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Neruda y sus poemas peligrosos

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Está en marcha la exhumación de los restos del poeta chileno Pablo Neruda, muerto en 1973. Se busca determinar si murió a causa del cáncer de próstata o si, como señala su chofer, fue a consecuencia de una inyección letal aplicada por los militares que días antes habían dado el golpe de Estado en el que murió el presidente, Salvador Allende.

Es probable que nunca sepamos la verdad… o sintamos que no la sabemos. En efecto, quizá su salud no resistió tanto el cáncer como el quebranto emocional que le significó el golpe militar, la desaparición de su amigo Allende, la persecución a sus amigos escritores y el allanamiento de su propia casa. Por otro lado, era conocida su amplia trayectoria comunista y su eterna “confianza en el hombre” (como él mismo dijo en Suecia), expresada desde su apoyo a los republicanos españoles hasta su celebración del triunfo revolucionario en Cuba. Además, su cercanía a Allende y su participación en el gobierno como embajador en París hacen factible pensar que los golpistas hubieran terminado con una voz crítica y tan acreditada como la suya (dos años antes recibió el Nobel de Literatura). Jorge Edwards, escritor y amigo suyo, cuenta la respuesta que Neruda dio a los militares que buscaban armas en su casa mientras él estaba débil, en cama. Se dirigió al oficial y le dijo: “Busque, nomás, capitán. Aquí hay una sola cosa peligrosa para ustedes”. “¿Qué cosa?”, le preguntó. “¡La poesía!”.

Cómo no van a resultar combustibles versos como estos del poema “Los enemigos”, incluido en el Canto general (volumen presentado en México en 1950). Con ellos vale la pena recordarlo estos días:

“[…] Por esos muertos, nuestros muertos,
pido castigo.//
Para los que de sangre salpicaron la patria,
pido castigo.//
Para el verdugo que mandó esta muerte,
pido castigo.//
Para el traidor que ascendió sobre el crimen,
pido castigo.//
Para el que dio la orden de agonía,
pido castigo.//
Para los que defendieron este crimen,
pido castigo.//
No quiero que me den la mano
empapada con nuestra sangre.//

Pido castigo.//
No los quiero de embajadores,/
tampoco en su casa tranquilos,/
los quiero ver aquí juzgados/
en esta plaza, en este sitio.//
Quiero castigo”.
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