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Hormigas, marcianos y otras greguerías

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Leyendo a José de la Colina y su libro De libertades fantasmas o de la literatura como juego (FCE), llego a un breve artículo sobre las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, imágenes de palabras que parecen sencillas pero son endiabladamente geniales, “fusión de metáfora y sonrisa”. En otro momento hablaré más de esos chispazos de ingenio y poesía, creación del enorme español. Baste por hoy deslumbrarme con éstas:

  • “La araña es la zurcidora del aire”.
  • “La memoria es un gusano de seda que sueña, despierta y muere”.
  • “¡No somos los de los espejos, no somos los de los espejos! ¡Nos han engañado!”.
  • “Lloran los gatos en la noche como si quisieran haber nacido niños en vez de gatos”.
  • “¿Y si las hormigas fuesen los marcianos establecidos ya en la tierra?”

Una prosa densa y transparente gana el Premio Xavier Villaurrutia

Foto: Octavio Hoyos
Foto: Octavio Hoyos

“Contemplándose en la luna del armario, se apuñaló el pecho y cayó muerto. Pero como el puñal del reflejo no era concreto, el Narciso del espejo permaneció vivo y en pie” (Tren de historias, FCE).

Este cuentínimo de José de la Colina describe de cuerpo entero al ganador del Premio Xavier Villaurrutia 2013, anunciado esta semana y al que él llama “el Nobel de las letras mexicanas”: es un escritor de oficio, narrador que no se toma muy en serio, jugador fino de palabras. El premio le fue otorgado por el lúcido libro de ensayos De libertades fantasmas o de la literatura como juego (FCE), donde conversa con algunos de sus autores preferidos y también con personajes literarios. Ahí se confiesa en una autoentrevista como un autor que ejerce su oficio “primero, porque me gusta escribir. Segundo, porque escribiendo me gano la vida. Y escribir me gusta aunque deba hacerlo de encargo, aun cuando se trate de un trabajo ‘alimenticio’, como llamaba don Luis Buñuel a los films que hacía ‘de encargo’”. Pero es modesto. No menciona que es cuentista muy prolífico (es fantástica su antología Traer a cuento), ensayista, traductor y periodista: fue secretario de redacción de la revista Vuelta y por más de 20 años dirigió el Semanario cultural del periódico Novedades. A propósito evita hablar de la importancia de su pluma para la literatura mexicana de las últimas cinco décadas.

El mismo día en que se dio a conocer que ganaba el Xavier Villaurrutia, De la Colina presentó su más reciente libro, Un arte de fantasmas (Textofilia), y tuve oportunidad de entrevistarlo. En sus páginas afirma que convive más con Marilyn Monroe, King Kong, Alfred Hitchcock y Nosferatu que “con la mayoría de mis vecinos y algunos de mis parientes más inmediatos”. Es que a sus 80 años recién cumplidos, también es un apasionado total del cine. En Un arte de fantasmas ofrece una sabrosa recopilación de lecturas personales sobre personajes, actores y directores con los que conversa a diario. Justo por eso les llama fantasmas, porque aunque hayan muerto hablan, cantan, bailan en la sala de su departamento: gracias al cine “la muerte dejó de ser total”, dice.

La envidiable conversación que tuve con él es motivo de otro texto. Por el momento basta citar a Bárbara Jacobs, Vicente Leñero y Myriam Moscona, jurado del Premio Villaurrutia, quienes dijeron haberle dado el premio por su escritura que es “densa y transparente al mismo tiempo […] tiene la exquisitez de fluir en el goce de su malicia entre sus textos personalísimos de onda melancólica festiva. De la Colina no conversa en tono pedante y, pese a su erudición, jamás se jacta de ella”. Y sí. Tal cual.

 

(texto originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios dentro del sitio de la revista SoHo)

El hombre que escribe incluso cuando no escribe

Alberto Giacometti, Walking Man
Alberto Giacometti, Walking Man

“Este hombre ha escrito mucho, libros y artículos dispersos, notas, reseñas, y toda tinta posible, pero además escribe incluso cuando no escribe, pues camina como quien redacta, se desplaza del tingo al tanto como quien hila referencias o citas y se detiene en las esquinas como quien evoca un párrafo que parecía olvidado o a punto de quedar redactado bajo su gorra”. Esto dice el entrañable Jorge F. Hernández sobre José de la Colina (“La materia de los sueños”, Signos de admiración, Ed. Pértiga).

Qué buena pluma es la de Hernández. Aunque aquí habla sobre De la Colina, el concepto aplica para casos más pedestres: a veces, los viciosos de las palabras van por la vida escribiendo incluso cuando no escriben, es decir, al caminar rumian un verso, una frase, un juego de palabras. (Doy fe).