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Viene un día sobrecargado de entusiasmos

Hay noticias que emociona dar, pero esta es para morirme de euforia: la próxima semana estaré en Uruguay  para recibir el Premio Internacional de Poesía Mario Benedetti y presentar Eros una vez, libro con el que gané y que publica el sello Seix Barral.

Además tendré el gusto de que me presenten Jorge Arbeleche, uno de los mayores poetas de habla hispana, y Hortensia Campanella, presidenta de la Fundación Benedetti.

Si estás en Montevideo el jueves 8 de junio te invito a acompañarme. Si estás en cualquier otro lugar alza una copa y celebra conmigo, que yo sola no puedo con tantos entusiasmos.

 

 

#MiércolesDePoesía En estos versos cupieron muchos años

De nuevo es día de poemas, debilidad de esta casa. Esta vez, el invitado es un escritor al que debo cosas necesarísimas:

Palabras para ausenciar a mi muerto más querido

Versos que permiten entender cómo el sentido último de la vida es el placer

La idea de que quiero que me entierren con un bolígrafo, por si puedo escribir a donde vaya

Y, cómo no, el Premio Internacional de Poesía convocado en su nombre

Hablo, claro, de Benedetti. La próxima semana estaré en Montevideo, Uruguay, para recibir el premio que me otorga la Fundación Mario Benedetti y para presentar mi libro Eros una vez, publicado por Seix Barral.

Hoy celebro todas las razones anteriores pero, sobre todo, celebro éste, su poema enorme que pone FFWD a la película personal y abarca en pocas líneas varios lustros, que invita soberbiamente a no dejar amores en el cajón.

Todo el instante

“Varón urgente
hembra repentina

no pierdan tiempo
quiéranse

dejen todo en el beso
palpen la carne nueva
gasten el coito único
destrúyanse

sabiendo

que el tiempo pasará
que está pasando

que ya ha pasado para
los dos
urgente viejo
anciana repentina”.

-Mario Benedetti, “Todo el instante”, El amor, las mujeres y la vida, Punto de Lectura

“Estamos rotos. Pero enteros”.

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Así dice una línea de Benedetti, de un poema que se me pierde en la memoria. No importa. El verso que se me quedó pegado es suficiente.

Y recuerdo aquella otra imagen de Leonard Cohen, en ese templo de canción que es “Anthem”:

“There is a crack in everything/ That’s how the light gets in”.

Veo ahí a la marioneta, con la temblorosa certeza de que no ha perdido ningún pedazo.

 

 

 

La batalla de Benedetti + Viglietti

Foto de portada del disco A dos voces
Foto de portada del disco A dos voces

(Da click arriba para oír la canción)

De no haber fallecido en 2009, el escritor uruguayo Mario Benedetti cumpliría hoy 94 años. Aprovecho la excusa para pedirle que en su propia voz comparta algunos versos que dejó en un disco estremecedor, A dos voces (1985), registro de una serie de conciertos que ofreció en varios países con el también uruguayo Daniel Viglietti, cantautor.

Entre 1978 y 1985, ambos artistas entretejieron música y verso, en un coctel de lo mejor del arte latinoamericano que alza la voz contra la tortura y la infamia. Conocí el disco en 2007, en un concierto de Viglietti en México, donde cantó temas del mismo. Aquí abajo, el poema “Esa batalla”, que aparece en la segunda parte de este track. La pregunta final quedó (y sigue hoy) dolorosamente abierta.

¿Cómo compaginar/
la aniquiladora/
idea de la muerte/
con ese incontenible/
afán de vida?//

¿cómo acoplar el horror/
ante la nada que vendrá/
con la invasora alegría/
del amor provisional/
y verdadero?//

¿cómo desactivar la lápida con el sembradío?//

¿la guadaña/
con el clavel?//

¿será que el hombre es eso?/
¿esa batalla?//

Da click aquí para ir al video del concierto completo.

Da click aquí para leer una nota sobre Benedetti y las ausencias.

Da click aquí para enterarte por qué pusieron La tregua entre las novedades de una librería.

Da click aquí para leer las instrucciones de Benedetti para su entierro.

Por qué pusieron este libro de 1960 entre las “novedades”

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Ayer, en la tienda de libros encontré en la pila de “Novedades” algunos ejemplares de La tregua, de Mario Benedetti. O el librero es un miope mayúsculo o resulta ser un tipo con sentido del humor o sabe algo que yo ignoro.

Para poner ahí una novela de 1960 se necesita audacia (o irresponsabilidad). No quise preguntarle, preferí nadar en mi ignorancia y tejí esta historia alrededor: el tipo leyó por vez primera la historia de amor entre Martín Santomé y Laura Avellaneda. Se deslumbró de tal forma que decidió recomendarla a todo cliente que entrara a sus dominios, por sobre muchas de reciente publicación.

Cómo no deslumbrarse ante la pluma del uruguayo, que navega con bandera de sencilla pero bucea con soltura en las emociones. Regreso al estante, saco mi ejemplar manoseado y releo uno de mis pasajes favoritos:

“[…] tengo la angustiante sensación de que la vida se me está escapando, como si mis venas se hubieran abierto y yo no pudiera detener mi sangre. Porque la vida es muchas cosas (trabajo, dinero, suerte, amistad, salud, complicaciones), pero nadie va a negarme que cuando pensamos en esa palabra Vida, cuando decimos, por ejemplo, ‘que nos aferramos a la vida’, la estamos asimilando a otra palabra más concreta, más atractiva, más seguramente importante: la estamos asimilando al Placer. Pienso en el placer (cualquier forma de placer) y estoy seguro de que eso es vida”.

Sí, los libros grandes (“los clásicos”, decía Italo Calvino) son siempre nuevos.

Defender la alegría a varias manos

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Encontrarme con ellas cinco años después y atestiguar que la vida avanza, que es buena y que el cariño sigue intacto, a pesar del tiempo colado en medio. Me encanta verlas plenas, cada una en su mundo pero hilando trozos de vida, cariños, complicidades, como si en torno al fuego celebráramos el poderoso ritual de siglos de bordar una historia en común.

Todas trabajadoras e independientes, son mujeres que “llevan las riendas de su vida”, como decía el eslogan de aquella revista que un tiempo nos unió en sus filas. Extraordinaria diseñadora, Lydia se estrena como mamá y con ojos rebosados platica la decisión de tener sola a su preciosa Lucianna, centro de la reunión. Rocío, coordinadora editorial de una revista, siempre el corazón entre las manos, celebra diez años con su pareja; la siento satisfecha cuando dice que su gato es todo el hijo que quiere tener, mientras Lisa, traductora, asiente y comparte su sonrisa de paz. A Angie, agente de seguros que se independizó de la vida de oficina, le creo cuando dice que su novio “es muy bueno”. Con eso me basta. Y Laura, conductora de televisión, vibrante como siempre, se repone a golpes de buen humor del descalabro amoroso provocado por un muchacho. Además faltan Adriana, de viaje de amor por las Europas, e Ivon, que no pudo llegar.

No encuentro cómo expresar el gusto que me da oírlas, abrazarlas, el inmenso placer de compartir risas a la sombra del fuego, de verlas defender la alegría “del escándalo y la rutina/ de la miseria y los miserables/ de las ausencias transitorias/ y las definitivas/ defender la alegría como un principio”, como dijo Benedetti, que tuvo que haberlas conocido.

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Qué lástima que vayan a dar las cuatro

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Recuerdo este poema de Benedetti y me gusta, pero pienso que a pesar de todo él no sabe cuánto de verdad duele cuando se acercan las cuatro y no estás.

“Es una lástima que no estés conmigo/
cuando miro el reloj y son las cuatro/
y acabo la planilla y pienso diez minutos/
y estiro las piernas como todas las tardes/
y hago así con los hombros para aflojar la espalda/
y me doblo los dedos y les saco mentiras.//

Es una lástima que no estés conmigo/
cuando miro el reloj y son las cinco/
y soy una manija que calcula intereses/
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas/
o un oído que escucha como ladra el teléfono/
o un tipo que hace números y les saca verdades.//

Es una lástima que no estés conmigo/
cuando miro el reloj y son las seis./
Podrías acercarte de sorpresa/
y decirme “¿Qué tal?” y quedaríamos/
yo con la mancha roja de tus labios/
tú con el tizne azul de mi carbónico.”

Mario Benedetti, “Amor de tarde”

A veces el sexo es casi puro

Foto: Stefan Kuhn
Foto: Stefan Kuhn

“[…] Hicimos el amor. Lo hemos hecho tantas veces […] Hasta el deseo se vuelve puro, hasta el acto más definitivamente consagrado al sexo se vuelve casi inmaculado. Pero esa pureza no es mojigatería, no es afectación, no es pretender que sólo apunto al alma. Esa pureza es querer cada centímetro de su piel, es aspirar su olor, es recorrer su vientre poro a poco. Es llevar el deseo hasta la cumbre”. -Mario Benedetti, La tregua (Alfaguara)

El uruguayo se metió anoche entre las sábanas. Sólo así me explico que tan bien pueda hablar de nosotros.

Instrucciones para cuando muere un escritor

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“Cuando me entierren

por favor no se olviden

de mi bolígrafo”.

-Mario Benedetti, Rincón de haikús

Acaban de cumplirse cuatro años de la muerte del poeta uruguayo. Me pregunto si será necesario pasar a dejarle un bolígrafo nuevo.

Da click aquí para leer “Semblanza de Benedetti, a su muerte”, donde se cita el haikú

Ausencias

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Por estos días, mi papá cumple otro aniversario de haberse ido a algún sitio muy lejano.

Veintinueve años sin sentir su abrazo son muchos, demasiados. Me sigue haciendo falta oír su voz, reírme de sus bromas, perder mi mano entre las suyas. Aunque no lo mencione, pasa por mi mente seguido, tanto despierta como dormida. Benedetti me hizo el favor de escribir algo al respecto, para que yo pudiera postearlo hoy:

“Quien más, quien menos, todos llevamos una filatelia de ausencias. Hay partidas, adioses de los que no volvieron ni volverán. Aun en las mejores y conquistadas alegrías, sobreviene de pronto un vacío y nos quedamos taciturnos, solos, tiernamente desolados. Por suerte cuando soñamos vuelven todos, los que todavía son y los que fueron. Y abrazamos fantasmas, almas en pena y almas en gloria”.

Mario Benedetti, “Ausencias”, Vivir adrede, Punto de Lectura.

Somos (o no somos) islas

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Encuentro este delicioso texto breve de Benedetti. No hallo nada que añadir salvo los versos de John Donne que podrían parecer antitéticos pero que son, al final del día, complementarios: “No man is an island/ Entire of itself./ Each is a piece of the continent/ A part of the main”.

Van el texto en prosa del uruguayo:
“Cada ser humano es una isla. En el mejor de los casos, pertenece a un archipiélago. Aún así, cada isla es distinta de las otras. Algunas son fértiles, pródigas, ubérrimas. Otras son áridas, magras, resecas.

Cada ser humano es una isla, donde sólo convive con su conciencia y en ocasiones con un lago quieto que le informa sobre qué rasgos asume su rostro de náufrago.

Cuando el ser humano se aburre de su soledad, entonces se comunica con otra u otras islas, a nado, o en balsa, en lanchas o en canoas. Y en la otra isla conoce a otros náufragos y también a otras náufragas, y a veces se enamora.

El amor une a las islas como una corriente. A veces dos islas copulan y nace un islote”.

-Mario Benedetti, “Isla”, Vivir adrede (Punto de lectura)