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Villoro: El periodismo le da sentido a lo que no lo tiene

Foto tomada del sitio emeequis (ignoro el nombre del fotógrafo pero si alguien me lo dice, con gusto lo añado)
Foto tomada del sitio emeequis (ignoro el nombre del fotógrafo pero si alguien me lo dice, con gusto lo añado)

Leo que a Juan Villoro le dieron el Premio Periodismo Diario Madrid, por su trabajo sobre temas de la cultura hispanoamericana, además del Premio José Emilio Pacheco, en la Feria del Libro de Mérida. Anda muy celebrado, pues.

La suya es una pluma sólida tanto en la arena literaria como en la periodística, pero desde hace tiempo su trabajo como cronista y ensayista es el que más me interesa. Cuando fue mi maestro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM leí sus novelas El disparo de Argón y El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica, además de los cuentos de La noche navegable. Lo disfrutaba mucho como narrador. Recientemente me gustó su Conferencia sobre la lluvia y el volumen de cuentos Los culpables, pero de algunos años para acá me he decantado por su trabajo periodístico con aroma a literatura: me gustan mucho los textos que publica en SoHo Colombia, en El Malpensante, en Etiqueta negra, en Letras Libres.

Hace unos años leí algo que le dijo en Argentina a Leonardo Tarifeño, magnífico periodista y querido amigo. Busco la cita en Internet y, claro, ahí está: “El gran desafío de la crónica consiste en construir un relato que haga tolerable lo intolerable y darle sentido a aquello que no lo tiene”. Ese es el periodismo que de verdad me apasiona y me parece retador: no el de la coyuntura (si el Presidente dijo A o B, si hoy vendrá X político de visita al país), sino el que rasca en las entrañas y expone con lucidez y análisis temas como la teatralidad del narcotráfico, como en este texto suyo: La alfombra roja, el imperio del narcoterrorismo. Me parece que esa es una de sus enormes virtudes. Y aunque a veces creo que se excede desempeñando un papel de opinionólogo, es un tipo brillante y mesurado que con frecuencia arroja luces sobre lo que pasa en el país y en el mundo.

En fin, todo esto para decir que me da gusto que su pluma sea reconocida. Claro, como si a él le interesara mi opinión.

 

 

Las crónicas de muchos ojos de Tarifeño

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Ryszard Kapuscinski, que algo sabía del asunto, dijo en Los cínicos no sirven para este oficio: “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Según esta lógica, Extranjero siempre, crónicas nómadas, de Leonardo Tarifeño (El salario del miedo) es un buen libro, escrito por un buen periodista que apunta ser una buena persona.

En contraposición al periodismo aséptico y distante de boletines de prensa, el autor se ensucia las manos mientras se involucra con los protagonistas de sus crónicas ocurridas en varios puntos del planeta, sean un chamán huichol de Real de Catorce, unos presos argentinos devenidos músicos, los cadeneros de un antro defeño, un músico en Mali, una escort seductora en México o hasta Maradona rehabilitado en Cuba. Ese es el subtexto de la cita que abre este post: que el cronista parta de la humildad y la apertura de quien no posee la verdad última. Al leer este volumen, escrito con la rica pluma de Tarifeño y una enorme honestidad por delante, me meto en la piel de los personajes y leo el mundo desde sus muchos ojos. Cómo no disfrutar ese regalo. Supongo que a eso se refiere Kapuscinski cuando habla de que el buen periodista debe ser “buena persona”.