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Éste es mi problema feliz

Entre todas las cosas que pueden pasarme están los malos problemas, negros de todos los colores y esa otra especie, los problemas felices, los que igual me estresan, pero en bonito. Metida en uno de esos estoy.

Además de que trato de sobrevivir a un desbordamiento irrefrenable de trabajo, en las últimas semanas mi biblioteca se ha visto incrementada con muchos libros, a la mayor parte de los cuales me muero por hincarle el diente. Hay novela, cuento, poesía, novela gráfica y ensayo. Además, varios de ellos los recibí como regalo de amigos queridos, lo que les añade interés. Tendría que pasarme el próximo mes metida en mi cama leyendo sin parar, lo cual me haría demasiadamente feliz.

Carajo, de veras es injusto que no me paguen por leer.

 

Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 1/1)

De todo lo que leí en este año, algunos pasajes me llevaron a hacer una pausa, a levantar la vista. No eran para leerse de corrido. Básicamente, pintaban el mundo de matices y acentos que no conocía. Y me mostraban distinta en el espejo. A partir de ellos armé un par de entradas, que subiré en estos días.

Si leíste los libros que menciono, quizá coincides conmigo en el gusto por estos fragmentos. Si no, los bocados que incluyo pretenden provocarte algo. No todos son novedades, también hay libros viejos y reediciones: novela, cuento, verso y hasta autobiografía. El hilo que los une es que en todos la forma es prioritaria, independientemente del tema que aborden. Es más, el asunto pasa a segundo plano ante la intención de domar el lenguaje. Y otro punto en común: me dejaron colores nuevos por dentro.

Son mi regalo de Navidad hecho de las palabras de otros, que son las que mejor me dicen. Gracias, lector de Palabrasaflordepiel, por estar, por darle sentido a este blog y a los ejercicios que de él derivan. Salud.

  1. Patrizia Cavalli, Yo casi siempre duermo. Antología poética, traducción de Fabio Morábito, UNAM, 2008

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-29Sin hacer gran esfuerzo ni gastar la energía (así parece), la poeta italiana compone versos de una contundencia brutal. De los que se vuelven parte del paisaje, como si nada.

“Como a muchos de mis calcetines
al corazón no lo sujeta ya el elástico,
se afloja y me descubre y tengo frío”. p. 75

 

Encuentra otros versos de Cavalli si das click aquí.

2. Daniel Sada, El lenguaje del juego, Anagrama, 2012

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-37En Mágico (México) crecen las amenazas como si fueran humedad, sin freno, voraces. Y el estilo particularísimo del autor de Mexicali hace que, en esta novela, el idioma también cuestione las certidumbres.

“[…] Y este dato infeliz: a Simón y a Emeterio, que se vinieron rápido del lugar en mención para ayudar a… bueno, hay que ver lo siguiente como si viéramos una película de esas de mucha acción y mucho ruido: aquel disparadero en San Gregorio: comodidad sentada, pero la acción en sí: bien alocada, hasta que se frenó lo cruento porque tanto Simón como Emeterio de pronto fueron muertos chorreadores: la sangre: nacimiento que brotaba: lo rojo a hilo yéndose hasta el piso de la maravillosa BMW”. p. 84

En una entrada del blog en el mes de marzo incluí este otro fragmento de la novela de Sada.

3. Óscar Hahn, “Consejo de ancianos”, en No hay amor como esta herida, Tajamar Editores, 2011

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-50La pluma del escritor chileno no se cansa de entregar líneas impecables, como este poema:

“Cuídate Adán cuando salgas al mundo
en busca de la costilla perdida

Podrías encontrarla de pronto
podría no caber en tu pecho

Y podría atravesarte el corazón
como un cuchillo de hueso”. p. 53

El amante como una camisa sucia, imagen cortesía de este otro poema de Hahn.

4. D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley, traducción de Andrés Barba y Carmen Cáceres, Sexto Piso, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-16La dama enamorada del guardabosques que es su empleado. El escándalo. Pero también la afirmación del placer como único asidero real. En esta novela británica de principios del siglo XX reeditada con preciosas ilustraciones, Lawrence celebra el cuerpo masculino como muy pocos escritores(as) hayan logrado hacerlo en toda la historia de la literatura.

“[…Ella] fue consciente de la pequeña reticencia y ternura del pene. Y de nuevo se le escapó un pequeño grito maravillado y triste, su corazón de mujer lloraba por aquella cosa tan tierna y frágil que había sido tan poderosa […] El falo erecto se alzaba oscuro y ardiente desde la pequeña nube de pelo rojizo. Ella estaba expectante y temerosa. —¡Qué extraño! —dijo lentamente—. Qué aspecto tan extraño tiene cuando está alzado, tan grande, oscuro y seguro de sí mismo […] ¡Tan orgulloso! —murmuró inquieta—. ¡Tan majestuoso! Ahora sé por qué los hombres son tan dominantes. Es realmente hermoso, de verdad. Es como una criatura distinta y un poco temible, pero realmente hermoso“. pp. 235, 280

Estas otras líneas de la novela de Lawrence son altamente utilizables. Explican el mundo en caso de emergencia de enamoramiento.

5. Tanya Huntington, “Para el caso perdido” (“For the Basket Case”), Docena de sonetos para amantes distintos (A dozen sonnets for different lovers), traducción de Hernán Bravo Varela, Ediciones Acapulco, 2015

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-09-49La forma clásica y la temática que sabe hacer poesía desde el hoy dan forma a estos sonetos de la escritora estadounidense que tiene plena carta de naturalización en las letras mexicanas. Tanto los originales en inglés como su traducción al español son una gozadera de ironía.

“Antes de suicidarte por mi culpa, te pido
que tomes esto en cuenta: no habré de arrepentirme,
rasgar mis vestiduras en tu tumba, llorar
o arrogarme ante todos los que conozco: ‘Soy
la fuente de aquel sordo chillido de agonía’.
Habré de rechazar tu sacrificio entero;
de dejarte plantado en el altar, indigno
de mi estima divina, cueste lo que me cueste.
Toma estos versos. Léelos. O decídete entonces
a escribir una nota final que habrá quedado
en prenda de angustioso amor o herido orgullo
y dejarla a alguien más para que pueda hallarla.
No negaré que tienes todo el derecho de irte.
No negarás que tengo el mío a no dolerme”. p. 22

Cuando recién acababa de descubrir el libro de Tanya subí esta entrada al blog. Incluye el soneto al seductor.

6. Javier Cercas, La velocidad de la luz, DeBolsillo, 2013

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-11Un escritor alcanza inesperadamente la fama, el dinero, la celebridad. Y se mete en la licuadora de entrevistas y viajes, así que deja la escritura de lado. Ya para qué. Es espléndida la reflexión del autor español en torno al oficio.


“[…] Quizá dejé de escribir porque estaba demasiado vivo para escribir, demasiado deseoso de apurar el éxito hasta el último aliento, y sólo se puede escribir cuando se escribe como si se estuviera muerto y la escritura fuera el único modo de evocar la vida, el cordón último que todavía nos une a ella”.

Algo más sobre la novela de Cercas y los dolores lancinantes, aquí.

7. Laura Restrepo, “Pelo de elefante”, en Pecado, Alfaguara, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-12-01En este conjunto de relatos de la novelista colombiana que se asoma a la venganza, al deseo, a las ganas de todo cuño, me gusta en particular el que se llama “Pelo de elefante”. Un joven sicario habla de El Cardo, un lugar a espaldas del Palacio Presidencial, “reino de basuriegos entre gases de inmundicia y detonaciones de arma de fuego”. Incluye esta imagen, tremebunda.
“[…] El Cardo es un moridero. Un roquedal infestado de alacranes que copulan y se multiplican alevosamente, prendiéndose los unos de los otros hasta formar esculturas inquietas, arrecifes vivos que el viento descuelga en racimos de los muros de piedra”. p. 212

El escorpión hembra del que también habla Restrepo en su novela me llevó a escribir esta entrada.

Por un beso de esos

Foto: Julie Andrews y Rock Hudson en Darling Lili (1970)
Foto: Julie Andrews y Rock Hudson en Darling Lili (1970)

“Se inclinó y la besó de una forma que ella sintió que debía besarla siempre” (p. 182). -D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley, Sexto Piso.

A veces, pocas veces, un beso cambia por completo el norte y el sur, porque si alguien es capaz de decir todo eso con los labios, entonces el lenguaje no sirve de mucho. Y, en este caso, tampoco yo y mis labios hemos de mucho. Hasta este momento.

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Traigo bronca de siglos y se la cobro al de junto

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“La luna acaba de asomar por encima de los árboles y Rudy Alatorre tiene la sensación de que no está corriendo en un óvalo de tartán, sino cruzando un bosque durante una incursión nocturna en territorio enemigo. Nunca ha corrido tan olvidado de sus vértebras lumbares y cuando escucha el impacto y la caída de otro corredor, exclama en voz baja y lleno de júbilo: ‘¡Para que aprendan, pendejos!'”.

Un tipo suele correr de tarde en la pista de atletismo cerca de su casa. Hoy se han olvidado de encender el alumbrado de la pista, de modo que se mueve en la penumbra, mezclando sus jadeos con los de los otros corredores cuyos nombres no conoce. Siente que algo atávico aflora entre todos, le parece que “no corre solo, sino en manada”. De pronto, uno se cae. Y el grupo lo celebra. Luego, otro. Él sigue avanzando, tratando de abrirse paso entre codazos, rasguños, gemidos. Como en lo más hondo del inconsciente. En el más más antiguo coraje que llevamos dentro.

Es el cuento “En la pista”, de Fabio Morábito, incluido en su reciente libro Madres y perros (Sexto Piso). La narración es ágil y, al mismo tiempo, está perfectamente apuntalada. Por alguna razón me recuerda el cuento “Las Ménades”, de Julio Cortázar. Acaso por lo ancestral que se nos cuela cuando nos sabemos anónimos en grupo. O sea, cuando nos ponemos a dar madrazos impunemente, porque traemos en el sustrato bronca de siglos. Y el de junto tiene que pagar.

Qué cuento más chingón.

Da click aquí para comprar el libro de Morábito.

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#MiércolesDePoesía Extrañarte en no más de tres versos

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No se necesita un torrente de palabras para construir un poema. Personalmente prefiero los textos cortos, los que concentran su fuerza en pocos versos, como este haikú de Sôgi que dice justo lo que me pasa hoy:

“Mi deseo de verte

como el rocío una y otra vez

muere y vuelve a nacer”.

Sôgi, Shôkaku y Sôchô, Poema a tres voces de Minase. Renga, Sexto Piso

Buen (y hondo) #MiércolesDePoesía.

 

José “Monero” Hernández: Poner a actuar al Che

Foto: revista Santo y seña
Foto: revista Santo y seña

Aquí, lo que el reconocido ilustrador dijo sobre su nueva locura: dirigir las cámaras para el Che Guevara.

La cámara hace un close-up al cerillo que raspa una superficie y, con la cabeza hecha fuego, enciende un puro. Luego, una mano escribe: “Habana, 1965. Año de la Agricultura. Fidel: Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en México…”. Ok, no es una película, pero podría serlo porque cuenta una historia a partir de atmósferas visuales. Y encuadres fregones. Y movimientos de cámara. Es que al dibujar la novela gráfica Che, una vida revolucionaria, José Hernández desquitó sus años como estudiante de cine. Y sí, el libro parece hecho de celuloide. O parece una cinta que se transmutó en hojas. En cualquier caso, es como si el Che hubiera actuado para Hernández. Faltaba más.

Colaborador de La Jornada y de Proceso, coeditor de El Chamuco y ganador del Premio Nacional de Periodismo en 2001, José tomó como guión el libro canónico y homónimo de Jon Lee Anderson sobre el revolucionario (qué ávido). Por consiguiente, se aventó la puntada de tener como protagonista a un ícono mundial, el San Che, patrono de las revoluciones, que hoy es llavero, taza, camiseta, pluma, llévelo, llévelo. Pero es también el personaje tenebroso que otros denuestan, asesino más que mártir. Del blanco al negro y de regreso, ¿cuál de todos iba a poner a actuar? El camino que el caricaturista planteó, de acuerdo con Jon Lee y con la editorial Sexto Piso, fue el menos fácil: evitar los extremos y presentar a la persona de Ernesto “Che” Guevara, contradicciones incluidas. Así, en la novela figura el hijo de mamá, lo mismo que el guerrillero que ejecuta a un traidor y le requisa su reloj. O sea, el Che actúa de sí mismo. Y convence.

El libro que acaba de publicarse es el volumen 2, Cuba (“Si Star Wars arrancó a la mitad, ¿por qué nosotros no?”, preguntan José y sus ojos brillantes). A fines de este 2016 saldrá el 1, correspondiente a la estancia del guerrillero en México, y en 2017, el relativo a Bolivia, para coincidir con los 50 años de su muerte. En este primer volumen, espléndido en fondo y forma, no me parece que haya duda: el dibujante salió airoso como “director” del debut cinematográfico del Che.

Aquí, lo que dijo en entrevista sobre este trabajo.

DOS RASGOS
Aunque me impresionaba su congruencia, Guevara no era un referente para mí, sobre todo porque fue un convencido de la lucha armada y yo estoy totalmente en contra. Sin embargo, al estudiarlo vi que era íntegro hasta la exageración y lo admiré más. Nunca admitió trato preferencial para sí ni para los suyos. La congruencia fue uno de los rasgos que más me interesó enfatizar de él; el otro fue su idealismo. Sabía que en una revolución se triunfa o se muere y no le causaba conflicto. Luego de una batalla escribió en su diario: “Noté algo que nunca había sentido: la necesidad de vivir. Eso debe corregirse”. Imagínate.

NO SABÍA DIBUJAR
Una cosa es la caricatura política que hago, poner cabezotas y cuerpecitos, pero otra es hacer algo realista. Cuando trabajé el libro Septiembre. Zona de desastre con Fabrizio Mejía Madrid me di cuenta de que realmente no sabía dibujar. Para este libro tuve que hacer muchos bocetos antes de arrancar y luego, ya metido en el proceso, corregí mucho. Varias veces me amanecí dibujando.

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CONSTRUIR VERACIDAD
Quise presentar la historia de una manera cíclica, tanto narrativa como visualmente, así que el libro arranca cuando el Che sale de México y termina cuando deja Cuba. Me documenté bien, para que cada cosa fuera tanto veraz como verosímil. Leí unos 10 libros sobre el personaje y todas las novelas gráficas que encontré. También vi muchas fotos de él a lo largo de su vida y hasta estudié su caligrafía, para fusilármela cuando le escribe a Fidel. Por otro lado, investigué sobre esa época en la isla: cómo eran las casas, los coches, la ropa.

LABOR DE EDICIÓN
Como quise hablar de una persona, más que de un personaje, al decidir qué incluir equilibré momentos históricamente imprescindibles, con otros que no son tan relevantes pero tienen peso dramático. Por ejemplo, la relación del Che con su mamá era muy cercana y en las novelas gráficas sobre él casi no se aborda. A mí me parece narrativamente fuerte que, en diciembre de 1956, tras un ataque de Batista, los papás del Che leen en el periódico de Buenos Aires que lo mataron. La mamá llama a la redacción y le dicen que la noticia no está confirmada. Llega la noche de Año Nuevo, están tristes, y en eso un anónimo mete bajo la puerta una carta en la que él mismo confirma que está vivo. Me pareció indispensable no dejar fuera esa escena.

MÁS ALLÁ DE LA FOTO DE KORDA
Usando herramientas de cine que aprendí en el CUEC armé secuencias que funcionaran como pequeñas historias. Con ellas busco atrapar al lector, que se pique con la acción. ¿Quién me gustaría que leyera la novela? Ojalá les guste a jóvenes que sólo conocen al personaje por la foto de Korda y sea una puerta para que de ahí pasen, por ejemplo, al libro de Jon. Pero también creo que puede disfrutarla gente que conoce bien la revolución, porque le añade detalles nuevos.

ACCIÓN GRÁFICA
No me gustan las historietas con narrador. Es muy fácil que un texto lo diga todo, pero lo padre es que los hechos se cuenten con imágenes. Por eso, aquí los diarios y cartas del Che son los que complementan los dibujos. También cito de pronto lo que se dijo en un programa de radio, lo que publicó The New York Times o lo que otros personajes opinaron. Me gusta que las páginas tengan poco texto, que la acción se narre gráficamente.

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(Originalmente publicado en la revista Santo y Seña, marzo 2016).

#MiércolesDePoesía El poema, una sucesión de preguntas: Luigi Amara

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Luigi Amara. Foto: Sexto Piso

La imagen de una mujer de espaldas dispara la escritura. Puro pelo. Pura nuca. Puro gesto. ¿Por qué?

A partir de esta foto de Onésipe Aguado (ver abajo), el poeta mexicano Luigi Amara construye un largo poema inquisitivo con tufo a Holmes, Belascoarán o Marlowe, en el que busca dilucidar la identidad de la mujer y lleva el gesto hasta las últimas consecuencias. ¿Quién es? ¿Por qué de espaldas? ¿Qué historia esconde? “Aunque el libro maneja la búsqueda, la investigación, también acepta desde el comienzo que no va a llegar a nada. El título mismo habla de que es un intento destinado al fracaso: Nu)n(ca. Yo lo llamaría un poema detectivesco. Es un juego”, señala el autor en entrevista.

Ganador del Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña 2014 y publicado por Sexto Piso, Nun)n(ca es un libro hondo en la observación y a partes iguales en la imaginación, un amasijo de preguntas sin respuesta que va entretejiendo un discurso consistente, poblado de ecos de otros títulos de Amara, igualmente obsesivos. Aquí, fragmentos de lo que el poeta me dijo a propósito del libro.

LA FIEBRE SE DISPARA

“Me topé con la foto en una revista. Tiempo después me di cuenta de que seguía pensando en ella. Investigué un poco, me intrigaba saber que era muy antigua, de los orígenes de la fotografía, y además me parecía un enigma si el hecho de que la mujer apareciera de espaldas era una decisión del fotógrafo o de ella misma. Pero la fiebre realmente se disparó cuando vi la imagen en vivo, en el (museo) Metropolitan de Nueva York. Entonces empecé la investigación pormenorizada e hice apuntes, anoté ideas, preguntas. Al revisar la libreta me di cuenta de que ya tenía, de algún modo, poemas. Entonces decidí seguir en esa tónica”.

LO INQUIETANTE

“Cuando uno ve una imagen durante mucho tiempo la empieza a poblar de cosas, hace proyecciones. Me di cuenta de que entre las proyecciones que hice, quizá por el mundo de horror que vivimos en México, estaba la decapitación, es decir, ver la foto como si se tratara de un cuello para ser cercenado. De algún modo obvio, esa fotografía remite a la idea de la muerte, aunque no necesariamente a una ejecución. Pensar eso me inquietó”.

POEMA LARGO O CONJUNTO DE POEMAS

“La idea es poder leer el libro como si fuera un solo poema pero, al mismo tiempo, busqué que los apartados tuvieran autonomía, que se sostuvieran por sí mismos. Es una mezcla de fragmento y totalidad”.

LA POESÍA COMO PREGUNTA

“De algún modo, la poesía genera un cortocircuito en la comunicación. Cuando platicamos o escuchamos las noticias creemos que nos estamos comunicando bien, sin embargo, la poesía mete un ruido, interrumpe a partir de preguntas. En este caso, además de que el libro está lleno de interrogaciones, también me interesaba discutir de forma implícita la convención de qué es un pie de foto. Si ya es dudoso que una imagen pueda esclarecerse con una línea, yo quería hacer notar que tampoco basta una catarata de páginas para explicar una foto. Es decir, el pie de foto puede tener más de mil líneas y no llegar a nada.  No quise formular la pregunta, sino que se encarnara en el libro mismo”.

AUTOR OBSESIVO CONVOCA OBSESIONES

“El libro aborda una obsesión sin rostro, que de algún modo se va hacia el misterio. En él parto de la sospecha de que todo individuo tiene algún tipo de manía. La idea era jugar con esa obsesión que también tiene el otro, el lector. Quizá no es la misma que la mía, pero dado que tiene una, sabe de lo que estoy hablando. Siempre lo relaciono con el secreto: yo tengo un secreto, tú tienes uno también. Probablemente mi secreto no sea el tuyo, pero ambos sabemos lo que es tener uno. Por eso, el escritor se vuelve mucho más perspicaz cuando trabaja con la idea de que la idea de secreto es compartida”.

Para dejar a tono el #MiércolesDePoesía, comparto aquí uno de mis poemas favoritos de Nu)n(ca:

La primera vez que la vi pensé
esta mujer no puede ser
un monstruo:
no oculta sus facciones,
ostenta un ademán.
Quiere proponer un misterio
y hacerlo con la elegancia
de la desfachatez.

Posa con el atrevimiento del no
más elusivo:
parece que consiente
y al mismo tiempo descree
de lo frontal.

Dice que sí
pero no como lo imaginabas;
al borde del secreto de la nuca
ofrece el broche de un collar
que no podrás abrir.

Foto: Onésipe Aguado
Foto: Onésipe Aguado