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#MiércolesDePoesía El enamorado frente a un ataúd

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Hoy se recuerda a Ramón López Velarde, en los 128 años de su nacimiento. Nacido en Zacatecas, México, muchos de sus versos son verdaderos templos de palabras, música y metáforas. Este #MiércolesDePoesía va este texto duro, crudo, incluido dentro del libro Zozobra (1919). Hace años, cuando por primera vez me enfrenté a esta imagen del amante de pie ante su amada muerta, me pareció uno de los poemas más cabronamente hermosos del mundo, con esa acento en la tensión Deseo-Muerte. Carajo, qué manera de escribir.

Te honro en el espanto

“Ya que tu voz, como un muelle vapor, me baña
y mis ojos, tributo a la eterna guadaña,
por ti osan mirar de frente el ataúd;
ya que tu abrigo rojo me otorga una delicia
que es mitad friolenta, mitad cardenalicia,
antes que en la veleta llore el póstumo alud;
ya que por ti ha lanzado a la Muerte su reto
la cerviz animosa del ardido esqueleto
predestinado al hierro del fúnebre dogal;
te honro en el espanto de una perdida alcoba
de nigromante, en que tu yerta faz se arroba
sobre una tibia, como sobre un cabezal;
y porque eres, Amada, la armoniosa elegida
de mi sangre, sintiendo que la convulsa vida
es un puente de abismo en que vamos tú y yo,
mis besos te recorren en devotas hileras
encima de un sacn1ego manto de calaveras
como sobre una erótica ficha de dominó”.

Da click aquí para ir a la entrada La mancha de púrpura de tu deslumbramiento, otro enorme favorito de la casa, también de López Velarde

Da click aquí para ir a la entrada Por qué me tardo en contestar una llamada, de un poema de Fernando Fernández inspirado por La mancha de púrpura

#MiércolesDePoesía Por qué me tardo en contestar una llamada

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Quienes pasan seguido por este espacio quizá recuerden que uno de mis poemas favoritos en la vida es La mancha de púrpura, del zacatecano Ramón López Velarde. Bueno, pues hoy comparto unos espléndidos versos de mi querido Fernando Fernández, que presumen ecos de aquel poema pero con un juego que entenderán los maduritos(as) que, como yo, usaron una contestadora de mensajes y conservaron en ella la voz codiciada. Claro, no hay tema menor cuando lo aborda un poeta como Fernández.

Por cierto, háganse el favor de pasar por su blog Oralapluma y su programa de radio de novedades editoriales A pie de página (lunes, 3 p.m., por Horizonte 107.9 FM). Ambos son un regalo de inteligencia de un impecable difusor de cultura y Lector, así, con mayúscula. Ahora sí, buen #MiércolesDePoesía.

“Explica la tardanza en contestar una llamada”

En medio de un acorde y de un jardín de tus vocales
o debajo de la forma de una música en tu nombre
y en tu idioma cantado de preguntas,
retener tu voz, Aminta, aquí, en la grabadora
y no llamarte en días y días.

(Mientas tanto, claro, pasa el lunes, y el martes, y el miércoles).

-Fernando Fernández, El ciclismo y los clásicos, Parentalia, 2012.

La mancha de púrpura de tu deslumbramiento

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Aquí va uno de mis poemas preferidos de la vida: “La mancha de púrpura”, del mexicano Ramón López Velarde. Lo leí por primera vez hace unos 20 años y me pareció de una sonoridad impresionante, cuajado de luz y tenebroso al mismo tiempo, de hondo perfume. Cada vez que lo releo me sigue deslumbrando, es un auténtico monumento. Así inauguro éste, el primer #MiércolesDePoesía del mes.

“Me impongo la costosa penitencia
de no mirarte en días y días, porque mis ojos,
cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia
como si naufragasen en un golfo de púrpura,
de melodía y de vehemencia.
Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles… Yo sufro
tu eclipse, ¡oh creatura solar!; mas en mi duelo
el afán de mirarte, se dilata
como una profecía; se descorre cual velo
paulatino; se acendra como miel; se aquilata
como la entraña de las piedras finas;
y se aguza como el llavín
de la celda de amor de un monasterio en ruinas.

Tú no sabes la dicha refinada
que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo
de adorarte furtivamente, de cortejarte
más allá de la sombra, de bajarse el embozo
una vez por semana, y exponer las pupilas,
en un minuto fraudulento,
a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

En el bosque de amor, soy cazador furtivo;
te acecho entre dormidos y tupidos follajes,
como se acecha una ave fúlgida; y de estos viajes
por la espesura, traigo a mi aislamiento
el más fúlgido de los plumajes:
el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento”.