Archivo de la categoría: deseo

Cachonderías aparte, el deseo es la razón que me mantiene aquí.

Nos apropiamos de Anaïs Nin (y la envidiamos)

Al terminar la mesa nos abrazamos Ana Clavel, Paola Tinoco, Julia Cuéllar, yo y Carmen Rioja. En la foto falta Verónica Maza. Andaba no sé dónde.

Anaïs Nin pasó de visita por la Feria Nacional del Libro de León, en Guanajuato. Estuvieron sus palabras y su affaire con la vida en exceso, con la sobreabundancia del arte.

Cinco mujeres escritoras nos encontramos allá para hablar de ella y del imán brutal que tienen su vida y su obra, a 40 años de su fallecimiento. Ana Clavel, Paola Tinoco, Verónica Maza, Carmen Rioja y yo participamos en una mesa sobre las implicaciones de la pluma de quien dejó líneas como éstas: “Es a Henry a quien amo de esta manera criminal. Locamente. Cometería crímenes por él. Otra vez la locura […] el desbordamiento de una extravagancia indisciplinada. Al diablo con el buen gusto y el arte, con todos los frenos y barnices […] Amar es lo primero… amar, perder, rendirse […] Solo creo en el fuego” (Diarios amorosos, Siruela).

Abordamos su coraje de exponer fuerza y fragilidad por sobre la buena conciencia. El rigor quemante de no quedarse con las ganas. Su convicción de que las vivencias alimentan la literatura, la hacen vestirse de cuerpo y alma.

Me pareció curioso que, como ha ocurrido otras veces, apareció entre nosotras la palabra “envidia”. Esta mujer nacida en 1903 fue capaz de vencer en su escritura y su día a día lastres que todavía nos cobran factura a nosotras, de la segunda mitad del siglo XX.

Qué gozadera hablar de Anaïs con colegas queridas. Hacerla, de nuevo, propia.

Carmen Rioja, espléndida moderadora
Leyendo algún fragmento de los Diarios amorosos publicados por Siruela
Creo que estaba pensando: la de veces que he vuelto a Anaïs, para encontrarme.

 

Leí las Cincuenta sombras de Grey para criticarla a gusto

Captura de pantalla 2015-02-21 a las 8.54.16No me imaginé que la entrada 10 novelas eróticas que sí valen la pena (y NO se llaman 50 sombras) iba a generar tantos comentarios (¡más de 500!). Unos son a favor del libro, pero la mayoría añade novelas que faltaban en la lista o se declara en contra del libro. La interacción ha sido muy rica, porque pone sobre la mesa muchos títulos que no incluí, como Fanny Hill, Memorias de una pulga, El amante de Lady Chatterley, El amante, Justine y la trilogía de Anne Rice. Dado que se trata de una lista totalmente personal es también, claro, parcial (no se llama “las 10 mejores novelas eróticas”, aunque debería).

Varios me han preguntado por qué 50 sombras de Grey (Grijalbo) es una mala novela. Como esto es un diálogo y no un monólogo, aquí algunas razones por las que me doy permiso de pitorrearme con elegancia de la historia de Christian y Anastasia. Aclaro que ofrezco 20 ejemplos tomados hasta la mitad de la novela, cuando abandoné la lectura. Me obligué a llegar hasta ahí. Con eso fue suficiente.

LENGUAJE MANOSEADO
Los personajes hablan con frases cursilísimas, como el recurso repetitivo de Anastasia: “La diosa que llevo dentro me observa” p. 76, “La diosa que llevo dentro baila merengue con algunos pasos de salsa” (por practicar sexo oral) p. 118, “La diosa que llevo dentro está sentada en la postura del loto y parece serena” p. 134.
Aquí algunos de los muchos otros ejemplos de fórmulas gastadísimas:
1. “No he conocido a nadie que… bueno, alguien que me atraiga, aunque una parte de mí desea que me tiemblen las piernas, se me dispare el corazón y sienta mariposas en el estómago”. p. 24
2. “Su voz es cálida y ronca como un bombón de chocolate y caramelo”. p. 25
3. “Se frota la barbilla con el índice y el pulgar considerando mi respuesta”. p. 28
4. “[…] dejándome como una masa temblorosa de embravecidas hormonas femeninas. […] me descubro a mí misma sonriendo como una colegiala”. p. 31
5. “Creo que se ha sorprendido, y suena muy cálido. Incluso seductor. Se me corta la respiración y me ruborizo”. p. 34 (Qué pieza de originalidad).
6. “Anastasia, deberías mantenerte alejada de mí. No soy un hombre para ti —suspira”. p. 45
7. “Te deseo con locura, especialmente ahora, cuando vuelves a morderte el labio”. p. 92
8. “ ‘Eres mía, sólo mía. No lo olvides’. Su voz es embriagadora”. p. 104
9. “Tienes un sobresaliente en técnicas orales. Te debo un orgasmo”. p. 119
10. “Ha sido realmente agradable”. p. 160 Lo dice ella luego de un revolcón. Así de excitante habrá estado.

LUGARES COMUNES
No hay propuesta, sólo reciclaje de fantasías y estereotipos.
1. Ella se enamora de un guapo y sexy multimillonario, “un dios griego”. ¿Cuál es la sorpresa?
2. El primer contacto entre ellos se da cuando ella va a cruzar la calle sin fijarse que viene una bicicleta, él la jala para protegerla y ella cae sobre él. p. 44ss
3. Ella le llama cuando está borracha y él viene a rescatarla. p. 52ss
4. En el ascensor, él la besa por primera vez. ¿Hay algún lugar más predecible?
5. La cama del “cuarto de juegos” tiene esposas y cojines “de satén rojo”. p. 86 Bendito derroche de creatividad.

INVEROSÍMIL
Muchos momentos y escenas parecen forzadas, no-creíbles.
1. Él le dice que no la va a tocar sino hasta que tenga su consentimiento por escrito, tanto del contrato de confidencialidad como de los límites que deben respetar. p. 68
2. Cuando descubre que ella es virgen, el buen hombre le pide permiso para “no cogerla” sino “hacerle el amor”. p. 97 ¿En serio?
3. El primer orgasmo de Anastasia sucede cuando él le chupa los pechos. Y luego de que él la penetra por primera vez, ella describe la sensación como “muy agradable” p. 101ss ¿Y el dolor de la primera vez? Claro, luego se acuerda de él.
4. “Como estás adolorida, he pensado que podríamos dedicarnos a las técnicas orales”. p. 112 ¿Hablaría así el “perverso” Christian?
5. Cuando están en la tina, antes de que él le pida que le haga sexo oral, este hombre que propone látigos le pide que espere porque “Yo también tengo que lavarme”. p. 117. Pulcro, el corruptor.

En fin, ahí están algunas razones. Espero sirvan para que muchos se ahorren la molestia.

#MiércolesDePoesía Decir el amor con palabras recién nacidas

captura-de-pantalla-2017-01-11-a-las-8-04-25

“Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia […]

Tengo una atmósfera propia en tu aliento.
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas […]

Tengo esa voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos del corazón
Esa voz que cae en la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes […]”.

El poeta chileno Vicente Huidobro hubiera cumplido ayer 124 años. Su poema Altazor, a cuyo Canto II pertenecen estos versos, es la experimentación del lenguaje, “un sport de vocablos”, un engranaje perfecto. En otro momento hablaré más de él.

Por hoy dejo estas otras líneas de quien pudo decir el amor con “palabras recién nacidas”:

“Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en el aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito”.

 

#MiércolesDePoesía “De él me gusta el labio grueso, muy tú cuando lo muerdo”

Foto: Julia Anna Gospodarou
Foto: Julia Anna Gospodarou

En estos días, tanto el sitio argentino Alcanza Poesía como el diario mexicano Gazzetta D.F. publicaron poemas de mi libro más reciente, Ser azar (Editorial Abismos, 2016). Además, Alcanza Poesía incluyó una entrevista conmigo sobre el Premio Internacional de Poesía Mario Benedetti, que recientemente obtuve en Montevideo, Uruguay.

Me emocionan las dos invitaciones a presentar mi trabajo: la de Hugo Muleiro, en Buenos Aires, y la de Hugo de Mendoza, de El Golem Ediciones, en la Ciudad de México. Subrayo mi gratitud a los Hugos, nombre que ya revela el entrañable signo literario de ambos personajes.

Para celebrar el #MiércolesDePoesía aquí van dos de los textos incluidos sobre azares amorosos, pero invito al muy respetable a pasearse por ambos sitios. Sea.

 

Viajera

De él me gusta el labio grueso, muy tú cuando lo muerdo. Del otro me encanta el peso que me ahoga, en lo que me recuerda el tuyo. Sé que disfrutarías el humor impúdico de aquél.

Te juro que no dejo de pensarte, corazón.

 

Cortejo

No quiero mirarte

y te miro,

entre el follaje.

Debería romperte las alas

y enterrar tu pico en tierra,

el tornasol de tus plumas.

Finjo que tu rito no me atrae,

ignoro que tu cuello brilla

más que otras veces.

Casi lo logro.

Pero Natura desleal

me traiciona

en un pliegue que se inflama.

 

Lo que me pasa con cierta combinación de letras

Algunos nombres me interesan más que el resto.

Quiero poner los ojos en el espacio entre sus signos, meterme en el dulzor de cada uno de sus sonidos.

Me atrae la mitología que los envuelve.

Su capacidad de combustión.

No conozco las letras que dan forma a algunos nombres.

 

#MiércolesDePoesía Las muchachas que hacen eso en lo oscuro

Gustave Courbet, Las durmientes, 1866
Gustave Courbet, Las durmientes, 1866

Sería su cumpleaños 100 pero no lo celebró, porque en 2011 cruzó a la acera de enfrente. Y ahí se cuentan distinto los años.

Cuando el chileno Gonzalo Rojas (1916-2011) se preguntaba ¿qué se ama cuando se ama?, ensayaba respuestas sobre el asunto, tan falso y tan hermoso. Este poema, sobre el sexo entre mujeres e incluido en Las hermosas (Poesía Hiperión), es un intento por explicar “la furia del espectáculo” mientras “llueve peste por todas partes de una costa/  a otra de la Especie”. Qué a gusto, que existan equívocas doncellas.

Vaya como buena excusa para hacer de Rojas este #MiércolesDePoesía.

A unas muchachas que hacen eso en lo oscuro

“Bésense en la boca, lésbicas
baudelerianas, árdanse, aliméntense
o no por el tacto rubio de los pelos, largo
a largo el hueso gozoso, vívanse
la una a la otra en la sábana
perversa,
y
áureas y serpientes ríanse
del vicio en el
encantamiento flexible, total
está lloviendo peste por todas partes de una costa
a otra de la Especie, torrencial
el semen ciego en su granizo mortuorio
del Este lúgubre
al Oeste, a juzgar
por el sonido y la furia del
espectáculo.
Así,
equívocas doncellas, húndanse, acéitense
locas de alto a bajo, jueguen
a eso, ábranse al abismo, ciérrense
como dos grandes orquídeas, diástole y sístole
de un mismo espejo.
De ustedes
se dirá que amaron la trizadura.
Nadie va a hablar de belleza”.

 

 

Naufragio

 

captura-de-pantalla-2016-12-15-a-las-10-48-42

La noche tiene costas, bahías de calma que con frecuencia te incluyen. El día, las suyas, con sus propias reglas y vientos.

Yo navego entre paisajes, entre una y otra geografía, pero a veces soy quien flota a la deriva en una pequeña balsa.

Y trata de no enloquecer.

 

Por un beso de esos

Foto: Julie Andrews y Rock Hudson en Darling Lili (1970)
Foto: Julie Andrews y Rock Hudson en Darling Lili (1970)

“Se inclinó y la besó de una forma que ella sintió que debía besarla siempre” (p. 182). -D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley, Sexto Piso.

A veces, pocas veces, un beso cambia por completo el norte y el sur, porque si alguien es capaz de decir todo eso con los labios, entonces el lenguaje no sirve de mucho. Y, en este caso, tampoco yo y mis labios hemos de mucho. Hasta este momento.

captura-de-pantalla-2016-10-15-a-las-10-08-02

Si esto es amor de tenebra, no sé

captura-de-pantalla-2016-11-22-a-las-8-56-41

“[…] Pronto, ¡pronto! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados”.

Estos tres versos finales pertenecen al “Soneto de la guirnalda de las rosas” de Federico García Lorca. El poema fue desconocido por décadas y dado a conocer apenas hace unos 30 años, como parte de los Sonetos del amor oscuro, en los que el poeta asume su preferencia homosexual. Da click aquí para ir a los demás poemas de la serie, publicados por Lumen.

Me alucina cómo hace plástico el aturdimiento, la indefensión que provoca el amor.

¿Amor oscuro? PorDió.

Sugerencia para conjurar el frío (y noticia: este blog llega a 8 mil seguidores)

captura-de-pantalla-2016-11-15-a-las-8-01-49

Hoy, la revista mexicana Blanco Móvil publica algunos poemas míos, lo cual me da una relación especial con este martes: le quita un poco el congelamiento inminente.

Aquí va uno de ellos a propósito del clima, de la necesidad de jugar con fuego para no morir ateridos.

Sí, tú, haz caso.

P.D. Hoy mismo este blog llega a 8 mil seguidores. No me la creo, me parece que alguien me está jugando una broma. Igual me dejo consentir con la noticia y me dan ganas de invitar una taza del mejor café del mundo a cada persona que  sigue este viaje de palabras. Gracias de corazón. De veras. De entrañas.

Da click aquí para ir a los poemas en el sitio de Blanco móvil.

#MiércolesDePoesía Lizalde, antídoto

Pintura: Kurt Van Wagner
Pintura: Kurt Van Wagner
El día no quiere amanecer, luego de que el innombrable derrotara toda lógica en Estados Unidos. Por eso (o a pesar de eso) convoco un poema de Eduardo Lizalde, quien acaba de ganar el Premio Carlos Fuentes: las palabras como un antiveneno.

Profilaxis

Los amantes se aman, en la noche, en el día.
Dan a los sexos labios y a los labios sexos.
Chupan, besan y lamen,
cometen con sus cuerpos las indiscreciones
de amoroso rigor,
mojan, lubrican, enmielan, reconocen.
Pero al concluir el asalto,
los dos lavan sus dientes con distintos cepillos.

No sé cómo resistir tu voz

captura-de-pantalla-2016-10-21-a-las-10-01-42

“[…] había tomado en préstamo las cuatrocientas voces de un cenzontle; era un mago […] cuya mejor suerte consistía en aparecer y ocultar mundos con el mero instrumento de su voz“. -Rosa Beltrán, La corte de los ilusos, Alfaguara.

Conozco una voz como la que menciona la magnífica novela de Betrán, un cenzontle metido en la garganta a ratos oscuro, la angustia de un grito contenido, otras terso, tibio, casi un temblor de tan inseguro. En todos los casos, capaz de armar y desarmar universos a golpe de sonidos.

Qué hago con esa voz, cómo la resisto si en ella no caben todos los silencios.

Al son que me toquen bailo (si me lo tocan bien)

Foto: Guillermo, para Firefish Gallery
Foto: Guillermo, para Firefish Gallery

Este texto mío, sobre la delgadísima línea entre danza y sexo, acaba de salir publicado en el fanzín de danza El lago de los chismes, el mismo que presume: “plagiamos la tipografía de publicaciones importantes, plagiamos los derechos de licitud, plagiamos el copyright y la marca registrada”. Me invitó a participar José Eugenio Sánchez, poeta que sabe como nadie hacer de las palabras algo nuevo y antisolemne, es decir, chingón. 

Aquí va. Lo subtitulé “Historia en cinco alientos con ensayito intercambiable”.

Uno

Tenía 15 años. Era una intelectual que amaba la foto de Korda que amaba al Che Guevara y que tomaba clases de danza seis días de la semana en Jitanjáfora, poética y esdrújula escuela de técnica rusa. Estos tres apuntes basten para decir que, en un afán de congruencia, quería bailar revolucionariamente. Mi fervor me proyectaba como un ingrávido cuerpo despechado (nunca mejor dicho) que se movía rutilante por el escenario, comunicando un mensaje muy de izquierdas. Estaba decidida a resolver en mis extremidades vicarias, vibrantes de compromiso, la polaridad entre ideal estético y político. En mis mallas de marca Capezio compradas en Aurrerá sería la bailarina lumpen que proyectara a pie descalzo una arenga del tipo “Hasta siempre, comandante”.

Pero el imperativo guevarista no pasó de ser una broma, porque ni mi torso adolescente fue modelado tan sin rubicundeces ni la revolución Made in Cuba me hizo justicia. Para ser franca, tampoco bailaba gran cosa. Tal vez por eso, aunque me presenté en una veintena de funciones, mi nombre nunca salió en el Granma en el periódico. Y la causa me perdió pronto: a los 19 años dejé la danza porque me jodí las rodillas porque mis afanes agitadores querían trascender el escenario. Necesitaba cambiar el mundo, al menos, el mío. Así que colgué las zapatillas y decidí cobrar venganza. Y que me vengo.

Dos

A los 10 había empezado a hacer ballet. Claro, es un decir, porque pasaban los meses de chongo-bien-peinado-zapatillas-limpias y yo seguía en la barra, primera, segunda, pliés, relevés. Luego, tontas vueltas alrededor del salón simulando ser mariposa. ¿A qué hora iba a cruzar el proscenio en brazos de un hermoso Baryshnikov de la musa? ¿A qué hora meterme en las tripas de la música?

Entonces nos pusieron una pequeña coreografía y me g­ustó sentir que, poquiteada pero con ganas, que mi talento avasallante podía decir algo sin palabras. Subrayar. Poner puntos suspensivos. Así se despertó la adicción por hablar a cuerpo entero, que tres años después desembocó en clases tanto con el Taller Coreográfico de la UNAM como con Vera Larrosa, bailarina y escritora infrarrealista que entre arabesques nos recitaba poemas y nos enseñaba a res-pi-rar-los. Yo, que me tomaba muy en serio lo de ser adolescente la mayor parte del tiempo, mientras borroneaba versos y ensayaba pasos encontraba hermanadas dos disciplinas que amaba: danza + poesía. Y ambas partían de la inhalación.

Tres

Tenía 17 años. Seguía haciendo piruetas y escribiendo. Faltaban más de 15 años muchísimos para que se estrenara en México en 2001 Billy Elliot, película sobre el niño-irlandés-devenido-bailarín, y todavía más para que apareciera la obra de teatro, con canciones de Elton John y Lee Hall. Pero sin duda yo habría querido cantar como el protagonistito o, mejor, escribir: “¿Qué siento al bailar? No sé explicarlo. Es olvidarme de quién soy, pero sentirme completa. Es un fuego por dentro, electricidad en cada miembro”.

Lo cierto es que tanto para Billy Elliot como para mí la experiencia se parecía bastante a un orgasmo de cuerpo completo, uno muy largo, aspirado, rumor y estallido, capaz de dar volumen al aire. Mejor que mi tórrida relación con el cepillo de pelo. Cómo no hacerse junkie de la seducción aceptada.

Cuatro

Acabo de cumplir 44 años y lo mío sigue siendo el intenseo. Aunque el contexto merecería mejor pretexto estoy en poca ropa, frente a un espejo de piso a techo, sudando a cubetadas mientras las piernas me tiemblan y el corazón, algo más. Pero no, si bien soy cliente distinguida de hoteles decadentes, hoy no me estoy entrenando en la lujosa lujuria. Más bien estoy comenzando a aprender yoga con los mismos muslos con los que hace años intentaba grand jetés. Es decir, sigo intentando deletrear a boca cerrada.

Una de las revelaciones que se volvieron eje de mi escritura y que más celebré en mis veinte, mientras cogía desaforadamente mientras me curaba la cruda de no bailar, fue entender que mi cuerpo no perdía el papel central. Que el sexo y la danza se parecen porque en ambos se dice con el gesto. Porque soy yo misma vuelta vapor y, más que nunca, carne. Porque trascienden los límites. Porque en los dos bailo al son que me toquen, pero cómo agradezco que me lo toquen bien. Porque son cuestión de cadencia. Porque le dan sentido a los sentidos y goce a las junturas. Porque implican salir de mí para mirarme en otro. Porque ambos, sin duda, se aprenden.

Cinco

Si la adolescenta que dejó el baile hubiera sabido que unos 30 años después seguiría fascinada por hablar con los músculos, seguro habría pensado: “Qué viejita tan atascada” “Qué sublime fue su vocación”.

MINIENSAYO DE IDEAS INTERCAMBIABLES

  1. En la danza, el cuerpo es la obsesión. O, mejor, el foco de latensión (latención). Sin él, no hay yo ni tú ni (nos)otros ni magias ni h(n)adas. A partir de él construyo la relación de mí, conmigo, y la mía, contigo.
  2. En la danza, el cuerpo se mete en las entretelas de una música interior y (re)cobra su soplo antiguo, el que no pasa por la voz. O la trasciende. Porque si algo se puede expresar con tinta (tanta) palabra, para qué lo demás.
  3. En la danza, el cuerpo requiere una mínima técnica, porque sin ella sólo hay (tarta)mudez. Así genera una memoria de aciertos y descalabros, a partir de la cual articula frases en movimiento.
  4. En la danza, el cuerpo establece una narrativa a partir de (contr)acciones, relajaciones e insistencias. Estiramientos y (genu)flexiones. Signos e(x)ternos del alma desparramada por los miembros.
  5. En la danza, el cuerpo es (t)urgencia que entre tambores y temblores se busca en el (escalo)frío del otro, el que no es suyo, pero lo es. Se empeña en dar y tomar aliento porque sin ese intercambio de adentros, todo es nada.

Nota a(l) pie
Si le da la gana, el lector puede sustituir las palabras “En la danza” por “En el sexo”. Si no le da la gana, no.

img_9437

 

¿Sexo con 365 en 365 días? Why not.

captura-de-pantalla-2016-10-06-a-las-10-56-18

La lujuria no es buen negocio. Lo fue cuando conservaba un toque de transgresión. Ya no. Hoy resulta tan cotidiana como las galletas de animalitos y bastante menos versátil, porque no se le puede sopear en un café cargado. Para que llame la atención debe ofrecer algo retorcidito. Esa parece ser la tesis del artista ruso de performance Mischa Badasyan, quien se planteó un experimento sui géneris. Más bien, con sui géneris, con su género de cuerpito: tener relaciones con 365 hombres a lo largo de 365 días y registrar los encuentros en fotografías, grabaciones de audio y video, para luego crear piezas de performance.

El creador gay, quien lleva años de vivir en Berlín, tituló su proyecto Save The Date. Dijo que a sus 26 años nunca había tenido una relación seria de pareja ni se había enamorado y que su vida sexual consistía en ir de noche a los parques para tener encuentros con desconocidos, de los que regresaba sintiéndose fatal. Entonces se le ocurrió llevar al extremo esa realidad cotidiana de muchos homosexuales, apuntó. El objetivo era comprender la relación entre libertinaje y soledad: averiguar si el sexo indiscriminado (porque no le hizo el feo a ningún color, nacionalidad ni talla) mata la necesidad de afecto en los seres humanos (porque la propuesta no involucraba animales). ¿Masoquista? ¿Original? Habría que ver.

Muchos cuestionaron si su idea era arte o sólo se trataba de darle gusto al cuerpo y además ganar atención de los medios. Él respondió que buscaba explorar la dinámica del contacto humano e incluso dijo basarse en la estética relacional. Ese término, acuñado en los años noventa por el curador francés Nicholas Bourriaud, describe la tendencia de crear arte con base en las relaciones humanas. O sea, el ruso parecía informado, aunque al expresarse lo disimulara muy bien: “El sexo no es la penetración. El sexo es un estado emocional, un sentimiento, un contacto”, afirmó en entrevista con la revista Vice. Algunos se burlaron de él y lo llamaron “un narcisista obsesionado con el sexo”.

Lo cierto es que dio inicio a su obra. Para contactar parejas usó Apps populares entre la comunidad gay, como Grindr y Scruff. Así pactó citas en supermercados, centros comerciales, aeropuertos y demás sitios llamados no-lugares por el antropólogo francés Marc Augé, es decir, espacios impersonales donde no somos individuos, sino seres anónimos. Así metía en la ecuación el presupuesto de fondo (disculpen): a través del sexo indiscriminado, él mismo se convertía en una no-persona, en un número más. En ocasiones lo dejaron plantado. Otras, el prospecto llegó a la cita pero tras cinco minutos huyó, mientras otros rechazaron sus avances. Entonces optó por el método tradicional de conocer gente: caminar por las calles de la ciudad, incluida la zona roja de Berlín, donde se desempeñó como prostituto. Entre los hombres con los que estuvo vinculado (perdón) se contó un periodista de 76 años, un instructor de yoga, una estrella del porno y algunos hombres infectados con VIH. Además se sumó un estudiante de 20 años, heterosexual, que al enterarse del proyecto de Badasyan decidió participar. “Nunca había tenido ningún tipo de relación con un hombre y quise probar”, reconoció. Fueron a cenar, a bailar y durmieron juntos. Apasionado del arte, el chico.

El artista registró en un diario cada encuentro. A nadie debe haber sorprendido (tampoco a él) que en general se trató de relaciones fugaces, rutinarias. Lo que sí resultó revelador fue que para encontrar placer necesitaba ser agresivo. “Sólo disfrutaba si empleaba violencia, así que empecé a golpear a mis parejas”, señaló mientras abría grandes los ojos para subrayar su asombro. Previsiblemente, también fue víctima de brutalidad: un tipo estuvo a punto de arrollarlo con un auto, otro lo golpeó con una botella, un neonazi lo amenazó de muerte y alguien lo roció con gas pimienta. Heroico, meterse en aprietos (ejem) por el arte. Al menos encontró cómo garantizarse adrenalina.

En la página de Facebook de Badasyan se pueden leer artículos sobre él aparecidos en medios de Colombia, Brasil, Estados Unidos, Italia, Francia e Israel, entre otros países. Además, alguien escribió una tesis universitaria de su trabajo y un bailarín de Los Ángeles, Kevin Lopez, creó una pieza de danza tomándolo como inspiración. Luego, para cerrar con broche de oro (ay, albur involuntario), voló a Berlín para pasar la noche con el ruso y apoyar directamente su experimento.

¿A qué conclusiones llegó el artista con Save The Date? Dice que la falta de cercanía emocional le hizo daño, que se sintió una máquina y que ahora de verdad le gustaría estar con un alguien. Conmovedor, el pronombre indefinido. ¿Cómo se ve a un año de haber terminado? Señala que ya no sale con gays y sólo se excita como voyeurista en los baños públicos o cuando interactúa con heterosexuales o bisexuales. “Dormir con tanta gente, ¿no es una locura?”, se autopregunta, en un dechado de ventriloquia. Lo sorprendente es que no menciona para nada las piezas de performance que supuestamente iba a crear. Es decir, hizo todo por el arte pero luego se le olvidó el arte (es un decir).

Retomo las preguntas planteadas al inicio. ¿Mischa Badasyan es un masoquista abnegado? No hay duda. Si los encuentros en el parque lo dejaban sintiéndose vacío, ¿qué esperaba al jugarse el pellejo (dispensen) teniendo sexo volátil con tododios? Sus conclusiones son totalmente previsibles. ¿Es original? En absoluto. Se ha hablado hasta el hartazgo de la soledad contemporánea, de la paradoja de tener miles de amigos en Facebook y sentirse una isla en el universo. Novedoso hubiera sido descubrir, por ejemplo, que el desenfreno es la otra cara de la moralidad beata, que en los pliegues más internos del inmoral se alberga (ejem) un santo en potencia, quien hoy tiene que regodearse en el pecado, para aspirar mañana a los altares. Que con el fin de sentirse realmente solo, como un profeta que alza su voz en el desierto, nada mejor que haber conocido (en el sentido bíblico) a cientos de libertinos. Así, el proyecto de Badasyan resignificaría la incontinencia, le daría un tinte de novedad y, quizá, la volvería de nuevo un negocio. ¿Y eso sería arte? Lo demás es lo de menos.

(Originalmente publicado en el sitio Think Tank New Media).

#MiércolesDePoesía Deseosa pone anuncio clasificado

captura-de-pantalla-2016-09-20-a-las-20-36-25

Este poema del chileno Gonzalo Rojas me gusta. Me lo imagino publicado en un periódico cualquiera, entre el anuncio de una enfermera experta en cuidar ancianos, ofertas de un refrigerador viejo, masajistas a domicilio, autos de oportunidad.

Me imagino los versos haciéndonos el día a más de uno. Sea el #MiércolesDePoesía.

Enigma de la deseosa

“Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto
de 32, exige lectura
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,
b) toda su piel liviana
para los besos, c) mirada
verde para desafiar el infortunio
de las tormentas;
no va a las casas
ni tiene teléfono, acepta
imantación por pensamiento. No es Venus;
tiene la voracidad de Venus”.

 

Así sabe el amor entre mujeres

captura-de-pantalla-2016-10-04-a-las-10-15-00
Ilustración: Luisa Fernanda Penagos http://lufepever.wix.com/lfpenagosart#!

“Dos miradas se cruzaron como los arcos de una bóveda diseñada tiempo atrás […] Cuando volvieron a tener la sensación del tiempo, los dedos pálidos de Fatma y los muy obscuros de Kadiya había hecho crecer entre las dos un tupido boque de ramas negras y blancas, entetejidas como ilegible caligrafía. Se habían conocido en silencio y se amaron en la ausencia de palabras: hablaban la luz y la humedad de sus cuerpos. Decían lo que con muchas palabras se llega poco a decir. En otra de las terrazas, una mujer cantaba con voz muy aguda, adolorida, una muy antigua canción de Ibn Zaydún: ‘Cuando tus ojos vean lo que ya no se ve y tus manos toquen lo que ya no se toca, tus ojos no serán ya tus ojos y tu cuerpo no será ya el tuyo, pobre posesiva poseída’.

Fatma quiso guardar el sabor de ese silencio en su memoria y cerró los ojos como si así lograra comerse definitivamente la presencia de Kadiya e hiciera de ella una tonada que sola vuelve y vuelve a la boca. Y pronto descubriría que hacía muy bien en querer conservar esos instantes porque aunque la memoria es frágil y escurridiza, lo es tal vez menos que la piel y los sentimientos: al abrir los ojos, Fatma descubrió que Kadiya no estaba ya a su lado”.

Es un fragmento de la novela Los nombres del aire, de Alberto Ruy Sánchez, narrador, poeta y director de Artes de México, que el propio Alberto me regaló, con el corazón en el mano, como él suele ir por la vida. Acaba de ser publicada en México como parte de la rica antología Quinteto de Mogador (Alfaguara), una exploración del deseo en sus varios gestos, olores, honduras y temperaturas. En el pasaje que cito, de una belleza que recuerda los cantos eróticos árabes, la adolescente Fatma se enfrenta al deslumbramiento del cuerpo de la hermosa Kadiya. Sin prisa, se tiñe de él. Y le cambian los ojos para ver el mundo.

La ilustración, que me fascina, es de la talentosísima colombiana Luisa Fernanda Penagos.

Ante la amenaza y el sinsentido, el deseo sigue siendo el asidero que nos afirma a partir del cuerpo, única certeza, subrayan tanto Ruy Sánchez como Penagos. Bravo.

Homenaje al miembro del miembro

captura-de-pantalla-2016-09-20-a-las-19-25-28
Ilustraciones de Romana Romanyshyn y Andryi Lesiv, tomadas de la edición de Sexto Piso

Me pongo mal cuando las damitas respetables dicen que es antiestético, horrible. Yo más bien he confesado muchas veces mi devoción por el falo. Lo digo porque estoy leyendo la nueva traducción al español de El amante de lady Chatterley, novela de D. H. Lawrence que acaba de publicar Sexto Piso, con impecables ilustraciones de Romana Romanyshyn y Adnriy Lesiv. Años atrás había leído el original en inglés y lo recordaba como uno de los libros que más lúcida e impecablemente hablan sobre el pene, así que con gusto le hinqué el diente a la versión en español. De ahí extraigo estos tres pasajes en los que Lawrence, maestro de maestros, levanta un templo a la verga a través de la visión de la protagonista, Connie:

“[Ella] fue consciente de la pequeña reticencia y ternura del pene. Y de nuevo se le escapó un pequeño grito maravillado y triste, su corazón de mujer lloraba por aquella cosa tan tierna y frágil que había sido tan poderosa […] El falo erecto se alzaba oscuro y ardiente desde la pequeña nube de pelo rojizo. Ella estaba expectante y temerosa. —¡Qué extraño! —dijo lentamente—. Qué aspecto tan extraño tiene cuando está alzado, tan grande, oscuro y seguro de sí mismo […] ¡Tan orgulloso! —murmuró inquieta—. ¡Tan majestuoso! Ahora sé por qué los hombres son tan dominantes. Es realmente hermoso, de verdad. Es como una criatura distinta y un poco temible, pero realmente hermoso. ¡Y viene hacia mí! […] Y ahora es pequeño y suave como un capullo lleno de vida —dijo tomando aquel pene empequeñecido entre las manos—; en cierto modo, es encantador, pero independiente y extraño. Y también inocente. Y ha entrado tan dentro de mí… Nunca lo insultes. Ya no es sólo tuyo, ahora también me pertenece“. (pp. 235, 280, 281).

Carajo, no he leído nunca un homenaje más chingón a ese obscuro y al mismo tiempo tremendamente luminoso objeto del deseo.

Ilustraciones: Romana Romanyshyn y Andryi Lesiv
Ilustraciones: Romana Romanyshyn y Andryi Lesiv

 

Lo que sí (en vez de lo que no)

Captura de pantalla 2016-08-23 a las 9.29.43

Ando zen. Bueno, no zen-zen ni tampoco tsen-tsen, pero sí más de lo habitual. Es decir, estoy enfocándome en disfrutar el amor hoy, ahorita, sin andar de futuróloga ni de antropóloga ni de interpretóloga.

Se trata de dejarme sentir cuánto me quieres y me lo demuestras a tu manera, de valorar la ternura que me regalas a manos llenas, sin clavarme en cómo no la demuestras, en la infinidad de cosas que no haces y las expectativas mías que no cumples.

Se trata de saborear el rojo intenso de esta paleta.

La luna para desayunar

Captura de pantalla 2016-08-09 a las 11.22.54

Vuelvo a Anaïs, que a cada paso me va aclarando lo que pienso y siento, como en este pasaje de hoy:

“Dejo ir todo lo que no puedo transformar en una maravilla. La realidad no me impresiona. Solo creo en la embriaguez, en el éxtasis, y cuando la vida ordinaria me encadena, escapo, de una manera u otra. No quiero más prisiones […] Yo elijo siempre la luna para desayunar. No aguanto los aspectos monótonos de la vida”.

-Anaïs Nin, Incesto (1932-1954) en Diarios amorosos, Siruela, p. 326

#MiércolesDePoesía Los ojos que tengo en las entrañas dibujados

Gustave Moreau, Cantar de los Cantares
Gustave Moreau, Cantar de los Cantares

No es exagerado llamar a éste uno de los mejores poemas de amor jamás escritos. Nació de la pluma de Juan de la Cruz, quien vivió de 1549 a 1591 y después fue llamado santo.

El poema se basa en el Cantar de los Cantares bíblico. Tiene una lectura mística, es decir, la que trata sobre “el ejercicio de amor entre el alma y el esposo, Cristo”, pero también se le puede leer paganamente, como un ruego de amor mundano. En cualquier caso, su sonoridad y plasticidad son inmejorables, como en el tartamudeo del “un no sé qué que quedan balbuciendo”.

Este #MiércolesDePoesía se desborda con este fragmento del “Cántico Espiritual”, en el que habla la esposa.

“¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.

[…]

¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero
que no saben decirme lo que quiero.

Y todos cuantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan;
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.

[…]

¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y solo para ti quiero tenellos.

¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!”.

Da click aquí para ir a la entrada La noche oscura del alma, también sobre Juan de la Cruz.

 

Esos “turgentes y temblones”

Fotos: Waclaw Wantuch www.waclawwantuch.com
Fotos: Waclaw Wantuch http://www.waclawwantuch.com

Un par de ojos. Dos girasoles. Tórtolas quietas. Tan únicos como la huella digital. “Los recuerdo turgentes y temblones,/ tus grandes, densos pechos juveniles“, cantó Tomás Segovia.

Los pechos bien se cuentan entre los frutos más codiciados, entre los parajes ignotos más celebrados. Estas imágenes del fotógrafo polaco Waclaw Wantuch les rinden homenaje y yo, con ellas.

Captura de pantalla 2016-07-22 a las 10.07.06

Captura de pantalla 2016-07-22 a las 10.05.18

Captura de pantalla 2016-07-22 a las 10.04.56