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De dónde viene “ser un aviador”

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Yo quiero en otra vida (si no se puede en ésta) ser un aviador. O una. Da igual. No de los que pilotan aviones y hacen piruetas en el aire, sino de los que cobran sin trabajar, sin aparecerse por la oficina de gobierno en la que dicen estar empleados. Me dedicaría a leer, eso sí, con una chamarra como la de la foto.

Ese uso mexicano del oficio lo consigna el Diccionario de la Real Academia: “Aviador. Honduras y México. Persona que tiene una sinecura” y, a la vez, define Sinecura como “empleo o cargo retribuido que ocasiona poco o ningún trabajo”. ¿De dónde viene, pues, nuestra actual acepción jodida?

En mi necia búsqueda de etimologías encuentro que dice Carmen Galindo en El lenguaje se divierte, publicado por el ISSSTE hace años: “Después de la Segunda Guerra Mundial, las dependencias gubernamentales recibían a nuestros veteranos de guerra (aviadores) y les daban un empleo. Cada oficina debía amparar a algunos (de ellos)”. No ofrece fuentes, pero suena verosímil.

Lo único que quiero en esta vida es aviar. Y vestirme de verde.

Da click aquí para ir al blog de Gerardo Mendive, con otra explicación del origen de la expresión.

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Mi nueva palabra favorita: barahúnda

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Me tropiezo con ella y, como pasa en las películas, el accidente detona una inmediata historia de amor. Le veo todas las virtudes y ningún defecto, me sorprendo repitiendo su nombre por el deleite de saberlo mío, quiero contarle a todos lo que me pasa, como si fuera yo la primera enamorada que habita el mundo.

Barahúnda significa “desorden, confusión, griterío”, dice el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Joan Corominas. Añade que su primer uso se registra en 1330 y es de origen incierto. “Sólo consta que es palabra oriunda de la Península”, similar al portugués barafunda, y que pasó al italiano: baraonda. Y el Diccionario de la Real Academia apunta que también puede escribirse sin “h”, es decir, baraúnda, y que significa“confusión grande, con estrépito y notable desorden”. Confieso que me gusta de todas formas, pero la prefiero con esa “h” que la adorna como una flor en el pelo. Es decir, no sólo suena bellísimo ba-ra-ún-da sino que también refiere a algo muy parecido el amor por el que vale la pena estar de paso: desordena, implica agitación y caos.

Lo dicho: estoy enamorada.

El escritor y poeta y querido tocayo Julio Trujillo me comparte este texto suyo publicado en Letras Libres, a propósito de los baraúndos. Háganse en favor de leerlo.

Da click aquí para ir a la entrada sobre la palabra Apocatástasis, que fue mi amor por un tiempo.

Da click aquí para ir a la entrada sobre Despampanante, otro de mis amores (yo, tan promiscua).

 

Lost in Translation: “Yucatán” en realidad significa “No te entiendo”

Mapa: Nicolás Sanso (1657)
Mapa: Nicolás Sanso (1657)

 

Encuentro esta anécdota interesante en ese cofre del tesoro que es el libro de Simon Garfield, En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto (Taurus). Ya lo he citado en varias ocasiones y ahí voy de nuevo porque cada tanto regreso a él. Y que luego alguien me diga que las etimologías son aburridas:

“En 1519, cuando se disponía a desembarcar en México, [Hernán] Cortés invitó a varios nativos a su barco para conversar a bordo y preguntarles el nombre del lugar cuyo oro se disponía a saquear. Uno respondió: ‘Ma c‘ubah than’, lo que Cortés y sus hombres entendieron como Yucatán, y así lo pusieron en el mapa. Justo cuatrocientos cincuenta años después, expertos en dialectos mayas estudiaron la historia (que, en cualquier caso, puede que sea apócrifa) y descubrieron que ‘Ma c‘ubah than’ en realidad significa ‘No te entiendo'”.

No sé si la historia sea cierta. Lo que no dudo es que es hermosa y divertida.