Hoy se recuerda a Ramón López Velarde, en los 128 años de su nacimiento. Nacido en Zacatecas, México, muchos de sus versos son verdaderos templos de palabras, música y metáforas. Este #MiércolesDePoesía va este texto duro, crudo, incluido dentro del libro Zozobra (1919). Hace años, cuando por primera vez me enfrenté a esta imagen del amante de pie ante su amada muerta, me pareció uno de los poemas más cabronamente hermosos del mundo, con esa acento en la tensión Deseo-Muerte. Carajo, qué manera de escribir.
Te honro en el espanto
«Ya que tu voz, como un muelle vapor, me baña
y mis ojos, tributo a la eterna guadaña,
por ti osan mirar de frente el ataúd;
ya que tu abrigo rojo me otorga una delicia
que es mitad friolenta, mitad cardenalicia,
antes que en la veleta llore el póstumo alud;
ya que por ti ha lanzado a la Muerte su reto
la cerviz animosa del ardido esqueleto
predestinado al hierro del fúnebre dogal;
te honro en el espanto de una perdida alcoba
de nigromante, en que tu yerta faz se arroba
sobre una tibia, como sobre un cabezal;
y porque eres, Amada, la armoniosa elegida
de mi sangre, sintiendo que la convulsa vida
es un puente de abismo en que vamos tú y yo,
mis besos te recorren en devotas hileras
encima de un sacn1ego manto de calaveras
como sobre una erótica ficha de dominó».