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Lo mejor que leí en 2017 (1a parte)

Se acaba el año, uno que afortunadamente estuvo lleno de buenos y algunos mejores libros. Antes de dar vuelta a la hoja me pican los dedos por compartirte una selección de los títulos que me movieron las suprarrenales (y un poquito más al centro). Por supuesto, no tiene la pretensión de incluir lo mejor de 2017, sino meramente lo mejor de mi 2017.

Para mi programa de radio BAzar de Letras y mis colaboraciones en distintos espacios culturales me concentré en literatura nacional, así que este es mi Top Ten (+1) de México. En una segunda parte hablaré de los libros de autores extranjeros.

Por cualquiera de estos meto las manos al fuego: si lo lees y no te gusta, te invito un café y platicamos de por qué no te hizo click y a mí me encantó. O me convences o te convenzo o nos reímos un poco.

POESÍA
1. Grandes maniobras en miniatura, de Eduardo Casar (Fondo Editorial del Estado de México);

2. Otra forma de bolero, de Max Ramos (Ediciones y Punto), regalo de su autor;

 

 

3. Sonetos del amor y de lo diario, de Fernando del Paso (El Colegio Nacional);

4. Se encogió de hombros y dijo, de Luis Bugarini (Libros Sampleados);

 

 

NOVELA
5. Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor (Literatura Random House);

6. Los sueños de la serpiente, de Alberto Ruy Sánchez (Alfaguara);

 

 

CUENTO
7. La Tormenta hindú, de Ana García Bergua (Textofilia);

8. La vaga ambición, de Antonio Ortuño (Páginas de Espuma);

 

 

ENSAYO
9. Territorio Lolita, de Ana V. Clavel (Alfaguara);

10. Mudanza, de Verónica Gerber (Almadía);

 

 

 

+1. El arte de dudar, de Óscar de la Borbolla (Grijalbo), regalo de su autor, mi querido amigo.

 

 

Escribir sobre las grietas que llevamos dentro: Ana García Bergua

Foto sin crédito, tomada de http://www.literalmagazine.com

En cada uno de sus cuentos hay siempre historias, más de una. Está la evidente, la gritona, pero también una soterrada, que a veces se asoma pero otras tantas apenas se sugiere, aunque con frecuencia mueva los hilos de la trama.

En la más reciente emisión de BAzar de letras, programa de radio que conduzco en la estación en línea Código CDMX, platiqué con la escritora mexicana Ana García Bergua, a propósito de su libro de cuentos La tormenta hindú y otras historias, publicado por Editorial Textofilia. Habló sobre por qué le gusta escoger personajes corrientes y comunes: porque esconden los desequilibrios más inesperados, las grietas más perversas. También conversamos sobre cómo sus cuentos son de una sencillez muy trabajada.

Da click aquí para oír el programa completo.

 

 

Una prosa densa y transparente gana el Premio Xavier Villaurrutia

Foto: Octavio Hoyos
Foto: Octavio Hoyos

“Contemplándose en la luna del armario, se apuñaló el pecho y cayó muerto. Pero como el puñal del reflejo no era concreto, el Narciso del espejo permaneció vivo y en pie” (Tren de historias, FCE).

Este cuentínimo de José de la Colina describe de cuerpo entero al ganador del Premio Xavier Villaurrutia 2013, anunciado esta semana y al que él llama “el Nobel de las letras mexicanas”: es un escritor de oficio, narrador que no se toma muy en serio, jugador fino de palabras. El premio le fue otorgado por el lúcido libro de ensayos De libertades fantasmas o de la literatura como juego (FCE), donde conversa con algunos de sus autores preferidos y también con personajes literarios. Ahí se confiesa en una autoentrevista como un autor que ejerce su oficio “primero, porque me gusta escribir. Segundo, porque escribiendo me gano la vida. Y escribir me gusta aunque deba hacerlo de encargo, aun cuando se trate de un trabajo ‘alimenticio’, como llamaba don Luis Buñuel a los films que hacía ‘de encargo’”. Pero es modesto. No menciona que es cuentista muy prolífico (es fantástica su antología Traer a cuento), ensayista, traductor y periodista: fue secretario de redacción de la revista Vuelta y por más de 20 años dirigió el Semanario cultural del periódico Novedades. A propósito evita hablar de la importancia de su pluma para la literatura mexicana de las últimas cinco décadas.

El mismo día en que se dio a conocer que ganaba el Xavier Villaurrutia, De la Colina presentó su más reciente libro, Un arte de fantasmas (Textofilia), y tuve oportunidad de entrevistarlo. En sus páginas afirma que convive más con Marilyn Monroe, King Kong, Alfred Hitchcock y Nosferatu que “con la mayoría de mis vecinos y algunos de mis parientes más inmediatos”. Es que a sus 80 años recién cumplidos, también es un apasionado total del cine. En Un arte de fantasmas ofrece una sabrosa recopilación de lecturas personales sobre personajes, actores y directores con los que conversa a diario. Justo por eso les llama fantasmas, porque aunque hayan muerto hablan, cantan, bailan en la sala de su departamento: gracias al cine “la muerte dejó de ser total”, dice.

La envidiable conversación que tuve con él es motivo de otro texto. Por el momento basta citar a Bárbara Jacobs, Vicente Leñero y Myriam Moscona, jurado del Premio Villaurrutia, quienes dijeron haberle dado el premio por su escritura que es “densa y transparente al mismo tiempo […] tiene la exquisitez de fluir en el goce de su malicia entre sus textos personalísimos de onda melancólica festiva. De la Colina no conversa en tono pedante y, pese a su erudición, jamás se jacta de ella”. Y sí. Tal cual.

 

(texto originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios dentro del sitio de la revista SoHo)

Raza de los colores del maíz

Imagen 3

“[Los mexicanos] somos la celebración singular de rituales, de mitos asombrados ante lo indecible y el misterio de la vida, que se visten de fiesta para compartir dudas y certezas. Estamos hechos de todos los colores del maíz; de refranes, canciones y comidas exquisitas; de poemas, voces y gestos de metáforas singulares; de imágenes de Guadalupanas y luchadores; de rituales mágicos y sincretismos religiosos; de creencias en deidades, plantas y animales sagrados e ídolos televisivos… elementos todos que conforman algunos de nuestros rostros y alimentan nuestro imaginario”. -Fernando Martín Juez, en Atlas subjetivo de México (Textofilia/ Fundación Jumex).

Esta ricura que me regaló mi querido amigo Javier es uno de esos objetos que dejan el alma contenta. Un atlas subjetivo se antoja por lo no-canónico que implica, pero además la factura de éste es impecable. Se trata de un catálogo de valores que compartimos los mexicanos, de símbolos que nos definen según distintas miradas. Inabarcable, siempre parcial, en él participan fotógrafos, artistas y diseñadores: a varias voces hablan de eso inasible que es la “identidad” y lo hacen a través de fotos de changarros y casas de colores, dibujos infantiles, banderas alternativas, fotos de comida (claro!) y de ambulantes, retratos de “hombres promedio”, señas corporales, fiestas y arte urbano, entre otros temas cargados de sentidos, de ecos. Lo concibieron las diseñadoras holandesas Maniek Driesse y Annelys de Vet en colaboración con Analía Solomonoff.

Me encanta recordar por qué amo tanto esta tierra. Cómo no hacerlo con este volumen.