El microrrelato, esa criatura híbrida. Y concupiscente.

Imagen: Angelina Jolie en Beowulf
Imagen: Angelina Jolie en Beowulf

Algo así como la Angelina Jolie de la literatura, este subgénero libertino no tiene honor. Pero qué bien te la pasas cuando te monta.

Es lasciva y subversiva. A veces abusiva, te coge por sorpresa. Apenas se asoma un par de renglones y es plenamente alguien. La mirada oblicua. La sonrisa que desarma. Cuando te das cuenta, ya te dijo lo que quería, te manoseó, te cogió. No tiene honor ni palabra de ídem. Tercera indomable, es hija a partes iguales del cuento y del poema, por eso posee tanto la fuerza narrativa de la prosa como la musicalidad de la poesía. El microrrelato me encanta por criatura híbrida, concupiscente, tan semejante a la Jolie hermafrodita.

Mi querida amiga Paola Tinoco (@paolatinoco) echó mano de su sensibilidad literaria, que no es poca, y reunió a diez narradores de ficción breve en una rica compilación (¿podía ser de otra manera?). La acabo de terminar de leer y me dejó una sonrisa casi postcoital. Se llama Mexicanos en una nuez. Antología de microrrelato y la publicó en 2014 Hormiga Iracunda, editorial que se ha especializado en ficción breve (hace tiempo comenté aquí El viajero del tiempo, de Alberto Chimal, en la misma colección). El librito incluye lo mismo a narradores consagrados como Chimal, Jorge F. Hernández, Ana Clavel, Élmer Mendoza y Rogelio Guedea, que a plumas nuevas en el libertinaje microrrelatesco (Erika Mergruen, José Luis Zárate, Bibiana Camacho, Luisa Reyes y Ashauri López). Aquí van tres probaditas de su seducción ingobernable, junto con las cuentas de Twitter de los autores. Larga vida al hermafroditismo narrativo. Y sí, también al de la Jolie.

Erika Mergruen, “Hansel” @mergruen
Nada es para siempre, ni siquiera los kilos de confites, almidones, chocolates y betunes de la otrora casita en el bosque. Pero ya no importaba saberlo, porque la oportunidad de conservar aquel lugar icónico para organizar visitas guiadas se había derretido una bola de helado bajo el Sol. Aunque tampoco hubiera servido no comerse las paredes, los pisos y los muebles del lugar: el mantenimiento hubiera resultado imposible. Qué estúpidos fuimos, pensó Hansel, debimos exigirle las recetas a la bruja antes arrojarla al fogón.

Ashauri López, “I.” @Ashauri
El general ordenó abrir fuego en contra de los inconformes con el nuevo régimen. Todos los militares comenzaron a dispararse entre ellos.

Jorge F. Hernández, “La custodia” @FjorgeFHdz
Dicen que todas las noches la bibliotecaria cierra Moby Dick para que no se moje la alfombra; guarda el Quijote para que no deambule Don Alonso; pone en su caja las Cartas de Cortés y el mamotreto de Bernal Díaz del Castillo para que cesen los gritos; recoge las gafas de cualquier Quevedo; revisa que el Dante esté apagado, cierra todas las puertas del Madame Bovary e impregna de insecticida La metamorfosis de Kafka.

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8 comentarios en “El microrrelato, esa criatura híbrida. Y concupiscente.”

  1. Los microrrelatos son la nueva diva de la literatura pero, más allá del placer que producen tomo mis recaudos. Son “una” parte de la literatura, nada más (digo esto, cosa que tú sabes mejor que nadie, por esa cosa de las modas y de la modernidad de confundir la parte por el todo). A propósito de ello me voy con una cita de George Steiner: “El buen lector es un poco como el pececito del tiburón o el pájaro que canta sobre el cuerno del rinoceronte, pero debe saber que no es el tiburón ni el rinoceronte.” Lo mismo vale, digo, para los microrrelatos.

    Abrazo macro.

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    1. Vale, sin duda, como lo dices. Me gustan los microrrelatos, yo misma he jugado un poco a los cuentuitos y he colgado algunos en este blog. Tu comentario es muy pertinente: que nadie se confunda. La parte no es el todo.
      Abrazísimo

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      1. De acuerdo en lo general, sí; pero el tema de lo “comercial” es más complejo y extenso. Si bien todos “vendemos” lo que producimos, creo que el término “comercial” en sentido crítico se usa para señalar a aquellas cosas que se producen con el objetivo exclusivo de la venta en sí y por sí, eso generalmente implica una baja en el nivel de calidad; en cambio cuando tú vendes tu obra, ello es un efecto secundario más que comprensible y necesario en esta sociedad capitalista de hoy. Tú escribes, luego vendes; no escribes “para” vender. En fin, que el tema da para más.

        Abrazos.

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        1. De acuerdo contigo en que el fin es lo que hace la diferencia. Si bien “escribimos” y “somos quienes somos” sin la intención de “vender”, un libro sí se imprime con la finalidad de ser vendido. Al menos, hoy por hoy. Así, no me molesta que un libro sea vendido, igual que no me molesta que un perfume, un auto o una lámpara sean vendidas. Y si para ello un publicista acude a las reglas de la narrativa clásica, adelante. En fin, dirías tú: el tema da para más.
          Abraziño

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