humedecen los sentidos. Ahí sí, que viva la carne.