Las crónicas de muchos ojos de Tarifeño

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Ryszard Kapuscinski, que algo sabía del asunto, dijo en Los cínicos no sirven para este oficio: “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Según esta lógica, Extranjero siempre, crónicas nómadas, de Leonardo Tarifeño (El salario del miedo) es un buen libro, escrito por un buen periodista que apunta ser una buena persona.

En contraposición al periodismo aséptico y distante de boletines de prensa, el autor se ensucia las manos mientras se involucra con los protagonistas de sus crónicas ocurridas en varios puntos del planeta, sean un chamán huichol de Real de Catorce, unos presos argentinos devenidos músicos, los cadeneros de un antro defeño, un músico en Mali, una escort seductora en México o hasta Maradona rehabilitado en Cuba. Ese es el subtexto de la cita que abre este post: que el cronista parta de la humildad y la apertura de quien no posee la verdad última. Al leer este volumen, escrito con la rica pluma de Tarifeño y una enorme honestidad por delante, me meto en la piel de los personajes y leo el mundo desde sus muchos ojos. Cómo no disfrutar ese regalo. Supongo que a eso se refiere Kapuscinski cuando habla de que el buen periodista debe ser “buena persona”.

10 comentarios en “Las crónicas de muchos ojos de Tarifeño”

  1. Cómo? Cuándo? Dónde? Por qué?
    Estas cuatro preguntas tenían que ser resultas por un artículo cuando un periodista informaba. Sin embargo, actualmente, todo se sustituye por una imagen que pueda ser difundida practicamente a tiempo real por el mundo. Da lo mismo lo que se informa. Solo vale la potencia de las imagenes sin ninguna explicación. Por ese motivo vivimos en un estado de desinformaciòn bloqueados por una masiva reproducción de imàgenes. Por eso, encontrar excepciones que no solamente resulven las preguntas, sino que tambièn se posicionan, es un placer.

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  2. Sí, este mundo sobrecentrado en la imagen pareciera no dar lugar al periodismo de fondo, hecho de palabras. Por eso la crónica, además de ser muy rica, resulta necesaria. Este libro es un buen ejemplo de ella.
    Saludos

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  3. ayer traté de comentar pero no pude, mi conexión no me lo permitía… de hecho no entro a tu blog sino que leo el artículo entero desde el reader, es el único modo… quería decir que a mí me gusta el periodismo que opina, que analiza… el que repite noticias no me interesa aunque es necesario, por supuesto, pero el que más me gusta es el que pone su pellejo…

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    1. Gracias por el esfuerzo de volver a entrar para dejar tu comentario. Coincido contigo, el periodismo que resulta meramente lector de noticias me da pereza. El que se mete a las tripas, en cambio, me seduce. Te recomiendo mucho este libro, no sé si se pueda conseguir en la bella isla.
      Abrazo

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  4. Como bien sabes, de un tiempo a esta parte he descubierto en las crónicas una fuente de placer que antes había pasado por alto (incluso te he pedido a ti misma que nos regalaras más crónicas de tus sabrosos viajes). Sabiendo de tu enorme capacidad de lectora, no dudo de que este libro debe ser estupendo.
    Ahora, leyendo, además del post, los comentarios, creo que voy a ser el único que va a decir algo a favor de aquellos que “sólo dan las noticias”. Creo que estamos viviendo en momentos de gran complejidad social en el que los medios de comunicación juegan un papel fundamental; sobre todo en la creación de consenso y de “formas” o “hábitos” de pensamiento. Pongo estas palabras entre comillas porque creo que los medios, precisamente, lo que hacen es dictarle a la población lo que deben creer y eso lo hacen, con suma precisión, esos periodistas que dan “su versión” de los hechos; esos que dan “su parecer” o “su lectura” de los acontecimientos. Por lo tanto creo que hay que balancear, en estos momentos, a las noticias “asépticas” con aquellas “personales”. Sobre todo hay que leer muy bien entre líneas para no ser víctimas de un engaño.
    Como muchas veces nos ha pasado D.; nuestros días están en sincronía. El día martes he comprado un ejemplar de un libro de un periodista uruguayo que hace muchos años que está radicado en Argentina, y he ido a verlo a una charla que dio en el Asilo Unzué (aquel del que hablé en el post sobre “ese martes dichoso”). El libro ya lo terminé y me movilizó de tal manera que creo que escribiré una serie de posts sobre el tema que él toca. No es exactamente un libro de crónicas, pero está estrechamente relacionado con todo esto que tú tocas aquí.
    Cariños.

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    1. De acuerdo con tu visión sobre el papel fundamental de los periodistas que dan “su versión/ visión” de los hechos. Mi crítica va hacia los muchos que se creen periodistas porque se paran frente a un micrófono o una cámara de TV y se dedican a leer las noticias que preparó alguien más. Esos me dan infinita pereza, desgano total. Los otros, los que se meten a fondo en la noticia y la analizan, son necesarios, sin duda, sea que esté o no de acuerdo con ellos. Sobre el tema de la crónica, el género en sí es una delicia, disfrutable al máximo su conjunción entre periodismo y literatura, y este libro de tu compatriota Tarifeño es un rico ejemplo de cómo ambos mundos se tocan y enriquecen.
      Espero tus posts sobre el libro del uruguayo (se relame los bigotes…).
      Abrazo

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  5. Entiendo el punto, y lo comparto. Quienes sólo se quedan en ese papel limitado son, más bien, hijos de la pereza. Y también es compartida la preferencia por esos otros periodistas que se “sumergen” en la noticia y, sobre todo, en sus protagonistas.

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    1. Al menos en México hay muchos de los primeros, pero son los que coleccionan fama y dinero, y pocos de los segundos, hechos de esfuerzo y satisfacción. Si me ponen a elegir podría sin dudarlo intercambiar 50 de aquellos por uno de estos.

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