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#MiércolesDePoesía “Daría este viento de mar gigante por tu brusca respiración”

Un oscuro designio hace que hoy, millones celebren a San Valentón con vengativos ositos de peluche. Esa es una mala noticia.

Hoy también es #MiércolesDePoesía, lo que significa que aquí van versos para biendecir el amor. Esa es una buena noticia.

Pablo Neruda es el invitado de hoy, con su magnífico “Tango del viudo”, que debe leerse completo y un par de cuyos fragmentos comparto aquí, para abrir boca (literal y figurativamente hablando). Es impresionante cómo habla el hueco de ausencia que siente quien amó.

“[…] Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

[…] Daría este viento de mar gigante por tu brusca respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo,
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres… desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas”.

Pablo Neruda, “Tango del viudo”, Residencia en la tierra

Da click aquí para leer el poema completo.

 

La urgencia de Neruda, a 3000 metros de alto

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Neruda no renuncia a su vocación escritora, a más de 40 años de muerto sigue jugando con versos. Y qué bueno. Acaba de salir a la venta en México Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos (Seix Barral), libro con 21 textos desconocidos del chileno. Entresacados de los miles de papeles de su archivo, y por alguna razón no incluidos por el autor en su recapitulación Memorial de Isla Negra (1964), fueron escritos en cuadernos, hojas sueltas, menús y hasta en el programa musical de un barco en el que viajaba. Descubiertos recientemente, son ahora dados a conocer en una edición que incluye algunas páginas facsimilares de su puño y letra, además de una introducción de Darío Oses, director de Archivos de la Fundación Pablo Neruda.

Ahí están los temas a los que siempre acudió: el amor, su vocación, el mundo, Chile. Me gusta el poema en el que el escritor reconocido recomienda modestia al Neruda joven que se inicia en las letras: “[…] alarga tu silencio/ hasta que en ti/ maduren/ las palabras […] no te metas/ a presumir de pluma,/ de argonauta,/ de cisne,/ de trapecista entre las frases altas […] tienes/ que ensuciarte las manos/ con aceite quemado,/ con humo/ de caldera”. Y el texto en el que se queja de la “prostitución de cada día” que implica el teléfono: “[…] Pasé a ser telefín, telefonino,/ telefante sagrado,/ me prosternaba cuando la espantosa/ campanilla del déspota pedía/ mi atención, mis orejas y mi sangre,/ cuando una voz equivocadamente/ preguntaba por técnicos o putas/ o era un pariente que yo detestaba/ una tía olvidada, inaceptable”.

Otro, de tono erótico, lo escribió sobre un menú, como deja ver la imagen facsimilar del libro y además anotó en la esquina de la hoja: “Día 29 diciembre 1952. 11 de la mañana. Volando a 3.500 metros de altura, entre Recife y Río de Janeiro”. Es decir que los versos le asaltaron, apremiantes, en pleno vuelo, igual que pasa con el deseo. Y a más de 3,000 metros de alto convirtió la urgencia en este poema terrestre:

“Por el cielo me acerco

al rayo rojo de tu cabellera.

De tierra y trigo soy y al acercarme

tu fuego se prepara

dentro de mí y enciende

las piedras y la harina.

Por eso crece y sube

mi corazón haciéndose

pan para que tu boca lo devore

y mi sangre es el vino que te aguarda.

Tú y yo somos la tierra con sus frutos.

Pan, fuego, sangre y vino

es el terrestre amor que nos abrasa”.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

 

“Hay muertos que hacen temblar la tierra”: Tina Modotti

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En 1942 murió en México Assunta Adelaida Modotti, fotógrafa italiana y activista de izquierda. La obra de teatro María Tina Modotti, que se presenta en el Teatro Sergio Magaña de la capital mexicana bajo la dirección de Haydeé Boetto y Gabriel Figueroa Pacheco, aborda su vida estrujante a partir de tres actores y un bello juego escénico creado a partir de grandes maletas, que en coreografía van trazando distintos espacios. El texto de Zaida Rico (quien también encarna a Modotti) se centra en la Tina luchadora social y la enamorada del revolucionario cubano Julio Antonio Mella, asesinado en los propios brazos de ella y de cuya muerte fue absurdamente acusada. El personaje de Modotti asegura de él en una línea poderosa: “Hay muertos que hacen temblar la tierra”.

La obra me gustó pero a ratos el texto me pareció flojo y me hizo falta ver en escena a la Tina también fotógrafa, la artista vital, así como dar más peso al poema que Pablo Neruda le dedicó, que apenas se menciona. Compañeros de ideario político y ambos involucrados en la Guerra Civil Española, el chileno le escribió a su muerte:

“Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes:
tal vez tu corazón oye crecer la rosa
de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.
Descansa dulcemente, hermana.  

La nueva rosa es tuya, la nueva tierra es tuya:
te has puesto un nuevo traje de semilla profunda
y tu suave silencio se llena de raíces.
No dormirás en vano, hermana.  […]

Son los tuyos, hermana: los que hoy dicen tu nombre,
los que de todas parte del agua, de la tierra,
con tu nombre otros nombres callamos y decimos.
Porque el fuego no muere”.  

Hay muertos que hacen temblar la tierra. Sí, como la propia Tina. Qué gusto que el buen teatro nos lo recuerde.

Lo que viene siendo un poema de madera

Barco

“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”, escribió Pablo Neruda en Confieso que he vivido.

Lo cita Ricardo Miranda en una conmovedora crónica en la revista SoHo de este mes. En ella habla de Rodrigo Parra, chileno de Isla Negra, hogar de Neruda por años. En “Historia de un capitán y su barco en tierra”, el autor narra cómo este expublicista convirtió su casa en un navío, lo llamó La Nave Imaginaria y consiguió que la Armada chilena le diera certificado de navegabilidad y permiso de zarpe… aunque esté en tierra. Es decir, este niño de 43 años se niega a dejar de lado los juegos de piratas y construye un buque para habitar su aventura. Su envidiable Nave Imaginaria es algo así como un poema de madera, que a Neruda le hubiera hecho sentido.

Hoy mi casa me parece menos juguetona que nunca.

Actualización 23 de julio de 2014: El propio Rodrigo Parra, protagonista de esta historia, pasó por este espacio y dejó un comentario que puedes ver abajo y que agradezco en el alma. Da click aquí para ir al sitio web de la Nave Imaginaria. Salve, capitán.

“Me gustas cuando callas”, de Neruda: su verdadero origen

Cartón: Fernando Pinilla
Cartón: Fernando Pinilla

El ilustrador venezolano Fernando Pinilla ha creado cartones para el muy recomendable sitio web QueLeer, delicioso hogar de quienes amamos los libros. Éste, sobre el archicitado verso de Neruda, me parece iluminador. Ahí está, para iniciar la semana con el humor a tono en este #LunesDeMonos.

Escritores captados in fraganti

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Él vino del Cono Sur cargado de fiesta. Pero no sólo. En su maleta también venía este libro invaluable de Sara Facio (1932), testigo de la historia argentina en años convulsos y autora de la foto favorita de Cortázar.

Publicado por Ediciones La Rivière en 2012, el volumen es exquisito. La piel se pone delgada con el vibrante Buenos Aires de los 60, las imágenes del regreso de Perón (1973) y sus funerales (1974). Pero me detengo en sus retratos de escritores, captados entre 1963 y 1980. Aquí, una probada de cómo su lente captó el alma de muchos grandes, junto con este texto que acompaña la imagen de García Márquez: “Soy escritor por timidez. Mi verdadera vocación es la prestidigitador, pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco, que he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura. Ambas actividades, en todo caso, conducen a lo único que me ha interesado desde niño: que mis amigos me quieran más”. Los autores así captados, in fraganti, se ven tan hondos…

(Nota relacionada: aquí lo que hace tiempo escribí sobre Facio y la foto que le hizo a Cortázar y se volvió preferida del cronopio http://wp.me/p1POGd-294)

Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez
Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges
Octavio Paz
Octavio Paz
Alejandra Pizarnik
Alejandra Pizarnik
Pablo Neruda
Pablo Neruda con Salvador Allende
Carlos Fuentes
Carlos Fuentes

Neruda y sus poemas peligrosos

Imagen 4

Está en marcha la exhumación de los restos del poeta chileno Pablo Neruda, muerto en 1973. Se busca determinar si murió a causa del cáncer de próstata o si, como señala su chofer, fue a consecuencia de una inyección letal aplicada por los militares que días antes habían dado el golpe de Estado en el que murió el presidente, Salvador Allende.

Es probable que nunca sepamos la verdad… o sintamos que no la sabemos. En efecto, quizá su salud no resistió tanto el cáncer como el quebranto emocional que le significó el golpe militar, la desaparición de su amigo Allende, la persecución a sus amigos escritores y el allanamiento de su propia casa. Por otro lado, era conocida su amplia trayectoria comunista y su eterna “confianza en el hombre” (como él mismo dijo en Suecia), expresada desde su apoyo a los republicanos españoles hasta su celebración del triunfo revolucionario en Cuba. Además, su cercanía a Allende y su participación en el gobierno como embajador en París hacen factible pensar que los golpistas hubieran terminado con una voz crítica y tan acreditada como la suya (dos años antes recibió el Nobel de Literatura). Jorge Edwards, escritor y amigo suyo, cuenta la respuesta que Neruda dio a los militares que buscaban armas en su casa mientras él estaba débil, en cama. Se dirigió al oficial y le dijo: “Busque, nomás, capitán. Aquí hay una sola cosa peligrosa para ustedes”. “¿Qué cosa?”, le preguntó. “¡La poesía!”.

Cómo no van a resultar combustibles versos como estos del poema “Los enemigos”, incluido en el Canto general (volumen presentado en México en 1950). Con ellos vale la pena recordarlo estos días:

“[…] Por esos muertos, nuestros muertos,
pido castigo.//
Para los que de sangre salpicaron la patria,
pido castigo.//
Para el verdugo que mandó esta muerte,
pido castigo.//
Para el traidor que ascendió sobre el crimen,
pido castigo.//
Para el que dio la orden de agonía,
pido castigo.//
Para los que defendieron este crimen,
pido castigo.//
No quiero que me den la mano
empapada con nuestra sangre.//

Pido castigo.//
No los quiero de embajadores,/
tampoco en su casa tranquilos,/
los quiero ver aquí juzgados/
en esta plaza, en este sitio.//
Quiero castigo”.
Link relacionado:

http://www.eluniversal.com.mx/cultura/71489.html