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Defender la alegría a varias manos

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Encontrarme con ellas cinco años después y atestiguar que la vida avanza, que es buena y que el cariño sigue intacto, a pesar del tiempo colado en medio. Me encanta verlas plenas, cada una en su mundo pero hilando trozos de vida, cariños, complicidades, como si en torno al fuego celebráramos el poderoso ritual de siglos de bordar una historia en común.

Todas trabajadoras e independientes, son mujeres que “llevan las riendas de su vida”, como decía el eslogan de aquella revista que un tiempo nos unió en sus filas. Extraordinaria diseñadora, Lydia se estrena como mamá y con ojos rebosados platica la decisión de tener sola a su preciosa Lucianna, centro de la reunión. Rocío, coordinadora editorial de una revista, siempre el corazón entre las manos, celebra diez años con su pareja; la siento satisfecha cuando dice que su gato es todo el hijo que quiere tener, mientras Lisa, traductora, asiente y comparte su sonrisa de paz. A Angie, agente de seguros que se independizó de la vida de oficina, le creo cuando dice que su novio “es muy bueno”. Con eso me basta. Y Laura, conductora de televisión, vibrante como siempre, se repone a golpes de buen humor del descalabro amoroso provocado por un muchacho. Además faltan Adriana, de viaje de amor por las Europas, e Ivon, que no pudo llegar.

No encuentro cómo expresar el gusto que me da oírlas, abrazarlas, el inmenso placer de compartir risas a la sombra del fuego, de verlas defender la alegría “del escándalo y la rutina/ de la miseria y los miserables/ de las ausencias transitorias/ y las definitivas/ defender la alegría como un principio”, como dijo Benedetti, que tuvo que haberlas conocido.

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Mi mejor aroma de regalo

Ilustración: Serge Bloch
Ilustración: Serge Bloch

Éste ha sido un año muy intenso, si dentro de ‘intenso’ cabe un sinfín de adjetivos que remiten a llevar el alma perennemente a flor de piel. Por un lado fue el más doloroso de los últimos 30 de mi rodar por este mundo, en el que enfrenté mis peores pesadillas, aderezadas con mis mayores angustias. Cuestioné más que nunca mi mantra cotidiano, aquél que dice que “la vida es más inteligente que nosotros”. Por otro, 2013 fue un año de muchísimo amor, de sentirme querida y abrazada por los dos seres centrales de mi vida, mi hija y mi pareja, como las palabras no alcanzarán jamás a agradecer.

En ello, mis amigos entrañables fueron telón de fondo, caminando a mi lado a golpe de ganas, de cariño, guardando silencio o celebrando según hiciera falta. Al cierre de este 2013 habito de nuevo la sonrisa, me siento positiva ante lo que vendrá y aquilato como nunca la certeza de su lealtad en esta aventura que se llama vivir. Es mucho rollo pero resumo: va con estas palabras el aroma de todos mis abrazos y el “gracias” más trémulo.