Cortázar de 12 años

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Este breve anécdota la contó a sus alumnos de Berkeley. Al transcribirla me da ternura ese Cronopio pequeño, lector entusiasta y «vividor» de la fantasía, que años más tarde daría a luz un Axolótl: «[…] Una vez le presté una novela a un compañero de clase a quien quería mucho. Debíamos tener doce años y la novela que le presté era una que acababa de leer y me había dejado absolutamente fascinado; una de las novelas menos conocidas de Julio Verne, El secreto de Wilhelm Storitz, en la que Verne planteó por primera vez el tema del hombre invisible luego recogido por H. G. Wells […] me la devolvió diciendo: ‘No la puedo leer. Es demasiado fantástica’, me acuerdo como si me lo estuviera diciendo en este momento […] Allí me di cuenta de lo que me sucedía: desde muy niño lo fantástico no era para mí lo que la gente considera fantástico; para mí era una forma de la realidad que en determinadas circunstancias se podía manifestar, a mí o a otros, a través de un libro o un suceso, pero no era un escándalo dentro de una realidad establecida». -Julio Cortázar, Clases de literatura. Berkeley, 1980 (Alfaguara)

Pues sí, el diferente a los demás puede ser un genio o un idiota, pero el niño no sabe si es uno o el otro. Ahora mismo hay algún enorme escritor en ciernes prestando su libro preferido a un imbécil incapaz de leerlo. Ojalá haya cerca alguien que lo reafirme.

Publicado por Julia Santibáñez

Me da por leer y escribir. Con alta frecuencia.

8 comentarios sobre “Cortázar de 12 años

  1. «un escándalo dentro de una realidad establecida». Eso es fantástico y creo que todos los que andamos dando vueltas por aquí formamos parte del grupo que así lo considera, aunque nunca hubiese podido decirlo de una manera tan elegante. Me gustó también ese «imbécil» visceral que pusiste allí. Soy de los que gusta llamar a las cosas por su nombre y, aunque por convencionalismos sociales uno no ande llamando «imbécil» a cada imbécil con que se cruce, cuando se exponen ideas es válido y necesario hacerlo de la manera más fuerte y directa posible.
    Preciosa la foto que ilustra la entrada, no la había visto nunca.
    Cariños.

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    1. «Imbécil» es un insulto que me gusta, por su sonoridad y por su etimología: «imbaculus», sin báculo, es decir, el que tropieza porque no tiene en qué apoyarse. Me sale del alma de vez en cuando…
      La foto es de Internet, no tengo el nombre del fotógrafo pero sí, me encantó ese Cortázar pequeñito pero ya avispado…
      Abrazo fuerte

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