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Tres libros para un luminoso inicio de año

Gracias, gracias desde los hipocondrios por todo el cariño que se me ha dejado venir en abalanzamiento desde ayer. El gusto me va a durar los 364 días restantes. Pero hoy es otro día, de modo que quiero compartir este video de TV UNAM, en el que en dos minutos recomiendo tres libros que no te conviene perderte: hay cuento, ensayo y un clásico imponente.

Echa ojo.

 

 

 

#MiércolesDePoesía “Tras tanto vivir, jamás morirme”

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Contradicto, amor es esa dulce violencia, esa libertad encarcelada, hielo abrasador y fuego helado, ese soñado bien y mal presente del famosísimo soneto de Quevedo. Para este #MiércolesDePoesía va otro soneto quevediano que pone en palabras la tensión de opuestos que implica quemarse sin consumirse y, finalmente, el delirio de grandeza que provoca: cuando ama, uno se vuelve inmortal.

Soneto amoroso

Tras arder siempre, nunca consumirme;
y tras siempre llorar, nunca acabarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme;
y tras siempre vivir, jamás morirme;

después de tanto mal, no arrepentirme;
tras tanto engaño, no desengañarme;
después de tantas penas, no alegrarme;
y tras tanto dolor, nunca reírme;

en tantos laberintos, no perderme,
ni haber, tras tanto olvido, recordado,
¿qué fin alegre puede prometerme?

Antes muerto estaré que escarmentado:
ya no pienso tratar de defenderme,
sino de ser de veras desdichado.

-Francisco de Quevedo, Quevedo esencial, Taurus

“Amor es lo que siento por ti y tú, por ella”

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Aquí, una de las mejores definiciones que conozco sobre ese caos que se llama amor. Y otras más.

Hay libros a los que me conviene regresar de vez en cuando. O de vez en siempre. Uno de ellos es el Diccionario del caos, de Fernando Rivera Calderón (Taurus). Y digo que conviene regresar porque me aclara la mente o, al menos, me la recrea. Diseñado por Alejandro Magallanes, es un compendio de definiciones arbitrarias y chispazos de genio del músico, conductor de El Weso y escritor. Ahora que una amiga se divorcia, otra tiene conflictos con su vida poliamorosa y el tercero se corta las venas porque la imbécil se fue con un imbécil, ahora que yo misma no sé cómo descifrar el intríngulis de un “me muerdo de amor”, me vienen muy a la mano algunas de sus definiciones sobre el sexo y la querencia. Me basta leerlas para luego luego sentir que entiendo un poco más. O que cuando menos me río con sarcasmo. Aquí abajo, diez probadas (albur involuntario aparte) de esa joya de libro:

 

  1. 1.     Corazón: Órgano objeto de múltiples calumnias.
  2. 2.     Amor: Emoción cuyo centro está en tu corazón y su circunferencia, en todas partes.
  3. 3.     Deseo: Entidad que gobierna el mundo y de la que somos esclavos.
  4. 4.     Nalgas: Parte del cuerpo diseñada para otras manos.
  5. 5.     Placer: Ese poquito por el que vale la pena todo.
  6. 6.     Próstata: Glándula rústica que en ocasiones te mata, o por lo menos trata.
  7. 7.     Amor: Eso que yo siento por ti y tú sientes por él.
  8. 8.     Matrimonio: Ritual que empieza y termina con el mismo amor, la misma pasión, y diferente persona.
  9. 9.     Odio: Fase terminal de un gran amor.
  10. 10.  Prostitución: Oficio en el que, en vez de netas, se tiran proxenetas.

 

Y si luego de bucear sus profundidades (las del libro, no las de Fernando) apremian las ganas de ahondar más en el algo de amor y harto desamor, va un anuncio: hoy a las 9:30 p.m. se presenta en concierto en El Vicio de Las Reinas Chulas: Madrid 13, Coyoacán, 56 59 11 39. El espectáculo se llama Fernando Rivera Calderón y sus ex esposas y en él expondrá su verdad inamovible: “no hay relación más duradera que la que se tiene con una ex esposa”.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sito we de SoHo).

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Lost in Translation: “Yucatán” en realidad significa “No te entiendo”

Mapa: Nicolás Sanso (1657)
Mapa: Nicolás Sanso (1657)

 

Encuentro esta anécdota interesante en ese cofre del tesoro que es el libro de Simon Garfield, En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto (Taurus). Ya lo he citado en varias ocasiones y ahí voy de nuevo porque cada tanto regreso a él. Y que luego alguien me diga que las etimologías son aburridas:

“En 1519, cuando se disponía a desembarcar en México, [Hernán] Cortés invitó a varios nativos a su barco para conversar a bordo y preguntarles el nombre del lugar cuyo oro se disponía a saquear. Uno respondió: ‘Ma c‘ubah than’, lo que Cortés y sus hombres entendieron como Yucatán, y así lo pusieron en el mapa. Justo cuatrocientos cincuenta años después, expertos en dialectos mayas estudiaron la historia (que, en cualquier caso, puede que sea apócrifa) y descubrieron que ‘Ma c‘ubah than’ en realidad significa ‘No te entiendo'”.

No sé si la historia sea cierta. Lo que no dudo es que es hermosa y divertida.

 

 

 

Por qué América se llama así

Mapa de Martin Waldseemüller

En 1507, el clérigo alemán Martin Waldessmüller realizó un mapa que cambiaría la forma de entender el mundo. Consta de 12 bloques de madera que forman una imagen de 2.50 por 1.20 metros y se volvió fundamental porque es el “acta de nacimiento” de América: nombra por primera vez así al “nuevo” continente, aunque también contiene numerosas imprecisiones, cuenta Simon Garfield en el tesoro inagotable que es su libro En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto, publicado por Taurus (da click en Las monjas que intuyeron a Borges y Cómo Google Maps alimenta el ego, otras entradas sobre este libro).

El nombre figura sobre Sudamérica y en un recuadro en la parte inferior izquierda, Waldessmüller anota que “los antiguos no hacen mención” de esta zona y que su inclusión se basa “en conocimientos geográficos auténticos y precisos”. Además, en la parte superior representa a dos personajes: a la izquierda Ptolomeo, padre de la cartografía, junto al ya conocido hemisferio oriental, mientras a la derecha aparece Américo Vespucio, junto al nuevo hemisferio occidental.

Recuerdo que en mis años escolares me pregunté por qué el continente lleva el nombre de Vespucio, personaje del que nunca oí nada, y no el de Cristóbal Colón, protagonista en mis clases de historia y en la “fiesta” del 12 de octubre. Ahora salgo de la duda: resulta que Vespucio, navegante florentino, realizó varios viajes a Sudamérica en los primeros años del siglo XVI y fue considerado por muchos el primero en llegar a la tierra recién explorada. Luego se aclaró que Colón fue el primero, pero se ve que al momento de hacer su mapa, Waldseemüller era de los fans de Vespucio. Así, explica en la introducción a su mapa: “Puesto que tanto Europa como Asia recibieron nombres de mujeres, no veo razón alguna para  no llamar a esta parte del mundo Amerige, esto es, la tierra de Americo, o América, por Americo, su descubridor”. Y aunque seis años después, en otro mapa Waldseemüller nombró a Colón como el primero en llegar a tierras incógnitas, era tarde: ya se había copiado masivamente su representación del mundo y, con ella, el nombre América para designarla.

Amo estas historias fantásticas que subrayan la fuerza del azar.

Imagen 3

Las monjas que intuyeron a Borges

 

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Esta historia enamora. Una abadía benedictina en Ebstorf, la Baja Sajonia, 1832: es descubierto un mapamundi medieval, quizá de 1234, aparente obra de monjas de la abadía o del cartógrafo Gervasio de Tilbury. Representa alegóricamente el cuerpo de Cristo, que abarca el orbe: la cabeza al norte, junto al Paraíso; las manos en los extremos este y oeste; las piernas, abajo y Jerusalén como el ombligo. Una inscripción dice ofrecer “indicaciones a los viajeros sobre las cosas que haya en su camino que causen más deleite a la vista”.

Según lo describe Simon Garfield en su delicioso libro En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto (Taurus), la obra de Ebstorf es una lección bíblica, que no se limita a lo que existe sino incluye lo que “debe” existir. Localiza el Edén, el Arca de Noé, el Vellocino de Oro y, en África, seres fantásticos: una raza sin boca (se comunica por señas), hombres de cuatro ojos y una tribu cuyos miembros tienen el labio superior tan elástico que lo estiran sobre su cabeza para ocultarse del sol, entre otras. La obra se conoce hoy sólo por foto. Fue destruida en 1943, en un bombardeo aliado.

Además de mi pasión por la Edad Media y mi embeleso por la pieza, me fascina la idea que la subyace: un mapa subjetivo, que contenga no sólo lo que hay sino lo que quiero que haya. O, a la inversa, ¿por qué sólo ha de existir lo cartografiado? Los habitantes del siglo XXI nos sentimos objetivos, pero construimos nuestras vidas justo así: a base de fantasía, de símbolos salvadores en los cruces de caminos y monstruos en las zonas peligrosas, mezcla alucinante de hechos e imaginación. Borges, siempre necesario, lo dijo mejor que nadie: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara” (Epílogo de El hacedor). Las monjas de Ebstorf lo intuyeron hace siglos.

Referencia: http://www.henry-davis.com/MAPS/EMwebpages/224mono.html

 

Ser alad0
Ser alado
Dragones
Dragones
Ser fantástico, mitad hombre y mitad ave
Ser fantástico, mitad hombre y mitad ave
Adán y Eva
Adán y Eva

 

 

Cómo Google Maps alimenta el ego

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Carajo, no lo había pensado: “En nuestras computadoras, teléfonos celulares y coches trazamos una ruta no de A a B sino de nosotros mismos (‘mi ubicación’) al lugar que escojamos; todas las distancias se miden desde el punto en que nos encontramos y, cuando viajamos, nosotros mismos aparecemos en el mapa, querámoslo o no”, dice Simon Garfield en su libro En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto (Taurus).

Es cierto, cuando tomo mi celular y le “pregunto” a Google Maps cómo llegar a tal lugar, la aplicación parte del principio de que yo estoy en el centro, que soy punto de partida absoluto y el mundo gira en torno a mí. Es decir, corrobora que los demás son menos importantes que yo, apenas un incidente molesto en mi camino. Luego por qué ando (y andamos) con el ego tan desbordado.