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¿Y si Maximiliano no murió cuando se murió?

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Que si Maximiliano de Habsburgo y Benito Juárez tuvieron un pacto, según el cual Juárez le habría perdonado la vida por ser ambos masones practicantes. Que si luego del simulacro de fusilamiento, el des-emperador habría pasado años bajo otro nombre, en Centroamérica.

Éste es el argumento (fascinante) que funciona como eje de la más reciente novela de Anamari Gomís, La vida por un imperio, publicada por Ediciones B. La protagonista, Fernanda, acompaña a un anciano historiador en su recorrido por varios países americanos. El objetivo es buscar información que confirme la hipótesis sobre el destino del austriaco: “Todo el chiste residía en asegurarse de que, en efecto, Maximiliano había sido salvado por el propio Juárez para luego adoptar una vida y una identidad distintas. Más valía seguir viviendo con otra identidad, que aceptar una muerte más o menos heroica”.

Es, además, una novela de autoencuentro en los paisajes de Costa Rica y, sobre todo, que retrata con sabor a daiquirí el ambiente de la Cuba de Castro. Las calles, la noche de bochornos, el charm isleño, el hotel El Nacional. Fernanda se siente “metida en un bolero” mientras se entrena en los rigores de lidiar con su maestro-erudito que es, básicamente, un patán. Y mientras ella parece ir dándose portazos a nivel personal, va ganando certezas (y la complicidad de quien lee) mientras la trama va desgranando datos sobre Maximiliano y su probable alter ego, Justo Armas, y sobre la cada-vez-menos-creíble locura de Carlota.

Aunque la portada del libro podría hacer pensar que se trata de una novela histórica o, incluso, de un tratado denso con moho en cada página, La vida por un imperio es una historia fluida, que se lee con gusto. Y deja con inquietudes de saber si Max siguió viviendo luego de morirse en el Cerro de las Campanas.

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#MiércolesDePoesía Naufragio de ausencia

Imagen: Ortelius
Imagen: Ortelius

La poeta mexicana Maricela Guerrero es la invitada de hoy al #MiércolesDePoesía, con estos versos sutiles de su libro De lo perdido, lo hallado. Porque sí, coincido en que la ausencia del cuerpo querido es una zozobra. En todas sus acepciones.
“es la resaca

el exilio

de tus ojos

lo que me hace pensar en estas cosas (suceden)

seré un pez ceñido

a tu cintura

el sol

donde gravita

este naufragio”.

-Maricela Guerrero, De lo perdido, lo hallado, CONACULTA, 2015

Decirle “periodista” a la Premio Nobel de Literatura, ¿es una ofensa?

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Estoy leyendo La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich. Publicado por Debate, es el recuento crudo, sin aderezos ni azúcar, de las mujeres que participaron en la Segunda Guerra Mundial como francotiradoras, conductoras de tanques, pilotos, enfermeras, soldados. Este primer libro de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015 está armado como un collage de testimonios, a partir de las más de 500 entrevistas que Alexiévich realizó. Así, dice, “los rostros se borraban, sólo quedaban las voces”. Y esas voces hablan de la iluminación, el espacio y los olores del conflicto vivido por ellas. Responden a preguntas como: ¿Qué siente una persona ante la absurda idea de que puede matar a otra? ¿Con qué palabras se narra tener el pelo empapado de sangre de heridos? ¿Con cuáles ver que una mamá ahoga a su bebé, que llora de hambre, porque no tiene cómo alimentarlo? ¿Qué se rompe por dentro cuando un moribundo cuya pierna fue arrancada de cuajo pide que lo entierren con ella? ¿Qué fue lo más difícil cuando terminó la guerra y hubo que recuperar la normalidad, pero se había perdido todo referente de qué era “normal”?

Es lo primero que leo de Alexiévich. El suyo es un trabajo espléndido de recopilación, escritura y edición, con el enorme logro de hacer un monumento polifónico al coraje y el dolor humanos. El otorgamiento del Nobel se basa, me parece, en ese bucear en las honduras emocionales con los ojos abiertos y los oídos igual, para luego vaciarlo en lenguaje, en sonidos atravesados por silencios. “El camino del alma para mí es mucho más importante que el suceso como tal, eso no es tan importante. El ‘cómo fue’ no está en primer lugar, lo que me inquieta y me espanta es otra cosa: ¿qué le ocurrió allí al ser humano? ¿Qué ha visto y qué ha comprendido? […] Los sentimientos son más vivos, más fuertes que los hechos”, dice en alguna parte del libro.

Recuerdo que cuando le dieron el Nobel, algunos puristas se rasgaron las vestiduras, diciendo que la labor de Alexiévich es más periodística que literaria. Ahora que la leo pienso que ahí están nombres como Truman Capote, John Banville, Ryszard Kapuscinski y Martín Caparrós, quienes han transitado de una a otra arena con soltura. Al final, poner una frontera que divida periodismo de literatura me parece ocioso. Pedante. Limitado. Si un texto se vale del lenguaje y la forma para sacudir, si permite asomarse al incendio que ocurre dentro del otro, si revela y emociona, si multiplica las contradicciones en vez de resolverlas, entonces es literatura. Así que no creo que sea ninguna ofensa afirmar que el Nobel de Literatura se lo dieron a una periodista. Como señala la argentina Leila Guerriero: “Periodismo es un género literario que trabaja sólo con materia prima obtenida de la realidad”. Pues eso.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

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Otra vez: Rabia de vida, entre los mejores libros del año

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Todo indica que 2016 viene prendido. Ayer, 3 de enero, mi Rabia de vida fue incluido en la lista de los mejores libros de poesía del año, misma que Sergio González Rodríguez publica en el periódico mexicano Reforma. Aparece junto con títulos de maestros en el oficio, como Eduardo Milán, Rocío Cerón, Luigi Amara, Jorge Esquinca, Feli Dávalos. La compañía no podía ser más motivadora y retadora. Además, Palabrasaflordepiel fue el blog recomendado en el suplemento Forma y Fondo, también de Reforma. Y hace pocos días, el 30 de diciembre, Rabia de vida figuró en la lista de los 10 libros de poesía de 2015 que Mónica Maristáin publica en Sin Embargo (da clic aquí para ir a esa nota). Se trata de las listas más reconocidas en el medio editorial, de modo que estoy abrumada de emoción.

Agradezco en todos los colores a Sergio, a Mónica y al anónimo recomendador de Forma y Fondo este espaldarazo a mi trabajo y, sobre todo, celebro que encuentren en mis letras un eco. Rubén Bonifaz Nuño decía que la poesía es eso que pone chinita la piel. A seguir respirando poesía, que de otro modo nada vale la pena. 

PD Si quieres comprar Rabia de vida en versión digital puedes hacerlo en la esquina superior derecha de este blog, donde dice EBook, o en versión física en librerías de México: Gandhi, El Sótano, Fondo de Cultura Económica y El Péndulo, además de Amazon.com y Amazon.es.

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El hecho de que alguien haya muerto no significa que no exista: Julian Barnes

Imagen: Arte de sombra de Kumi Yamashita. http://www.kumiyamashita.com/portfolio/building-blocks/
Imagen: Arte de sombra de Kumi Yamashita.
http://www.kumiyamashita.com/portfolio/building-blocks/

El dolor infinito de perder a alguien. No. No a alguien sino a la persona que le da sentido a quien eres y sin la cual no te interesa cómo se organiza el mundo. “Te preguntas: ¿en qué medida, en este torbellino de añoranza, la añoro a ella o añoro la vida que tuvimos juntos, o añoro lo que en ella me hacía ser más yo mismo, o el simple compañerismo o el (no tan simple) amor, o todo esto o pedazos superpuestos de cada cosa? Te preguntas: ¿qué felicidad hay en el solo recuerdo de la felicidad?”.

En el tercer capítulo de Niveles de vida (Anagrama), el escritor mayúsculo que es Julian Barnes enfrenta con palabras la desesperanza por la muerte de su mujer. Se desboca en el dolor y recuerda ese texto igualmente poderoso de C. S. Lewis: Una pena observada. Así escribe párrafos descarnados, de una belleza que corta como un cuchillo dulce: “Es lo que muchas veces no comprenden los que no han cruzado el trópico del duelo: el hecho de que alguien haya muerto puede significar que no está vivo, pero no significa que no exista. Hablo con ella continuamente. Es algo tan normal como necesario. Le comento lo que estoy haciendo (o lo que he hecho durante el día); le señalo cosas mientras conduzco; articulo sus respuestas”.

La forma de Barnes de poner en claro el duelo ha hecho que en la calle lo detenga gente para agradecerle de manera personal el libro. Es que sin duda sacude, no hay forma de quedar indiferente ante el torrente verbal que arrastra piedras, tierra, basura. Sigo leyendo. Cuenta cómo, ante tanto dolor, pensó matarse, pero luego cambió de opinión: “Llevó su tiempo, pero recuerdo el momento —mejor dicho, el argumento que brota de repente— que hizo menos probable que me suicidase. Comprendí que, en la medida en que mi mujer estaba viva, lo estaba en mi memoria. Claro que también pervivía intensamente en la mente de otras personas; pero yo era quien más la rememoraba. Si ella estaba en algún sitiio, era dentro de mí, interiorizada. Esto era normal. Y era igualmente normal —e irrefutable— que no podía matarme porque entonces también la mataría a ella. Moriría por segunda vez, y mis luminosos recuerdos de ella se perderían en la bañera enrojecida”.

Qué hago ahora con esta imagen brutal: el escritor no puede suicidarse porque es él, el amante, quien mantiene vivo el recuerdo de la mujer que amó. Me parte en dos. No puedo seguir leyendo.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios del sitio web de SoHo).

“La boca es el corazón de la cara”

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“Es la primera vez que un hombre me besa en los labios. La primera. Sólo ha sido un beso de despedida, seco y tranquilo, pero ha sido la primera vez que alguien no apuntaba a mi mejilla derecha ni a mi mejilla izquierda, sino que iba directo al centro, como hacen los hombres y las mujeres. ‘La boca es el corazón de la cara’, pienso; cojo una copa de vino, gratis, de la mesa y me la bebo de un trago; me vibran las manos; me zumban los oídos. La verdad es que no sé qué hacer conmigo misma. Quiero seguir con el beso. Quiero acabar el beso, prolongarlo […]”.  -Caitlin Moran, Cómo se hace una chica, Anagrama.

Estoy leyendo este combo explosivo de sarcasmo, buenas letras y personajes más vibrantes que mis vecinos. Quiero conocer a Johanna. Quiero decirle que sí, coincido con ella en que la boca es el corazón de la cara. Que aunque he acumulado años, a veces me pasa de nuevo: después de un beso no sé qué hacer conmigo misma.

PD Mañana es #SábadoDeMúsica y esta vez la pregunta para armar la Playlist colectiva es: ¿Cuál es tu canción favorita basada en un poema o en cualquier otro texto literario? Anótala aquí abajo, para incluirla.

 

¡Mi adolescenta publica su primer libro!

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Tengo en casa una hija que salió de mis entretelas y me lo recuerda constantemente, porque es mi motivo más constante de emociones a tope, que se sienten en la panza. Con mi adolescenta nada es a medias tintas. Entusiasmos. Desvelos. Risas. Enojos. Ternura. Y sí, preocupación, porque el susto viene junto-con-pegado con el viaje a ciegas que implica ser mamá. Ella es también el punto de encuentro entre quien soy y quien quiero ser, porque aunque intente evitar el lugar común, caigo gustosa en él al decir que a diario le aprendo a su coraje, a su claridad.

Ahora me trae su primer libro, Sam’s Confession, publicado por Editorial Uranito como resultado de haber ganado el primer lugar en un concurso de cuento en su escuela. Está impecablemente bien escrito y la historia palpita. Tiene varios niveles pero en el fondo habla de congruencia con la propia piel, de respeto. Merece una ovación de pie, en este mundo de máscaras y fingimiento. Carajo, qué ejemplo pone. En la contraportada viene la foto de ella y un nota biográfica donde apunta que vive “con su mamá, su gato y su perro” y que sus materias favoritas son Literatura en inglés y Teatro. Como remate, leo la doble dedicatoria:

“Para todos esos héroes allá afuera: mucha fuerza y recuerden siempre ser ustedes mismos.

A mi mamá, quien todos los días me contagia el gusto por escribir”.

¿Cómo le digo que si este nudo en la garganta pudiera hablar le diría que me mueve como no se imagina que me lo dedique? ¿Que me encanta heredarle mi amor irrenunciable por las palabras? ¿Que respaldo sin condiciones su vocación de congruencia? ¿Que no me cabe el alma en el cuerpo de orgullo? ¿Cómo le explico que sin embargo lo que me fascina muchísimo más de todo esto es el ser humano de luz que se transparenta en cada página? No puedo decírselo. Salí volando por la ventana.