Archivo de la etiqueta: escribir

Por qué escribir es tan difícil

“Podríamos decir que la poesía no hace lo que Stevenson pensaba: la poesía no pretende cambiar por magia un puñado de monedas lógicas. Más bien devuelve el lenguaje a su fuente originaria”. Lo dice, nada menos, Borges en la conferencia “Pensamiento y poesía”, incluida en el libro Arte poética, publicado por Editorial Crítica y que llega a mis manos gracias a quien amo.

El escritor (de poesía, pero no sólo) busca regresar al manantial original, a la sonoridad primigenia. No es poca cosa: en forma y fondo llegar a ese punto donde cada uno reconoce algo de sí que no sabía que sabía.

Por eso poquísimas veces lo consigue.

De pronto, escribir se parece tanto a la vida

captura-de-pantalla-2016-11-01-a-las-9-57-17

Dice el psicoanalista francés Boris Cyrulnik que la resiliencia radica en ser capaz de mirar hacia atrás en la propia vida y encontrar que cada situación, persona, alegría, dolor y circunstancia tiene un sentido, forma parte de un relato personal. El reto, claro, es encontrar ese sentido.

También aquí se trata de poner sobre la mesa las palabras disponibles y armar con ellas una narrativa. En eso estoy, literal y metafóricamente. Y siento que no tengo mucho tiempo.

 

Por qué la jodida necesidad de escribir

Captura de pantalla 2016-05-17 a las 10.04.36

Me encuentro esta cita de Paz que anoté en un cuaderno viejo y me gusta toda, pero en especial esta línea: escribo para detener el instante y para echarlo a volar. Por eso no dejo de escribir, por la jodida y voraz y bendita necesidad de exprimir al máximo cada segundo:

“He escrito y escribo movido por impulsos contrarios: para penetrar en mí y para huir de mí, por amor a la vida y para vengarme de ella, por ansia de comunión y para ganarme unos centavos, para preservar el gesto de una persona amada y para conversar con un desconocido, por deseo de perfección y para desahogarme, para detener al instante y para echarlo a volar. En suma, para vivir y para sobrevivir”. -Octavio Paz, prólogo a La casa de la presencia

 

John Fante and me

He, himself.
He, himself.

“Me senté ante la máquina y escribí sobre ello, lo escupí tal y como habría tenido que suceder, lo vomité con tanta violencia que la máquina portátil retrocedía, resbalaba en la superficie de la mesa y se alejaba de mí […] Genial. Fantástico. Pero al leerlo de corrido se me antojó insulso y chapucero. Rompí los folios y lo tiré.” –John Fante, Pregúntale al polvo, Anagrama

Pues sí, pasa. Es más, me pasó ayer.

Me vacié sin pudor, dejé las tripas en el teclado para crear un poema defendible, pero luego tiré lo escrito como se desecha una venda vieja. Y expuse de nuevo la herida.

Me esforcé tratando de decir lo que quería, como quería. El resultado fueron líneas abigarradas, de las que me avergoncé como la madre de un hijo idiota.

Me pasó que, al menos en eso, me sentí cercana a John Fante. O, mejor, al personaje de John Fante.

A ver qué pasa hoy.

PD Mañana es #SábadoDeMúsica y la pregunta para armar la Playlist colectiva es: ¿con qué canción celebras el fallo de la Suprema Corte sobre la mariguana? Pon tu sugerencia en los comentarios y la añado. Aunque esta vez el tema es muy mexicano, si vives en otro país y quieres participar diría que propongas una canción con la que festejarías la despenalización del cannabis en tu país.

Captura de pantalla 2015-11-06 a las 12.22.14

Sólo puedo pensar en palabras

Imagen 1
“Escribo porque no sé lo que pienso sino hasta que lo veo escrito”. –

En algún rincón de Internet me encuentro esta cita de la autora estadounidense Flannery O’Connor y me doy cuenta de que lo sabía sin saberlo: una de las principales razones por las que escribo es porque me ayuda a pensar, a aterrizar emociones e ideas en palabras y, así, darles un sentido. En infinidad de ocasiones necesito escribir lo que me vibra por dentro para realmente hacerlo mío, porque no puedo pensar y sentir sino en palabras. Como dice Rosa Montero: “No puedes entender lo que no tienes palabras para expresar”. Tal cual.

Otra poeta suicida

Imagen 1

De apenas 26 años, frágil y rubia, en 1939 la poeta italiana Antonia Pozzi se quitó la vida. Nacida en Milán en 1912 y agobiada tanto por la sombra de la guerra como por la prohibición paterna de ver al hombre que amaba, se suicidó en el campo. Dejó un puñado de versos íntimos, que parecen tener alas.

Entre ellos escojo estos para el primer #MiércolesDePoesía oficial del año. El poema se titula “Pudor” y describe con delicadeza la emoción que siente quien escribe, cuando lo escrito gusta a alguien.

“Si alguna de mis palabras

te deleita

y tú me lo dices

aunque sea sólo con tus ojos

yo me abro

en una sonrisa santa

mas tiemblo

como una madre pequeña, joven

que empieza a sonrojarse

si un pasante le dice

que su hijo es bello”.

-Antonia Pozzi, “Pudor”

Da click aquí para leer más poemas de Pozzi

Da click aquí  o aquí para ir a otras entradas sobre escritores suicidas

 

Ubicarme entre Gelman y Picasso

Imagen 1

“Nadie puede sentarse a escribir poesía como un acto de voluntad. Yo escribo cuando la obsesión golpea a la puerta”, dijo Juan Gelman. Lo leo en la introducción a un libro suyo, de vuelta en casa, metida en la cama y tomando un té de frutas, abrazada al recuerdo de los recientes días de vacaciones con quien más me quiere.

Creo lo que dice Gelman, pero sólo quien tiene su pedazo de genio puede dar tanto espacio a la creatividad. En contraste, recuerdo aquello de Picasso: “Cuando llegue la inspiración, quiero que me encuentre trabajando”. Como intento de poeta, me gusta ubicarme entre ambas posturas: luchar todos los días para dar forma a mis obsesiones, no dejar de escribir, pero hacerlo con la conciencia de que no todo servirá. Sólo unas pocas líneas van a ser tocadas por el duende mientras el resto, la mayor parte, irá a dar a la basura. Como no sé cuándo vendrá de visita, más me vale no soltar la pluma. Le doy otro sorbo al té y saco el cuaderno con borrones de poemas.

La deliciosa incertidumbre de escribir

Imagen 1

“No temo a la falta de ideas, sí a la del espacio personal, donde a veces es más importante el artículo que hay que entregar, el trabajo por el que nos pagan, que la deliciosa incertidumbre del destino de ese cuento que es nuestro y que nos incita a darle vida”, dice Mónica Lavín en su nuevo libro Cuento sobre cuento (Lectorum).

Me pasa siempre: quiero tiempo para escribir sin ver el reloj. Tengo que buscarlo tarde en las noches, después del trabajo y de conversar con mi hija sobre el día o cenar con quien más me quiere. A esas horas borroneo poemas, escribo una entrada para este blog o pulo aquel texto, pero estoy cansada, aguanto poco. No sé si un día me atreveré a darle más prioridad de tiempo a lo que tiene prioridad en mis intereses: la “deliciosa incertidumbre de escribir”, como la llama Mónica. Me pregunto si cuando por fin pueda bajar el ritmo de trabajo me inventaré otra excusa para no escribir más y así seguir anclada en un mundo de certidumbres.

Sobre escritores y escribir: cinco perlas de Millás

Foto tomada del sitio http://cambiodeplano.net/libros/el-mundo/
Foto tomada del sitio http://cambiodeplano.net/libros/el-mundo/

Tengo dos grandes suertes en la vida: una es tener como amigo a Andrés Grillo, la otra es que Andrés Grillo no tenga un blog. Eso significa dos cosas: con esa generosidad que no puede evitar (y tampoco intenta), con frecuencia me comparte tesoros, mismos que puedo “robar” para publicar aquí. Por ejemplo, ayer me mandó la entrevista que le hizo @MarAbad al autor español Juan José Millás, de la que entresaco estas cinco preciosidades:

1. “Los escritores pasamos muchas horas pensando y tenemos una tentación horrorosa: leer”.

2. “Siempre estoy deseando que suene el móvil porque escribir es una peste. Es lo que más nos gusta a los escritores pero, a la vez, es infernal. Cuando te llaman, te relajas y te vienen algunas ideas […] pero después tienes que ponerte frente al ordenador. Puede que salga algo o que no salga nada. Pero tienes que ponerte”.

3. “El escritor está trabajando siempre, hasta cuando no escribe nada”.

4. “Este trabajo está muy mitificado. Hay escritores que dicen que en una mañana han escrito dos líneas. Pues mira, si te pasa eso, mejor no te dediques a esto. En una empresa te echarían. Imaginad a una teleoperadora que diga que solo puede hacer dos llamadas en un día”.

5. “Consultar diccionarios y enciclopedias es una de las cosas que hago cuando no hago nada”.

La soledad del escritor, según Sontag

Susan Sontag
Susan Sontag

Nos entendemos bien. Acostumbramos mirarnos de frente, quedarnos calladas pero en paz, conversar un poco y retomar el silencio. Y es que me siento cómoda a solas. Desde que recuerdo soy incapaz de funcionar sin esos ratos de aislamiento, en los que escribo y/o leo. Lo que no tengo claro es si primero fui solitaria y en consecuencia tomé la pluma o si cuando empecé a escribir, a los ocho años, me aficioné a estar conmigo misma.

Para justificar esa singularidad me viene bien esto de Susan Sontag. Entrevistada por The Paris Review en 1995, explica así la rareza de quien escribe: “Writing is a life—a very peculiar one […] Writing requires huge amounts of solitude. What I’ve done to soften the harshness of that choice is that I don’t write all the time. I like to go out—which includes traveling; I can’t write when I travel. I like to talk. I like to listen. I like to look and to watch […]”. (Traducción mía: Escribir es una vida —una muy particular […] Escribir requiere una enorme dosis de soledad. Lo que he hecho para suavizar la rudeza de esa opción es que no escribo todo el tiempo. Me gusta salir —lo que incluye viajar; no puedo escribir mientras viajo. Me gusta conversar. Me gusta escuchar. Me gusta mirar y observar […]”).

En lo personal, hace años entendí que para el acto de escribir necesito tiempo a solas pero para alimentar tanto mi vida como la escritura que deriva de ella requiero espacios en compañía, de conversación, de abrazos, de risa. Una sola de las esferas no me deja satisfecha, las vivo como vasos que se enriquecen. Creo que llegué a la misma conclusión que la enorme Sontag (y eso es decir mucho).

Lo que me empuja a escribir

Imagen 1

Mentalmente releo la carta que he repasado tantas veces, la que escribí un 19 de enero de hace 30 años, cuando en el hospital mi papá empezaba la guerra contra lo inevitable.

Era una carta desesperada. Le pedía no morirse, aguantar por mí, no dejarme. Le recordaba lo central que era en mi historia, le suplicaba honrar nuestra complicidad, ofrecía mis fuerzas a cambio de sus heridas. Tres meses después fue derrotado, como todos, y me dejó la vocación de llevar su recuerdo conmigo a todas partes, inquieto habitante de mis días.

Esa carta inauguró mis afanes de escribir para realmente vencer a la muerte, cosa que cada día se anuncia más difícil. Pero no cedo en el intento.

“Trátame como a las páginas de un libro”

Imagen 1

En estos días aflojerados, en los que la pijama se vuelve una segunda piel, aprovecho para revisitar el Libro de cabecera de Peter Greenaway. Aquí algunas de sus deliciosas reflexiones sobre el vínculo erotismo-escritura:

“La escritura es una ocupación ordinaria, pero aun así qué preciosa. Y si la escritura no existiera, qué terrible depresión experimentaríamos todos “.

“La palabra para el humo debe moverse como el humo”.

“Estaba determinada a elegir amantes que me recordaran los placeres de la caligrafía. No podía recordar qué era más importante: un caligrafo indiferente que fuera un excelente amante o un excelente amante que fuera un calígrafo deficiente”.

“Trátame como a las páginas de un libro. De tu libro”.

Me quedo con esta última frase, como mantra que muerdo entre los dientes ahora que está conmigo quien más me quiere.