El escritor es un cerrajero inhábil

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Cuenta Fabio Morábito que la poeta italiana Patrizia Cavalli poseía de niña la facilidad de abrir cualquier cerradura sin tener la llave, apenas con ayuda de unos alambres. Los introducía y, entrecerrando los ojos, se concentraba en escuchar el gatillo del mecanismo.

Esa habilidad le sirvió después para escribir poesía, señala Morábito en El idioma materno (Sexto Piso) y luego borda exquisitamente sobre el concepto: “Leer a Cavalli sería muy saludable para aquellos poetas a quienes nunca les ha pasado por la cabeza que la hechura de un poema puede entrañar una dificultad real, de esas que a menudo nos vencen y nos obligan a retirarnos sin haber conseguido nada, como puede ser el abrir una cerradura sin llave. Muchos de los poemas que se escriben actualmente carecen de una mínima sensación de dificultad, como si a su autor no lo hubiera rozado ni por un instante la duda de no poder escribirlos […] Sería bueno que en los talleres de poesía se les diera a los alumnos unos fierros retorcidos para entrenarlos a abrir cerraduras. Aprenderían a oír, a entrecerrar los ojos, a aguardar con devoción, a calibrar el pulso y, sobre todo, a fracasar”.

La metáfora es precisa y preciosa. Escribir es como estar ante una puerta con candado: del otro lado hay un prado con flores y quiero asomarme pero no tengo la llave, soy inhábil con las manos, no sé de cerrajería. A fuerza de paciencia, con instrumentos precarios intento que ceda. Muchas veces no lo logro y me siento en el piso, temblorosa. A veces consigo abrir el candado. Entonces disfruto el jardín, la belleza del paisaje, los perfumes, hasta que descubro al fondo otra puerta cerrada.

(Da click aquí para ir a otra entrada sobre Fabio Morábito)

19 comentarios en “El escritor es un cerrajero inhábil”

  1. Hola de nuevo.
    Dos puertas, dos candados. No uno. Dos. Así de preciso. Algunos, por suerte, han traspasado la primera puerta y han visto ese jardín exuberante. El problema es traspasar la segunda, para expresarlo.
    Gracias por regalarnos esta magnífica imagen.
    Buen fin de semana.

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    1. La imagen, por supuesto, no es mía sino apenas una consecuencia de la reflexión de Morábito sobre Cavalli. Y así vamos, a la caza de puertas y candados que las más de las veces no se dejan ganar.
      Un abrazo, buen finde

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  2. ¡Que soplo de aire fresco me trae esta entrada! Soy de los que cree que la poesía es una de las artes más difíciles de aprehender; sin embargo, muchos creen que con exponer un sentimiento es suficiente. De ello mi queja (silenciosa, para no entrar en conflictos inútiles) con la mayor parte de los poetas de la red.
    También, por cierto, eso es válido para poetas reconocidos, aplaudidos, laureados, nobelados y demás. El poema puede ser una obra maestra, pero puede no ser para nosotros. Ésa es otra dificultad de la poesía. Borges decía en el prólogo a unos de sus libros, que el poema no está en el conjunto de letras impresas, sino en la comunicación que éstas establecían con el lector. Siempre me gustó esa idea: la del poema como algo que en realidad sólo existe cuando esos símbolos se conectan con el lector adecuado. De lo contrario no hay nada.
    Lo que dice Morábito es una “receta” magistral. Es imposible crear belleza sin arduo trabajo. También lo que dices tú, D.; esa imagen que tan bien expresas de vencer una dificultad y el placer de acceder a un jardín, sabiendo, al mismo tiempo, que nos espera otra cerradura es una buena síntesis de ese arduo (¡pero tan placentero, tan energizante!) trabajo.
    Abrazo.

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    1. Gracias, Borgeano querido, por tu reflexión. Imaginaba que te gustaría el texto de Morábito, es magistral y me emocionó como a ti. Coincido en cuanto a que mucha de la poesía que circula por ahí es apenas la exposición (más o menos cuidada) de un sentimiento. Hasta ahí. Lo que expone Morábito es muy otra cosa, habla de la vocación de querer realmente traspasar una puerta, descubrir un espacio no visto ni descrito, al menos, no por uno. También me parece redondo el planteamiento: la belleza de un poema no nace por descuido, requiere cuidado, esfuerzo, como esa cerradura que se resiste. Pero, como señalas muy bien, que alguien mencione un momento más feliz que aquel cuando se entreabre la puerta y uno puede asomarse al otro lado. Carajo, eso eriza la piel.
      Disfruto poder compartir contigo lo que a ambos nos despierta un texto como éste. Es multiplicar por dos el gusto.
      Abrazo

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    1. Qué gusto leer tu comentario, Sandro, sobre todo viniendo de alguien tan versado como tú en el tema de escribir y enseñar a escribir. Gran verdad, sin duda, la que plantea Morábito.
      Saludos

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  3. A mí me da pudor hablar de estas cosas en tu espacio, pero me voy a aventurar a confesarte que suelo ver candados por todas partes y que a menudo creo haberlos abierto para darme de bruces con la realidad tras una tercera o cuarta relectura. Creo que es todo un triunfo si se abren los suficientes como para abrir un poquito la puerta y que llegue a pasar alguien. Muchos clics en falso. Qué rabia cuando se rompe el alambre y parte queda dentro del candado (a veces se queda allí para siempre y hay que ponerse con otra puerta).
    Un abrazo, por cierto.

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    1. Pues lo que cuentas me pasa todo el tiempo, ese creer que abres el candado para luego darte de topes viendo que sigue tan cerrado a piedra y lodo y, encima, dejar el candado inservible para siempre. Da rabia, sí, y también impotencia. El “problema” es que uno es necio, de manera que al poco tiempo vuelve a intentarlo.
      Abrazo y gracias por enriquecer la entrada con tu comentario

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  4. ahh cuánta verdad en lo que decís. es que somos tan complejos como la misma cerradura. a veces pienso que escribir poesía debiera ser algo simple natural, como amar. pero… nos dominan los egos, las ganas de poseer, de ser únicos que todo se trastoca en un simple intento que muchas veces, nos conduce a nada.
    abrazote

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    1. En esto, como en todo, hay juegos de egos que dan al traste pero en fin, así es la historia. El asunto es tener claro que escribir un poema no es como estornudar, los versos no salen en segundos, requieren sudor y esfuerzo, como abrir la cerradura, pero qué hermoso prado nos dejan ver detrás de la puerta.
      Abrazo apretado

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