“Aquí la gente festeja con sexo”

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El telo de papá es la primera novela de la argentina Florencia Werchowsky, quien en la vida real es hija del dueño del hotel de su pueblo. Por eso, nada más natural que tejer la historia en torno a ese lugar en donde el sexo es protagonista.

Es muy delgada, quizá por su pasado como bailarina aunque también porque, para desayunar, apenas pide jugo y un té. Está en México para promover su libro. Periodista de formación, tiene tatuajes en los brazos pero un aire tímido al conversar. Dice haber visitado algún motel un par de veces, una de ellas para acompañar a un amigo que quería ver una final de futbol y no tenía televisión. Sin embargo, la verdad es que Werchowsky prácticamente creció en el Cu-Cú, hotel de carretera en la Patagonia argentina que fue el sostén familiar durante su infancia y adolescencia. Y aunque la molestaban por ese hecho, el motel se le impuso como tema y también le dio material para escribir esta novela con tintes autobiográficos, publicada por Editorial Colofón. En ella recupera la historia del hotel (palabra que surge al repetir muchas veces “telo”) y entreteje tanto sus propias anécdotas como las de sus papás, las empleadas, los clientes del local, el pueblo entero que “debuta” en el negocio. Aquí, parte de lo que dijo cuando nos sentamos a platicar.

Publicidad y literatura. Escribí El telo de papá mientras trabajaba en una agencia de comunicación en una especie de celibato mental, que no dejaba espacio para nada más. La publicidad es una ficción en sí misma: crea una historia verosímil sobre un producto. Invertirle tanta energía me frustraba porque sentía que trabajaba para el enemigo, así que escribir la novela, cuyo tema estaba muy cantado para mí, me sirvió para sentir que le daba tiempo a un proyecto no-ocioso. Cada palabra es mía y eso es bueno y malo, porque uno es esclavo de lo que escribe.

Convertir la vida en ficción. Al escribir sobre la vida tanto mía como de mi familia en torno al Cu-Cú me di cuenta de que no recordábamos muchas cosas, así que llené literariamente esos huecos. En otros casos, los hechos eran muy crudos y resultaba inverosímiles. Eso me obligó a trabajarlos para hacerlo creíbles. Como soy periodista, primero pensé que debía ajustarme a la historia real, pero al final transformé cosas, las reformulé. Por eso digo que esta novela es autoficción.

Novela no-sexual sobre un motel. El sexo es avasallante, un tsunami que lo toma todo, así que mantenerlo a raya en la novela me pareció la forma más sana de que no se comiera lo que yo quería contar. De hecho, cuando veo que en algunas tiendas venden mi libro junto a Cincuenta sombras de Grey pienso en los pobres lectores engañados, que compran El telo de papá buscando descripciones de falos gigantes. Aquí no las van a encontrar, no es una novela erótica.

La familia que se lee a sí misma. Cuando mi mamá supo que yo estaba escribiendo sobre el Cu-Cú dijo que era horroroso que tratara el asunto y dejó de hablarme por un año. Del otro lado, a mi papá le pareció una reivindicación y me llamaba a diario. Cuando el libro salió en Argentina yo estaba en México, lo que puso un paño frío sobre esa tensión y luego a mi mamá le gustó su personaje, así que se relajó. Y mi papá está en llamas, feliz. Parece el héroe reconocido que se ganó el Oscar.

Como película de David Lynch. El hotel familiar sigue funcionando, es de lo que viven mis papás y aunque soy la heredera, nunca me he planteado manejarlo porque es tremendo estar ahí. Los primeros 15 minutos te sientes en una película de David Lynch, pero luego se vuelve denso y deja de estar bien. Es que cada cuarto es un territorio de libertad de dos por dos metros, pero también es un espacio de conflicto donde se libran batallas entre dos personas y de ellos dos contra el resto del mundo.

Festejar con sexo. Ñanco, el dueño del hotel, dice en la novela: “La gente acá tiene relaciones sexuales ante cualquier evento, festeja con el sexo”. Y yo lo vi, es verdad. En los Mundiales de Futbol de 1978 y 1986, cuando Argentina se hizo campeón, en los hoteles se hizo una tremenda cola para entrar. Ese festejo que es privado se convirtió en alegría nacional y a nadie le importó quedar expuesto en una fila de autos. Ganar el Mundial lo justificaba.

Libros como parejas. Ahora estoy escribiendo dos novelas, pero es como tener dos parejas: no me da la vida para mantenerlas satisfechas, así que en algún momento tendré que dejar alguna. Ya veré por cuál me decido.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

 

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