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Leer el Quijote por puro placer desaforado

Imagen: Antonio de la Gándara, La Déclamation de Don Quichotte à Sancho Panza, c. 1912
Imagen: Antonio de la Gándara, La Déclamation de Don Quichotte à Sancho Panza, c. 1912

Me encanta esta pintura de don Quijote y Sancho vestidos de civil, rodeados de libros, los mismos que disparan la acción de la novela y son excusa para presentar a dos de los personajes más entrañables de la literatura universal: el loco cincuentón, “seco de carnes”, lector incontinente de libros de caballerías y que por ellos llega a fundir realidad y ficción, y su escudero, un campesino regordete montado en un burro, ocurrente, tramposo y sin pelos en la lengua.

Por aquí una bola de adictos a los libros decidimos hincarle el diente a Don Quijote de la Mancha por el puro gusto, nomás por sibaritas de las letras. La idea es hablar de este clásico desde la propia experiencia lectora, no de oídas. Si alguien lo termina para el 23 de abril que se celebran 400 años de la muerte de Cervantes, genial. Si no lo acaba para entonces pero lo está saboreando como un postre exquisito, genial también. En una suerte de declaración de principios, el asunto es volver a las raíces: el disfrute de la lectura. No hay más, pero tampoco menos.

Lo que propongo es subir cada jueves al blog una entrada sobre el Quijote. La idea es comentar pasajes, compartir enlaces de interés, discutir temas, reírnos en coro desde aquí y también desde todos los blogs que quieran participar. Y, por supuesto, se recibe toda propuesta para enriquecer la lectura. Aquí los nombres de quienes hasta ahorita hemos dicho que queremos perdernos un rato cada día en la llanura, donde hidalgo y escudero enmiendan sinrazones:

  1. Alberto Diéguez Blog: http://www.desafectos.wordpress.com
  2. Alberto Reyes
  3. Alexander
  4. Alida Pérez @salaida
  5. Alma Delia Murillo @AlmaDeliaMC
  6. Borgeano Blog: http://www.elblogdearena.wordpress.com
  7. Camarero Blog: http://www.juliocesarsrg.wordpress.com
  8. Carlos Carranza
  9. Cristina Liceaga Blog: http://www.cristinaliceaga.com
  10. Elena Díaz de León @chelen_dlz
  11. Enrique Soto @quico70
  12. Gabriela Cervera @gcerveravalee
  13. Gerardo Cárdenas Blog: http://www.gerardo1313.wordpress.com
  14. Héctor Rodríguez @leonRod79
  15. Jairo Zambrano Blog: http://www.notasuelta.wordpress.com
  16. Jorge Murillo @georgemurillo
  17. Julia Santibáñez Blog: http://www.palabrasaflordepiel.com
  18. Laura Morán Iglesas Blog: http://www.lauramoraniglesias.com
  19. Maira @mai_baudouin
  20. María Rosas
  21. Mariana Pineda
  22. Pedro Saad
  23. Ricardo Ruiz
  24. Vate Lechuza vatelechuza.wordpress.com

Ojalá te sumes, que seamos un bolón de lectores fascinados y divertidos por ese hijo de la pluma de Cervantes. Para arrancar dejo esto, de Vargas Llosa: “El gran tema de Don Quijote de la Mancha es la ficción, su razón de ser, y la manera como ella, al infiltrarse en la vida, la va moldeando, transformando. […] Se lanza en busca de unas aventuras que vivirá de manera paródica, provocando y padeciendo pequeñas catástrofes. Él no saca de esas malas experiencias una lección de realismo. Con la inconmovible fe de los fanáticos, atribuye a malvados encantadores que sus hazañas tornen siempre a desnaturalizarse y convertirse en farsas. Al final, termina por salirse con la suya”. Me gusta esta lectura de don Quijote como contaminador del mundo, como desrealizador de la realidad.

Así, doy por inaugurada la lectura colectiva del Quijote, el que “se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas fanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber de ellos” (Parte I, Cap. I). Te invito a que compartas en los comentarios un pasaje que te guste en especial.

A andar, pues.

 

 

Lo que hago de puro insatisfecha que soy

Ilustración: Marcelo Escobar
Ilustración: Marcelo Escobar

“Es evidente que sólo viajamos los insatisfechos. Los satisfechos se quedan en su casa gozando de la satisfacción de lo que tienen. Los que viajamos somos los que pensamos que nos falta algo. Alguna vez, si me sale, escribiré el elogio del insatisfecho injustamente denostado y su muy justa queja”, dice Martín Caparrós en El Interior, que Malpaso Ediciones acaba de publicar en México.

Recién lo terminé. Ya intentaré escribir algo (“si me sale”) sobre este necesario libro de viaje, sobre su estructura desestructurante, sobre sus muchos hilos que tejen un mismo tapete con las texturas de crónica, ensayo, diario, cuento, poema, anuncio publicitario, chisme y chiste. De momento dejo esta perlita que me explica porqué me gusta tanto viajar: por puritita insatisfacción. Y añado: supongo que escribo por lo mismo. ¿Alguien no?

PD Para la Playlist colectiva, la pregunta es: ¿qué canción oyes cuando estás triste? Si quieres participar, sólo añade tu propuesta en los comentarios.

Heredar el gen de la lujuria y dejar todo para ser escritora: Alma Delia Murillo

Alma Delia Murillo
Alma Delia Murillo

En una de sus columnas sabatinas en SinEmbargo.mx, llamada “Manifiesto de la risa”, apunta: “Reírse es todo en la vida, carajo […] A enseñar la mazorca, que aquello de calladito me veo más bonito es una tremenda falacia. La cosa, como yo me la sé, es así: a carcajadas se invoca la belleza”. Qué chulada. Para qué digo que no: cada semana la leo o, lo que es lo mismo, me declaro devota de su pluma afilada, con la que cotidianamente retrata asombros, disecciona humores y propone nuevos caminos a la emoción. Pues dado que con esa misma pluma Alma Delia Murillo escribió Las noches habitadas, su primera novela, me era obligado leerla.

Recientemente publicada por Editorial Planeta, combina por igual profundidad y frescura para presentar a cuatro mujeres que luchan cada noche para dormir de corridito. Pero eso es lo de menos. Lo de más es que batallan cada día para ser quienes son, quitarse caretas y empezar a vivirse de adentro hacia afuera. Platiqué con Alma Delia sobre el proceso de escritura de la novela, los fragmentos de piel que dejó en ella y lo que les diría a Dalia, Claudia, Magdalena y Carlota, las cuatro protagonistas, si se sentara a platicar con ellas. Aquí, lo que dijo. (Si quieres leer la primera parte de la entrevista, da click aquí).

Moda Estuve 20 años trabajando en la industria de la moda, llevaba el área de mercadotecnia digital de Nine West y Camper. Mis jefes eran extraordinarios, pero ahí viví rodeada de muchas mujeres ambiciosas a morir y con un rollo fuertísimo de competencia por el poder. En ellas me inspiré para moldear a una de las mujeres de la novela, Magdalena, cuyo vicio de carácter se vuelve su tragedia.

El gen de la lujuria Mi abuela, doña Paz, era partera. Conviví mucho con ella. Ella me trajo al mundo y me cortó el ombligo. Era un tremendo personaje. Se escapó del convento como a los 14 años y se casó con mi abuelo. Cuando él murió tuvo otro marido y luego otro más. Era muy burlona, ácida, dura. Si le decías: “Vamos a la calle”, te contestaba: “¿A qué van? ¿A que les vean lo pendejo?”. Además era lujuriosa. Por un error mío no se incluyó en la novela mi hoja de agradecimientos, que decía: “Gracias a mi abuela, doña Paz, por el gen de la lujuria”.

Una historia más honesta Perdí una primera versión de la novela. Fue en 2013, justo el día en que murió doña Paz. Yo estaba en Tepoztlán, así que mi pareja y yo nos regresamos al DF al velorio, pero antes de llegar nos paramos a comer. Le dieron un cristalazo a la camioneta y se robaron mi computadora. Llevaba más de la mitad de la historia y, aunque suene increíble, no la tenía respaldada ni tenía versión impresa. Perdí todo. En el fondo no creía que fuera un buen texto. Esa primera versión tenía los mismos cuatro personajes, pero era más pudorosa. Cuando me senté a escribir por segunda vez decidí que no me iba a poner ningún bozal. Creo que quedó algo más honesto.

Ser escritora Yo moví todas las piezas de mi vida para dedicarme a escribir, incluso terminé una relación maravillosa, de ocho años, porque él se fue a vivir a la selva. Yo no quise irme, quería intentar ser escritora. Esta novela es mi propia migración de identidad.

Lector ideal Con toda la ambición asquerosa digo que me encantaría que Karl Ove Knausgard leyera mi novela. Y también Francisco Goldman.

Fan de poetas Siempre tengo algún libro de poesía junto a mi cama, cada mañana leo algo. Es el género que cura más que ningún otro, exorciza el alma. Soy muy fan de Gonzalo Rojas. También leo a Tomás Segovia, Ginsberg, Lorca, Villaurrutia y Sor Juana.

Conversar con los personajes 

Carlota, de 16 años, dice en un momento de la novela: “Sí me gusta la vida. Sólo tengo que entender un poco mejor de qué se trata”. ¿Qué le diría si la tuviera enfrente? Algo como: ¡Chiquita! Espérate, sigue, ya te vas a enterar. Lo que es horrible seguirá horrible, pero te falta descubrir lo maravilloso.

En otro fragmento, Carlota se queja: “Mi cuerpo es el peor lugar del universo y no me queda más que habitarlo”. Le contestaría: Hay que aprender a convivir con eso. No creo que nadie tenga una maestría en Acepto y amo mi cuerpo, o a lo mejor sí, a lo mejor lo vamos a aprender con lo que nos falta por vivir. Por cierto que hace poco, en una comida, coincidí con varias mujeres de alrededor de 80 años. Les pregunté de qué se arrepentían y una de ellas, italo-mexicana, bellísima, me dijo: ‘Debí de haber comido más, bebido más, angustiarme menos por cómo me veía”. A mis 37 años no puedo responderte a ti, de 16, pero una mujer de 60 u 80 quizá sí tiene la respuesta.

Dalia, hundida en un amor transgresor, confiesa en la novela: “El amor y la familia, eso que la gente llama refugio, para mí son cianuro”. Lo que le diría es: No eres la única. La familia es el origen de los demonios de todos. Es más, las peores guerras del mundo nacieron en el corazón de un hijo odiando a su padre.

Obsesionada por los celos, Claudia se pregunta: “¿Por qué las familias se relacionan tan por encima y no se cuentan las cosas verdaderamente importantes?” Le contestaría: Porque hablar de lo verdaderamente importante es muy doloroso. Dolería muchisísimo sentarte frente a tu papá o tu mamá o tus hermanos y hablar de eso que todas las familias llevamos toda la vida escondiendo.

Palabras que hierven de segundos sentidos, terceros y cuartos

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Hoy hace cinco años moría José Saramago.

Me asumo animal de costumbres y animal de cursilerías. Por tanto, es natural que me gusten los rituales cursis. La fecha me da excusa para practicar uno, por cierto, de mis favoritos: rendir mínimo homenaje a un autor releyéndolo en el aniversario de su muerte. Voy a mi biblioteca, tomo uno de los libros del escritor portugués y busco alguna esquina que doblé con intención. Esa página rendida sobre sí misma dice que ahí encontré un diamante. Leo el subrayado: “Al contrario de lo que se cree, sentido y significado nunca han sido lo mismo, el significado se queda aquí, es directo, literal, explícito, cerrado en sí mismo, unívoco, podríamos decir, mientras que el sentido no es capaz de permanecer quieto, hierve de segundos sentidos, terceros y cuartos, de direcciones radiales que se van dividiendo y subdividiendo en ramas y ramajes hasta que se pierden de vista […]”. -José Saramago, Todos los nombres (Punto de lectura).

Hoy hace cinco años moría José Saramago.

PD Viramo comparte este enlace a la voz de Misia cantando un texto de Saramago escrito para ella. Salud. https://youtu.be/p0eGKGoY_hw

#MiércolesDePoesía Porque la vida es demasiado simple

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Amanezco machacando una línea de Martín Caparrós en El interior (Malpaso): “La vida se hace todos los días”. Y sí, no es tan complicado. Las plantas lo saben, lo practican. Esta mañana que no termina de ser me abrazo a este poema del mexicano Alejandro Aura que corre en la misma línea y dice lo que quiero sea un mantra en este #MiércolesDePoesía:

“Lo que tengo pensado hace ya tiempo
es que la vida es demasiado simple,
que no vale la pena hacer tanta alharaca;
te pones a pasar los años,
haces lo que querías hacer,
cuando te den ganas de llorar, pues lloras;
si puedes te enamoras y si no, pues no:
y te vas así esperando,
sin demasiada vanidad,
a que te toque”.

-Alejandro Aura, “Un muchacho que puede amar”, Antología general de la poesía mexicana, Volumen 1 (Océano)

#LunesDeMonos Cómo reírse de escritores y lectores durante 200 días

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En este #LunesDeMonos no propongo un cartón, sino una espléndida colección de cartones.

Desde su creación, en 1925, la revista The New Yorker estableció una indiscutible tradición de publicar buen humor gráfico (bueno en el sentido de “eficaz, que hace reír”, no en la bostezante acepción moralina). En especial me alegra que uno de sus temas recurrentes sean los libros, los escribidores y también sus cómplices perfectos: los leedores. Y esto no sorprende, dada la vocación literaria de la publicación por cuyas páginas han desfilado autores de primer nivel (Ernest Hemingway, John Updike y Julian Barnes, entre ellos) y han aparecido textos que se han convertido en referente de las letras contemporáneas.

Pues la excelente noticia es que ahora llega a mis manos una compilación de casi 200 cartones librescos titulada Los libros en The New Yorker. Están divididos en cuatro categorías: Autores, Editores, Lectores, Libreros. O sea, la crema y nata del mundillo literario. Publicado por la editorial española Libros del asteroide (qué nombre más musical se fueron a poner) y distribuida en México por los amigos de Sexto Piso, es un deleite de principio a fin. Hay sarcasmo, guiños de complicidad, travesura, humor negro. Además, la traducción (a cargo de Miguel Aguayo) está bien lograda. Ahí está el escritor que le dice a su hijita que ya está acostada: “Ahora cierra los ojos y duérmete o papá te leerá un poco más de su novela”. Y el tipo que, tratando de ligar a una mujer que lee en el parque, se adelanta: “¡Qué coincidencia! Estás leyendo el mismo libro que yo pensaba leer”. Y también el editor que le dice a un autor sobre manuscrito: “Como novela no funciona, pero nos gustaría publicarlo como calendario de mesa”.

Es humor en serio, es decir, ingenioso, divertidísimo, agudo. No sé cómo no había salido antes, pero qué bueno que ya existe.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

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¿Qué personaje te hubiera gustado ser?

Dibujo: M. C. Escher
Dibujo: M. C. Escher

Con la excusa de la Feria del Libro de Madrid, el periódico ABC le hizo esa pregunta a 24 escritores de diversas generaciones. Y también les pidió responder: ¿en qué novela te gustaría vivir? El ejercicio me recordó las #Tuitentrevistas que hemos hecho en SoHo, donde por Twitter les formulamos una pregunta distinta a varios escritores y contrastamos sus respuestas. Da click aquí para ir a una de ellas y consulta el número 4 de SoHo para la #Tuitentrevista que hicimos en la FIL 2013.

Lo le dijeron los autores al ABC va de lo divertido a lo fantasioso y aterriza en lo entrañable. Porque sí, quienes amamos los libros solemos entendernos con un personaje, al que a partir de la lectura llevamos a todas partes entre la ropa y cuyos lentes nos ponemos con frecuencia para ver el mundo. O descubrimos que desde el principio los teníamos puestos. Como lectora obsesiva no me aguanto las ganas de contestar: el personaje que me hubiera gustado ser es Beatriz Viterbo (claro, antes de morir), del cuento “El Aleph” de Borges, para tener siempre a mi alcance un Aleph, “donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. Y la novela en la que me gustaría vivir es Peter Pan, de James Matthew Barrie, con su mezcla poderosa de fantasía y atmósfera fiera.

Aquí van algunas de las respuestas que dieron los escritores preguntados. A varios no los conozco, así que me limito a poner mis respuestas favoritas de los que viven en mis libreros (perdón, no se me antoja citar a alguien de quien no he leído ni una línea).

¿Qué personaje te hubiera gustado ser?

 

Rodrigo Fresán “Muchos. Calculo que hay diferentes personajes para diferentes edades físicas o épocas psicológicas de cada uno. Pero puesto a quedarme con uno me quedo con el que abarca diferentes edades y épocas: el Billy Pilgrim de Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut”.­

Leila Guerriero “Tengo la leve sensación de haber respondido alguna vez esta pregunta y haber dicho ‘Ninguno’. Y lo primero que pienso es eso –’ninguno’-, supongo que porque los personajes de las novelas que más me gustan son personas bastante torturadas o complejas. Pero, obligada a escoger, querría ser algo bastante obvio: un personaje de alguna novela de aventuras, de esos capaces de destripar un lobo y dos mamuts antes del desayuno, de vérselas con una tormenta en alta mar, gente viajera e indómita capaz de no asustarse con lo peligroso y lo inesperado”.

Juan Gabriel Vázquez “Probablemente, Marlow, el narrador de las novelas de Conrad. Ver lo que ha visto, vivir lo que ha vivido, y además contarlo tan bien…”.

Enrique Vila-Matas “Alguien parecido a Nick Carraway, el narrador de El gran Gatsby. Me fascina ese momento en el que hablando de una de las fiestas de su vecino, Nick escribe: ‘A mí me habían invitado de verdad'”.

Juan Marsé “El joven Jim Hawkins o el pirata John Long Silver de La isla del tesoro, cualquiera de los dos”.

Santiago Roncagliolo “Me habría encantado ser un cazador de vampiros en Drácula, de Bram Stoker. Pero también me habría sentido bien en cualquier cuento de Edgar Allan Poe. Me encantan las historias góticas y terroríficas. Solo pediría no morir al final”.

Agustín Fernández-Mallo “Gregor Samsa. En primer lugar porque este año se cumplen 100 años de la edición de La metamorfosis y el bueno de Samsa sigue tan vivo e interesante como siempre. En segundo lugar porque siempre he pensado que oculta algo, no nos lo ha contado todo. El gran secreto de la literatura del siglo XX y lo que llevamos de XXI”.

 

¿En qué novela te hubiera gustado vivir?

 

Luna Miguel “Si tuviera que pasar una temporada en algún lado lo haría en Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, y, probablemente, me enamoraría mucho y de manera desmedida del poeta García Madero. También me gustaría darle un abrazo a las Font, y beber con todos esos poetas mexicanos locos a los que tanto admiro”.

Juan Gabriel Vázquez “A los 10 años me hubiera gustado vivir en Los tres mosqueteros. A los 20, en Rayuela. A los 30, en El gran Gatsby. A los 40, en la que estoy escribiendo: escribimos, entre otras cosas, para abrir un espacio donde podamos vivir a la medida de nuestras curiosidades y nuestros apetitos”.

Rodrigo Fresán “Es difícil decirlo. ¿Qué elegir? ¿Confort o apasionamiento? Tal vez me inclinaría por un par de casas de naturaleza muy opuesta: la de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, y la de la infancia del Habla, memoria, de Vladimir Nabokov, entendida, esta última, como corresponde, más como novela que como memoir”.

Agustín Fernández-Mallo “Naturalmente, en todas las novelas que me gustan. Por ejemplo, en Las aventuras de Tom Sawyer. Ilustra como nadie el paraíso que es la infancia, donde aún no tenemos noción del paso del tiempo, así que una tarde de pesca en un río es verdaderamente infinita.

Y tú, ¿qué respondes a estas preguntas?

Da click aquí para ir a la primera parte de la nota del ABC

Da click aquí para ir a la segunda parte de la nota del ABC

Da click aquí para ir a la tercera parte de la nota del ABC

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

#MiércolesDePoesía Yo está echado a mis pies

Dibujo: M.C. Escher
Dibujo: M.C. Escher

“[…] este instante soy yo, salí de pronto de mí mismo, no tengo nombre ni rostro,

yo está aquí, echado a mis pies, mirándome mirándose mirarme mirado.

 

Fuera, en los jardines que arrasó el verano, una cigarra se ensaña contra la noche.

¿Estoy o estuve aquí?”.

-Octavio Paz, “¿No hay salida?”, La estación violenta en Obra poética (1935-1988) (Seix Barral)

 

Así recibo este #MiércolesDePoesía, con la certidumbre de ser muchas Julias y la incertidumbre de cuál de todas nace y muere esta mañana. Qué bien que el poeta mexicano expresó tan bien su ser muchos Octavios. Así puedo usar sus versos como muletas.

Seducción en tres versos

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Juguetón y deseante, el poeta colombiano Darío Jaramillo (1947) se hace preguntas y en tres versos pone el dedo en la llaga o, al menos, deja clara su intención de hacerlo. Por eso es el invitado de honor de este #MiércolesDePoesía. Cómo no.

“¿Por qué no tu boca aquí,
por qué no sobre mi piel tu aliento,
por qué no adentro yo de tus abismos?”

-Darío Jaramillo Agudelo, “Cuatro preguntas”, Libros de poemas

Video Un año: recordando a Gabo

 

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Da click aquí para ver el video:

Hoy, 17 de abril, hace exactamente un año que Gabriel García Márquez decidió salir volando detrás de sus mariposas amarillas. Que se murió, pues. Y en SoHo México quisimos hacer algo especial en torno al colombiano casi mexicano: invitamos a 25 personas a leer un fragmento de ese portento que se llama Cien años de soledad. Está la señora del mercado, el cerrajero, una modelo y el policía, pero también escritores, rockeros, gente del medio cultural y los tres periodistas que conducen el programa de radio El Weso. Así, leyendo, rendimos un mínimo homenaje a Gabo. Porque no se nos olvida.

(Originalmente publicado en el sitio web de la revista SoHo).

¡Este blog llega a 4 mil seguidores!

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Rosario Castellanos, la poeta mexicana que habla con el mismo aliento fresco que cuando escribió sus textos, visita este #MiércolesDePoesía con un poema sobre lo indispensable que resultan los amigos. Aprovecho para agradecer con él a los cuatro mil seguidores que hoy alcanza este blog, es decir, a las cuatro mil personas que conforman conmigo esta comunidad en la que se conversa, se comparten lecturas, ideas y experiencias, abrazos que borran la distancia pero, sobre todo, palabras que vibran. Miles de gracias a todos. En serio.

“Es necesario, a veces, encontrar compañía.

Amigo, no es posible ni nacer ni morir
sino con otro. Es bueno
que la amistad le quite
al trabajo esa cara de castigo
y a la alegría ese aire ilícito de robo.

¿Cómo podrías estar solo a la hora
completa, en que las cosas y tú hablan y hablan
hasta el amanecer?”

-Rosario Castellanos, “Apelación al solitario”

“Comes tanto porque no disfrutas la comida”: Shriver

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Entre los motivos por los que alguien escribe está la catarsis. Lionel Shriver, autora de la desgarradora We Need to Talk About Kevin, lo sabe muy bien (da click aquí para leer mi reseña de esa novela). En 2013 publicó su nuevo libro, Big Brother (Harper Perennial y, en español, publicado por Anagrama): se trata de un grito catártico de culpa. Me lo regaló mi querida amiga Arantza y recién lo terminé. En él vuelve a abordar las familias disfuncionales, pero esta vez el tema de fondo es tanto la obsesión social por el peso como la condena hacia la obesidad mórbida pero, más todavía, la insatisfacción profunda de muchos, que no se sacia comiendo. Y digo que el libro es producto de la culpa porque está basado en la propia historia de la autora: su hermano murió en 2009, por complicaciones derivadas de la obesidad. Así, en la novela Shriver imagina qué hubiera pasado si ella lo hubiera ayudado a reducir sus dimensiones.

La historia aborda la vida de Pandora y Fletcher, un matrimonio estadounidense convencional que recibe de visita a Edison, hermano de Pandora. Él es un jazzista fracasado y gordo descomunal que pone sobre la mesa (además de donas, mantequilla y una torre de hotcakes como desayuno) el tema del rechazo visceral hacia los obesos, nuevos criminales contemporáneos. Edison lo apunta:”Dices ‘gordo’ no como una descripción sino como un veredicto, como si fuera una abominación, la fuente de todo el mal y la corrupción del universo. Como mucho, pero no he matado a nadie. No soy pedófilo. Ni siquiera te robé la cartera” (traducción mía, p. 129). Si bien la novela se cae estrepitosamente al final, me deja una idea interesante entre las manos: como sociedad hemos dejado de lado el interés por el sexo como tabú porque ya resulta demasiado accesible, pero a cambio hemos vuelto la vista hacia la comida. El asunto es que estar satisfechos no nos satisface, lo que realmente queremos es el deseo. Estamos hechos para tener hambre, para buscar la satisfacción: “Comes sin medida no porque disfrutes tanto la comida que no puedes parar, sino porque no la disfrutas. Y ya que comes para saciar un apetito que no puedes satisfacer, la cantidad de comida que ingieres es potencialmente infinita” (traducción mía, p. 200). Vaya, revelador y crudo concepto sociológico que una vez más lleva a pensar que no comemos con la boca sino con las expectativas sociales, con las frustraciones, con los miedos, con las historias personales.

En cualquier caso, no puedo criticar la novela sin caer en un spoiler, así que me limito a desear que Big Brother haya cumplido con la catarsis que Shriver buscaba, pero como lectora me quedó a deber.

No hacemos el amor igual (ni leemos igual)

Fotos: Álvaro Alejandro
Fotos: Álvaro Alejandro

“Sabemos que en un rincón secreto de la biblioteca nos espera el libro verdadero, escrito sólo para cada uno de nosotros”, dice Alberto Manguel en Para cada tiempo hay un libro, el espléndido título que recientemente publicó Sexto Piso. Subrayé el pasaje porque como adicta a la lectura tengo más de un libro que es MÍO, no sólo en el sentido de que lleva mi nombre sino que fue escrito para mí nada más. Así de necio es el sentido de pertenencia que generan algunas líneas. Supongo que quien no es lector desaforado pensará que es una estupidez, me da igual.

Nacido en Buenos Aires, Manguel ha escrito varios volúmenes sobre el placer de leer, lo emocionante de meterse en otra piel, lo único de sentirse uno mismo personaje de ficción. Este título va en la misma línea: es una compilación de 12 textos breves sobre la lectura. Incluye experiencias, reflexiones, anécdotas de escritores y lectores, como ésta: “En el siglo V a.C., el joven Alcibíades, visitando un lejano pueblo durante sus periplos en las colonias griegas, dio un puñetazo en la nariz a un maestro en cuya escuela no encontró ni un solo ejemplar de Homero, porque juzgó que el hombre había faltado a su deber intelectual”. Qué joya. Y luego están las preciosas fotografías del mexicano Álvaro Alejandro, que dialogan con los textos. En ellas, el libro es cerradura por la cual asomarse, la casa que el caracol lleva a cuestas, el cebo de una ratonera, la sopa que se lleva uno a la boca. Las fotos son creativas pero no sólo: también dicen cosas, construyen realidades en torno a la experiencia lectora.

Total, que Para cada tiempo hay un libro se saborea. Ahí va otro subrayado: “Quienes descubrimos que somos lectores, descubrimos que lo somos cada uno de manera individual y distinta. No hay una unánime historia de la lectura, sino tantas historias como lectores. Compartimos ciertos rasgos, ciertas costumbres y formalidades, pero la lectura es un acto singular. No soñamos todos de la misma manera, no hacemos el amor de la misma manera, tampoco leemos de la misma manera”. Y sí, pocos actos tan netamente individuales y con tan clara huella digital como hacer el amor y leer.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

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Poema portentoso con lugar común

Foto: Agencia N22
Foto: Fernando del Paso (Agencia N22)

Fernando del Paso, el espléndido escritor mexicano, está cumpliendo 80 años el día de hoy. No quiero esperar a que se muera para entonces celebrar su obra, tan necesaria para la literatura en lengua española. Más conocido como novelista (Palinuro de México, José Trigo y Noticias del Imperio son las más notables), también ha ensayado su mano con versos. Así que este #MiércolesDePoesía se viste de gala y lo invita a leer de viva voz uno de sus “Sonetos con lugares comunes”.

Da click aquí para oír el soneto en voz de Del Paso

Es tan blanca, tu piel, como la nieve.
La nieve quiere al sol por lo brillante.
Y el sol, que se enamora en un instante,
se acuesta con la nieve y se la bebe.

El sol, aunque es muy grande, no se atreve
a hacerse olvidadizo y arrogante:
se acuerda de su novia fulgurante
y se pone a llorar, y entonces llueve.

Y llueve y llueve y llueve y de repente
la lluvia se hace nieve: esta mañana
que nieva tanto en Londres, y ha nevado

luminosa y nupcial y blancamente
en jirones, tu piel, por mi ventana,
ningún sol, como yo, tan desolado.

Da click aquí para ir a la entrada “¿Cuándo permitimos que México se corrompiera hasta los huesos?”: Del Paso 

 

 

“La vida está colgada de un hilito”: Abad Faciolince

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Desde que supe de que el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince tenía un nuevo libro quise leerlo. Disfruto mucho sus crónicas en SoHo Colombia y hace un par de años leí El olvido que seremos, recuento íntimo sobre el “amor animal” que sentía por su padre, además de terrible crónica del asesinato que se lo arrebató (en su momento escribí esto al respecto). Pues mi queridísimo Andrés Grillo, colombiano a quien me une una amistad entrañable, me regaló La Oculta (Alfaguara), la reciente novela de Abad Faciolince. Acabo de terminarla, qué rica pluma la suya. Narrada a tres voces, las de tres hermanos, cuenta la historia de una familia y su vinculación de generaciones con una finca. Los personajes están entretejidos con la tierra, con su raigambre, su sangre y sus ecos. Y mientras cuentan sus vidas y hablan de La Oculta dejan caer reflexiones que se saborean por largo tiempo, como un caramelo de menta. Aquí van algunas que hago mías porque sí, creo que la vida está colgada de un hilito. Con ellas espero despertar tu apetito de leerla:

“Si estoy solo y camino y no entiendo nada, de mi cabeza brotan versos, como para combatir la soledad verbal”. (p. 138)

“Mientras uno espera a que los sueños se cumplan, llega la enfermedad, o un accidente,  y uno se muere. La vida está colgada de un hilito, y en el aire hay tijeras que vuelan con el viento”. (p. 141)

“Sentí lo que muchas mujeres han sentido: la atracción por el abismo, por el hombre malévolo y violento pero poderoso, oscuro en sus maldades, inescrupuloso en sus costumbres, implacable, que te protegerá con su poder infinito siempre y cuando seas sumisa como una perra mansa”. (p. 251)

“La gloria y la tragedia del amor son tan sencillas. Yo no me explico por qué les dan tantas vueltas los poetas, los psicólogos y los tratadistas, siendo un asunto tan simple, que para mí es así: dos se aman, y sin dejar de amarse (sin dejar de amarse, lo subrayo), poco a poco, casi sin darse cuenta, se desaman, hasta llegar a odiarse. El motivo es tan simple, tan animal y humano al mismo tiempo, tan bajo, tan alto, tan normal, tan triste: el cansancio del sexo, el cansancio, es decir, del sexo con la misma, con el mismo”. (p. 301)

Escribir, ese oficio poco fotogénico

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Hace una semana presenté mi libro Rabia de vida/ Rabia debida en la librería Rosario Castellanos de la Ciudad de México (da click aquí para ir a la entrada sobre la presentación). Algunas personas que me acompañaron me pidieron las dos cuartillas que leí, una suerte de declaración de principios sobre por qué escribo, por qué invierto horas ensayando poemas si es un trabajo ocioso, en el que “nada pasa”. Aquí están, por si alguien ocupa.

PD El texto que leyó Eduardo Casar, poeta cirujano (por lo preciso, no pos sangriento) y malabarista de palabras, fue realmente espléndido y es el que realmente merecería ser compartido, ni duda cabe. No lo hago porque se publicará próximamente.

PRESENTACIÓN RABIA DE VIDA
19 MARZO 2015

“Al presentar un libro de poesía que lleva mi nombre, la primera tentación es narrar cómo nacieron estos poemas, de qué manera surgió cada idea nebulosa que busqué traducir al papel. E inmediatamente aparece una segunda tentación, que es la de ponerme pedante y usar palabras grandes y hablar de la Poesía con mayúscula. Para evitar la solemnidad pero aún así abordar el proceso de escritura de Rabia de vida acudo a este ejemplo que dio la poeta polaca Wyslawa Szymborska y aplica bien: “[En estos días] continuamente se filman películas sobre la vida de grandes inventores o pintores, pero el peor de los casos es el de los poetas. Su trabajo resulta muy poco fotogénico. El poeta permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto del techo. De vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, tras un cuarto de hora, va a quitar uno. Luego pasa una hora en la que no ocurre nada”.

Tal cual. Estos poemas son resultado de un ocio lleno de dudas, inseguridades y también, a veces, un poco de autohumor. Y eso viene bien cuando uno es un irresponsable que pasa los días borroneando versos que no generan ganancia alguna, llenando cuadernos como si no hubiera tantos y tan buenos poemas de las plumas imprescindibles. Entonces, ¿para qué uno más? La respuesta es ordinaria: escribo porque cada día me asomo al mundo, paso unas horas en él y cuando regreso siento la necesidad de plasmar lo que vi, lo que pasó por el filtro de mis emociones y fantasías, ante qué me rebelé (o no me atreví). Es decir, cuando estoy de nuevo sola necesito volcarme en líneas en las que me reconozca. Intento trazar una posible biografía con el alfabeto, crear un idioma propio no porque sea mejor ni más interesante, sino sólo porque refleja el jardín real en el que amanezco a diario y el imaginado en el que me gustaría despertar, la aproximación a las cosas desde mi historia, desde este estómago del que hablo aunque sea feo, pero es mío. Escribo para plasmar las cosas que no sabía que sabía, la experiencia de vida que me es única, y, en consecuencia, que me hace cercana a todos, porque no somos tan distintos. Pero ese intento no es seguro, entraña dificultades. Mientras salgo a buscar mi voz, camino a la orilla del precipicio, un pie a la vez: me enfrento al riesgo del poema fallido, que dice lo que no quiero decir o no dice nada, que roza el lugar común. Así, entre tropezones y vergüenzas, a veces tengo suerte: llego a la otra punta del acantilado con un texto que me satisface.

Y entonces surge el otro deseo necio: que esos versos sean dinámicos, alcen el vuelo, que dialoguen con él o ella para coincidir o cuestionar, para sentir lo mismo que yo o lo contrario. Decía C.S. Lewis que leemos para saber que no estamos solos. Escribo por la misma razón, conectar con otros. Y aquí aparece otra enorme paradoja: éste que parece un ejercicio noble es en realidad una especie de virus tenaz, incurable. Porque hacer poesía no es una profesión en el sentido convencional, pero sí en el de su etimología, como se profesa un credo o una idea: tengo una desesperada devoción por la palabra y por los silencios que la acompañan, por la imagen, el ritmo, la sonoridad. Esa profesión de fe es parte integral de mi vida, quizá aquella con la que soy más consecuente porque aunque no me da de comer (los poetas no viven de sus libros), me alimenta a diario.

Por eso celebrar hoy esta Rabia de vida es querer conectar contigo, lector, a partir de palabras, de poemas fermentados al calor del erotismo que, por inasible, me empuja a escribir. Y, como digo, habiendo publicado estos versos lo que me resta es esperar que alguno de ellos sea espejo en el que de pronto te reflejes, que te revele algo que sabías sin saberlo, que lo hagas tuyo y lo hables con tu voz. Entonces se cerrará el círculo de este oficio que, como decía Szymborska, es tan poco fotogénico, tan ocioso”.

Un mar regalado

El novelista, poeta y editor de Artes de México, Alberto Ruy Sánchez, es figura central del universo cultural mexicano. Además, es un hombre encantador y me da el privilegio de considerarlo mi amigo. Pues hace cosa de un mes, conversando con él de poesía en su casa, tuvo la amabilidad de “presentarme” a la poeta Ana Belén López: me regaló Del barandal, libro delicioso que López publicó en 2001. Dentro venía este pequeño mar, frágil y poderoso al mismo tiempo, que llena de ecos el #MiércolesDePoesía.

“Dibuja una letra

la borra el mar

dibuja otra letra

la vuelve a borrar el mar

borra el mar

aparecen las letras

borra las letras

sólo se queda solo el mar”.

-Ana Belén López, Del barandal (Ediciones Sin Nombre)

Cinco razones por las que la poesía es necesaria hoy

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Hoy se celebra el Día Mundial de la Poesía. Desde hace 16 años, la Conferencia General de la UNESCO proclamó el 21 de marzo, equinoccio de primavera, como la fecha para celebrar esa “manifestación de la diversidad en el diálogo, de la libre circulación de las ideas por medio de la palabra, de la creatividad y de la innovación. La poesía contribuye a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la manera en que usamos las palabras y las cosas, y nuestros modos de percibir e interpretar la realidad”. Lo suscribo y aprovecho la excusa para compartir las cinco razones por las que la considero artículo de primera necesidad para mí:

1. Enciende las palabras cotidianas, las convierte en una revelación:

“Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía”. -Vicente Huidobro, “Prefacio”, Altazor (REI)

2. Reconcilia los opuestos en este mundo hiperpolarizado, que asegura que sólo existe una cosa o la otra, nunca una cosa y la otra:

“Cada imagen —o cada poema hecho de imágenes— contiene muchos significados contrarios o dispares, a los que abarca o reconcilia sin suprimirlos. Así, San Juan habla de la ‘música callada’ […] Esto es, somete a unidad la pluralidad de lo real”. -Octavio Paz, “La imagen”, El arco y la lira (FCE)

3. Evita que muera la sorpresa al mirar lo cotidiano con ojos frescos, aunque lo contemple por centésima vez:

“[El poeta] escribe poemas que son como petrificaciones de ese extrañamiento, lo que el poeta ve o siente en lugar de, o al lado de, o por debajo de, o en contra de, remitiendo este de a lo que los demás ven tal como creen que es, sin desplazamiento ni crítica interna. Dudo de que exista un solo gran poema que no haya nacido de esa extrañeza o que no la traduzca […]”. -Julio Cortázar, “Del sentimiento de no estar del todo”, La vuelta al día en ochenta mundos (Editorial RM)

4. Mantiene viva la intención de nombrar, que nos hace humanos:

“[…] poeta es aquel hombre
que, como el rojo Adán del Paraíso,
impone a cada cosa su preciso
y verdadero y no sabido nombre”
-Jorge Luis Borges, “La Luna”, El hacedor (DeBolsillo)

5. Congela el tiempo, deseo milenario que en el poema ocurre a diario:

“El deseo secreto de la poesía es detener el tiempo. El poeta quiere recuperar un rostro, un estado de ánimo, una nube en un cielo, un árbol al viento, y tomar una especie de fotografía mental de ese momento en el que como lector uno se reconoce a sí mismo. Los poemas son fotografías de otras gentes en las que nos reconocemos”. -Charles Simic, El flautista en el pozo (Cal y Arena)

Noche de poesía

En la mesa de presentación, desde la izquierda: Josefina Larragoiti, yo, Eduardo Casar Fotos: Fernanda Santibáñez Maldonado (alias, mi guapa sobrina)
En la mesa de presentación, desde la izquierda: Josefina Larragoiti, yo, Eduardo Casar
Fotos: Fernanda Santibáñez Maldonado (alias, mi guapa sobrina)

Pues qué digo, estoy feliz. La presentación, anoche, de mi libro de poesía Rabia de vida/ Rabia debida (Editorial Resistencia) fue todo lo rica que quería. Y mucho más.

El poeta Eduardo Casar leyó un texto espléndido, puntual y al mismo tiempo ameno, que me hizo preguntarme si de veras yo escribí esos versos que lo entusiasmaron tanto. Después guió una conversación en la que platicamos sobre el proceso creativo, el binomio disciplina-inspiración, las preferencias al escribir. Siguió la lectura de mi propio texto de presentación y al final ambos leímos algunos poemas del libro, para luego dar oportunidad a las preguntas del público, conducidas por Josefina Larragoiti, directora de la editorial. Cerramos brindando con mezcal y vino, firmando libros, celebrando una noche redonda en la que el auditorio de la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica estuvo casi lleno. Casar, que tiene 10 libros solamente de poesía (más varios de otros géneros), me decía temprano: “Una presentación de poesía ya es buena si tiene 30 personas”. Los hados se confabularon para que casi se triplicara esa cifra. Hubo familia, amigos antiguos y nuevos, lectores, tuiteros, seguidores de este blog y gente de prensa, más los muchos queridos amigos y seguidores que no pudieron acompañarme en presencia, pero sí en corazón. Todos reunidos en torno a un oficio tan poco fotogénico como la poesía es para echar las campanas al vuelo.

Oyendo una pregunta del público
Oyendo una pregunta del público
Vista general del auditorio
Vista general del auditorio
Mi cara lo dice todo
Mi cara lo dice todo
No se ve mi felicidad pero se la pueden imaginar
Firma de libros, ya en la librería. No se ve mi felicidad pero se la pueden imaginar.
Firme y firme
Rabia de vida flotaba en el ambiente.
Hubo mezcal y vino poéticos.
Hubo mezcal y vino poéticos.
Con la queridísima Crissanta, creadora de Salto al Reverso
Con la queridísima Crissanta, creadora de Salto al Reverso
Lector urgido de leer
Lector rabioso de leer

“La campana está llena de viento”: Juarroz

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Me gusta la poesía del argentino Roberto Juarroz. Y me gusta que muchos también la disfruten. Por eso es motivo de doble celebración (digna de este #MiércolesDePoesía) que un sitio en internet ofrezca, gratis, una antología de su obra. Preparada por Sandra Santana y Beatriz San Vicente, incluye poemas desde Poesía vertical (1958) hasta Decimocuarta Poesía vertical (1994). Aquí va, para brindar, un poemita suyo que me encanta por delicado y contundente. Y no, no es una contradicción.

“La campana está llena de viento,
aunque no suene.
El pájaro está lleno de vuelo,
aunque esté quieto.
El cielo está lleno de nubes,
aunque esté solo.
La palabra está llena de voz,
aunque nadie la diga.
Toda cosa está llena de fugas,
aunque no haya caminos.

Todas las cosas huyen
hacia su presencia”.

-Roberto Juarroz, “26”, Sexta Poesía Vertical

Da click aquí para ir a la antología

“¿Cuándo permitimos que México se corrompiera hasta los huesos?”: Del Paso

Foto: Excélsior
Foto: Excélsior

Este fin de semana, el escritor Fernando del Paso recibió el Premio José Emilio Pacheco a la Excelencia Literaria. Puntal de la literatura mexicana con obras centrales como Palinuro de México, José Trigo y Noticias del Imperio, al recibir el reconocimiento Del Paso dijo estar “viejo y enfermo, pero lúcido”. Y usó esas luces tan suyas para hablar en voz fuerte sobre la situación de México.

“En esta ocasión, en la que vengo aquí, a Mérida, a aceptar y recoger un premio literario que lleva tu nombre, José Emilio, quiero aprovecharla para decirte algunas cosas, a ti que fuiste mi amigo y mi colega durante tantos años […] Quiero decirte lo que tú ya sabes: que hoy también me duele hasta el alma que nuestra patria chica, nuestra patria suave, parece desmoronarse y volver a ser la patria mitotera, la patria revoltosa y salvaje de los libros de historia […] ¿A qué horas, cuándo, permitimos que México se corrompiera hasta los huesos? ¿A qué hora nuestro país se deshizo en nuestras manos para ser víctima del crimen organizado, el narcotráfico y la violencia? […] Acepto el premio que tiene tu nombre, porque sé que se me da de buena fe, no sin antes subrayar que lo más importante en la vida no es recibir galardones —aunque se merezcan— sino denunciar las injusticias que nos rodean”.

En la situación extrema que vive México, celebro que una de sus voces más claras aproveche la atención mediática para establecer su postura, que es la de muchos. Ojalá, como dice su poema “Cuestión de identidad”, la llamada de atención se multiplique hasta ensordecer con su exigencia:

“[…] Yo no soy la palabra
pero quisiera serlo
para volar con ella
de tiempo en tiempo,
de boca en boca”.

El raro del salón se apellida Chimal

Composición con fotos de Alberto Chimal: J. M. Tavella
Composición con fotos de Alberto Chimal: J. M. Tavella

Me cae bien, no sólo porque me gusta lo que escribe. Alberto Chimal me cae bien por loco. Es el excéntrico del salón, el despeinado que lleva en la mochila canicas de colores y ningún compás, el que se divierte como enano, rompe las reglas y al final se sabe sólo las respuestas que le interesan, pero en cuanto se las sabe ya no le interesan, así que busca otras. Sus libros son como él, de ojos grandes, siempre nuevos, distintos a todo. Por citar dos de sus publicaciones ahí está Gente del mundo (Ediciones Era), catálogo de civilizaciones imaginarias y especie de respuesta a las Ciudades invisibles de Italo Calvino, en la línea de Borges. Y también está El viajero del tiempo (Hormiga Iracunda), colección de ficciones cortas que juegan con el reloj, como ésta:  “El Viajero del Tiempo sirve el café, retrocede a toda velocidad y pone la taza a tiempo para recibir el líquido. —¡Ocioso! —lo regaña su mamá”. Seguro Alberto era el que nunca entregaba la tarea, pero llenaba cuadernos con textos de imaginación impecable.

También imparte cursos de narrativa y está muy activo en la Red: @albertochimal tiene +90 mil seguidores en TW, organiza en línea concursos de cuento brevísimo y alimenta la página web http://www.lashistorias.com.mx, por donde paso con frecuencia porque siempre tiene cosas ricas. Ahí encuentro que la pestaña Descargas ofrece gratis libros suyos y los audios de tres textos leídos por él, entre ellos “Álbum”, cuento caprichoso y corto (2:56), narrado a partir de instantáneas hilvanadas. Chimal, el raro del salón, me cae bien porque además se arriesga a que lo tachen de loco.

Da click aquí para oír el cuento.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

El itinerario delirante de la primera novela que no lo parece

Foto: EFE
Foto: EFE

Roberto Wong es novelista, tiene 32 años, es de Tampico, en Tamaulipas, México, pero vive en San Francisco. Con París D.F. (Galaxia Gutenberg) ganó recientemente en España el Premio Dos Passos a primera novela. En ella, un joven gris vive obsesionado por conocer París y superpone el mapa de la Ciudad Luz al del Distrito Federal, en el que vive y busca encontrar sentido. Cuando ocurre un asalto en la farmacia en la que trabaja y el delincuente muere, Arturo arranca un itinerario delirante que teje los planos de ambas ciudades. El vaivén entre pasado y futuro pasa por el amor, la soledad, la violencia, el deseo y la sinrazón, donde París es el espacio imaginado de esperanza. Así, la Place de la Bastille es al mismo tiempo una construcción francesa y un espacio mexicano: “Llamada originalmente La Merced, antes de ser un mercado fue una fortaleza que defendió las antiguas puertas de la entrada a París. Prisión símbolo del absolutismo, La Merced fue tomada por asalto el 14 de julio de 1789 por el pueblo, en el que es considerado como el primer acto de la Revolución francesa”.

La acabo de terminar y aunque me gustó mucho, la sentí floja en dos puntos: por un lado, algunos rasgos del protagonista que son destacados al inicio, luego se desdibujan conforme avanza la novela, como si se le hubieran olvidado al autor (entre ellos, la relación con su mamá y el hecho de que escribe poesía); por otro, las varias voces, la superposición de tiempos y espacios así como el desvarío de Arturo a ratos cansan, hacen difícil seguir el hilo de la narración. Con todo, la voz de Wong es vigorosa y sólida. Su oficio se abre en muchas direcciones pero en esta novela pone el acento en la nostalgia por lo que se imaginó pero no fue, nunca fue: “Miras por la ventana del autobús que te regresa a la ciudad. ‘Algunas cosas resultaron decepcionantes’. Sin duda. ¿Acaso no es ésta la frase que podría resumir toda una vida? Lo único que puede arreglar tu vocación de cosa rota es una cerveza”.

París D.F. me parece el trabajo robusto de un narrador que tiene camino andado. Para ser primera novela es mucha novela.

 

 

Cuando te amo, te pongo en un altar

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Macky Corbalán, poeta argentina que murió el año pasado, dejó versos inacabables en su concreción. Admiro su capacidad de crear algo nuevo con las mismas palabras gastadas con las que se dice “no hay dinero”.

Es #MiércolesDePoesía y este breve poema suyo queda vibrando en el aire, diciéndome algo que sabía, sin saberlo: si hablo de amor, sin duda hablo de crear dioses.

MÍNIMA,

en el descanso de

la fe, tallé

un dios justo

a mi medida.

 

Da click aquí para ir a otros poemas de Macky.

El bautizo del libro (o por qué me sentí García Márquez)

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(de izq. a der.) Mónica Lavín, yo, Josefina Larragoiti

Pues sí, la presentación de mi libro de poesía Rabia de vida fue todo lo rica que imaginaba. Estuvo mi gente entrañable: mi adolescenta, quien más me quiere, mi mamá, mis hermanos y sobrinas, los amigos que son hermanos por elección. Además estuvieron amigos recientes y añejos, gente que no conozco pero que compró el poemario, entusiastas de la poesía, periodistas, el conductor de un programa de radio de rock y libros. El Auditorio 4 de la Feria Internacional del Libro de Minería, con cupo para 100 personas, estaba prácticamente lleno.  Y también me acompañaron, a la distancia, los lectores de este blog que han comprado el libro en México, Argentina, España, Estados Unidos e Italia, y me han abrazado desde allá.

Presidimos el evento Josefina Larragoiti, directora de Editorial Resistencia (casa que publica Rabia de vida), Mónica Lavín, reconocida autora mexicana de novela y cuento, y yo. Hablamos del libro, de por qué la poesía es una apuesta necesaria, de cómo la escritura es un oficio solitario y lleno de dudas pero inescapable para quien no puede evitar escribir, de cómo erotismo y poesía son experiencias cercanas en lo inefable, de por qué escribir es poner las tripas en una mesa y esperar que a los demás les gusten. Al final hubo preguntas del público: qué tanto de imaginación hay en los textos, qué poema costó más trabajo, cuáles son mis planes como escritora. De pronto mi hermano pidió el micrófono y dijo: “Conozco a Julia como hermano y quiero decir que la veo en estas páginas: intensa, pasional, fuerte y tierna. Este libro es ella”. El público aplaudió su espontaneidad. Al terminar el acto, ya abajo del estrado, mi adolescenta me sacudió las fibras más hondas al estrujarme mientras me decía, con ojos húmedos, que está orgullosa de mí. Venía otra presentación en ese salón, así que nos movimos al stand de Resistencia para la firma de libros, las fotos, los abrazos.

Soy cursi por naturaleza, de modo que disculparán si digo que tengo emocionado hasta el tuétano por la buena recepción de esta Rabia de vida en la que estoy desnuda, con todas mis certezas, dudas y fragilidades. Recordé aquello que dijo García Márquez, “Escribo para que me quieran”, y por un segundo me sentí él. En el fondo, yo escribo por la misma razón. Y parece que esta vez lo logré.

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