Narrar para que algo exista: Fuentes

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“Me pregunto si un evento que no es narrado, ocurre en realidad. […] Una catástrofe (y toda guerra lo es) sólo es disputada si es narrada. La narración la sobrepasa. La narración disputa el orden de las cosas”, dice el conquistador-traductor Jerónimo de Aguilar en el cuento “Las dos orillas”, del escritor mexicano Carlos Fuentes. Incluido en el libro El naranjo, o los círculos del tiempo (Alfaguara), que contrasta visiones y personajes de la historia de México, “Las dos orillas” se me quedó grabado hace años que lo leí. Hoy, Fuentes cumpliría 85 años, así que en una especie de ritual mínimo estiro la mano al librero y vuelvo a sacar el libro, no de los más conocidos de su pluma.

Transcribo el pasaje porque sí, porque lo creo y me sirvo de él: no puedes entender lo que no tienes palabras para nombrar. Lo que no narras se escapa y se diluye. De ahí la urgencia de contar, de usar la palabra para construir lo que pasa y darle nombre o, lo que es lo mismo, traerlo a la vida. Muy necesario concepto para lo que pasa hoy en el México que Fuentes dejó hace dos años.

10 pensamientos en “Narrar para que algo exista: Fuentes”

  1. ¡Hola, Danioska!
    No puedo estar más de acuerdo contigo. Si algo o, todavía más, alguien no es nombrado no es, no existe.
    ¿Y lo inefable en dónde queda? Lejos, apretujado en un rincón oscuro del alma, dispuesto a ser olvidado, aunque no se le olvide hasta ser nombrado.
    ¡Un abrazo!

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  2. Parafraseando a aquel viejo koan zen que dice “¿Hace ruido el árbol que cae cuando no hay nadie para escucharlo?” y sabiendo que la respuesta es un rotundo “No”, podemos decir que la misma respuesta es válida para la pregunta planteada por Fuentes. Somos lenguaje y el lenguaje nos modela, nos crea y nos modifica.
    Bien enlazado, para terminar, con la realidad mexicana de hoy.
    Abrazo.

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  3. Los mitos le dan un nombre a las cosas por primera vez. Al nombrarlas o contarlas las ayudan a que permanezcan. En cambio, los asesinos intentan que no quede nadie para ninguno cuente. Por suerte para la literatura y para la vida, ellos fracasan, incluso en las masacres (como en Iguala, México; o, también, en Colombia). Buen Blog

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