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Una prosa densa y transparente gana el Premio Xavier Villaurrutia

Foto: Octavio Hoyos
Foto: Octavio Hoyos

“Contemplándose en la luna del armario, se apuñaló el pecho y cayó muerto. Pero como el puñal del reflejo no era concreto, el Narciso del espejo permaneció vivo y en pie” (Tren de historias, FCE).

Este cuentínimo de José de la Colina describe de cuerpo entero al ganador del Premio Xavier Villaurrutia 2013, anunciado esta semana y al que él llama “el Nobel de las letras mexicanas”: es un escritor de oficio, narrador que no se toma muy en serio, jugador fino de palabras. El premio le fue otorgado por el lúcido libro de ensayos De libertades fantasmas o de la literatura como juego (FCE), donde conversa con algunos de sus autores preferidos y también con personajes literarios. Ahí se confiesa en una autoentrevista como un autor que ejerce su oficio “primero, porque me gusta escribir. Segundo, porque escribiendo me gano la vida. Y escribir me gusta aunque deba hacerlo de encargo, aun cuando se trate de un trabajo ‘alimenticio’, como llamaba don Luis Buñuel a los films que hacía ‘de encargo’”. Pero es modesto. No menciona que es cuentista muy prolífico (es fantástica su antología Traer a cuento), ensayista, traductor y periodista: fue secretario de redacción de la revista Vuelta y por más de 20 años dirigió el Semanario cultural del periódico Novedades. A propósito evita hablar de la importancia de su pluma para la literatura mexicana de las últimas cinco décadas.

El mismo día en que se dio a conocer que ganaba el Xavier Villaurrutia, De la Colina presentó su más reciente libro, Un arte de fantasmas (Textofilia), y tuve oportunidad de entrevistarlo. En sus páginas afirma que convive más con Marilyn Monroe, King Kong, Alfred Hitchcock y Nosferatu que “con la mayoría de mis vecinos y algunos de mis parientes más inmediatos”. Es que a sus 80 años recién cumplidos, también es un apasionado total del cine. En Un arte de fantasmas ofrece una sabrosa recopilación de lecturas personales sobre personajes, actores y directores con los que conversa a diario. Justo por eso les llama fantasmas, porque aunque hayan muerto hablan, cantan, bailan en la sala de su departamento: gracias al cine “la muerte dejó de ser total”, dice.

La envidiable conversación que tuve con él es motivo de otro texto. Por el momento basta citar a Bárbara Jacobs, Vicente Leñero y Myriam Moscona, jurado del Premio Villaurrutia, quienes dijeron haberle dado el premio por su escritura que es “densa y transparente al mismo tiempo […] tiene la exquisitez de fluir en el goce de su malicia entre sus textos personalísimos de onda melancólica festiva. De la Colina no conversa en tono pedante y, pese a su erudición, jamás se jacta de ella”. Y sí. Tal cual.

 

(texto originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios dentro del sitio de la revista SoHo)