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Visita del azar poderoso, invencible

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“Vivía en un azar seguro, un mundo donde los azares y las coincidencias eran siempre extraordinarios y a la vez comunes. La presencia del azar en la vida de Julio era cotidiana”, dijo Carlos Álvarez sobre Julio Cortázar. Leo la cita en Cortázar de la A a la Z. Un álbum biográfico (Alfaguara).

Me gusta pensar los azares, en plural, en la vida de Julia.

Me gusta testimoniar de qué modo a ella las causas la van cercando “cotidianas, invisibles”, cómo los azares se le enredan “poderosos, invencibles”, en palabras de don Silvio. Como antier, que se reencontró con un viejo amigo joven, con quien hace años Fortuna la puso a compartir asiento en un avión. Y de ahí nació algo, no sabe qué, pero algo. Y celebra esta nueva visita de la suerte.

Tan en manos de la casualidad, como siempre.

 

Cinco razones por las que la poesía es necesaria hoy

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Hoy se celebra el Día Mundial de la Poesía. Desde hace 16 años, la Conferencia General de la UNESCO proclamó el 21 de marzo, equinoccio de primavera, como la fecha para celebrar esa “manifestación de la diversidad en el diálogo, de la libre circulación de las ideas por medio de la palabra, de la creatividad y de la innovación. La poesía contribuye a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la manera en que usamos las palabras y las cosas, y nuestros modos de percibir e interpretar la realidad”. Lo suscribo y aprovecho la excusa para compartir las cinco razones por las que la considero artículo de primera necesidad para mí:

1. Enciende las palabras cotidianas, las convierte en una revelación:

“Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía”. -Vicente Huidobro, “Prefacio”, Altazor (REI)

2. Reconcilia los opuestos en este mundo hiperpolarizado, que asegura que sólo existe una cosa o la otra, nunca una cosa y la otra:

“Cada imagen —o cada poema hecho de imágenes— contiene muchos significados contrarios o dispares, a los que abarca o reconcilia sin suprimirlos. Así, San Juan habla de la ‘música callada’ […] Esto es, somete a unidad la pluralidad de lo real”. -Octavio Paz, “La imagen”, El arco y la lira (FCE)

3. Evita que muera la sorpresa al mirar lo cotidiano con ojos frescos, aunque lo contemple por centésima vez:

“[El poeta] escribe poemas que son como petrificaciones de ese extrañamiento, lo que el poeta ve o siente en lugar de, o al lado de, o por debajo de, o en contra de, remitiendo este de a lo que los demás ven tal como creen que es, sin desplazamiento ni crítica interna. Dudo de que exista un solo gran poema que no haya nacido de esa extrañeza o que no la traduzca […]”. -Julio Cortázar, “Del sentimiento de no estar del todo”, La vuelta al día en ochenta mundos (Editorial RM)

4. Mantiene viva la intención de nombrar, que nos hace humanos:

“[…] poeta es aquel hombre
que, como el rojo Adán del Paraíso,
impone a cada cosa su preciso
y verdadero y no sabido nombre”
-Jorge Luis Borges, “La Luna”, El hacedor (DeBolsillo)

5. Congela el tiempo, deseo milenario que en el poema ocurre a diario:

“El deseo secreto de la poesía es detener el tiempo. El poeta quiere recuperar un rostro, un estado de ánimo, una nube en un cielo, un árbol al viento, y tomar una especie de fotografía mental de ese momento en el que como lector uno se reconoce a sí mismo. Los poemas son fotografías de otras gentes en las que nos reconocemos”. -Charles Simic, El flautista en el pozo (Cal y Arena)

Julio Cortázar meets Humphrey Bogart

Foto: Sara Facio
Foto: Sara Facio

1967. Jardines de la UNESCO, París. La joven fotógrafa Sara Facio dispara su cámara sobre Cortázar. Entre las imágenes que capta se incluye ésta, de la que el escritor señala: “Quiero que sea mi foto oficial. Me gustaría que esa foto algún día estuviera en la tapa de un libro mío”. Su deseo se cumple tiempo después.

“¿No tengo algo de Humphrey Bogart?”. Es el siguiente año, otra vez París. Las calles están llovidas y el autor lleva la gabardina anudada en la cintura. Facio de nuevo saca su cámara, pero antes de la primera toma él se levanta el cuello del impermeable y deja que el cigarro le cuelgue de la boca, como muerto. Sí, tanto como la del año previo, la pose tiene sello bogartiano. Más que bogartiano habría que decir sello blaineano, de Rick Blaine, el personaje que el actor interpretó en Casablanca, cinta de 1943 considerada entre las mejores de la historia del cine y que volvió icónica su imagen. Poner a Cortázar junto a Bogart/Blaine vuelve inequívoca la referencia. Los pone a dialogar.

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1967
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1968

Me da por pensar que quizá sí, que tal vez compartieron pedacitos de alma además del cigarro, la gabardina y la época (el norteamericano nació en 1899; el argentino, en 1914). A partir de la pregunta “¿No tengo algo de Humphrey Bogart?” me entretengo buscando coincidencias entre ambos. Resulta este pequeño ejercicio paralelo en homenaje.

Hedonistas

Tanto Rick como Julio viven envueltos en una nube de tabaco. El dueño del bar más famoso de Casablanca fuma en la mayor parte de la cinta, mientras existen infinidad de fotos del escritor argentino aspirando un cigarro, un habano o una pipa. Además, los cigarros Gauloises perfuman su literatura, como el capítulo 93 de Rayuela, donde los personajes encienden uno nuevo con la colilla (“el pucho”) del anterior.

Como complemento feliz del tabaco, Blaine y Cortázar son profanos amantes del alcohol, alejados de todo puritanismo. Me recuerdan aquello de Oscar Wilde: “Un cigarrillo es el tipo perfecto de placer perfecto. Resulta exquisito y te deja siempre insatisfecho. ¿Qué más se puede pedir?”. Creo que Blaine y Cortázar responderían a coro: “Nada más. O sí. Una copa”.

Jazzeros
“As Time Goes By” es, por supuesto, EL tema musical de Casablanca, el que da cadencia a la historia de los protagonistas, Rick e Ilsa: fija su último día juntos en París, los vuelve a acercar en Marruecos y sella su romance imposible cuando un avión los separa para siempre. El mismo “As Time Goes By” que suena en el bar de Blaine es un tema original de 1931 y que “nadie en el mundo puede tocar igual que Sam”, según afirma Ilsa. Ese clásico del jazz americano es uno de los soundtracks más poderosos del cine universal y, evidentemente, la melodía más entrañable para Rick.

Por su parte, la pasión vibrante de Cortázar por la música lo llevó a confesar temerariamente a su editor, Paco Porrúa: “A medida que perfecciono mi técnica de la trompeta, más me gusta la música y menos la literatura” (citado en Cortázar de la A a la Z, Alfaguara). De chico aprendió piano y, más tarde, trompeta, instrumento que disfrutó hasta su muerte. Era además un gran melómano y en especial amaba el jazz, ritmo que incorporó en su obra: no sólo Rayuela está empapada de improvisaciones y alusiones jazzísticas, sino que El perseguidor se teje en torno a la figura del eterno Charlie Parker.

Lúdicos
En Casablanca, Rick Blaine se esconde entre palabras no tanto para comunicar y sí para jugar con su interlocutor, como en este diálogo con el capitán Renault (traducciones mías):

Renault: —¿Qué carambas te trajo a Casablanca?
Blaine: —Mi salud. Vine a Casablanca por las aguas.
Renault: —¿Aguas? ¿Qué aguas? Estamos en el desierto.
Blaine: —Estaba mal informado.

O cuando una deseante Yvonne le pregunta: “¿Dónde estabas anoche?” y él responde: “Hace tanto, que no me acuerdo”. “¿Te veré esta noche?”. “Nunca hago planes con tanta anticipación”. Malabarista consumado de palabras, Rick juega todo el tiempo.

De Cortázar es conocida su actitud lúdica, la del “niño para tantas cosas” que privilegió el juego en el título y la estructura de su Rayuela, que evitó ser un escritor grave y a cambio estiró el lenguaje como chicle divertido. En La vuelta al día en ochenta mundos asegura con palabras de Man Ray: “Si pudiéramos desterrar la palabra serio de nuestro vocabulario, muchas cosas se arreglarían” y más adelante se apasiona: “Creen que la seriedad tiene que ser solemne o no ser; como si Cervantes hubiera sido solemne, carajo”.

Existen más puntos de contacto entre Rick Blaine y Julio Cortázar. Por ejemplo, el primero es un personaje de ficción pero más verosímil que muchos que respiran, mientras el segundo es personaje de la vida real aunque empapada de ficción y fantasía. Además, cada uno en su trinchera combatió el totalitarismo: Rick, el fascismo en Etiopía y en la Guerra Civil Española, el nazismo en la Segunda Guerra Mundial; Cortázar, la dictadura argentina, además de apoyar tanto la Revolución cubana como la Revolución sandinista.

Ahora mismo me los imagino en el Rick’s Café Américain de Casablanca, ambos de gabardina con el cuello alzado, el cigarro entre los labios, tomando una copa y hablando de jazz. Quizá alguno de los dos hubiera dicho: “Este puede ser el inicio de una gran amistad”.

(originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

Parejas de escritores: la mano detrás del creador

José Saramago y Pilar del Río
José Saramago y Pilar del Río

Según un artículo publicado hoy en The Guardian, el escritor John Steinbeck no encontraba título para su novela, cuyos 75 años de publicación se celebran estos días. Entonces su esposa, Carol, le propuso llamarla The Grapes of Wrath (Las uvas de la ira), retomando una línea de la canción de guerra “The Battle Hymn of the Republic. La novela que luego ganaría el Premio Pulitzer, del autor que años después recibiría el Nobel, tenía nombre. A partir de ese caso John Dugdale, autor de la nota, subraya la importancia de los “esposos literarios”, es decir, parejas de creadores que influyeron de una u otra manera en la obra de plumas célebres. Entre los ejemplos que aporta están:

Frankenstein (1818)
A principios del siglo XIX, los escritores británicos Percy Shelley y Lord Byron se retaron mutuamente a escribir historias de fantasmas. En el juego participó también Mary Shelley, niña-esposa del primero (se casó con él a los 18). A Percy le pareció tan bueno el personaje monstruoso creado por ella, que la empujó a convertir el cuento en una novela, que se volvió un suceso.

Sonetos del portugués (1850)
Las cartas en verso que la poeta Elizabeth Barrett Browning le mandaba a su esposo, Robert Browning, eran eso, cartas privadas. Sin embargo, él la animó a publicarlas: fueron leídas como auténticos poemas de amor que afirmaron su prestigio literario.

Lolita (1955)
Vera Nabokov impidió varias veces que Vladimir quemara su obra cumbre, mientras la estaba gestando. Según un biógrafo de Vera, el autor la encontraba demasiado escandalosa. Además, añado yo, la mujer pasaba en limpio las cuartillas del escritor, tanto que él decía: “La máquina de escribir no funciona sin Vera”.

Carrie (1974)
En su casa rodante, un muy joven Stephen King escribía el primer capítulo de su novela debut. Lo consideró tan malo que arrojó el manuscrito a la basura, de donde lo rescató su esposa, Tabitha. King siguió trabajando en él hasta crear Carrie.

Se me ocurren otros casos de parejas fundamentales, como el de Sonia Tolstoi (que a pesar de que León la maltrataba bestialmente, copiaba en limpio todo lo que él escribía y luego peleó por conservar su obra) y el de Carol Dunlop, pareja de Julio Cortázar y coautora de Los autonautas de la cosmopista. Añado otros dos:

Cien años de soledad (1967)
Durante los largos meses en los que Gabriel García Márquez escribía su ambiciosa primera novela, Mercedes conseguía dinero para comer, para papel y para los cigarros que el autor necesitaba. Se quedaron sin auto y ella incluso vendió los aparatos electrodomésticos… pero nació el portento del Boom latinoamericano.

Todos los nombres (1987)
Pilar del Río era una periodista conocida en España. Luego de leer Memorial del convento, quedó tan tocada por la pluma de José Saramago que buscó conocerlo. Platicaron, se entendieron, empezaron a frecuentarse y se enamoraron, a pesar de los 28 años de diferencia entre ellos. No se separaron más, hasta la muerte de él. Ella se convirtió en traductora al español de toda la obra del Nobel portugués.

Que nadie se sorprenda. Ya lo dice la Biblia, esa gran obra literaria: “Mejores son dos que uno”. Ante las inseguridades de escribir ayuda contar con la fe ciega de alguien querido.

 

“Todo amor vivido es una degradación del amor”: Duras

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Se están cumpliendo 100 años del nacimiento de Marguerite Duras, otra pluma soberbia nacida en 1914, como Cortázar, Paz, Bioy Casares, Thomas, Parra (habría que averiguar qué conjunción de astros se dio ese año, para saborear por anticipado cuando las estrellas se vuelvan a acomodar igual).

Rescato desde el título de esta entrada algunos pasajes de su novela no-tan-famosa Los caballitos de Tarquinia (Tusquets), en la que dos parejas pasan sus vacaciones en una playa italiana. La reflexión sobre el amor total, absoluto, permea los diálogos de los personajes, sumiéndolos en contradicciones e incongruencias, poniendo bajo la lupa su aburrimiento y su común deseo de tomar vacaciones del ser amado. Sobre todo, los lleva a concluir que es imposible que una relación sustituya la expectativa total del amor. Muy pocas plumas son capaces de iluminar así la profundidad del alma humana. Por eso la Duras es la Duras.

“[…] la verdad es que me gusta esa mujer, aun cuando la detesto. […] No deja nunca de gustarme, aun cuando sería capaz de estrangularla”.

“El sufrimiento es como la felicidad, de vez en cuando hay que cambiar de sufrimiento, si no se vuelve uno viejo y tonto”.

“Ningún amor del mundo puede ocupar el sitio del amor”.

“Para el amor no hay vacaciones, no existen. El amor hay que vivirlo totalmente, con su aburrimiento y todo; para eso no hay vacaciones posibles”.

 

Cortázar de 12 años

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Este breve anécdota la contó a sus alumnos de Berkeley. Al transcribirla me da ternura ese Cronopio pequeño, lector entusiasta y “vividor” de la fantasía, que años más tarde daría a luz un Axolótl: “[…] Una vez le presté una novela a un compañero de clase a quien quería mucho. Debíamos tener doce años y la novela que le presté era una que acababa de leer y me había dejado absolutamente fascinado; una de las novelas menos conocidas de Julio Verne, El secreto de Wilhelm Storitz, en la que Verne planteó por primera vez el tema del hombre invisible luego recogido por H. G. Wells […] me la devolvió diciendo: ‘No la puedo leer. Es demasiado fantástica’, me acuerdo como si me lo estuviera diciendo en este momento […] Allí me di cuenta de lo que me sucedía: desde muy niño lo fantástico no era para mí lo que la gente considera fantástico; para mí era una forma de la realidad que en determinadas circunstancias se podía manifestar, a mí o a otros, a través de un libro o un suceso, pero no era un escándalo dentro de una realidad establecida”. -Julio Cortázar, Clases de literatura. Berkeley, 1980 (Alfaguara)

Pues sí, el diferente a los demás puede ser un genio o un idiota, pero el niño no sabe si es uno o el otro. Ahora mismo hay algún enorme escritor en ciernes prestando su libro preferido a un imbécil incapaz de leerlo. Ojalá haya cerca alguien que lo reafirme.

Cortázar y los cuentos de bisontes

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“La narrativa del cuento, tal como se lo imaginó en otros tiempos y tal y como lo leemos y lo escribimos en la actualidad, es tan antigua como la humanidad. Supongo que en la cavernas, las madres y los padres les contaban cuentos a los niños (cuentos de bisontes, probablemente)”. -Julio Cortázar, Clases de literatura. Berkeley, 1980 (Alfaguara)

Claro, así habrá sido, porque los seres humanos somos seres de historias, la fantasía nos llena los ojos y nos hace volar sobre una alfombra mágica. Se me ocurre que no existe pueblo sin narrativa, porque la literatura (sean historias de bisontes o “Axolotl”, el enorme cuento de Cortázar) nos está entretejida, nos recuerda que en algo trascendemos a los animales: en la imaginación.