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“Antología” es, en realidad, una palabra muy cursi

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Pues sí, qué remedio querer darle una pátina de rudeza.

Antología viene del griego anthos, flor y logeia, colectar. Es decir que una antología era, en principio, una colección de flores. Luego el sentido se amplió para abarcar una colección de poemas y, finalmente, una colección de obras literarias. Por cierto, la misma raíz se encuentra en la palabra krysanthemon, cristantemo, que se forma con anthemon khrysos, oro, es decir, crisantemo significa “flor de oro“.

Como adoro la etimología de las palabritas ahí van esas dos, cursis a morir, para alegrar el viernes.

 

Fuente: Krystyna M. Libura y Gabriel López Garza, Sorpresas en palabras, Ediciones Tecolote, 2006.

¿De dónde viene la palabra “bikini”?

Raquel Welch, cartel de la película Hace un millón de años (1966)
Raquel Welch, cartel de la película Hace un millón de años (1966)

Me encanta la ociosidad de conocer el origen de las palabras, así que aquí va ésta.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos continuó haciendo experimentos con bombas atómicas, ahora en el atolón Bikini de las Islas Marshall, en el Océano Pacífico. El sitio estuvo bajo poderío japonés por años, pero en 1944 fue conquistado por los estadounidenses, básicamente porque estaba alejado de rutas de aire y agua. Así, previo desalojo de los pobladores, en 1946 se dejaron caer sobre Bikini dos bombas del tamaño de la arrojada en Nagasaki. La condena mundial fue importante, dado que no había pasado ni un año desde las dos bombas lanzadas sobre Japón.

En ese mismo año, el ingeniero francés Louis Réard creó un traje de baño femenino de dos piezas que ofendió a las buenas conciencias (siempre dispuestas a ello) porque mostraba el ombligo. Fue tal el escándalo que ninguna modelo quiso lucirlo en la presentación en París, de modo que Réard tuvo que contratar a una bailarina de cabaret para ello.

Le llamó, irónicamente, bikini.

(Con información tomada del libro La fascinante historia de las palabras, de Ricardo Soca).

Palabra del día: Despampanante

Foto: José Luis Escobedo
Foto: José Luis Escobedo

Dicen los rumores (y nadie puede desmentirlos, porque no hay testigos), que Adán y Eva se paseaban desnudos por el Edén y todo era sublimemente perfecto, como en película de Disney antes de que aparezca el malo. Pero como dijo José José: “Hasta la belleza cansa”. Entonces, un día inventaron el pecado y ahí se jodió la cosa: el Mismísimo los expulsó del Paraíso y cubrió sus partes innobles con hojas de parra (pampinus, en latín).

Justo de ahí deriva el significado primario de des-pampanante, que se forma con el prefijo negativo des- y el sustantivo pampinus: una persona despampanante es la que sorprende y desconcierta porque está desnuda, es decir, carece de hojas de parra para cubrirse. Entonces, la atenta señorita que ilustra esta entrada es, sí, despampanante. A ver quién me contradice.

Fuente: Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos.

Da click aquí para ir a la entrada sobre Supérstite.

 

Lo que significa “compañero” según el Diccionario Daniosko de la Lengua

Imagen 1La etimología oficial de compañero significa “el que come del mismo pan”, según el Diccionario Etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas (Gredos). Es el que parte su pan, símbolo de comunión física y espiritual: es el que cree que comerse la hogaza completa no lo hace más feliz ni lo sacia más.

No me disgusta comer sola, es más, a veces busco hacerlo para leer mientras tanto, pero celebro poder acompañarme de mi gente querida: compartir antier la mesa con mi casi-hermana Rocío, ayer con mi hermosa adolescenta, hoy con mi amiga Fabiola y mañana con quien más me quiere es todo un lujo. Es decir que según mi glosario subjetivo, el Diccionario Daniosko de la Lengua, ser compañera significa “tener toda la Fortuna en los tiempos que corren, de soledades impuestas, de divorcio de los hijos, de parejas que no se encuentran las manos, de cojera de amigos”.

Palabra del día: “azar”

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Me gusta su sonoridad y su vivir a caballo entre zar, título del antiguo emperador ruso, y azahar, flor del naranjo, pero lo más fascinante radica en su origen: azar es un arabismo que significa “flores”.

Como tantas voces en español que inician con “a”, ésta también hunde sus raíces en los ocho siglos de contacto entre la lengua mora y el incipiente castellano. Proviene de az zahr = “dado”, que a su vez proviene de zahr = “flor”. Esto puede deberse, explican según K. M. Libura y G. López Garza en Sorpresas en palabras (Tecolote), a que los primeros dados tenían el dibujo de una flor en una de sus caras, la que indicaba mala suerte. Como el dado se relacionaba con lo impredecible y casual, la voz adquirió ese significado.

También vive en portugués (azar, con el significado de “mala suerte”), francés (hasard) e inglés (hazard, con el sentido de “peligro”). Sorprendente, la palabrita.

El texto, un tejido de palabras

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“Texto”, entendido como un escrito, viene del latín “textus”, que a su vez procede de “textere” que significa “tejer, trenzar”. En el fantástico libro Sorpresas en palabras (Tecolote), Krystyna Libura y Gabriel López Graza señalan que de esa misma raíz vienen “tejer” y “tejido”. Es decir que, por su etimología, un texto es un tejido de palabras.

Lo pienso mientras repaso en mi celular los muchos mensajes que me envía quien más me quiere, a miles de kilómetros de distancia: juntos forman un textil de colores, bordado de momentos y cosas buenas.