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Dedicado a los galanes de viernes

 

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Por un designio de los hados que no alcanzo a comprender, algunos hombres se sienten en la obligación de decirte que eres la mujer de su vida… 10 minutos después de conocerte. Claro, y además esperan que una celebre gritando “¡Albricias, albricias!” y, acto seguido, abra las piernas. #PorDios.

Los viernes de cacería viene muy a la mano esta frase del genial Piolo, tomada de su libro #fugando conjuego (Lectorum/ Otras inquisiciones).

Modo de empleo:

Si eres mujer y te encuentras con uno de esos, déjalo que hable, que se exponga, mientras lo haces creer que estás comprando todo. Cuando quiera ponerte la mano en la entrepierna, dile al oído: “Me encanta que seas mi fan. Farrón”. Luego, puedes reírte en voz fuerte.

Si eres hombre y te dan las tentaciones de bajarle la luna sin saber su nombre, acuérdate de que no, no solemos ser tan básicas. Buscamos hombres, no fans. Farrones.

PD Ok, asumo mi sesgo de género. El hecho de hablar de los Fan. Farrones no implica que no esté plenamente consciente de que hay igual número de Fan. Farronas. Advertidos quedan.

La deliciosa incertidumbre de escribir

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“No temo a la falta de ideas, sí a la del espacio personal, donde a veces es más importante el artículo que hay que entregar, el trabajo por el que nos pagan, que la deliciosa incertidumbre del destino de ese cuento que es nuestro y que nos incita a darle vida”, dice Mónica Lavín en su nuevo libro Cuento sobre cuento (Lectorum).

Me pasa siempre: quiero tiempo para escribir sin ver el reloj. Tengo que buscarlo tarde en las noches, después del trabajo y de conversar con mi hija sobre el día o cenar con quien más me quiere. A esas horas borroneo poemas, escribo una entrada para este blog o pulo aquel texto, pero estoy cansada, aguanto poco. No sé si un día me atreveré a darle más prioridad de tiempo a lo que tiene prioridad en mis intereses: la “deliciosa incertidumbre de escribir”, como la llama Mónica. Me pregunto si cuando por fin pueda bajar el ritmo de trabajo me inventaré otra excusa para no escribir más y así seguir anclada en un mundo de certidumbres.