El efecto de cuatro martinis

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Empiezo por decir que no me gusta el martini seco. En cambio, aunque soy de poco beber me encanta el endulzado de manzana, causante de algunas noches de mareo y relajación (por usar un eufemismo). Esta digresión vale para contar que en Plegarias nocturnas, la novela de Santiago Gamboa que estoy leyendo, cierto personaje dedica un pequeño capítulo a hablar de la historia de ese coctel. Incluye algunas citas generales, como la de Bernard Shaw: “La vida es una operación quirúrgica y el alcohol es la anestesia” o ésta de Frank Sinatra: “El alcohol es el peor enemigo del hombre, pero la Biblia dice que debemos amar a nuestros enemigos”.

El capítulo cierra con estos divertidos versos de Dorothy Parker, que tratándose de martinis de manzana podría suscribir:

“Me gusta beber martinis.

Dos como máximo.

Después del tercero estoy debajo de la mesa.

Después del cuarto, debajo de mi anfitrión”.

12 comentarios en “El efecto de cuatro martinis”

  1. Buñuel era un devoto y no pierde, bueno perdía, oportunidad de elogiarlo. En “El discreto encanto de la burguesía” da una lección de cómo se debe hacer y cómo no se debe de tomar. Auténtica la frase de D. Parker. ¡Está muy rico…!

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    1. Tres es mi máximo si tengo la intención de mantener la cabeza sobre los hombros. Las muy raras veces en que no lo deseo, con el tercero apenas empiezo, sea martini, whisky, tequila o mezcal!
      Abrazo

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